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La lista: 10 canciones que servirían de banda sonora al apocalipsis

16 enero, 2012 - 7:40 - Autor:

¡Arrepentíos, el mundo se acaba! Bueno, según los más crédulos agoreros aún nos quedan 11 meses hasta que, supuestamente según el calendario maya, tremendas calamidades (¿nombrarán a José Luis Moreno director de TVE?, ¿le producirá Rick Rubin un disco a Raphael?) asolen al mundo.

En Prueba de sonido no nos creemos tales paparruchas, pero hay que estar prevenido para cualquier situación, con una muda limpia y una buena banda sonora presta para darle al play. Aquí están diez canciones que hablan, en mayor o menor medida, del fin de los tiempos en clave pop, cantautoril, metalera, optimista o negra como un agujero negro.

1. It’s the End of the World As We Know It (and I Feel Fine), de REM (Document, 1987)

Trepidante tema con una complicadísima letra de Michael Stipe imposible de recordar, y el vídeo es también glorioso. Si el Día del Juicio suena esta canción es que no está tan mal la cosa.

2. Eve of Destruction, de Barry McGuire (Eve of Destruction, 1965)

“Si el botón es pulsado, no hay escapatoria”, dice este clásico de la canción protesta, escrito en lo más crudo de la Guerra Fría, La víspera de la destrucción. En 2006 su compositor, P. F. Sloan, la cantó en el álbum Sailover con Frank Black, de los Pixies. Aquí está McGuire cantándola, con su particular estilo enfático, en el programa de tele de Jerry Lewis.

http://www.youtube.com/watch?v=ExH7h9Lk5HY

3. A Hard Rain’s A-Gonna Fall, de Bob Dylan (The Freewheelin’ Bob Dylan, 1963)

Dylan afinó la pluma para componer un terrorífico retrato del fin del mundo: “Vi una habitación llena de hombres con sus martillos sangrando (…) Vi pistolas y afiladas espadas en las manos de niños pequeños”.  El siguiente vídeo recoge una actuación de Dylan en la televisión canadiense.

http://www.youtube.com/watch?v=LzLHu4V8duM

4. Doomsday Clock, de Smashing Pumpkins (Zeitgeist, 2007)

Nada mejor que un temita apocalíptico para comenzar el primer disco de Smashing Pumpkins en siete años. El título es el nombre en inglés del Reloj del Apocalipsis, un reloj simbólico creado en 1947 en la Universidad de Chicago, que se revisa cada año acercando o alejando las agujas de la medianoche (que representa el fin del mundo tras una conflagración nuclear o algo similar).

5. Minutes to Midnight, de Iron Maiden (Powerslave, 1984)

Los jefes del metal se marcaron un temazo titulado “dos minutos para la medianoche”, una hora que no se correspondía con la del Reloj del Apocalipsis en 1984 (que señalaba tres minutos), sino con la de 1953. En la portada del single, Eddie señala al espectador ante un hongo nuclear.

6. 2 Minutes to Midnight, de Linkin Park (2007)

No es una canción, sino el título de un disco de Linkin Park. Chester Bennington, su cantante, lo explicaba así: “Dado que la humanidad sigue teniendo ese poder definitivo de destrucción, estamos a sólo unos minutos del fin del mundo”.

7. Time is Running Out / Apocalypse Please, de Muse (Absolution, 2003)

Hemos elegido las dos canciones más representativas, pero todo el tercer álbum de los reyes del drama, Muse, se podría encuadrar en la categoría de “nos vamos a cagar”.

http://www.youtube.com/watch?v=pCxqqUKDdRE

8. 99 Luftballoons, de Nena (99 Luftballoons, 1984)

Parece mentira, pero este saltarín éxito ochentero de la alemana Nena hablaba –tanto en su versión germana como en la inglesa- de una nueva guerra mundial que acaba en la aniquilación total.

9. Midnight in a Perfect World, de DJ Shadow (Endtroducing, 1996)

En 1996 la Guerra Fría ya era agua pasada y el 11 de septiembre aún estaba por llegar, pero el siempre clarividente DJ Shadow anticipaba la (última) medianoche.

