Cada vez más viejos en la UE. La longevidad de la población es signo de avance …y de preocupación
La población de la UE está alcanzando una cota de longevidad que es la mejor confirmación de su alto grado de desarrollo. ¿O no? Porque el envejecimiento acelerado de los europeos obliga, también, a una redefinición de ese modelo de desarrollo o muchos riesgos se convertirán pronto en auténticas amenazas.
Lo peor es que, sumidos en la gestión diaria y en las urgencias de la crisis económica, las políticas estructurales pierden presencia en la agenda comunitaria. Se cumple así el principio, de autoría incierta, de que “envejecer es lo más inesperado de todo lo que le sucede al hombre”. La UE también aquí ha cumplido el protocolo: ha pedido a Eurostat que ofrezca los datos, al Eurobarómetro que sondee las opiniones y, por supuesto, ha declarado 2012 año del Envejecimiento Activo.
Como casi todas las regiones del mundo, la población de la UE vive más y con más salud. Pero en nuestro caso las cifras constituyen récord y son inapelables: hace solo quince años, la población de la UE27 que sobrepasaba los 65 años era 59 millones, un 12,8% del total. En 2010 ya eran 87 y representaban el 17,4% de la población. Desde 1960 la esperanza de vida ha aumentado 8 años y se prevé que aumentará otros cinco antes de mitad de siglo.
El factor más constante en esa evolución ha sido la mejora de las condiciones de vida de todo orden, pero el que convulsiona la estadística es el descenso radical de la tasa de natalidad de la sociedad europea. El resultado tiene una consecuencia inmediata sobre el corazón de la economía. Hasta hace poco ‑y esto ya era difícil de administrar‑ la relación entre población activa (de 15 a 64 años) y no activa (>64 años) era de 4 a 1. A mediados de siglo no llegará a 2 a 1. En una lectura rápida y quizá burda, las cargas se duplicarán, en particular en torno a la década de los 20 en que empezarán a jubilarse masivamente las cohortes del babyboom de posguerra.
Eurostat confirma que la mediana de la población europea (EU27) está en casi 41 años. Reténgase que se trata de la mediana, es decir, aquel valor que deja un 50% de la población por debajo y otro tanto por encima. Los países con mayor componente de personas mayores son Alemania (44,2%), Italia, Finlandia, Austria y Grecia. Los que menos: Irlanda (34,3%), Chipre, Eslovaquia, Polonia y Rumanía. Entre unos y otros diferencias notables que alcanzan los diez puntos.
Además, en algunos de ellos el envejecimiento acelerado es cosa reciente. En la Europa de los 27 esa mediana ha saltado 5,2 puntos. Pero otros países se han incorporado al fenómeno del envejecimiento con rapidez: Eslovenia (+7,4), Portugal, Lituania o España (siempre por encima de más de 6,5 años de incremento).
Enfocando aún más las cifras, en la EU27 hay ya un 4,7% de mayores de 80 años y Alemania, Italia, Suecia y Francia superan el 5%.
Complementariamente, el Eurobarómetro muestra datos elocuentes acerca de la percepción del problema. Por ejemplo, como promedio la gente cree que se es viejo (o de la tercera edad, en el eufemismo nacional) cuando se alcanzan los 64 años y que no se puede considerar joven en ningún caso a quien supere los 42. Curiosamente, muchos de los que superan esta edad se siguen proclamando jóvenes e, igualmente, no todos los de más de 64 se consideran viejos.
Además, los estados de opinión van cambiando y la mayoría de los ciudadanos considera que las personas mayores juegan un papel importante en aspectos clave de la sociedad (las familias, la política, la comunidad y la economía), aún cuando las opiniones están divididas sobre si este papel tenderá a aumentar o disminuir en el futuro.
Que le edad no es un ingrediente totalmente asimilado lo refleja el que la mayoría siente que es o será en el futuro discriminado por ello. La edad es considerada como el factor de discriminación laboral más consistente, por delante del género, la raza o la condición social.
Por último, es muy extendida la opinón de que una mayor tasa de viejos es inevitable, que no es pensable a corto plazo una reactivación de las tasas de natalidad y que, en consecuencia, más nos convendría anticipar los problemas que el envejecimiento extremo nos pondrá delante de nuestras narices si es que no lo ha hecho ya.
Citemos algunos de los más evidentes:
- Implementar una nueva cultura de la distribución del trabajo, para que los mayores no se vean arrojados del mercado de trabajo en plenas condiciones físicas ni los más jóvenes los consideren como una barrera a su propia incorporación.
- Vigilar los sistemas de pensiones para cuya supervivencia es necesario asegurar que la relación entre activos‑contribuyentes y no activos‑perceptores se mantenga en términos sostenibles.
- Igual tensión es fácil de prever sobre la seguridad social y demás los sistemas de protección.
- Anticipar las reformas necesarias en los sistemas públicos de salud, previendo un notable incremento en servicios a patologías propias de la edad, que se constituirán en más que mayoritarias en un breve plazo.
- La calidad de vida de la población mayor de 65 debe hacer pensar en nuevos tipos de empleos y actividades relacionados con muy diversas formas de trabajo social. Debe desarrollarse un modelo que permita compatibilizar la jubilación tradicional con este tipo de servicios a la comunidad.
Y otros muchos.
El fenómeno, pues, es trascendental y sus consecuencias enormes. ¿Dejará la política con minúscula un tiempo para la reflexión o después de este 2012 dedicado al “Envejecimiento Activo” simplemente seremos todos un año más viejos?.
Eurostat: Active ageing and solidarity between generations
Eurobarometer: Active Ageing

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