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Un paseo por Liverpool, ciudad Beatle

28 mayo, 2012 - 11:08 - Autor:

He pasado el fin de semana en Liverpool, en un viaje organizado por la AIE para ver la colaboración de Víctor Coyote con los alumnos de la LIPA, una pedazo de escuela de artes escénicas, es decir, música, actuación, danza y todos los puestos técnicos que orbitan alrededor de esos tres polos: técnicos de sonido y luces, productores, mánagers, escenógrafos, etc. La escuela me impresionó bastante (tal vez porque era la primera de estas características que veía) especialmente por lo integradas que están todas las disciplinas artísticas.

El edificio del LIPA es dónde se encontraba el colegio al que fue Paul McCartney de niño, y fue gracias a su apoyo que se recuperó, tras años de abandono, en 1995. En realidad, todo en Liverpool se mueve-al menos en cuanto a imagen y reclamos turísticos se refiere- alrededor de los Beatles, la mayor exportación reciente de una ciudad portuaria que en siglos pasados destacó por ser punto de partida de millones de esclavos africanos rumbo a América. Pero, obviamente, uno no puede hacer promoción turística de ese hecho vergonzoso (aunque los liverpulianos reconocen su protagonismo en tan luctuoso comercio con un excelente Museo de la Esclavitud), y el Liverpool FC no lleva unas temporadas muy gloriosas, así que el imán turístico es la música: el Merseybeat y los Beatles, por encima de todo.

Hay, por supuesto, tours que recorren las casas de infancia de los Fab Four, sus colegios y demás lugares importantes dentro de su historia, pero el epicentro Beatle es Matthew Street. En ese callejoncillo se encuentra The Cavern, el lugar donde se dieron a conocer, tocando casi 300 veces (recordemos que se solían hacer varios pases diarios, incluso a la hora de comer). El Cavern original cerró en 1973 y se reabrió 11 años más tarde, moviéndolo ladrillo a ladrillo unos metros más allá en la misma calle. Lo de los ladrillos tiene su aquel, pues enfrente del bar hay un muro en el que se encuentran inscritos todos -o muchos de- los artistas que han tocado allí.

Wall of Fame: Los Fab Four y unos amigos

También hay una placa que explica que dos ladrillos se han eliminado en los últimos tiempos. ¿Qué han podido hacer esos artistas para sufrir el “deshonor” de que retiraran su ladrillo? Ser pederastas. Se trata de Jonathan King, cantante y descubridor de Genesis o los Bay City Rollers, y de Gary Glitter, estrella del glam rock condenado la década pasada por abusos a menores en Vietnam.

Wall of Shame

Al lado, hay otro muro con discos dorados que representan todos los números uno de artistas liverpulianos, desde Gerry & the Pacemakers a Atomic Kitten, pasando por todos los Beatles, como grupo y en solitario.

Luego, el Cavern es ahora obviamente un no muy interesante garito para turistas, con su tienda de merchandising y todo. Lo bueno es que por lo menos no has de pagar entrada: abre todo el día y parece que siempre hay gente actuando. Cuando yo entré, a las 6 de la tarde, había un tipo tocando canciones como Stand By Me y todos los obvios éxitos de los Beatles.

Al margen de todo el circuito beatleliano (que incluye un museo interesante, Beatles Story), Liverpool es una ciudad que no ofrece mucho más. La zona del puerto está restaurada hace poco, con abundancia de museos como los ya nombrados -más una Tate Gallery-, restaurantes y tiendas, y la perspectiva del río Mersey desde allí es bonita. Además, allí hay otro homenaje musical, en este caso pre-Beatles y Merseysound, con una estatua a Billy Fury, pionero británico del rock & roll.

Billy Fury en el puerto de Liverpool

 

 

 

Cuando Lennon y McCartney apoyaron al IRA, y otras salidas de tiesto políticas

16 mayo, 2012 - 8:23 - Autor:

Knut Hamsun.

