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La humanidad del embrión humano

19 octubre 2010 - 11:59 - Autor:

Seguimos a vueltas con el aborto. Y seguiremos. Sobre la vida no cabe transacción ni componenda. Casi siempre las malas causas son apoyadas con pésimos argumentos. La lógica es implacable. Dentro de la deplorable situación que padecemos en esta cuestión (y en otras), a veces podemos contar algo positivo. Es poco, muy poco, pero es algo. Hace un poco más de dos semanas, la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa votaba el Informe McCaffert, que pretendía imponer la obligación de médicos y hospitales de practicar abortos y eutanasias, cuando la ley lo establezca, sin posibilidad de acogerse al derecho a la objeción de conciencia. El Consejo de Europa ha rechazado esta pretensión y ha reconocido la objeción de conciencia para los profesionales y centros sanitarios. La verdad es que decidir otra cosa habría sido tanto como negar el ejercicio de un derecho fundamental reconocido por las Constituciones.

Pero por aquí, quiero decir por España, la cosa sigue a la deriva; peor aún, con paso firme en la dirección más equivocada. El próximo 23 de octubre, si nada ni nadie lo remedia, Sevilla se convertirá en una especie de “capital de la muerte”. Más exactamente, del negocio de la muerte. Con el apoyo de la Junta de Andalucía y del Ayuntamiento de la ciudad, se celebrará un Congreso Internacional en apoyo y propaganda del aborto libre, que contará con la presencia de los principales magnates del negocio. Pues el aborto es además la muerte de un ser humano, un inmenso negocio. La respuesta ciudadana a través de organizaciones cívicas está siendo ejemplar. Quieren convertir Sevilla en ese día en la “capital de la vida”. Pero no conviene engañarse. La cosa va muy mal. Si el Tribunal Constitucional (o un cambio político) no lo remedian, el aborto seguirá siendo lo que ya es hoy: un derecho. Bueno, en realidad, para quienes no creemos en la omnipotencia de las mayorías ni en la arbitrariedad de los Gobiernos, nunca será un derecho. No existe un derecho a matar. Aunque lo establezca la ley. Pues hay leyes democráticas injustas. A menos que uno, con lenguaje y actitud de esclavo, confiera a la mayoría el derecho de hacerlo todo, incluida la determinación de la frontera entre el bien y el mal.

Al menos, no deja de ser un tibio consuelo el hecho de que el aborto haya promovido y defendido entre nosotros por personas de la talla intelectual de la ministra de Igualdad. Renuente a toda enmienda posible, en contestación a una pregunta parlamentaria, volvió a exhibir lo mejor de su doctrina, no por ya conocida menos asombrosa. Así, insistió en que elaborto no supone “eliminar una vida”. Y sostiene, con el Gobierno detrás, suponemos que incluido Gabilondo, que “sobre el concepto de ser humano no hay una opinión unánime”. La verdad es que esto último parece irrebatible, pues, aunque toda la humanidad pensara una cosa, si Aído sostuviera la contraria, ya no habría unanimidad. Para que desaparezca la unanimidad, basta uno solo. El argumento, valga la exageración, tal como aparece en las transcripciones periodísticas, reza así: “Abortar no supone acabar con una vida humana porque sobre el concepto de ser humano no existe una opinión unánime, una evidencia científica, ya que por vida humana nos referimos a un concepto complejo basado en ideas o creencias filosóficas, morales, sociales y, en definitiva, sometida a opiniones o preferencias personales”. Pero, de repente, a las catorce semanas o a las doce o a las veinte (cuando quiera el legislador), por arte de magia filosófica, el ser humano deja de ser un concepto discutible. Esperamos una mente clara que nos ilumine sobre lo que sucede en ese mágico momento que convierte a un embrión en ser humano. En realidad, toda esta palabrería no hace sino reiterar lo mejor de la doctrina Aído, a saber, que elembrión es un ser vivo, pero no un ser humano. Perplejidad abismática. Entonces, existen seres vivos que no pertenecen a ninguna especie. Porque si perteneciera a la especie humana sería un ser vivo humano. ¿A qué especie pertenece el embrión que vive en el seno de una mujer humana, si no es un ser humano? ¿Cómo puede una mujer de la especie humana tener en su seno un ser vivo no humano?

