20N: Poco margen ya para las sorpresas
La publicación de la macroencuesta del CIS y el debate -el único- de los principales líderes en televisión no aportan novedad alguna sobre las últimas previsiones de voto. Según las encuestas, parece que sólo falta decidir lo accesorio.
Los recientes datos del CIS, que ofrecen una alta consistencia por su muestra (17.236 entrevistas) y su sistema de recogida de información (personal), confirman que el PP ganará las próximas elecciones el 20N y solo falta medir la magnitud de dicho triunfo o, si se quiere, la del retroceso del PSOE. Llama la atención la escasa movilidad de los pronósticos de estas últimas semanas, que los resultados del CIS vienen casi a rematar.
De un lado, el PP sigue moviéndose en torno al 46% del que ya hace tiempo que no baja. Por el contrario, el PSOE hace tiempo que no sube del 31%. Esta distancia explica que, desde hace semanas, prácticamente todos los estudios, incluso este del CIS, otorgan al PP mayoría absoluta. Sicológicamente los dirigentes socialistas parecen ya estar más preocupados por minimizar los daños propios que por apear al PP de la mayoría absoluta.
Este hecho constituye el centro de la previsión electoral, porque puede conducir al mayor cambio neto en los resultados: de una ganancia de unos 35 escaños del PP a una pérdida casi similar de PSOE. Si utilizamos el conocido índice Loosmore‑Hanby, y de cumplirse tales pronósticos, en torno a un 15% de los escaños del Congreso pueden cambiar de mano. Téngase de referencia que entre las elecciones de 2004 y las de 2008, eso solo pasó con poco más de 3% de los escaños. Hecho de relevancia, pues.
Pero pocas novedades en las encuestas, como se ha dicho. Por eso IU, UPyD y los nacionalistas tradicionales no parecen experimentar grandes cambios, aunque el PNV denote una tendencia moderada a la baja.
El debate: la ocasión fallida de Rubalcaba
De otro lado, el debate televisivo Rajoy‑Rubalcaba no parece haber cambiado mucho las preferencias. El primero, naturalmente, lo tenía muy fácil. Bien asesorado, le bastaba con no cometer grandes errores, recuperar su experiencia de opositor (a registradores de la propiedad, quiero decir) y no se salió del guión ni un milímetro. Cuando se vio obligado, miró para otro lado, ejerció el popular “paso palabra” o recurrió a los cinco millones de parados. Cualquier cosa menos un error de bulto o una inseguridad manifiesta. Le bastaba con defender el resultado.
A Rubalcaba, de reconocida inteligencia, le hicieron incurrir sin embargo en el peor de los errores: asumir el papel de líder de la oposición y regalarle anticipadamente la investidura a Rajoy. A partir de ahí, lo accidental no importaba casi nada: se explica mejor, el otro lee; mira a los ojos, Rajoy rehúye; da más contenido divulgativo a sus intervenciones, frente a perfil de presidente de comunidad que arrastra el popular… Y sin embargo, el debate pareció una escenificación anticipada de lo que será cualquier sesión del control al Gobierno en la próxima legislatura. Con los papeles cambiados.
Por eso, en algún sondeo posterior se mantenían en sus términos las preferencias electorales anteriores al debate: uno había sorteado su último gran obstáculo y el otro había desaprovechado su probablemente única ocasión de reducir diferencias.
¿Se mantendrán sin grandes cambios estos pronósticos o aún cabe un margen para la sorpresa? La encuesta del CIS todavía refleja alguna información que no hay que perder de vista: el 72% de los encuestados dice que irá a votar “con toda seguridad”; de estos, un 32% no tiene
decidido aún a quién votará, es decir, el 23% de los electores. Para descubrir cómo se han decidido finalmente los indecisos, sugiero una relación resumida de puntos clave que hay que seguir de aquí a las elecciones y, sobre todo, en la propia noche del 20N:
- Si el PP confirma su mayoría absoluta, lo primero.
- Si el PSOE se coloca en número de diputados por debajo de los 125 de Almunia en 2000.
- Quién es el tercer partido en votos (IU o CiU) y en escaños (CiU o IU)
- Cuál será el primer partido en Andalucía, y por cuánto. Decidirá las próximas autonómicas.
- Cuál será el primer partido en Cataluña, y cuál el segundo.
- Ídem para el País Vasco, con especial atención a AMAIUR.
Pero sobre todo, cuál sea la tasa de participación. Primero y principal, porque es un indicador insustituible de legitimación del sistema. Y en su dimensión más prosaica, porque si se comportara como en otras ocasiones, una mayor tasa de participación tenderá a amortiguar la
ventaja del PP sobre el PSOE.
Posdata: Están en cocina comentarios sobre el rigor de los estudios que se vienen publicando y lo que todos ‑profesionales y opinión pública‑ nos jugamos en ello.


1 Comentario
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Muy interesante el análisis.
Comentario Publicado por: Borja Terán | 11 noviembre, 2011 - 23:26