 

Hace poco leí un artículo sobre el escritor noruego Knut Hamsun y sus simpatías por los nazis. Lo realmente terrible para los noruegos es que el premio Nobel, tal vez el escritor más grande que ha dado esa tierra, apoyó a Hitler durante la II Guerra Mundial y la invasión de su propio país por los alemanes, llegando incluso a mandarle a Joseph Goebbels su medalla del Nobel como regalo, reuniéndose con Hitler y dedicándole laudatorios textos cuando murió. Hay que decir -aunque no sé si sirve de excusa- que Hamsun tenía ya 80 años cuando los nazis invadieron Noruega. Cuando la guerra acabó, fue detenido, juzgado y multado, muriendo en el más profundo de los deshonores (hasta se organizaron quemas de sus libros tras la guerra).

Todo esto me ha hecho pensar en los músicos que alguna vez han metido la pata dando giros radicales en sus creencias políticas o apoyando a causas y personajes de los que probablemente se hayan arrepentido posteriormente.  El primero que me vino a la cabeza fue, obviamente, John Lennon, que durante la primera mitad de la década de los 70 fue el activista que toda causa izquierdista quería en sus mítines. Lennon -y Yoko Ono, el faro que lo guió ideológicamente- apoyó por ejemplo al activista negro Michael X, un personaje controvertido que acabó sentenciado a muerte y colgado en la horca en Trinidad y Tobago por asesinato. La pareja llegó a donar una bolsa con pelo de ambos para que fuera subastada a favor de la Black House, su comuna. Posteriormente, firmaron peticiones contra su pena de muerte.

Pero el suceso que ahora más nos puede sorprender es su apoyo al IRA, aunque en su momento no era tan descabellado. Recordemos que el 30 de enero tuvo lugar en Irlanda del Norte el Bloody Sunday, durante el que el ejército británico mató a 13 civiles católicos durante una manifestación.

Pensemos qué hubiera pasado en la intelectualidad española si en esa época el ejército español hubiera masacrado a manifestantes vascos de esa forma… En 1970, durante el proceso de Burgos, Joan Manuel Serrat y otros intelectuales catalanes se encerraron en el monasterio de Montserrat en protesta por las condenas a muerte de varios etarras.

El caso es que Lennon apoyó sin reservas -tal vez hasta económicamente- al IRA, componiendo Sunday Bloody Sunday. igual que su ex compañero Paul McCartney, que impresionado por los sucesos del Domingo Sangriento, compuso Give Ireland Back to the Irish, que fue censurada en el Reino Unido por la BBC… pero alcanzó el número uno en Irlanda.

Caso diferente fue el de Neil Young, que de ser símbolo de la contracultura (recordemos Ohio, su canción sobre los estudiantes asesinados en Kent State) pasó en los 80 a alabar públicamente a Ronald Reagan. A finales de los 80, se explicaba así: “No soy liberal ni conservador. No soy así. Reagan hizo algunas cosas terribles, otras buenas”.

Otra historia son los artistas que, por codicia o simple ignorancia, han apoyado indirectamente a regímenes dictatoriales actuando para ellos (o simplemente en sus países durante un boicot internacional). Recuerdo a los Sinatra, Julio Iglesias o Queen, que tocaron en los 80 en Sun City, el complejo turístico de la Sudáfrica del Apartheid, o los que actuaron para los Gadaffi (Beyoncé o Nelly Furtado).

A Don Draper no le gustan los Beatles

10 mayo, 2012 - 19:00 - Autor:

No os voy a aburrir con mi opinión sobre Mad Men, y cómo es una de las mejores series de televisión de este siglo, a la altura de Los Soprano, The Wire, blablabla… Las tres primeras temporadas me gustaron bastante, pero ya con la cuarta me obsesioné un poco, como sólo me había pasado con las otras series anteriormente nombradas.