El argumento no puede ser más ridículo, pero asunto no puede ser más serio. Al fin y al cabo, la cosa no es nueva. Cuando se quiere eliminar a un ser humano, suele comenzarse por la negación de su condición humana. Tranquiliza mucho pensar que la víctima no es humana. Y es entonces cuando lo obvio y evidente resulta revolucionario. El debate sobre el aborto se aclara con sólo un poquito de lógica, incluso con una tautología: si el embrión es un ser vivo y es humano, será un ser vivo humano. Así que acabamos reivindicando la humanidad del embrión humano.

Huelga general y democracia

5 octubre 2010 - 12:40 - Autor:

No ha transcurrido una semana y parece que la huelga general del 29 de septiembre pertenece a un pasado remotísimo. Apenas se discute ya sobre su fracaso, evidente, al menos por dos motivos: su participación moderada a pesar de la acción violenta de los piquetes; y su impotencia para modificar la política del Gobierno. Pero no quiero ahora referirme tanto a esta huelga concreta como a la falta de sentido de las huelgas generales en las democracias (salvo quizá algún caso excepcional, y aún esto lo dudo).

Es cierto que la huelga es un derecho reconocido por nuestra Constitución, pero eso no significa que la huelga general encaje en las democracias liberales. Se trata siempre de un procedimiento de acción directa, más o menos violento, que pretende imponer por la coacción una reivindicación y, en general, algún cambio en la política económica o soical del Gobierno. Todo ello, por supuesto, sin respetar los mecanismos de la democracia parlamentaria. Los huelguistas no aspiran a persuadir o convencer sino a imponer (con independencia de que lleven o no más o menos razón). Por decirlo de un modo tajante: una huelga general no es una acción democrática (aunque pueda basarse en una reivindicación justa).

Quizá la realidad confirme esta afirmación. Las huelgas generales son un anacronismo, un residuo de épocas pasadas, y están en notoria decadencia. De hecho, en los últimos años las ha habido en Grecia, Francia, Italia, Portugal o España, pero ni una sola en los países escandinavos, Reino Unido o Alemania. Por no hablar de Estados Unidos. Creo que, pensándolo bien, no debería haber huelgas generales en las democracias.

Bicentenarios

30 septiembre 2010 - 12:13 - Autor:

Este 2010 es un año de bicentenarios históricos para España. Por un lado, el 24 de septiembre de 1810, las Cortes se reunieron en la isla de León, en la bahía de Cádiz. El proceso legislativo culminaría en la aprobación de la Constitución de 1812. Ante una crisis gravísima, la Nación se autoafirmó, y una minoría ilustrada, no todo el pueblo, expresó su deseo de ilustración y liberalismo. No todo fue luz en aquella hora, acaso algo sobrevalorada, pero la justicia obliga a juzgar a las personas por lo que ellas podían ver, y no por lo que ahora vemos nosotros. Por otro lado, en los virreinatos y provincias americanas (que no colonias), comenzó un proceso de traición a España, emprendido por minorías criollas, que no un movimiento de emancipación. Favorecido, por lo demás, por los graves errores de Madrid. Paradójicamente, a la misma hora en que la Nación se autoafirmaba, también se rompía.

Es, por tanto, normal que conmemoremos estos hechos bicentenarios. Lo curioso ha sido la extraña contabilidad de períodos de libertad contenida en la declaración institucional del presidente del Congreso. José Bono enunció su particular nómina de los períodos de libertad que habían disfrutado los españoles desde aquella fecha. La inclusión de la Segunda República (incluido el período 1934-36) y la exclusión de la Restauración son sintomáticas. Pero existe un error previo en el presidente del Congreso, que no por extendido es menos error. La democracia política no entraña necesariamente libertad. Puede haber democracias antiliberales y liberalismos no democráticos. Lo más relevante no es tanto eso como la existencia o no de concordia y legitimidad. Lo más relevante es en qué períodos hubo legitimidad y en cuáles, no. Lo decisivo es determinar cuándo el régimen político pretendía incluir a todos o a la inmensa mayoría, y cuándo se trataba de la imposición de una parte de la Nación contra la otra. Y, desde este punto de vista, la contabilidad de Bono resulta más sesgada y descarriada.

