Tom Jones, en marcapaquete, versionando a los Beach Boys en un barco pirata
No tengo mucho más que decir.
No tengo mucho más que decir.
Hace unos días leí que Stephin Merritt, de Magnetic Fields, había hecho una playlist con sus canciones favoritas de menos de dos minutos. La idea me gustó: una buena canción corta deja con ganas de más, y en minuto y pico se puede condensar felicidad, tristeza, rabia, éxtasis o cualquier otro tipo de emoción, si está bien escrita.
Así que me puse manos a la obra y ayudándome del reproductor iTunes -que ordena las canciones por duración- he hecho una lista de 20 canciones de menos de dos minutos, que he convertido en lista de Spotify. Como veréis, predominan ciertos géneros y épocas. En los inicios del rock y hasta mediados de los 60 las canciones tendían a ser cortas, no más de tres minutos. Luego, con la relevancia del LP de 33 rpm y la creciente sofisticación se fueron alargando. El punk, veloz y simple, volvió a las ráfagas cortas.
Pinchando en los títulos lleva al vídeo del tema.
Lista de Spotify: HITS DE MENOS DE DOS MINUTOS
You’re Sixteen, de Johnny Burnette: Romántica canción de un astro rockabilly. Estaba incluida en la maravillosa BSO de American Graffiti.
Love Potion N 9, de The Clovers: Extraordinario tema sobre un tipo tímido que toma una poción que le da una adivina gitana, básicamente para ligar. Se le va la olla y termina besando a un agente de policía… Me gusta más la versión de los Searchers que esta original, pero la de los británicos no cumple la regla de los dos minutos
Rave On, de Buddy Holly: No la compuso Holly, pero es una de sus clásicas.
He’s so Fine, de las Chiffons: Gloriosa canción de 1962. Años después, George Harrison la plagiaría (inconscientemente, imaginamos) en My Sweet Lord.
Lollipop, de Millie Small: Gran tema de ska tempranero cantado por la jamaicana Millie Small (o Little Millie).
Tonight You Belong to Me, de Patience and Prudence: Alguien tal vez se acuerde de un post que escribí sobre esta canción hace meses. Esta versión, la mejor para mi gusto, la cantaban dos niñitas y es preciosa y un poco inquietante también, casi lynchiana.
Little Deuce Coupe, de Beach Boys: Primera época de los Beach Boys, cuando cantaban al surf, las chicas y -en este caso- a los coches.
I’m Happy Just to Dance With You, de los Beatles: La primera etapa de los Beatles está repletita de joyas de menos de dos minutos, pero esta es simplemente genial. De Hard Day’s Night.
The Wind, de Cat Stevens: Un tema con trasfondo espiritual cantado por una de las voces más bonitas del folk.
Diamond Day, de Vashti Bunyan: Más folk, en este caso a cargo de la inglesa que editó el disco donde estaba esta canción en 1970 y se fue a vivir a una granja. Su siguiente álbum llegó en 2005, animada por jóvenas fans como Devendra Banhart.
Aquellas pequeñas cosas, de Joan Manuel Serrat: Preciosa miniatura de Mediterráneo.
Caramelos, de Los Amaya: ¡Rumbaza! Olvida las versiones de jingle publicitario (“Caballero , caballero, caballero, Ponche Caballerooo”). La de los geniales hermanos Amaya es la buena.
La rebelión de los electrodomésticos, de Alaska y los Pegamoides: Buenísima letra de Carlos Berlanga (creo), sobre unos electrodomésticos en pie de guerra que secuestran a su dueña. Entre Rebelión en la granja, Yo, Robot y un anuncio de Moulinex.
Oh Shit, de Buzzcocks: “Oh, mierda”, repite Pete Shelley al darse cuenta de que su relación se acaba y que ha perdido el tiempo.
Traffic Light Rock, de XTC: Menos punk, más New Wave, contemporáneos de los Buzzcocks . No es Making Plans For Nigel, su gran clásico, pero es una buena canción.
Doe Deer, de Crystal Castles: Esta pareja de brutotes tienen muchas descargas cortas, sobre todo cuando abandonan la electrónica por su lado más punk, como en este Doe Deer.