La quinta temporada, que Canal + comienza a emitir la semana que viene, es aún mejor. No voy a destripar nada sobre el argumento, que quede claro. Simplemente, hablar del final del octavo episodio, el último que se ha estrenado, que ha creado cierta polémica. En él, Megan, la esposa de Don Draper desde el final de la cuarta temporada, le regala una copia del Revolver de los Beatles (que salió ese año de 1966) y le indica que empiece por la última canción.  O sea, por Tomorrow Never Knows.  Megan se marcha, Don se pone una copa (cómo no), pone el vinilo y empieza a sonar la tamboura india que tocó George Harrison, y poco después el ritmo roto de batería que toca Ringo Starr.

El primer pensamiento es de incredulidad: no puedo creer que hayan conseguido los derechos para que suene una canción de los Beatles. Pero sí, y pagando la nada despreciable cantidad de 250.000 dólares. Es decir, casi un 10% de lo que cuesta un episodio de la serie (alrededor de 2,7 millones). Es raro, muy raro, escuchar en la televisión o el cine una canción de los Beatles. Suelen ser, en todo caso, versiones, como ya había ocurrido previamente en la propia Mad Men (PS I Love You, en la voz de Bobby Vinton, en la primera temporada).

Pero Matthew Weiner, creador de la serie, consideró que era fundamental conseguir una auténtica canción de los Beatles. “Siempre he pensado que a la serie la faltaba cierta autenticidad porque nunca había sonado una grabación de los Beatles”, comentaba al New York Times.  Para tenerla, además de pagar cuarto de millón (casi 200.000 €), tuvo que romper una regla sagrada: dejar que alguien de fuera de Mad Men (Apple Corps, la empresa de los Beatles) leyera el guión del episodio, o al menos unas páginas.

Volviendo al capítulo, la canción suena mientras Draper bebe su copa en un sillón, y luego se ve a otros personajes de la serie, en uno de esos carruseles corales que habitualmente cierran los episodios, justo antes de los títulos de crédito… solo que en esta ocasión, antes de los créditos, volvemos a ver a Draper, que se levanta y quita la canción, aburrido o alienado por ella.

Acabo de leer un blog cuya escritora afirma que le resulta poco creíble, que alguien como Don Draper no se hubiera asustado por esa canción en 1966, con los Beatles presentes en su vida desde hacía unos años y con el rock psicodélico comenzando a florecer por aquel entonces. No estoy de acuerdo. No si hablamos de Tomorrow Never Knows. Otra cosa hubiera sido Taxman o Here, There and Everywhere, por decir otras dos canciones de Revolver. Pero TNK sigue sonando moderna a día de hoy. No sé con certeza lo que yo hubiera pensado si la hubiera escuchado en 1966, pero estoy casi seguro de que lo habría flipado: El sonido de la tamboura, el loop que se repite y, sobre todo, ese ritmo de Ringo, casi de jungle…  Por no hablar de la muy psicodélica letra de Lennon, en la que casi se puede oler el LSD (si es que el LSD huele a algo, que lo dudo).

Creo que la reacción de Draper está justificadísima. Por mucho que quiera estar al quite, no parece un tipo muy musiquero, y mucho menos rockero (es la primera vez, creo, que se le ve poniendo un disco). Entiendo perfectamente que TNK le pareciera una marcianada insoportable. A mí, 45 años después, me sigue sonando deliciosamente marciana y vanguardista. Preguntádselo a los hermanos Gallagher: la mitad de su discografía no existiría de no haber escuchado Revolver y, por supuesto, Tomorrow Never Knows. O las partes más psicodélicas de los Chemical Brothers, como este Let Forever Be en el que cantaba -¡sorpresa!- Noel Gallagher.

 

Los mini-Beatles: ¿Planean los hijos de los Fab Four un supergrupo?

4 abril, 2012 - 14:03 - Autor:

Patidifuso me dejó una noticia de ayer en el NME, en la que James McCartney, cuarto de los cinco hijos de Macca, afirmaba haber hablado con Dhani Harrison y Sean Lennon para formar un grupo. Parece que Zak Starkey, el retoño mayor de Ringo, que ha tocado con Oasis o los Who, pasa del tema, pero James indica que tal vez su hermano (que también, sorpresa, es batería) sí podría querer.

