Facebook, Tuenti y el agravio comparativo
Ayer, 31 de mayo de 2.010, fue –para algunos- el día mundial para dejar Facebook. Esta incitativa, surgida en torno a unos pocos grupos de Internet y que se ha extendido en la red como la pólvora, surgió como respuesta a los problemas de privacidad de la plataforma norteamericana, de los que puntualmente nos tienen informados los medios de comunicación en los últimos tiempos.
Esta iniciativa, que tiene más de anecdótica que de real, bien puede servir de excusa para abrir una vía de debate sobre una realidad que concierne a las redes sociales que operan en nuestro país: pese a lo dispuesto por la LSSI, no todos los prestadores de servicios de la sociedad de la información que dirigen sus servicios a los usuarios españoles cumplen la ley española y Facebook es el más claro ejemplo de incumplimiento.
Si algo provechoso ha traído el sistema democrático es la posibilidad de tomar decisiones libremente –y entre ellas, aunque pueda parecer banal, decidir si queremos formar parte de una red social y, en su caso, de cual de ellas -. Pero la toma de decisiones sólo puede ser entendida como consciente y libre cuando se cuenta con la información necesaria para ello. Por volumen de usuarios, por popularidad y por comportamientos antagónicos ante al ordenamiento jurídico, Facebook y Tuenti son los operadores perfectos para el anunciado debate.


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