Garganta profunda
Hace ya más de treinta años un antiguo director del FBI bajo la presidencia de Richard Nixon, al que luego se conoció como “Garganta Profunda” para preservar su identidad, decidió “liberar su conciencia” y rebelar al diario norteamericano Washington Post una serie de documentos de naturaleza confidencial que fueron publicados de manera inmediata por ese medio.
Aunque la historia es conocida, la publicación de esos documentos supuso uno de los mayores escándalos políticos de la historia contemporánea y culminó con la imputación de algunos consejeros muy cercanos al presidente Nixon y con la propia dimisión de éste en agosto de 1974. Carl Bernstein y Bob Woodward, periodistas del Washington Post que hicieron posible la noticia, fueron galardonados con el más prestigioso de los reconocimientos periodísticos, el Premio Pulitzer.
¿Les suena la historia? Pues bien, 30 años más tarde esa historia se repite. (Al final iba a tener razón Nietzsche en eso del eterno retorno). Pero en esta ocasión, el confidente no se llama Garganta Profunda (Mark Felt, en realidad), sino Bradley Manning, un joven soldado de apenas 22 años, analista de inteligencia del Ejército de los Estados Unidos a quien se atribuye la filtración a Wikileaks del vídeo en el que se ve cómo un helicóptero estadounidense mata a un grupo de personas en Iraq, además de otros documentos clasificados acerca de las guerras de Afganistán e Iraq y los cables diplomáticos de las embajadas estadounidenses alrededor del mundo.
Ese joven soldado, movido por quién sabe qué razones, ha traicionado a su patria y revelado información clasificada. Por ese motivo se encuentra en la actualidad a la espera del inicio de un juicio marcial, enfrentado a un sinfín de cargos que podrían acarrear una pena de hasta 52 años de privación de libertad. Ésa es la justicia de nuestro tiempo. Un helicóptero militar persigue y acribilla a balazos a un grupo de civiles desarmados y el perseguido es quien difunde el video y no quien dispara. Quizás porque a ciertos niveles las palabras son más duras que las balas.
Cambio de tercio. El “Carl Bernstein y Bob Woodward” de turno se llama Julian Assange. Su nombre les sonará. Iba a ser el personaje del año según la revista Time, pero un criterio mucho más sabio que el democrático, el de la presión política, ha considerado que otro individuo, D. Marck Zuckerberg, maestro de redes, merece tal honor. Ese tal Julian Assange, alma mater de Wikileaks, tiene poca pinta de que vaya a recibir premio alguno, más allá que el premio de la libertad que en la actualidad algunos parecen quererle negar.
Hace treinta años dos periodistas fueron encumbrados a los altares por haber brindado a la opinion pública documentos y datos confidenciales de su país. Treinta años más tarde, Julian Assange es acosado políticamente por el más poderoso de los lobbies hasta hacerle dudar su propia libertad. Con franqueza, no creo que sea ésa la dirección en la que debemos avanzar.
Post scriptum: Si disponen de una hora de su preciado tiempo, inviértanlo en esta joya del periodismo moderno, ejemplo de libertad de expresión. “Wikirebels, the documentary”, vía STV Play:



Comentarios recientes