“No creo que Zak quiera. Quizá su hermano Jason sí. Yo estaría por la labor. Sean parece que también, Dhani también. A mí me encantaría”, dijo McCartney a la BBC.

James McCartney

Unas consideraciones al respecto:

-Hace poco Paul McCartney dijo en Rolling Stone que los Beatles hablaron en los 70 de reunirse, peor no lo hicieron por miedo a manchar su legado. No sé qué pensará ahora McCartney padre de esto…

-Cuando los Beatles se separaron en 1970 eran bastante más jóvenes que sus hijos ahora, tenían entre 27 y 30 años. Sus vástagos tienen entre 34 y 44.

-Quizá esté siendo un poco cínico, pero un supergrupo compuesto por los hijos de los Beatles pinta raro… Sabemos que Sean Lennon tiene talento, y tengo entendido que Dhani Harrison también. Ahora, de Jason Starkey y James McCartney (que ha publicado un par de EPs), no sé nada, musicalmente. Sólo este vídeo que acabo de ver y que no está mal (tampoco es una maravilla), con guitarras que recuerdan de alguna manera a las de Harrison en los Beatles.

 

Los Smiths, Daft Punk o los Beatles, pasados por la Gameboy

8 marzo, 2012 - 11:02 - Autor:

La música de 8-bits, también llamada chip music, proviene de la fascinación con las viejas videoconsolas y los ordenadores de los 80. Prima hermana del pixel art, ya ha entrado en el mainstream gracias a Crystal Castles, Dizee Rascal, el divertidísimo Meneo o incluso el Tik Tok de Ke$ha, que comenzaba con una base muy 8-bit.

Pero aparte de usos más creativos, a mí me hacen mucha gracia las versiones de otros artistas en modo 8-bits, a veces muy conseguidas y, en algunos casos, incluso creativas . Hoy acabo de ver que un tal Lazyitis ha grabado una del This Charming Man, de los Smiths.

Ya hace un par de años se editó (bueno, se dejaba descargar gratis, y aún se puede hacer) el primer recopilatorio Da Chip, en el que una serie de artistas hacían versiones de Daft Punk. Hace poco se publicó la segunda parte, que también se puede descargar gratis.

Y en 2007 se publicó, en una discográfica de prestigio como Astralwerks, un disco colectivo de versiones de Kraftwerk titulado 8-bit Operators. A los robóticos Kraftwerk les pega mucho más el tratamiento, obviamente, e incluso uno de sus miembros, Ralf Hütter, apadrinó el proyecto y escogió los temas. Aquí está esta soberbia relectura de Trans Europe Express.

La marca 8-bit Operators también ha servido de paraguas para una reciente recopilación de música de los Beatles (no se podían librar: si ya hay recopilaciones incluso de perros cantando sus canciones…). Se titula I Wanna Held Your Handheld, juego de palabras con la canción y “handheld”, la manera de llamar a cualquier aparato portátil, como las consolas tipo Gameboy, en inglés). Aquí se pueden escuchar las 27 canciones. Yo no he podido con todas, peor hay alguna chula, como este espídico Back in the USSR del japonés Aonami y este Come Together ralentizado por Goto 80.

 

 

Portadas famosas hechas con gatos (o el arte de la intrascendencia)

14 noviembre, 2011 - 8:28 - Autor:

Perdonad la cursilada, pero hoy es lunes, tengo una semana dura de cojones por delante. Además, resulta que me gustan mucho los gatos. Así que voy a dejar que salga la adolescente de 15 años que hay en mí y me voy a despachar  un post de portadas míticas hechas con gatos, que he sacado del tumblr The Kitten Covers. ¡Viva la intrascendencia!

Pinchando en el nombre de cada disco, podréis ver las portadas originales.

