La Gran Encuesta: el 20N, a casi 36 millones de entrevistados
El tiempo de la difusión pública de sondeos electorales ha acabado. Y termina como empezó con la precampaña, a la vuelta del verano: se ha ido consolidando una mayoría del PP que puede revolver la geografía electoral de España
Entre el 13 y el 14 se han publicado los últimos sondeos preelectorales. Algunos con el carácter de macroencuesta, es decir, con muestras notablemente altas que permiten en algún caso desagregar resultados incluso por provincia.
El resumen ponderado de las mismas ‑como se ve en el gráfico de arriba‑ no hace sino consolidar las tendencias que ya se veían marcando desde hace semanas, quizá meses. Con tres grandes proposiciones:
- El PP alcanzará récord en su historia, con una mayoría absoluta quizá mayor que la de 2.000. También lo será la distancia con el segundo partido, probablemente más de 15 puntos. Por la misma causa la pérdida del PSOE, en lo que puede ser su peor resultado desde 1977. Salvo en el País Vasco y Cataluña, el PP se constituirá en el partido ganador y en alguna comunidad puede llegar casi al 60% de los votos. Esa mayoría puede que sea más absoluta aún en el Senado. ¿Podrá entonces, con propiedad, seguir hablándose de bipartidismo?
- Dos partidos minoritarios, IU y UPyD, que deberían crecer sobre el quebranto del PSOE, parecen hacerse con no más de un tercio de sus pérdidas. Hasta ahora habíamos confirmado que la fuga de votos del PSOE por la izquierda no era nunca muy marcada; que lo más importante era esa tentación frecuente de parte del electorado socialista a quedarse en casa cuando el juego del equipo no le gusta demasiado. Ahora apunta una nueva fuga: que muchos antiguos votantes socialistas ya no tienen miedo a votar a la derecha. En una situación tan crítica ‑parecen pensar‑ si no ha funcionado un Gobierno de izquierdas, ¿por qué no votar a la derecha? Pensamiento elemental, pero contundente.
- Por último, ese supuesto bipartidismo se rompe en dos ubicaciones clave: Cataluña y País Vasco. En ambas comunidades es difícil pronosticar ganador o este lo será por la mínima. Resultarán colocados dos o tres partidos, casi a la par. Frente al bipartidismo nacional, Cataluña y País Vasco presentarán quizá la mayor fragmentación electoral de su historia, es decir, que los estaños estarán muy repartidos entre varias formaciones políticas y ello puede conllevar múltiple modos de relación de las formaciones nacionalistas con el Gobierno central resultante.
¿Y qué pasa con la dichosa proporcionalidad?
Nos preocupa el fenómeno por el cual los partidos pueden obtener porcentajes de escaños manifiestamente distintos de sus porcentajes de votos y, en una primera impresión, se nos antoja injusto porque eso parece violar el principio “cada hombre un voto”.
Nuestro sistema produce una importante tasa de desproporcionalidad (entre los sistemas llamados proporcionales), debido a la combinación de varios factores. En otro punto determinaré cuáles son y en qué medida. Anticipo que poco tienen que ver con M. D’Hont, ese jurista belga al hemos convertido en el lugar común de todos nuestros males.
Volvamos a la cuestión: si se confirman las previsiones de distribución de votos y escaños que los sondeos casi sin diferencia vaticinan, la desproporcionalidad no solo no menguará sino que aumentará.
Veamos: la desproporcionalidad se mide por la diferencia que hay (o que habrá) entre los escaños que a cada partido le tocan según el escrutinio oficial y los que le tocarían de haberse aplicado radicalmente el principio proporcional, esto es, a tal proporción de votos, exactamente la misma proporción de diputados. Los cuadros que siguen representan los datos básicos para representar el efecto desproporcional del sistema electoral español.
En el de la izquierda, se puede ver que en las anteriores elecciones (2008) un 8,9% de los diputados, esto es 31, se le “sustrajeron” a unas formaciones para dárselos a otras. Como ocurre en estos casos ‑para eso se inventó el sistema‑ los beneficiados fueron los dos partidos mayoritarios y los perjudicados los pequeños de ámbito nacional. Por eso, PSOE y PP recibieron 15 y 14 escaños más, respectivamente, de los que proporcionalmente le hubieran correspondido. Por el contrario, UPyD perdió 3 de los 4 escaños que le hubieran correspondido. Y el caso más lacerante: IU solo recibió 2 de los 11 a los que hubiera tenido derecho. Si miráramos hacia atrás y hacemos cuenta general, la democracia debe a IU, y a su predecesor el PCE, en torno a 100 escaños “escamoteados” en las diez elecciones generales de la actual democracia.
Pues bien, si nos fijamos en el cuadro de la derecha veremos esos mismos parámetros para las próximas elecciones del 20N. Sorpresa: la desproporcionalidad aumentará: de los 31 escaños “mal asignados” en 2008 pasaremos a 45 (el 12,9%).
El cuadro habla por sí mismo, pero ayudaremos en dos puntos: el PP ganará por mayoría absoluta, pero nada menos que 31 de sus diputados serán regalo del sistema electoral. De otro, IU sube su representación estimada hasta 7 escaños, pero por su proporción de votos se queda sin recibir otros 23 que le hubieran correspondido.
Probablemente el sistema electoral de proporcionalidad perfecta no exista o ni siquiera sea totalmente recomendable para nuestro país. Yo también tengo dudas al respecto. Pero una cosa es que el régimen electoral tenga en cuenta más factores además de la proporcionalidad y otra que un sistema tercamente injusto pueda llegar a poner en duda la propia legitimación del sistema de representación política. Sean cuales séan los resultados el 20N, urge un debate sobre ello.



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[...] 31 escaños “mal asignados” en 2008 a 45 el 20-N (el 12,9%). Es la previsión que hace Antonio Kindelán en lainformacion.com a partir de una media de los resultados de las encuestas publicadas. La comparación entre el [...]
Pingback Publicado por: Notas de campaña [desproporcionalidad = + indignación] #20N #15M | 15 noviembre, 2011 - 18:47