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Garganta profunda

17 diciembre 2010 - 6:00 - Autor:

Hace ya más de treinta años un antiguo director del FBI bajo la presidencia de Richard Nixon, al que luego se conoció como “Garganta Profunda” para preservar su identidad, decidió “liberar su conciencia” y rebelar al diario norteamericano Washington Post una serie de documentos de naturaleza confidencial que fueron publicados de manera inmediata por ese medio.

Aunque la historia es conocida, la publicación de esos documentos supuso uno de los mayores escándalos políticos de la historia contemporánea y culminó con la imputación de algunos consejeros muy cercanos al presidente Nixon y con la propia dimisión de éste en agosto de 1974. Carl Bernstein y Bob Woodward, periodistas del Washington Post que hicieron posible la noticia, fueron galardonados con el más prestigioso de los reconocimientos periodísticos, el Premio Pulitzer.

¿Les suena la historia? Pues bien, 30 años más tarde esa historia se repite. (Al final iba a tener razón Nietzsche en eso del eterno retorno). Pero en esta ocasión, el confidente no se llama Garganta Profunda (Mark Felt, en realidad), sino Bradley Manning, un joven soldado de apenas 22 años, analista de inteligencia del Ejército de los Estados Unidos a quien se atribuye la filtración a Wikileaks del vídeo en el que se ve cómo un helicóptero estadounidense mata a un grupo de personas en Iraq, además de otros documentos clasificados acerca de las guerras de Afganistán e Iraq y los cables diplomáticos de las embajadas estadounidenses alrededor del mundo.

Ese joven soldado, movido por quién sabe qué razones, ha traicionado a su patria y revelado información clasificada. Por ese motivo se encuentra en la actualidad a la espera del inicio de un juicio marcial, enfrentado a un sinfín de cargos que podrían acarrear una pena de hasta 52 años de privación de libertad. Ésa es la justicia de nuestro tiempo. Un helicóptero militar persigue y acribilla a balazos a un grupo de civiles desarmados y el perseguido es quien difunde el video y no quien dispara. Quizás porque a ciertos niveles las palabras son más duras que las balas.

Cambio de tercio. El “Carl Bernstein y Bob Woodward” de turno se llama Julian Assange. Su nombre les sonará. Iba a ser el personaje del año según la revista Time, pero un criterio mucho más sabio que el democrático, el de la presión política, ha considerado que otro individuo, D. Marck Zuckerberg, maestro de redes, merece tal honor. Ese tal Julian Assange, alma mater de Wikileaks, tiene poca pinta de que vaya a recibir premio alguno, más allá que el premio de la libertad que en la actualidad algunos parecen quererle negar.

Hace treinta años dos periodistas fueron encumbrados a los altares por haber brindado a la opinion pública documentos y datos confidenciales de su país. Treinta años más tarde, Julian Assange es acosado políticamente por el más poderoso de los lobbies hasta hacerle dudar su propia libertad. Con franqueza, no creo que sea ésa la dirección en la que debemos avanzar.

Post scriptum: Si disponen de una hora de su preciado tiempo, inviértanlo en esta joya del periodismo moderno, ejemplo de libertad de expresión. “Wikirebels, the documentary”, vía STV Play:

Wikileaks, jurídica y moralmente.

9 diciembre 2010 - 6:00 - Autor:

Para aquéllos que dudaban que la siguiente gran guerra de poderes tendría como campo de batalla Internet, ésta no ha sido una buena semana. Con Wikileaks como dinamitador y los EEUU como gran damnificado, en estos últimos días hemos vivido idas y venidas de Estados y grandes trasnacionales azorados con cables y secretos de estado revelados a la opinión pública.

De todo este asunto, sobre el que se ha hablado ya largo y tendido, me llama la atención –para mal- la apatía y el desinterés de la sociedad española  hacia la mayor revelación periodística de nuestro tiempo. Desconozco los datos de visitas de los medios que han sacado a la luz los manidos cables, pero sí nos han llegado algunos datos que deberían hacernos reflexionar. Según encuestas publicadas por algunos medios, más del cincuenta por ciento de los españoles preferirían que los cables no hubiesen sido hechos públicos. Es posible que los españoles no tengamos el cuerpo para grandes revelaciones en este tiempo de recesión económica y huelgas salvajes, pero me parece injustificable el desinterés por conocer la realidad de las cosas.