The Clash: London Calling

David Bowie: Aladdin Sane

 

The Beatles: Let It Be

Van Morrison: Moondance (de las mejores)

 

John Lennon & Yoko Ono: Double Fantasy

 

Bob Dylan: Greatest Hits


Roxy Music: Country Life (creo que definitivamente me quedo con esta como la ganadora)

 

Devo: Freedom of Choice

Lo mejor del documental de Scorsese sobre George Harrison

3 noviembre, 2011 - 7:39 - Autor:

Acabo de terminar de ver Living in the Material World (¡son más de tres horas y media!), el documental que Martin Scorsese ha dirigido sobre George Harrison. Es muy interesante y está muy bien hecho (gran montaje), no podía ser de otra manera viendo la gente implicada, desde el propio Scorsese a Olivia Harrison, la viuda, que ha proporcionado un montón de imágenes, vídeos, cartas y recuerdos de su archivo personal. Se me hace un poco más aburrida la parte “espiritual” de su vida, y en general me gusta más el tono de No Direction Home, el que hizo sobre Bob Dylan en 2005, pero es un muy buen documental.

Por eso voy a destacar los momentos que más me han gustado, así que para quien no lo haya visto y quiera hacerlo con ojos vírgenes, que no siga leyendo, que hay espóilers

-Las (innecesarias) bromas crueles de Lennon: Uno de los hermanos de George cuenta cómo en su boda actuaron los futuros Beatles. Estaba tocando el piano una señora, y el grupo entró para tocar, pinta en ristre. A John no se le ocurrió otra cosa que avisar a la mujer de que debía ir acabando… echándole la pinta por la cabeza. Un angelito, John.

-Las cartas que lee su hijo, Dhani: Todas las cartas personales que aparecen en el documental son leídas por Dhani Harrison, un detalle chulo. Hay una, particularmente agobiante, en la que George trata de tranquilizar a sus padres contándoles los agobios de la beatlemania en su punto álgido, cuando eran perseguidos por cientos de muchachas que querían despedazarlos, de tanto que los amaban. El recuento no es para nada tranquilizador, sino todo lo contrario.

-Cuando se ve, ya en los 70, diez o 12 años antes, tocando en un programa de la tele: La cara de Harrison al ver a los Beatles haciendo That Boy es buenísima, entre la nostalgia, el orgullo y la vergüencilla, recordando las (preciosas) armonías vocales y que en algún momento posterior había regalado esa guitarra que tocaba.

-Las sobrecogedoras fotos que Astrid Kirchherr les hizo a George y John  en el estudio de Stu Sutcliffe: Sutcliffe había muerto recientemente y John y George fueron a visitar a Kirchherr, que les fotografió en el estudio del pintor. Yo no las habia visto nunca, pero son increíbles, la cantidad de emociones que se ven en sus caras.

-La discusión entre Harrison y McCartney: Es la época final de los Beatles y están ensayando en Twickenham, probablemente para Get Back. Se percibe un mal rollo tremendo. Y Ringo, a dos metros, que no sabe para dónde mirar…

-Firmando el fin de los Beatles: Esas imágenes, que provienen de un noticiario inglés, sí que no sabía de su existencia (imagino que también aparecerán en Anthology). Se ve a Harrison y McCartney rodeados de abogados firmando unos documentos que -supongo- dejan las cosas bien atadas tras el fin del grupo. La cara de Paul es un poema; George trata de bromear, pero también se le ve incómodo.

-Amistades peligrosas con los Ángeles del Infierno: A Harrison parece que le iban la velocidad y las motos y en algún momento se hizo amiguete de un capítulo de los Ángeles, y les soltó un “si pasáis por Londres, acercaros a las oficinas de Apple, estaréis como en casa”. Obviamente, lo tomaron al pie de la letra y desembarcaron como Atila y los Hunos. Y a ver cómo echas a una panda de Ángeles del Infierno… Lo hizo, con mucha mano izquierda, pero la circular con la que avisa una semana antes al personal de Apple de que van a llegar es tremenda.

-Las (divergentes) versiones de Eric Clapton y Pattie Boyd: Clapton y la mujer de Harrison, Boyd, se enamoraron y acabaron juntos (el guitarrista le había compuesto Layla cuando el amor parecía imposible). Clapton, gran amigo del Beatle, recuerda lo bien que se lo tomó George cuando se lo contó (“fue muy caballeroso”). Boyd, con un relato bastante más detallado, aduce que no se lo tomó tan bien… Sí es cierto que a pesar de ello siguieron siendo amigos.

