A buen emprendedor… (Cuando todo falla)
Emprender es el nuevo mantra para aquellos a los que la crisis ha cerrado otras oportunidades. La figura del emprendedor está en todas las recetas económicas y políticas. Hasta la sociología empieza a ocuparse del fenómeno. O a preocuparse.
En el oscuro mundo del tardo franquismo la aspiración no iba más allá de tener un humilde puesto en alguna de las pocas entidades estables: funcionario, bancario ‑no confundir‑ o empleado de Telefónica. A la salida del túnel, la expansión de los ochenta nos ofreció al economista como el primer paradigma moderno. Por entonces se llamaban ejecutivos, tenían varios masters ‑aunque flojearan en Bachillerato‑ y predicaban con fuerza el new management.
Internet y su burbuja nos trajeron en los noventa la primera edición del emprendedor. Lo fueron sin duda B. Gates, M. Dell o S. Job, y se han reeditado luego en los M. Zuckerberg (Facebook), S. Brin y L. Page (Google), J. Bezos (Amazon) y, finalmente, E. Williams (Twitter).
Esos son solo unos pocos modelos. Las sociedades siempre crean sus propios referentes de éxito; hasta aquí nada anormal. Pero, ¿por qué tiene una música extraña la persistente invitación a emprender que buena parte de los responsables políticos nos hacen en los últimos meses?
Empecemos con un vistazo a la RAE: persona “que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas”. Actitud siempre encomiable, pues. La Wikipedia, más informal, añade que se aplica “específicamente en el campo de la economía, negocios o finanzas”. Y luego que “desde este punto de vista, el término se refiere a quien identifica una oportunidad de negocio y organiza los recursos necesarios para ponerla en marcha”. Termina por despojar el concepto de todo boato y dice que “es habitual emplear este término para designar a una persona que crea una empresa o a alguien quien empieza un proyecto por su propia iniciativa”.
En todo caso, no es más que un adjetivo positivo, comúnmente identificado con una actitud meritoria. Además, antónimo de apático, indolente o simplemente vago.
Pero algo no encaja.
La primera sospecha es que los padrinos del término son gente también sospechosa. Por su condición política, es un concepto más ligado al relato ‑como ahora se dice‑ de la derecha neoliberal, a la que muchos hacemos principales responsables de la crisis, que a cualquier otra opción política. No me sorprende que también la haya interiorizado algún despistado de socialista: eso es lo que pasa cuando la crisis ‑en este caso la propia, la suya‑ no deja ver muy allá de manera autónoma.
La segunda y definitiva sospecha surge cuando se comprueba que la mayoría de sus promotores son gente nada emprendedora. En unos casos son lo que son por parte de padre o de madre, o de ambos. En otros, han estado ligados a generosos empleadores ajenos que les han propiciado rentas provechosas y estables. Muchos otros, además, no han bajado sus biografías de coches oficiales o de empresa y la única innovación que han emprendido es la ingeniería fiscal y, cuando la coyuntura perfilaba alguna marejada, han blindado sus puestos con suculentas indemnizaciones o planes de pensiones, o ambas.
Finalmente tenemos los que han sido emprendedores, sí, pero con pólvora ajena. La emprendieron con las participaciones preferentes o las tasaciones de inmuebles al 120% de su valor para poder otorgar un préstamo hipotecario por el importe de lo que necesitaba nuestro ingenuo prestatario, que era el 100%. Emprendieron una contabilidad cuyos agujeros nos llevará décadas pagar, a todos, incluidos lo no emprendedores. En las últimas semanas parece que también sus carteras de valores, ahora indultadas y blanqueadas, han emprendido un patriótico viaje a cualquier otra parte, Alemania incluida. Emprendedores ellos…
Este sociotipo de emprendedor tiene dos patas: individuo y éxito. Para antecedentes, reléase a M. Weber.
Emprender es una actitud que se recomienda al individuo, contradictoria con toda pauta o patrón de comportamiento colectivo. Pone en valor el individuo. Le dice: con independencia de lo que la sociedad te ofrezca, tu destino está en tus manos; solo tienes que poner la energía, la inteligencia y la valentía necesarias, sin esperar nada de nadie.
Por otro lado, ese éxito individual no es sólo el método mas eficiente para resolver las necesidades propias, para progresar en la dimensión material de nuestras vidas; es la mejor fuente de reconocimiento social, aquello por lo que seremos admirados.