Quemar Coranes

15 septiembre 2010 - 15:01 - Autor:

Quemar libros es siempre síntoma de brutalidad e ignorancia. Quemar libros sagrados de una religión es añadir a la indigencia intelectual afrenta a las creencias religiosas ajenas. Por este lado, la cosa está clara. Pero si es inaceptable quemar el Corán también lo es ofender a  cualquier otra confesión, incluidas, por cierto las cristianas. Si es inaceptable quemar el Corán, también lo es amenazar como respuesta con crímenes masivos. Como también lo es respetar a quien nos amenaza, mientras toleramos ofensas contra nuestra religión mayoritaria o las cometidas contra minorías inofensivas. La amenaza no es un agumento. Y aquí parecemos empeñados en considerar natural que la quema del Corán, (no) realizada por un bárbaro, puede justificar, en su provocación, la matanza indiscriminada de inocentes. Respetemos libros y religiones. Y respetémonos también a nosotros mismos.

Hawking y la existencia de Dios

9 septiembre 2010 - 17:06 - Autor:

En un reciente atículo publicado en el diario “El mundo”, Juan A. Herrero Brasas, profesor de la Universidad del Estado de California, comenta algunos aspectos del último libro del científico Stephen Hawkins, titulado The Grand Design.  Aún no ha sido publicado, pero la Prensa británica ha comentado ya algunos contenidos y tesis que han resultado polémicos. Habrá que esperar a su lectura. Al parecer, el célebre físico británico sostiene, no tanto que Dios no exista, sino que su existencia no es necesaria para justificr la existencia del Universo a partir de la nada.

El autor sostiene que los últimos descubrimientos de la física permite justificar el Big Bang, es decir, la primera gran explosión que dio origen al Universo, sin recurrir a la hipótesis creacionista, y sólo a partir de las leyes físicas. Pero no aporta ningún nuevo gran descubrimiento físico, ni explica cómo puede hablarse de leyes físicas antes de que exista la materia.

En realidad, se trata de una incursión de un científico en terreno filosófico. Y parece que Hawking es tan excelente físico como indigente filósofo. Antes de la gran explosión no hay nada, ni leyes físicas. Y de la nada, nada puede surgir. No es posible concebir el paso de la nada al ser. Tiene que haber una realidad anterior al Universo a la que llamamos Dios. La hipótesis de la generación espontánea de Universo a partir de la nada es una creencia ideológica, pero jamás podrá ser una tesis científica. En este aspecto, Hawking ofrece ideología, pero no ciencia. La concepción científica del mundo no permite resolver la cuestión del origen del Universo. La ciencia no puede suplantar a la filosofía. La ciencia no puede probar la eistencia de Dios; tampoco, su inexistencia o su superfluidad. Einstein escribió: “La ciencia sin religión es coja, la religión sin ciencia es ciega”.

Ciencia y vida

6 agosto 2010 - 16:57 - Autor:

Se acaba de celebrar en Caracas, los días 22 y 23 de julio, el XV Congreso Internacional Ciencia y Vida, organizado por la Universidad Monteávila de Caracas y la Universidad Libre Internacional de las Américas. Su título general ha sido: “El desarrollo científico al servicio de la vida humana. Propuestas para una política sanitaria y asistencial”. Los participantes procedían de varios países iberoamericanos. Me ha cabido el honor de pronunciar la conferencia inaugural, con el título “La objeción de conciencia en el ámbito de la investigación y la asistencia sanitaria”. La elección de la sede de Venezuela no ha sido casual. Amenazas pesan sobre la protección de la vida en el país americano, tan maravilloso como mal gobernado. Lo cierto es que ni España ni, en general, Europa, pueden dar lecciones en esta materia. Más bien sucede al contrario. Véase la declaración del Parlamento chileno en contra de la nueva legislación española sobre el aborto.

El Congreso concluyó con la Declaración de Caracas en defensa de la vida. Puede descargar el texto pinchando aquí: caracaspdf

La sentencia sobre el Estatuto catalán y el Estado de Derecho

20 julio 2010 - 17:07 - Autor:

Vaya por delante mi valoración. Comparto, en general, los votos particulares más que la sentencia. Creo que el Estatuto aprobado es radicalmente inconstitucional. Pero lo más alarmante han sido algunas reacciones a la sentencia. Es criticable tanto el procedimiento y la tardanza como el contenido. Pero negar legitimidad y no acatar la sentencia, como han hecho algunos grupos políticos, entraña la deslegitimación del sistema. Tanto el Gobierno como el Parlamento o el Poder Judicial son poderes del Estado. Como lo es el Tribunal Constitucional.