Why Don’t you Call Me, de James Blake: Del debut de Blake.
Llamarada, de Emmanuel Horvilleur: No te dejes engañar por el aspecto de chuleta. El argentino Horvilleur es un gran cantante, ya sea en solitario (funk-pop tórrido al estilo Prince) o con el hijo de fallecido Spinetta en los raperos Illya Kuryaki and the Valderramas.
Alphabet Pony, de The Kills: Uno de los temas destacados de Midnight Boom (2008), el disco más conseguido del dúo.
Punk, de Los Planetas: Ironía y mala leche en esta canción de Los Planetas dirigida contra los punks protestones.
Esto es: 20 hitazos en 35 minutos. A esto se le llama aprovechar el tiempo…
Lista de Spotify: HITS DE MENOS DE DOS MINUTOS
Más que la silla, le quitó el trono y tampoco fue una gran sorpresa. Adele se llevó los seis premios a los que estaba nominada, incluidos los más importantes: 21 es el mejor álbum, y Rolling in the Deep la mejor canción (se premia a los compositores, Adele y su productor, Paul Epworth) y la mejor grabación (al productor y los ingenieros). Adele, además, volvía a cantar después de los problemas de cuerdas vocales que causaron la suspensión de su gira el pasado otoño. Su interpretación de Rolling fue bastante buena, ha recuperado la voz, desde luego (a excepción de un pequeño gallo en a los 3:05 minutos).
Lady Gaga, aún sabiendo que no iba a ser su noche, aguantó como una campeona el chaparrón y ver cómo no se llevaba ni un sólo gramófono a casa. Estos últimos meses han debido de ser duros para la diva neoyorquina: parecía que con Born this Way se lo iba a comer todo, y se ha quedado a medias. La razón habrá que buscarla en cierta sobreexposición en los últimos años, pero sobre todo en la ausencia en ese disco de hits como Poker Face o Bad Romance.
Otros que triunfaron, y me alegro, fueron Foo Fighters, que se embolsaron los cuatro premios de las categorías rockeras (superando a Wilco, Radiohead o Mastodon) más el de mejor documental, con su Back and Forth. Curiosamente, ninguno de esos galardones eran por mi canción favorita de Wasting Light, Rope, que sí tocaron en directo, en una especie de dúo con Deadmau5, que la remezcló hace unos meses.
Bien le fue también a Kanye West, que se llevó los cuatro reconocimientos de la categoría de hip-hop, aunque le debió de parecer poco tener sólo una nominación de las importantes (canción del año, que perdió ante Adele) y no apareció en la ceremonia.
Sí estuvieron los Beach Boys, juntos otra vez sobre un escenario después de décadas de mal rollo entre ellos. Una pena que la cosa quedara un poco flojilla, entre otras cosas porque los grupos con que les pusieron (Maroon 5 y Foster the People) no pegaban ni con cola… De todas formas, sólo puede ser una buena noticia saber que este año, por su 50 aniversario como grupo, los Beach Boys girarán otra vez e incluso sacarán nuevo disco (este me da un poco más de miedo).
Para nota estuvo el medley de Abbey Road (Golden Slumbers, Carry That Weight, The End) que se marcó Paul McCartney, que al final incluso tuvo su duelo de solos de guitarra con Bruce Springsteen y Dave Grohl.
Y muy bien también el show de Nicki Minaj, homenaje a El exorcista incluido, con Roman Holiday (pincha aquí para verlo).
La penosa muerte de Whitney Houston estuvo presente en los Grammy, claro, con una oración colectiva al comienzo (muy americano) y una interpretación de I Will Always Love You a cargo de Jeniffer Hudson. Y entre el resto de los premiados, hay que destacar el grammy de Alison Krauss, que es ya el número 27 de su carrera (sí, 27). En la categoría de mejor álbum latino de pop/rock, desgraciadamente no lo ganaron mis adorados Amigos Invisibles ni Calle 13, sino Maná. En fin, es obvio que los premios no siermpre reconocen a los mejores…
Uno no sabe lo que se va a encontrar cuando va a ver a un grupo que lleva más años en activo que Matías Prats (hijo). Más que por la edad -que también- porque no son demasiados los grupos con más de 25-30 años de carrera que conserven la inquietud artística y/o el espíritu original (por no hablar de los cambios de formación, muertes, cabreos que duran lustro, etc). Tal vez los solistas sí tengan más aguante: es más fácil dar un giro de volante cuando sólo eres tú para decidir.
