Así se hizo ‘No solo de rumba vive el hombre’, de Albert Pla
Esta semana, No solo de rumba vive el hombre (1992), de Albert Pla.
Pocos habían oído hablar de Albert Pla fuera de Cataluña antes de este disco. Sí Javier Krahe, que formaba parte del jurado de un certamen de cantautores que premió a Pla un tiempo antes. Gracias a ello, el de Sabadell consiguió un contrato con una multinacional (eran otros tiempos…) para editar su primer disco en castellano. Saldría en 1992, pero la autocensura de la discográfica lo tuvo encerrado durante más de un año en un cajón… y por poco no se edita. La razón: el miedo a molestar a la Casa Real con Carta al rey Melchor, la historia de la sincera bajada de pantalones de un republicano que se enamora de una infanta, con un quejío flamenco de fondo: “Hubo abogados de por medio, y tuve que cambiarle el título, pues se llamaba Carta al rey a secas”, me contó Pla en 2009. “Cuando digo, ‘siempre me he cagado en las dinastías y en las patrias putas, las banderas sucias, los reinos de mierda y la sangre azul’ y todo el mundo, ehh!!!!… ¡Claro que me jode! (…) Estoy diciendo algo normal, no sé porqué no se puede ver con normalidad”, había declarado Pla a Mondosonoro en 1995.
“Como un roscón de reyes con una cuchilla de afeitar dentro”. Así definió Julián Hernández, el líder de Siniestro Total, a Albert Pla. La canción que abre No sólo de rumba vive el hombre, Sol de verano, prueba esa aseveración: un coro infantil tararea mientras Pla canta sobre un niño que, por celos, ahoga a su hermano en el mar. Es el primer golpe de un disco deslumbrante, duro y bonito.
Pla, nacido en Sabadell (Barcelona) en 1966, había publicado dos discos en catalán. En 1992 tira por la rumba en castellano, con la colaboración de titanes del flamenco como el guitarrista Juan Manuel Cañizares, el bajista Carles Benavent o los Chipén de Peret como coristas, y edita su obra maestra, dejando al respetable boquiabierto, unos por admiración y otros por indignación. ¿Por qué un disco de rumba? “Porque tenía canciones en castellano y me gustaba la rumba, y en ese tiempo nadie la hacía”, explica Pla.
Con Extremoduro aún en el underground, Pla fue el primer contacto de muchos con una poesía urbana, deslenguada y brutal. Pero mientras Robe Iniesta a veces tira por la épica y la oscuridad, Pla se trabajaba el contraste entre la aparente inocencia de un género como la rumba catalana y las letras-bomba, dejando frases que se graban en la memoria. Todo ello, cantado con un acento indescifrable y una dicción pretendidamente ingenua: “Es una especie de chapurreao que me gusta especialmente. Como el castellano no es mi lengua, juego más con los diferentes acentos y trato de exagerarlos”, dijo a El País de las Tentaciones en 1997.
Joaquín el necio es uno de los muchos puntos álgidos del álbum, una sátira contra nuestro racismo latente sobre un marido cornudo (“metro sesenta, bajito y feo”) que acaba castrando al amante negro de su mujer. Y el coro de parroquianos del bar le responde con un inolvidable “el negro es mejor que tú”, entre “lolailos”.
Además de tratar temas incómodos, Pla demostró que también sabía hablar de sexo con una ternura fuera de lo común. Ocurre en Nuestro jardín (“tu coño es mi chimenea”) o El bar de la esquina, la historia de un encuentro sexual en la mesa de una terraza que acaba en boda oficiada por el camarero y luna de miel en la propia mesa.
También tierna es la larga -casi diez minutos- Enterrador de cementerios, en la que “un inadaptado social” sale a buscar mujer, probando infructuosamente con una prostituta, una niña de colegio y una estanquera viuda.
“En su momento no tuvo mucho éxito, ha sido poco a poco”, contaba Pla en 2009. ” Es el más conocido de mis discos, pero cuando salió fue difícil: yo no había cantando nunca en castellano, no me conocían en España y fue un poco duro. No había bolos, nadie me contrataba”.
(Este texto proviene de la unión de dos artículos: uno escrito para el libro 201 discos para engancharse al pop-rock español (Fundación Autor, 2006) y otro para la revista Rolling Stone).




Darío Manrique Nacido en Burgos en 1977. Estudié periodismo en la Complutense de Madrid y he trabajado en la web loquesea.es y, durante cinco años, en la redacción de Rolling Stone.
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