En realidad, ese patrón de éxito no prueba que uno quiera pertenecer a la comunidad y estar en condiciones de asumir sus responsabilidades sociales. Más bien al contrario: ese éxito nos invita superar la condición normal y mediocre del ciudadano medio para elevarnos al parnaso de los elegidos.
La crisis nos está haciendo retroceder en todo: ya estamos en el PIB de hace años, el IBEX cotiza al mismo nivel que hace quince años y nuestro mercado automovilístico ha vuelto a finales de los ochenta.
Vuelta a atrás en todo, incluidas las ideas. Porque esta del emprendedor es una idea vieja. Con mucha doblez porque, en realidad, quienes la proponen no están pensando de verdad en alguien que no se limita a aprovechar sus oportunidades y se dice que tiene que ser más exigente, poner un poco más de imaginación y devolver con creces a la sociedad lo que la sociedad ha hecho por él.
Nada más lejos. En realidad le están diciendo: “despierta, no hay mordida para todos; nadie va a hacer nada por ti; esto es la selva y si quieres sobrevivir, ya sabes”.
Ahora y para sus predicadores, un emprendedor es simplemente un superviviente. A la fuerza.
Véase, pues, una relación nada exhaustiva de futuros emprendedores:
- Pescadores de la bahía de Algeciras.
- Mineros asturleoneses.
- Sanitarios de la comunidad de Madrid y resto.
- Yesistas, encofradores, fresadores, soldadores, alicatadores, escayolistas, gruistas… y otros cientos de miles de la construcción.
- Periodistas (esto no ha hecho más que empezar)
- Inmigrantes recientemente despapelados.
- Ex-becarios con menos de un 6 de nota media.
Para continuar la relación basta visitar Infojobs o leer con perspectiva cualquier medio de información.
Estén atentos, además, a la autoridad de quienes animan el emprendimiento: el Primer Ministro de las Islas Salomón y algunos de sus Ministros, funcionarios de la CEOE, catedráticos de economía que hicieron cursitos on-line con M. Friedman… Con estos avales, mañana mismo me tomo un mojito y paso por la oficina del ICO más próxima. ¡A emprender!
Antonio Kindelán
PD. La izquierda no debería dejarse inundar por esta jerga conservadora y, por el contrario, invitar a ideas más colaborativas. Poner el énfasis en estrategias que se basan en la unión de esfuerzos entre profesionales que comparten ideas de negocio y riesgos y se comprometen con ellos. Búsquense referencias sobre emprendimiento social y fórmulas cooperativas.
3 Comentarios
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Muy negativo, bajo mi punto de vista. Propone soluciones?
No las veo …
Comentario Publicado por: CArlos | 16 septiembre, 2012 - 10:28
Buenos días Antonio, entiendo tu postura sobre el tema de emprender desde el punto de vista político, y estoy de acuerdo con tus palabras. Eso sí, creo que todo lo que lleve emprendimiento de por medio es positivo. Aunque lo digo el político menos emprendedor. Al final, como dices, el futuro está en tus manos, y si se decide emprender por mucho que la idea no salga, lo has intentado y has luchado por tirar hacia delante. En internet hay mucha información, blogs muy buenos de tecnología y emprendimiento y plataformas online públicas y privadas donde puedes comentar con otros tus experiencias o presentar tu proyecto para darte a conocer. Con lo cual, si se debe emprender, no porque nos lo recomienda el político de turno, ni por la crisis mundial, si no por nosotros mismos, por crecer, investigar y aprender. Recomiendo el blog Salmón que he leído mucho y me ha ayudado. También, la plataforma conectando emprendedores, muy útil para darte a conocer y escuchar consejos y experiencias de otros emprendedores.
http://www.conectandoemprendedores.com/
Un saludo.
Anabel
Comentario Publicado por: Anabel | 17 septiembre, 2012 - 8:40
Sin pelos en la lengua, le cuento que con algunos pasajes me he acordado de mis profesores que por su arte de profesar tienen todas las herramientas para hacer de uno un emprendedor, mientras ellos viven seguros con el sueldo del gobierno y escaparon del mundo corporativo. No dejas de ser anecdótico y charro que quien más hace alusión al emprendimiento nunca ha emprendido nada.
Excelente articulo.
Comentario Publicado por: Max | 26 septiembre, 2012 - 14:31