Y especialmente preocupante ha sido la reacción del Gobierno. Por un lado, presenta la sentencia como un triunfo de sus tesis, y, por otro, comparte el rechazo del PSC.  Para lo primero, esgrime el irrelevante argumento del porcentaje de inconstitucionalidad. Uno de los mayores errores del presidente del Gobierno, que bordea la traición a sus funciones constitucionales, fue su declaración de apoyar el Estatuto que le enviara Cataluña (Maragall). Luego fue corregido en el Parlamento (acaso incumpliendo su palabra). Y dijo que era inmaculado. Y el Tribunal, aún con benevolencia, lo ha declarado parcialmente inconstitucional. Por si esto fuera poco, el presidente se ha declarado dispuesto a soslayar la inconstitucionalidad, es decir, a burlar al Constitucional. Esto entrañaría la quiebra del Estado de Derecho.

En conclusión, el Estatuto es inconstitucional. Y no acatarlo es no acatar el Estado de Derecho.

Aborto y Constitución

14 julio 2010 - 17:42 - Autor:

La reforma de la legislación sobre el aborto ha entrado en vigor. Forma ya parte del derecho español. Se ha consumado la injusticia. Dejemos el debate moral para centrarnos en el jurídico. La nueva regulación es, a mi juicio, incompatible con la Constitución y con la doctrina del Tribunal Constitucional. El PP y el Gobierno de Navarra han presentado recurso de inconstitucionalidad basado en varios argumentos. El fundamental, si estoy en lo cierto, es que la configuración del aborto como un derecho, mediante una ley de plazos, entraña la vulneración del precepto constitucional que establece que “todos tienen derecho a la vida”, y de la doctrina del Tribunal Constitucional que ha establecido que el no nacido es merecedor de protección jurídica.

Fue un error la supresión del recurso previo de inconstitucionalidad, pues si bien podía dar lugar a abusos, también permitía al Tribunal desestimarlo en ese caso. Ahora, la declaración de la inconsticionalidad puede retrasarse y dar lugar a males irreparables. El PP ha solicitado la suspensión de la aplicación de la reforma, y ha sido desestimada. Creo que es un error.

No es cierto que la reforma entrañe sólo una modificación de los supuestos de despenalización. Se trata de un cambio radical. Lo que era un delito, despenalizado en tres supuestos, pasa a ser un derecho de la madre. Si la mujer embarazada puede decidir arbitrariamente la interrupción del embarazo, es decir, la muerte del embrión, queda eliminada la protección jurídica del no nacido, reconocida por el Tribunal Constitucional. La diferencia entre la legislación anterior y la actual es radical. Un delito se convierte en un derecho. Y si existe un derecho a matar a embrión, exitirá un deber jurídico de hacerlo. Y un deber jurídico de matar es una aberración jurídica (y moral).

La inconstitucionalidad de la reforma es patente. Una ley de plazos vulnera de manera radical e irreversible la protección jurídica del no nacido. Ni nuestra Constitución, ni la doctrina del Tribunal Constitucional, avalan una ley de plazos.

Bienvenida a Benedicto XVI

5 julio 2010 - 16:11 - Autor:

Varios miles de personas, entre las que me encuentro, han firmado ya una Carta de bienvenida a Benedicto XVI, con motivo de su cercana visita a España para consagrar el Templo de la Sagrada Familia en Barcelona y peregrinar a Santiago de Compostela en el Año Santo. El documento se presentó al público el pasado lunes 28 de junio en el auditorio de la Fundación Rafael del Pino en Madrid. Creo que sobran los motivos para este apoyo público a Su Santidad. 

Desde que comenzó su Pontificado su actividad ha sido ejemplar. Hoy es, si no me equivoco, la mayor autoridad moral del mundo. Su magisterio no ha podido ser más pertinente y oportuno en estos tiempos de grave crisis moral. La económica no es sino terrible síntoma superficial de aquella mucho más profunda. La crisis actual es consecuencia del predominio del relativismo ético y su negación de la Verdad en el orden moral, que tanto y con tanta razón ha combatido Benedicto XVI. Hoy entra en vigor en España la injusta e inmoral reforma de la legislación sobre el aborto. El Papa ha entablado además un inteligente debate entre la razón y la fe, que entraña una renovación del diálogo entre el cistianismo y la modernidad. Además, como expresa la carta, el Papa ha exhibido siempre una inmensa humanidad contribuyendo a la acción social de la glesia y a la ayuda a los más necesitados así como unas infrecuentes, casi insólitas, humildad y transparencia ante las conductas de algunos miembros de la Iglesia.

