El lento ritmo de la industria… ¿o es que Björk o Coldplay son unos vagos?
Hoy estaba leyendo un artículo sobre la discografía de Queen y me he puesto a pensar en un tema clásico: el cambio de ritmo de la industria discográfica desde los 60 hasta ahora. Queen editaron sus primeros cinco álbumes en tres años, entre 1973 y 1976. Y no son el ejemplo más bestia:
-Pensemos en Bob Dylan: entre 1962 y 1966 sacó cuatro discos que revolucionaron el folk y otros tres con los que se pasó al rock. Total, siete álbumes, a cual mejor.
-Por no hablar de los Beatles, que entre el 63 y el 65 grabaron seis (¡seis!) álbumes. Y en siete años de carrera discográfica, 12 discos (13 si contamos Magical Mystery Tour) que dejaron patas arriba el rock y el pop para siempre.
Y me he puesto a mirar algunos discos importantes que salen este mes de octubre:
-The Less You Know, The Better, de DJ Shadow aparece cinco años después de The Outsider.
-Coldplay, uno de los grupos más vendedores de estos tiempos, se han tomado tres años entre Viva la vida y Mylo Xyloto.
-El Biophilia de Björk, por ejemplo, sale cuatro años después del anterior.
¿Os imagináis a los Beatles tomándose tres años entre Help y Rubber Soul? EMI les hubiera demandado… No quiero decir con esto que los artistas actuales sean unos vagos. Muchos de ellos, Björk es un buen ejemplo, hacen montones de cosas aparte de editar discos. Pero me resulta curioso como ha cambiado el ritmo de la industria. Ahora un single se exprime durante meses, un álbum durante dos años si tiene éxito, y además hay giras mundiales que pueden durar hasta un par de años. En los 60, hasta que los Beatles y Dylan impusieron el formato de álbum, se sacaba el sencillo, se radiaba e interpretaba en unos cuantos programas de televisión y, un par de meses después, salía otro single.
Eran exigencias de la industria, tal y como funcionaba entonces, y esas demandas empujaban la creatividad de los artistas: se componía y grababa en todo momento y lugar, hasta de gira. La evolución artística de un grupo podía seguirse casi en tiempo real, como ocurrió con los Beatles, que en diciembre de 1965 sacaban Nowhere Man (una maravilla, pero áun adscrita al beat de sus comienzos) y ocho meses después editaban Eleanor Rigby, una canción avanzadísima.
Con la preeminencia del álbum de 33 rpm, los tiempos se fueron distanciando: ya no se trataba de ir sacando canciones, sino de forjar un trabajo con un concepto y una coherencia detrás. Ya en los 80 y los 90, los grupos pedían tiempo para crear y las discográficas para trabajar un disco y exprimirlo comercialmente… Es una evolución normal, pero a uno le hace sentirse nostálgico, pensar en la emoción de un fan de Elvis Presley o de James Brown al saber que cada dos meses tendría una nueva canción de su ídolo (o dos, si contamos la cara B). ¿Mejores tiempos? Probablemente no, sólo diferentes.
Darío Manrique Nacido en Burgos en 1977. Estudié periodismo en la Complutense de Madrid y he trabajado en la web loquesea.es y, durante cinco años, en la redacción de Rolling Stone.
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