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Crisis de valores y relativismo moral

13 noviembre 2010 - 6:00 - Autor:

La semana pasada, en vísperas de la visita del Papa, se celebró en Santiago de Compostela un Congreso internacional sobre las raíces de Europa y la Ruta Jacobea. En él, presenté una ponencia en una Mesa titulada “La crisis contemporánea de valores: el relativismo moral”. El título sugiere la existencia de una crisis moral en nuestro tiempo (al menos en Europa y, en general, en Occidente) y la relevancia y responsabilidad que en ella incumbe al relativismo moral.

Habría que responder, al menos, tres preguntas. ¿Domina el relativismo? ¿Cuáles son sus consecuencias? ¿Es correcto? Sobre lo primero, creo que el relativismo es uno de los ingredientes de la concepción moral quizá dominante, pero no el único, ni acaso el más nocivo. La concepción moral dominante, o, al menos, la que hace más ruido, es una amalgama de relativismo, utilitarismo, hedonismo y emotivismo. Y no es quizá el relativismo lo peor, aunque sí es un camino para invertir los valores o alterar su correcto orden jerárquico. Lo grave no sería tanto el relativismo como la pretensión de convertir el bien en mal, y el mal en bien. Pero esto viene favorecido por el relativismo.

Se pretende, por otra parte, fundamentar la democracia, el liberaslismo y la tolerancia en el relativismo. Pero el empeño, a mi juicio, fracasa con estrépito. No se trata de algo nuevo. Ya lo ensayó el sofista Protágoras en el siglo V antes de Cristo. Fundamentar la democracia en el relativismo moral es lo mismo que dejarla sin fundamento. Además, entrañaría la asunción de una especie de democracia intolerante que excluiría de la vida pública a todos los que no fueran relativistas. La democracia, por el contrario, debe fundamentarse en valores objetivos, que, por ello, han de ser predemocráticos. Si la democracia requiriera la negación de la verdad moral, entonces ella misma nopodría aspirar a ser verdadera. Por lo demás, esta concepción relativista de la democracia conduce a un hecho preocupante: a la suplantación de la moral por el derecho, a la idea de que la moral se encuentra precisamente en textos legales, como la Declaración Universal de Derechos Humanos, o en las Constituciones.

El relativismo moral tiene mucho que ver con algo que diagnosticó Ortega y Gasset, hace más de ochenta años: que Europa se ha quedado sin moral. En esta situación seguimos hoy. Y no parece que el relativismo pueda ser la solución. Pero además de eso el relativismo es incorrecto, falso filosóficamente. Ya lo refutó Platón en sudiálogo Teeteto. Y no faltan en la filosofía del siglo XX intentos en la misma dirección. Uno de los más fértiles es, a mi juicio, la filosofía fenomenológica de los valores, que ha mostrado su objetividad, rechazando tanto el absolutismo como el subjetivismo relativista.

En definitiva, la libertad no se fundamenta en la negación de la verdad. La negación de la verdad no puede fundamentar nada. Si la verdad nos hace libres, la negación de la verdad sólo puede hacernos esclavos.

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Ignacio Sánchez Cámara

Nacido en Madrid en 1954 (estoy, pues, más allá de la mitad del camino de la vida), me hicieron catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de La Coruña en 1996. Antes fui profesor en la Complutense y durante casi diez años de Filosofía de Bachillerato. He dado clases en otras Universidades y centros varios, en el Ejército como Alférez de Complemento, en la Fundación Ortega y Gasset, en una Academia (no, por cierto, la platónica, a pesar de mi edad), y si me descuido hasta en el Bernabéu. Vamos, que soy profesor. He escrito algunos libros y un puñado de artículos. El caso es que en 1986, empecé a colaborar, como crítico de libros, en el Suplemento Cultural de ABC, gracias a la Fundación Ortega, luego pasé también a la Sección de Opinión y terminé por ser columnista. He sido secretario de Redacción de Revista de Occidente y director del Centro de Estudios Orteguianos. Ahora colaboro como contertulio (Tertuliano no hay más que uno) en los programas “La Mañana” y “La Linterna” de la COPE y soy columnista en el diario “La Gaceta”. Perteneciendo al gremio orteguiano, no me quedaba otro remedio que acabar en la Prensa, sin abandonar la Universidad. Apenas existe hoy otra manera de influir en la opinión pública que a través de la Prensa, aunque raramente establezca ella la correcta jerarquía entre los asuntos humanos. Y dentro de la Prensa, cada día aspira más al protagonismo la que se publica en Internet. Los amigos del libro y de la pluma estilográfica nos vemos obligados a ser “intrusos” digitales, algo así como “okupas” en la Red. También puede haber un sitio en ella para la filosofía, para la reflexión serena y sosegada. No todo en la Red ha de ser superficialidad y prisa. Este blog, voluntario tributo a los tiempos, aspira a ensayar una especie de socratismo internáutico, a navegar por las aguas agitadas de nuestra época, entendiendo el diálogo como un camino hacia la verdad, y no como un medio para establecerla arbitrariamente. El sosiego y la mesura no son tibieza ni equidistancia. La verdad no está en el medio, sino en el extremo opuesto del error y la falsedad. “Pensándolo bien” sugiere tanto la corrección del pensamiento como la necesidad de evitar la precipitación. Este blog abarcará todo aquello que, pensándolo bien, merezca ser pensado. Estoy casado y tengo dos hijos. Esto es, ciertamente, lo más importante

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