Un paseo por Liverpool, ciudad Beatle
He pasado el fin de semana en Liverpool, en un viaje organizado por la AIE para ver la colaboración de Víctor Coyote con los alumnos de la LIPA, una pedazo de escuela de artes escénicas, es decir, música, actuación, danza y todos los puestos técnicos que orbitan alrededor de esos tres polos: técnicos de sonido y luces, productores, mánagers, escenógrafos, etc. La escuela me impresionó bastante (tal vez porque era la primera de estas características que veía) especialmente por lo integradas que están todas las disciplinas artísticas.
El edificio del LIPA es dónde se encontraba el colegio al que fue Paul McCartney de niño, y fue gracias a su apoyo que se recuperó, tras años de abandono, en 1995. En realidad, todo en Liverpool se mueve-al menos en cuanto a imagen y reclamos turísticos se refiere- alrededor de los Beatles, la mayor exportación reciente de una ciudad portuaria que en siglos pasados destacó por ser punto de partida de millones de esclavos africanos rumbo a América. Pero, obviamente, uno no puede hacer promoción turística de ese hecho vergonzoso (aunque los liverpulianos reconocen su protagonismo en tan luctuoso comercio con un excelente Museo de la Esclavitud), y el Liverpool FC no lleva unas temporadas muy gloriosas, así que el imán turístico es la música: el Merseybeat y los Beatles, por encima de todo.
Hay, por supuesto, tours que recorren las casas de infancia de los Fab Four, sus colegios y demás lugares importantes dentro de su historia, pero el epicentro Beatle es Matthew Street. En ese callejoncillo se encuentra The Cavern, el lugar donde se dieron a conocer, tocando casi 300 veces (recordemos que se solían hacer varios pases diarios, incluso a la hora de comer). El Cavern original cerró en 1973 y se reabrió 11 años más tarde, moviéndolo ladrillo a ladrillo unos metros más allá en la misma calle. Lo de los ladrillos tiene su aquel, pues enfrente del bar hay un muro en el que se encuentran inscritos todos -o muchos de- los artistas que han tocado allí.
También hay una placa que explica que dos ladrillos se han eliminado en los últimos tiempos. ¿Qué han podido hacer esos artistas para sufrir el “deshonor” de que retiraran su ladrillo? Ser pederastas. Se trata de Jonathan King, cantante y descubridor de Genesis o los Bay City Rollers, y de Gary Glitter, estrella del glam rock condenado la década pasada por abusos a menores en Vietnam.
Al lado, hay otro muro con discos dorados que representan todos los números uno de artistas liverpulianos, desde Gerry & the Pacemakers a Atomic Kitten, pasando por todos los Beatles, como grupo y en solitario.
Luego, el Cavern es ahora obviamente un no muy interesante garito para turistas, con su tienda de merchandising y todo. Lo bueno es que por lo menos no has de pagar entrada: abre todo el día y parece que siempre hay gente actuando. Cuando yo entré, a las 6 de la tarde, había un tipo tocando canciones como Stand By Me y todos los obvios éxitos de los Beatles.
Al margen de todo el circuito beatleliano (que incluye un museo interesante, Beatles Story), Liverpool es una ciudad que no ofrece mucho más. La zona del puerto está restaurada hace poco, con abundancia de museos como los ya nombrados -más una Tate Gallery-, restaurantes y tiendas, y la perspectiva del río Mersey desde allí es bonita. Además, allí hay otro homenaje musical, en este caso pre-Beatles y Merseysound, con una estatua a Billy Fury, pionero británico del rock & roll.


















Darío Manrique Nacido en Burgos en 1977. Estudié periodismo en la Complutense de Madrid y he trabajado en la web loquesea.es y, durante cinco años, en la redacción de Rolling Stone.
Comentarios recientes