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Hollande, Benzema: franceses por el cambio

4 mayo, 2012 - 9:06 - Autor:

¿Hay algo en común entre el debate electoral francés y el triunfo madridista en Bilbao? Además de la coincidencia temporal y los altos shares de audiencia en sus países, ambos pueden apuntar cambios de escenarios, impensados hace solo pocos meses.

 

Una velada televisiva

Seguí el debate Sarkozy-Hollande casi completamente. En realidad, lo gravé para después y en directo vi el otro gran acontecimiento del día: el tronante canto al futbol total que interpretaron el Athletic de Bilbao y el Madrid.  Curiosamente, al final, acumulado uno al otro, me asaltó una simple pero trascendental inquietud: ¿a ver si es que las cosas pueden cambiar?

Me vino entonces a la cabeza K. Benzema: ese chico revelación del año futbolístico que representa al tiempo el cambio personal y el de su equipo. Porque el escenario futbolístico ha pasado por una larga fase de superioridad obsesiva y merecida del Barça en todos los planos: el juego, los resultados, el institucional, incluso en el de las simpatías, que es probablemente el más valioso activo que haya logrado en estos años, por encima de no sé cuántos trofeos. El mejor equipo del mundo parecía tener una vida interminable, sin sombras. Otro tanto sus mejores jugadores y hasta el propio entrenador. No es que yo no se lo reconozca, pero el panorama que hasta casi ayer parecía inmutable, ha cambiado.

Y Hollande. ¿Quién hubiera insinuado hace meses, incluso solo semanas, que fuera posible un vuelco de este calibre en Francia? No aseguro tampoco que su triunfo se consume el próximo domingo, tengo mis dudas; simplemente que lo extravagante hasta ayer, hoy es probable, e incluso para muchos deseable.

Se pueden comentar muy diversos aspectos de ese debate electoral francés y se han dedicado a ello con fruición analistas de ambos hemisferios y todas las latitudes. Es la quinta economía mundial. Desde esta provincia al sur del norte, lo que viene siendo España, algo me resultó especialmente envidiable: cuando acabaron el debate creo que alcancé a entender sus distintas propuestas y cuál la Francia que cada uno propugnaba. Duros, en algún momento demoledores, pero ambos expusieron claramente sus compromisos electorales, con el arrojo de quien se sabe preso de ellos para un  futuro en el que les serán exigidos por la oposición y la ciudadanía en general. Aquí no hay bromas.

Pero insisto, terminé el día con la ingenua sospecha de que las cosas, todas, incluida la política, pueden cambiar. Ya casi me había olvidado de eso.

 

El neoliberalismo y la ley de la gravedad

Llevamos décadas de neoliberalismo y posmodernidad en las que todo matiz era improcedente y una idea original pura heterodoxia. Dicho de otra manera: el conservadurismo imperante había logrado extender la idea de que no solo era la mejor forma de organizar nuestras vidas, sino también la única. No se trataba de una opción política sino de una ley de la física.

A finales de los ochenta y mal cogiendo por los pelos la caída del comunismo, F. Fukuyama predicó El fin de la historia y el último hombre. Era el triunfo final del capitalismo. Non plus ultra.

Desde antes pero sobre todo desde entonces, la derecha asocia cada una de sus políticas al discurso tozudo de lo inevitable. Ninguna otra cosa se puede hacer y además es imposible. En mi modesto juicio, esta ha sido la batalla mejor ganada por la derecha occidental, más que ninguna medida política concreta por retardataria que fuera, da igual en qué país.

La llegada de la gran crisis hace un quinquenio y la generalización de gobiernos conservadores en Europa han revitalizado el peor thatcherismo. Desde entonces el catecismo neoliberal conduce a dos conclusiones: todo es culpa del estado de bienestar que paraliza las energías del mercado; hay que reformarlo y dejar la reforma en sus manos. El zorro guardando las gallinas.

Pero, por encima de eso, lo dicho: es, además, la única alternativa. Según ellos el fracaso del socialismo real es su prueba definitiva. Por lo demás, quienes podían interpretar otras sinfonías se avinieron al discurso tratando de minimizar los daños con terceras y cuartas vías. Les daban la razón.

Así, venimos viviendo ese economicismo materialista que curiosamente oficia hoy el neoliberalismo urbi et orbi. Su efecto directo es el paulatino desarme de conquistas ancestrales, por supuesto, pero  la secuela más trascendental es el determinismo histórico en el que nos han sumido. El reino de la apatía.

Necesitamos muchos Hollande. Y muchos Benzema.

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