-Cuando financia La vida de Brian: Muy grande ver a Eric Idle y Terry Gilliam, de los Monty Python, recordando cómo en dos días Harrison consiguió los cuatro millones de dólares que necesitaban para rodar la película… llegando a hipotecar su casa.

-La grabación de los Traveling Wilburys: Muy chulo ver a Harrison, Dylan, Roy Orbison, Tom Petty y Jeff Lyne grabando sus voces todos juntos en un estudio, turnándose entre ellos.

 

El lento ritmo de la industria… ¿o es que Björk o Coldplay son unos vagos?

13 octubre, 2011 - 7:28 - Autor:

Hoy estaba leyendo un artículo sobre la discografía de Queen y me he puesto a pensar en un tema clásico: el cambio de ritmo de la industria discográfica desde los 60 hasta ahora. Queen editaron sus primeros cinco álbumes en tres años, entre 1973 y 1976. Y no son el ejemplo más bestia:

-Pensemos en Bob Dylan: entre 1962 y 1966 sacó cuatro discos que revolucionaron el folk y otros tres con los que se pasó al rock. Total, siete álbumes, a cual mejor.

-Por no hablar de los Beatles, que entre el 63 y el 65 grabaron seis (¡seis!) álbumes. Y en siete años de carrera discográfica, 12 discos (13 si contamos Magical Mystery Tour) que dejaron patas arriba el rock y el pop para siempre.

Y me he puesto a mirar algunos discos importantes que salen este mes de octubre:

-The Less You Know, The Better, de DJ Shadow aparece cinco años después de The Outsider.

-Coldplay, uno de los grupos más vendedores de estos tiempos, se han tomado tres años entre Viva la vida y Mylo Xyloto.

-El Biophilia de Björk, por ejemplo, sale cuatro años después del anterior.

¿Os imagináis a los Beatles tomándose tres años entre Help y Rubber Soul? EMI les hubiera demandado… No quiero decir con esto que los artistas actuales sean unos vagos. Muchos de ellos, Björk es un buen ejemplo, hacen montones de cosas aparte de editar discos. Pero me resulta curioso como ha cambiado el ritmo de la industria. Ahora un single se exprime durante meses, un álbum durante dos años si tiene éxito, y además hay giras mundiales que pueden durar hasta un par de años. En los 60, hasta que los Beatles y Dylan impusieron el formato de álbum, se sacaba el sencillo, se radiaba e interpretaba en unos cuantos programas de televisión y, un par de meses después, salía otro single.

Eran exigencias de la industria, tal y como funcionaba entonces, y esas demandas empujaban la creatividad de los artistas: se componía y grababa en todo momento y lugar, hasta de gira. La evolución artística de un grupo podía seguirse casi en tiempo real, como ocurrió con los Beatles, que en diciembre de 1965 sacaban Nowhere Man (una maravilla, pero áun adscrita al beat de sus comienzos) y ocho meses después editaban Eleanor Rigby, una canción avanzadísima.

Con la preeminencia del álbum de 33 rpm, los tiempos se fueron distanciando: ya no se trataba de ir sacando canciones, sino de forjar un trabajo con un concepto y una coherencia detrás. Ya en los 80 y los 90, los grupos pedían tiempo para crear y las discográficas para trabajar un disco y exprimirlo comercialmente… Es una evolución normal, pero a uno le hace sentirse nostálgico, pensar en  la emoción de un fan de Elvis Presley o de James Brown al saber que cada dos meses tendría una nueva canción de su ídolo (o dos, si contamos la cara B). ¿Mejores tiempos? Probablemente no, sólo diferentes.

