Bollywood en Mónaco
José Martí, uno de los padres de la patria cubana, político, poeta y filósofo, tiene una cita muy famosa que dice que “hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”. Estoy muy de acuerdo con él, pero hay que tener en cuenta que Martí murió en 1895, cuando todavía no existía la F1, porque yo pienso que además de esas tres cosas, toda persona debería, una vez en la vida, acudir a un gran premio en Mónaco.
Recuerdo la primera vez que vine en el año 2005 y lo que más me llamó la atención es que después de haber visto esta famosa carrera decenas de veces por televisión, tenía la certeza de no estar en un lugar ajeno, todo era familiar para mi. Es cierto que es un sitio muy incómodo para trabajar, que el espacio es mínimo y que no aceptaríamos muchas de las condiciones que Mónaco exige en ningún otro circuito del mundo pero por otra parte, el ambiente es tan especial, que te olvidas de todo esto y disfrutas, de verdad, de la mejor carrera del año.

Si hay algo especial en Mónaco, además de ver a los F1 intentando no pegarse contra los muros de este angosto circuito, es la parte lúdica que comienza una vez los coches dejan de rodar en pista. Cientos de fiestas intentan acaparar la atención de vips, famosos, ejecutivos y empresarios que acuden cada año a esta cita del calendario y todas las firmas comerciales implicadas en el gran circo, ponen todo su empeño en ofrecer la mejor hospitalidad posible.

Pero si hay un sarao que llama la atención sobre todas las demás, ese es el que Vijay Mallya, dueño del equipo Force India, organiza en su impresionante Barco, el “Indian Empress”, uno de los yates privados más grandes del mundo con casi 100 metros de eslora.

Mallya entró en la F1 en el año 2007 como patrocinador del equipo Toyota a través de Kingfisher, la aerolínea de la que es propietario y que posee el mismo nombre que la cerveza más famosa de la India, también de su propiedad. Ese año Mallya organizó por vez primera esta fiesta que se ha convertido en un must de la noche monegasca durante el gran premio de F1.

La entrada en el evento no es fácil, tienes que contar con una invitación, muy complicada de conseguir y por la que mucha gente hace auténticas locuras. Una vez que estás en posesión de ese preciado sobre blanco y franqueas la escala para subir a bordo, lo primero que llama la atención es que, aunque es tan grande como un campo de fútbol, no deja de ser un barco y, como es bien sabido, en los barcos hay que estar descalzo. Por eso, una vez que pasas el filtro de la puerta, unas guapas azafatas te dan una bolsa en la que has de meter tus zapatos que luego recoges al salir. Es como entrar en una enorme discoteca en la que todo el mundo está descalzo.

En las tres cubiertas habilitadas en las que pueden estar los invitados, ya que las estancias privadas del yate permanecen cerradas, podemos encontrar distintos ambientes, más tranquilos o más bulliciosos y distintas actuaciones que van sucediéndose durante toda la noche. Este año, el tema de la fiesta era Bollywood y sus famosas películas. Pantallas gigantes exhibiendo los mayores éxitos del cine indio daban paso a actuaciones de bailarines entre cientos de copas de Mumm, el champán de la F1.

Una fiesta que dura hasta las 4 de la mañana y que como os podéis imaginar, no es nada barata. Esta en concreto, puede costar en torno al medio millón de euros entre champán, cerveza, bailarines y famosos que cobran por dar caché al evento.

Jacobo Vega es periodista destacado en la Fórmula 1 y la información de motor. Redactor de la revista
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