La cuestión jurídica que subyace en todo esto es que Wikileaks ha desplegado una labor periodística sin precedentes, legítimamente amparada en la libertad de expresión y en el derecho a informar. Derecho éste expresamente recogido en todos los textos constitucionales modernos, incluido –por cierto- el de los EEUU. Por ese motivo –porque su actividad es legal y legítima- el señor Assange, líder de Wikileaks, no puede ser en ningún caso procesado por otras cuestiones que las que se refieran a actividades ajenas a Wikileaks.

Y como en lo jurídico la actividad de Wikileaks es inatacable (cuestión distinta es la del funcionario que haya filtrado los cables confidenciales), por los damnificados de Wikileaks se ha activado el plan B, el del ahogamiento. Por razones todavía desconocidas (pero intuibles), han sucedido en torno a Wikileaks hechos tan sorprendentes como moralmente reprochables:

(i) El propio sitio web de Wikileaks sufrió ataques de denegación de servicio (DDoS) en los instantes previos a la liberación de los cables; (ii) Amazon ha declinado prestar sus servicios de alojamiento de datos al sitio web de Wikileaks; (iii) PayPal, Visa y MasterCard han bloqueado sus sistemas de pago, de manera que imposibilitan las donaciones voluntarias a Wikileaks; (iv) el banco suizo PostFinance ha cerrado la cuenta del Sr. Assange tras conocer que éste había proporcionado información falsa sobre su lugar de residencia cuando la abrió; (v) la red de microblogging Twitter ha sido acusada de censurar el término Wikileaks entre sus trendic topics ; o (vi) extrañas acusaciones de agresiones sexuales planean sobre la figura del Sr. Assange.

La reacción de la comunidad internauta no se ha hecho esperar. La Red es un hervidero de apoyo a Wikileaks. Pero no todos los apoyos han ido por la vía de la legalidad. Muchas instituciones privadas y ciudadanos han dado apoyo a la entidad a través de donaciones anónimas y ofrecimientos de alojamiento web, pero de nuevo ha aparecido la negra sombra de los ataques informáticos de Anonymous. En la tarde de ayer numerosos mensajes circulaban en Internet, instando al ataque a las instituciones que habían dado la espalda a Wikileaks, ataques que han derivado en la caída de esas páginas.

No pretendamos tomar peligrosos atajos. A cada uno le llega su momento. Como decía aquél, la justicia es lenta pero implacable.

Alejandro Touriño

Alejandro Touriño en ECIJAAlejandro es Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela; Máster en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Práctica Jurídica por la Escuela de Práctica Jurídica de la Universidad Complutense de Madrid. Ha realizado cursos de postgrado en instituciones de prestigio como la University of Brighton, la WIPO Academy o el Instituto de Empresa, en materias relacionadas con el Derecho Comparado, la Propiedad Intelectual y el Derecho del Entretenimiento.

En la actualidad ejerce su actividad Profesional como Responsable del área de Information Technology de ECIJA, asesorando a clientes nacionales e internacionales, tanto en sede judicial como extrajudicial, en cuestiones relacionadas con Derecho del Entretenimiento y las Nuevas Tecnologías, centrando su actividad en la Propiedad Intelectual, Contratación de Software, Nombres de dominio, regulación jurídica de Internet y Redes Sociales. Alejandro compagina su labor profesional con la docencia en másteres universitarios, y es colaborador asiduo de prensa jurídica especializada.

Alejandro es, asimismo, miembro de la alianza europea de Nuevas Tecnologías ‘World IT Lawyers’, miembro de DENAE (Asociación Española de Derecho del Entretenimiento), y del Comité de Dirección del capítulo español de CSA (Cloud Security Alliance).

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