La música de la violencia: los gustos de Anders Behring Breivik

1 agosto, 2011 - 8:06 - Autor:

Apenas unas horas después del múltiple asesinato de Noruega ya sabíamos, gracias a su blog y sus perfiles en redes sociales, de los libros o los videojuegos favoritos de Anders Behring Breivik. También de su música favorita. Esto es lo que decía, recopilado por el Telegraph inglés:

“Electronica vocal (trance vocal) pero también música clásica y pop. Armin van Buuren, John O’Callaghan, Marcus Schossow con las voces de Audrey Gallagher, Emma Hewitt, Sarah Howells, Sheryl Dean, Helene Bøksle, Saga etc. También me gusta la música clásica. Ópera: Wagner, Verdi, Mozart”.

Como desconocedor del trance que soy, no me sonaba más que Armin Van Buren, pero una rápida búsqueda me ha confirmado que O’Callaghan y Schossow también son DJs tranceros, y la mayoría de los nombres femeninos son de vocalistas que hacen cantaditas trance. Además, Helene Boksle es una cantante de folk noruego, lo cual podría cuadrar con la imagen de un extremista ultranacionalista. También lo de Wagner, compositor favorito de los jerarcas nazis. Ahora, lo de Verdi y Mozart descoloca más. Probablemente, Breivik únicamente conoce superficialmente la clásica, pues cita nombres bastante obvios.

¿Significa algo esta fijación de Breivik por el trance, el folk y la música clásica? ¿Da algunas pistas sobre su carácter? No creo. El trance no es música precisamente apacible, pero tampoco es música violenta, porque ninguna lo es (a no ser que incluya mensajes explícitos de odio en sus letras, como algunos grupos de hardcore skinhead). Que se lo pregunten a Marilyn Manson, chivo expiatorio tras la masacre de Columbine en 1999. Ni siquiera los dos asesinos escuchaban su música (parece que sí la de los metaleros industriales KMFDM o Rammstein), pero fue suficiente la imagen vagamente gótica que exhibían el día de los tiroteos para que algunos medios lanzaran sus dardos contra el exponente más popular en aquel momento de esa estética. Relacionado con este tipo de asuntos, me recomendaron hace tiempo (aunque aún no lo he podido ver) el documental Paradise Lost, que describe el caso de tres adolescentes acusados del brutal asesinato de otros tantos niños en Memphis en 1993. Al parecer, el fiscal insistía en que se trataba de un ritual satánico en el que el heavy metal que los tres escuchaban fue parte importante… Este es el tráiler, con música de Metallica, que cedieron sus canciones para el documental.

No se criminalizó a los Beatles cuando la banda de Charles Manson escribió “Helter Skelter” con sangre humana en una pared cuando mataron a Sharon Tate y demás. Ni se quemaron ejemplares de El guardián entre el centeno cuando Mark David Chapman, fanático de la novela, mató a Lennon. Simplemente, se entendió que esos referentes culturales eran asideros mentales de los psicópatas, obras que en sus cabezas habían tomado la significación que les convenía, pero que nada tenía que ver con la intención de sus autores.

Ahora, gracias a internet -y siempre que el demente en cuestión no haya estado encerrado en una cueva durante los últimos 15 años- nos apresuramos a buscar razones lógicas para el bestial comportamiento de estos asesinos, pero no las encontraremos entre sus gustos de música o de videojuegos. Lo expresaba a la perfección Marilyn Manson en un artículo que escribió para Rolling Stone poco después de Columbine: “Es triste pensar que las primeras personas sobre la Tierra no necesitaron libros, películas, videojuegos o música para inspirar sus asesinatos a sangre fría. El día que Caín aplastó los sesos de su hermano Aberl, la única motivación que necesitó fue su propia disposición como humano a la violencia”.

Darío Manrique BIO

Darío Manrique Nacido en Burgos en 1977. Estudié periodismo en la Complutense de Madrid y he trabajado en la web loquesea.es y, durante cinco años, en la redacción de Rolling Stone.

Desde 2006 soy 'freelance' y colaboro en Rolling Stone, Esquire, Harper's Bazaar, Radio Gladys Palmera, Efe Eme, On Madrid, Muchoviaje, El Dominical, Viajar... Nos leemos.

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