Quienes deseen comprobar el estado actual de la lista de firmantes y adherirse a ella, pueden hacerlo en la web www.bb16.org.

Les invito y animo a hacerlo

Viejos problemas, antiguos remedios

17 junio 2010 - 11:26 - Autor:

Creemos que nuestros problemas son nuevos, pero esta impresión procede de nuestro escaso conocimiento del pasado. Repetimos viejos errores y olvidamos antiguos remedios. Las dos cosas son evitables, pero, en la situación intelectual y moral de nuestro tiempo, improbabilísimas.

La rivalidad con Cartago mantuvo la tensión moral entre los romanos. El miedo venía a ser como un freno para los vicios. El historiador Salustio escribe: “Pero la discordia, el afán de dinero y de poder y demás plagas que suelen brotar en los períodos de prosperidad, se acentuaron de una manera exagerada después de la destrucción de Cartago”. Una prosperidad sin controles morales es camino seguro hacia el vicio. Y el vicio lleva a la discordia y a la devastación. Salustio describió memorablemente este proceso que llevó a Roma a las guerras civiles: “A partir de entonces, las costumbres de los mayores se fueron perdiendo, no poco a poco, como en períodos anteriores, sino que se hundieron precipitadamente, como cae un torrente. La juventud estaba pervertida por el desenfreno y la codicia de tal modo, que con razón se podía decir: ha surgido una generación que ni es capaz de poseer patrimonio propio, ni permite que los demás lo posean”. El poeta Ennio afirmó: “Si Roma subsiste es gracias a sus costumbres tradicionales y héroes antiguos”.

En esta situación, los pueblos se entregan más a los que promueven sus vicios que a quienes defienden sus intereses. Apenas hay algo nuevo en lo que nos aflige: viejos vicios repetidos y antiguas virtudes despreciadas.

Ignacio Sánchez Cámara

Nacido en Madrid en 1954 (estoy, pues, más allá de la mitad del camino de la vida), me hicieron catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de La Coruña en 1996. Antes fui profesor en la Complutense y durante casi diez años de Filosofía de Bachillerato. He dado clases en otras Universidades y centros varios, en el Ejército como Alférez de Complemento, en la Fundación Ortega y Gasset, en una Academia (no, por cierto, la platónica, a pesar de mi edad), y si me descuido hasta en el Bernabéu. Vamos, que soy profesor. He escrito algunos libros y un puñado de artículos. El caso es que en 1986, empecé a colaborar, como crítico de libros, en el Suplemento Cultural de ABC, gracias a la Fundación Ortega, luego pasé también a la Sección de Opinión y terminé por ser columnista. He sido secretario de Redacción de Revista de Occidente y director del Centro de Estudios Orteguianos. Ahora colaboro como contertulio (Tertuliano no hay más que uno) en los programas “La Mañana” y “La Linterna” de la COPE y soy columnista en el diario “La Gaceta”. Perteneciendo al gremio orteguiano, no me quedaba otro remedio que acabar en la Prensa, sin abandonar la Universidad. Apenas existe hoy otra manera de influir en la opinión pública que a través de la Prensa, aunque raramente establezca ella la correcta jerarquía entre los asuntos humanos. Y dentro de la Prensa, cada día aspira más al protagonismo la que se publica en Internet. Los amigos del libro y de la pluma estilográfica nos vemos obligados a ser “intrusos” digitales, algo así como “okupas” en la Red. También puede haber un sitio en ella para la filosofía, para la reflexión serena y sosegada. No todo en la Red ha de ser superficialidad y prisa. Este blog, voluntario tributo a los tiempos, aspira a ensayar una especie de socratismo internáutico, a navegar por las aguas agitadas de nuestra época, entendiendo el diálogo como un camino hacia la verdad, y no como un medio para establecerla arbitrariamente. El sosiego y la mesura no son tibieza ni equidistancia. La verdad no está en el medio, sino en el extremo opuesto del error y la falsedad. “Pensándolo bien” sugiere tanto la corrección del pensamiento como la necesidad de evitar la precipitación. Este blog abarcará todo aquello que, pensándolo bien, merezca ser pensado. Estoy casado y tengo dos hijos. Esto es, ciertamente, lo más importante

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