Crisis de valores y relativismo moral
La semana pasada, en vísperas de la visita del Papa, se celebró en Santiago de Compostela un Congreso internacional sobre las raíces de Europa y la Ruta Jacobea. En él, presenté una ponencia en una Mesa titulada “La crisis contemporánea de valores: el relativismo moral”. El título sugiere la existencia de una crisis moral en nuestro tiempo (al menos en Europa y, en general, en Occidente) y la relevancia y responsabilidad que en ella incumbe al relativismo moral.
Habría que responder, al menos, tres preguntas. ¿Domina el relativismo? ¿Cuáles son sus consecuencias? ¿Es correcto? Sobre lo primero, creo que el relativismo es uno de los ingredientes de la concepción moral quizá dominante, pero no el único, ni acaso el más nocivo. La concepción moral dominante, o, al menos, la que hace más ruido, es una amalgama de relativismo, utilitarismo, hedonismo y emotivismo. Y no es quizá el relativismo lo peor, aunque sí es un camino para invertir los valores o alterar su correcto orden jerárquico. Lo grave no sería tanto el relativismo como la pretensión de convertir el bien en mal, y el mal en bien. Pero esto viene favorecido por el relativismo.
Se pretende, por otra parte, fundamentar la democracia, el liberaslismo y la tolerancia en el relativismo. Pero el empeño, a mi juicio, fracasa con estrépito. No se trata de algo nuevo. Ya lo ensayó el sofista Protágoras en el siglo V antes de Cristo. Fundamentar la democracia en el relativismo moral es lo mismo que dejarla sin fundamento. Además, entrañaría la asunción de una especie de democracia intolerante que excluiría de la vida pública a todos los que no fueran relativistas. La democracia, por el contrario, debe fundamentarse en valores objetivos, que, por ello, han de ser predemocráticos. Si la democracia requiriera la negación de la verdad moral, entonces ella misma nopodría aspirar a ser verdadera. Por lo demás, esta concepción relativista de la democracia conduce a un hecho preocupante: a la suplantación de la moral por el derecho, a la idea de que la moral se encuentra precisamente en textos legales, como la Declaración Universal de Derechos Humanos, o en las Constituciones.
El relativismo moral tiene mucho que ver con algo que diagnosticó Ortega y Gasset, hace más de ochenta años: que Europa se ha quedado sin moral. En esta situación seguimos hoy. Y no parece que el relativismo pueda ser la solución. Pero además de eso el relativismo es incorrecto, falso filosóficamente. Ya lo refutó Platón en sudiálogo Teeteto. Y no faltan en la filosofía del siglo XX intentos en la misma dirección. Uno de los más fértiles es, a mi juicio, la filosofía fenomenológica de los valores, que ha mostrado su objetividad, rechazando tanto el absolutismo como el subjetivismo relativista.
En definitiva, la libertad no se fundamenta en la negación de la verdad. La negación de la verdad no puede fundamentar nada. Si la verdad nos hace libres, la negación de la verdad sólo puede hacernos esclavos.
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