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Nadie tiene derecho a la vida

25 febrero 2010 - 19:05 - Autor:

El Senado ha aprobado la nueva regulación del aborto, que entrará en vigor dentro de cuatro meses. El mismo día, el presidente del Gobierno proclamaba en Naciones Unidas, a propósito de la pena de muerte, que nadie tiene derecho a quitar la vida a un ser humano.

La ley entraña una transformación radical de nuestro Derecho y de la concepción acerca de la dignidad de la vida humana. Lo que era un delito, pasa a ser un derecho. No se trata de una mera despenalización si no de algo configurado con la fuerza del derecho, que puede ser legítimamente exigido de los poderes públicos,l es ecir, no algo meramente lícito, sino exigible. Existe un derecho a matar.

El texto es, a mi juicio, inconstitucional. Vulnera el artículo 15 de la Constitución que establece que “todos tienen derecho a la vida”. Además, el Tribunal Constitucional, aunque declaró que el embrión no era titular del derecho a la vida, estableció que era un bien digno de protección jurídica. Una ley de plazos es incompatible con esa protección. En las primeras catorce semanas, el aborto es un derecho que la mujer puede ejercer sin invocar ningún supuesto o circunstancia. Argumentar que la formación del consentimiento de la mujer garantiza la protección no hace sino añadir cinismo al oprobio. La ley prevé que la mujer sea informada primero de los medios para ejercer su “derecho” al aborto. Y sólo después, y en sobre cerrado, es informada de las ayudas en el caso de que decida no abortar. Justo lo contrario de lo que establece la legislación alemana, que también instaura un sistema de plazos, pero que sostiene que la información a la mujer irá encaminada a que decida continuar con su embarazo.

Especial gravedad reviste el aspecto educativo, pues la ley obliga a introducirlo como un derecho en los planes de estudio y a formar parte de la formación de los profesionales de la sanidad. Hay que enterrar también a Hipócrates. También cabe oponer reparos a la regulación del ejercicio del “derecho” por parte de las menores de 16 y 17 años y a la regulación de la objeción de conciencia e los profesionales sanitarios.

Es clamorosa la ausencia del padre y la falta de protección de la mujer. Toda la ley es una invitación al aborto. La soledad de la mujer es dramática. Pero las invocaciones de los proabortistas al drama son hipócritas, pues, ?qué drama puede haber en el ejercicio de un derecho?

Si la madre decide si tiene el hijo o acaba con su vida, podemos concluir que, a partir de ahora, nadie tiene en España derecho a la vida.

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Ignacio Sánchez Cámara

Nacido en Madrid en 1954 (estoy, pues, más allá de la mitad del camino de la vida), me hicieron catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de La Coruña en 1996. Antes fui profesor en la Complutense y durante casi diez años de Filosofía de Bachillerato. He dado clases en otras Universidades y centros varios, en el Ejército como Alférez de Complemento, en la Fundación Ortega y Gasset, en una Academia (no, por cierto, la platónica, a pesar de mi edad), y si me descuido hasta en el Bernabéu. Vamos, que soy profesor. He escrito algunos libros y un puñado de artículos. El caso es que en 1986, empecé a colaborar, como crítico de libros, en el Suplemento Cultural de ABC, gracias a la Fundación Ortega, luego pasé también a la Sección de Opinión y terminé por ser columnista. He sido secretario de Redacción de Revista de Occidente y director del Centro de Estudios Orteguianos. Ahora colaboro como contertulio (Tertuliano no hay más que uno) en los programas “La Mañana” y “La Linterna” de la COPE y soy columnista en el diario “La Gaceta”. Perteneciendo al gremio orteguiano, no me quedaba otro remedio que acabar en la Prensa, sin abandonar la Universidad. Apenas existe hoy otra manera de influir en la opinión pública que a través de la Prensa, aunque raramente establezca ella la correcta jerarquía entre los asuntos humanos. Y dentro de la Prensa, cada día aspira más al protagonismo la que se publica en Internet. Los amigos del libro y de la pluma estilográfica nos vemos obligados a ser “intrusos” digitales, algo así como “okupas” en la Red. También puede haber un sitio en ella para la filosofía, para la reflexión serena y sosegada. No todo en la Red ha de ser superficialidad y prisa. Este blog, voluntario tributo a los tiempos, aspira a ensayar una especie de socratismo internáutico, a navegar por las aguas agitadas de nuestra época, entendiendo el diálogo como un camino hacia la verdad, y no como un medio para establecerla arbitrariamente. El sosiego y la mesura no son tibieza ni equidistancia. La verdad no está en el medio, sino en el extremo opuesto del error y la falsedad. “Pensándolo bien” sugiere tanto la corrección del pensamiento como la necesidad de evitar la precipitación. Este blog abarcará todo aquello que, pensándolo bien, merezca ser pensado. Estoy casado y tengo dos hijos. Esto es, ciertamente, lo más importante

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