Por eso iba a ver a Beach Boys el viernes con reservas. Sí, Brian Wilson en solitario había estado muy bien: tiene una buena banda y él y su historia inspiran ternura y simpatía. Mike Love, él único de los miembros originales junto a Bruce Johnston (bueno, él entró después, pero participó de buena parte de su época dorada), se ha ganado fama de antipático y codicioso, y no tenía ni idea de los músicos que traían. Y resulta que eran buenos (incluido uno de los guitarristas, Christian Love, hijo de Mike), y que Mike Love no cayó tan mal, y que sonaba potente, sin traicionar la esencia de las canciones. Enumerar el listado de canciones inmortales que dieron la talla sería demasiado, pero también me gustó mucho la selección de versiones. Clásicos como Cotton Fields (que popularizó Creedence Clearwater Revival), Summertime Blues (Eddie Cochran), Rock & Roll Music (Chuck Berry)…
Mike Love no pudo evitar algunos momentos horterillas (como sacar a su hija a bailar Surfer Girl, en plan lento; o tratar de animar al público a que hicieran ondear su teléfono móvil, como antaño los mecheros, en In My Room), pero fueron casi dos horas muy aprovechadas y salí con buen sabor de boca. (En el vídeo de arriba se puede ver una rara actuación de los actuales Beach Boys con Al Jardine, que suele ir por su cuenta).
¿Qué otros grupos veteranos me han gustado en los últimos años?
Por ejemplo, el ya mentado Brian Wilson, rodeado de un magnífico grupo, pese a su aire ausente o perdido en ocasiones. No en esta interpretación de California Girls.
Los que realmente me volaron la cabeza fueron The Who. Fue, creo, en 2005, y me daba mala espina, pese a que las referencias eran buenas. A las pocas canciones, me di cuenta de que tenía enfrente a Roger Daltrey y Pete Townshend, ellos de verdad, sin sucedáneos. Además, yo que siempre había sido más fan de sus años 60, la parte más mod de su discografía, capté el poderío de su rock épico y grandioso de los 70. Como este Won’t Get Fooled Again.
No sé si Blondie cumplen estrictamente la Cláusula Matías Prats de Longevidad, pero su actuación en el Summercase de 2008 fue casi perfecta: una larga lista de exitazos entre los que conseguían que los temas más nuevos no desentonaran. Por lo que he leído de su reciente paso por Bilbao, siguen en forma.
Toots & the Maytals también estuvieron de maravilla hace un par de años en Madrid. Es muy difícil -y tampoco se trata de eso- reproducir con exactitud el encantador sonido rugoso y descacharrado de las grabaciones originales jamaicanas de 54-46 Was My Number, Pressure Drop, Monkey Man o Sweet and Dandy, pero bastó con que conservaran esa riqueza de sonido y no estropearan las canciones con arreglos cutres (y eso que dudo que hubiera alguien más de los originales además de Toots Hibbert).
Podría acabar con los siempre eficaces Rolling Stones, por ejemplo, pero prefiero hacerlo con Love, o más bien Arthur Lee, al que pude ver en dos ocasiones diametralmente diferentes. Una fue en una sala madrileña, en un estupendo concierto con interpretaciones tan buenas como la del vídeo siguiente (aunque llevaba una formación más reducida aquella noche). La otra fue en un Festival de Benicàssim en 2004. Allí, el pobre Lee había sabido de la muerte de su amigo Rick James (el Superfreak). Nunca la cabeza mejor amueblada del rock, Lee bebió como un cosaco y a la hora del concierto tenía el bajón de llorera de la borrachera y era incapaz de cantar… Fue tristísimo, pero al menos sabía que en otras circunstancia podían haber dado una buena actuación.
Para otro día dejaré los grupos míticos que la han cagado… Por ahora me arrepiento de no haber visto la reencarnación de los Doors con Ian Astbury… ¿Alguien los vio y me puede contar qué tal estaban?
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