20N, el momento de las paradojas
Hace unos días se presentó un encuestador del CIS en mi domicilio, con la intención que se le supone. Le explique que los que nos dedicamos a estas zarandajas tenemos en nuestro código deontológico no participar en encuestas y le deseé buena jornada. Pero, además de la constatación de que el CIS efectivamente existe y hace encuestas, esta levísima incidencia me refrescó algunas reflexiones con las que siempre trabajamos pero que se enfatizan en períodos electorales: ¿Para qué nos sirven las encuestas en la sociología electoral? ¿Qué enigmas comportan? ¿Qué distinta credibilidad darles? ¿En qué nos debemos fijar para entenderlas? A eso nos ocuparemos una temporada.
De dónde venimos, electoralmente
Primero, un recordatorio importante: desde que inauguramos la última y, a pesar de todo, más fructífera etapa democrática en la historia de España, hemos podido votar libremente muchas veces. Naturalmente que unas elecciones libres son solo una condición necesaria pero no suficiente para garantizar la mejor calidad de un sistema político. Pero no conviene olvidarlo.
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