10. Ataque preventivo de la URSS, de Polanski y el ardor (Chantaje emocional, 1983)

Víctor Muñoz, de Polanski, se quería ligar a una chica componiendo una canción en 10 minutos: abrió el periódico, leyó sobre un eventual ataque de la Unión Soviética y le salió una de las canciones más gamberras de la Nueva Ola.

Portadas famosas hechas con gatos (o el arte de la intrascendencia)

14 noviembre, 2011 - 8:28 - Autor:

Perdonad la cursilada, pero hoy es lunes, tengo una semana dura de cojones por delante. Además, resulta que me gustan mucho los gatos. Así que voy a dejar que salga la adolescente de 15 años que hay en mí y me voy a despachar  un post de portadas míticas hechas con gatos, que he sacado del tumblr The Kitten Covers. ¡Viva la intrascendencia!

Pinchando en el nombre de cada disco, podréis ver las portadas originales.

The Clash: London Calling

David Bowie: Aladdin Sane

 

The Beatles: Let It Be

Van Morrison: Moondance (de las mejores)

 

John Lennon & Yoko Ono: Double Fantasy

 

Bob Dylan: Greatest Hits


Roxy Music: Country Life (creo que definitivamente me quedo con esta como la ganadora)

 

Devo: Freedom of Choice

El lento ritmo de la industria… ¿o es que Björk o Coldplay son unos vagos?

13 octubre, 2011 - 7:28 - Autor:

Hoy estaba leyendo un artículo sobre la discografía de Queen y me he puesto a pensar en un tema clásico: el cambio de ritmo de la industria discográfica desde los 60 hasta ahora. Queen editaron sus primeros cinco álbumes en tres años, entre 1973 y 1976. Y no son el ejemplo más bestia:

-Pensemos en Bob Dylan: entre 1962 y 1966 sacó cuatro discos que revolucionaron el folk y otros tres con los que se pasó al rock. Total, siete álbumes, a cual mejor.

-Por no hablar de los Beatles, que entre el 63 y el 65 grabaron seis (¡seis!) álbumes. Y en siete años de carrera discográfica, 12 discos (13 si contamos Magical Mystery Tour) que dejaron patas arriba el rock y el pop para siempre.

Y me he puesto a mirar algunos discos importantes que salen este mes de octubre:

The Less You Know, The Better, de DJ Shadow aparece cinco años después de The Outsider.

Coldplay, uno de los grupos más vendedores de estos tiempos, se han tomado tres años entre Viva la vida y Mylo Xyloto.

-El Biophilia de Björk, por ejemplo, sale cuatro años después del anterior.

¿Os imagináis a los Beatles tomándose tres años entre Help y Rubber Soul? EMI les hubiera demandado… No quiero decir con esto que los artistas actuales sean unos vagos. Muchos de ellos, Björk es un buen ejemplo, hacen montones de cosas aparte de editar discos. Pero me resulta curioso como ha cambiado el ritmo de la industria. Ahora un single se exprime durante meses, un álbum durante dos años si tiene éxito, y además hay giras mundiales que pueden durar hasta un par de años. En los 60, hasta que los Beatles y Dylan impusieron el formato de álbum, se sacaba el sencillo, se radiaba e interpretaba en unos cuantos programas de televisión y, un par de meses después, salía otro single.

Eran exigencias de la industria, tal y como funcionaba entonces, y esas demandas empujaban la creatividad de los artistas: se componía y grababa en todo momento y lugar, hasta de gira. La evolución artística de un grupo podía seguirse casi en tiempo real, como ocurrió con los Beatles, que en diciembre de 1965 sacaban Nowhere Man (una maravilla, pero áun adscrita al beat de sus comienzos) y ocho meses después editaban Eleanor Rigby, una canción avanzadísima.

Con la preeminencia del álbum de 33 rpm, los tiempos se fueron distanciando: ya no se trataba de ir sacando canciones, sino de forjar un trabajo con un concepto y una coherencia detrás. Ya en los 80 y los 90, los grupos pedían tiempo para crear y las discográficas para trabajar un disco y exprimirlo comercialmente… Es una evolución normal, pero a uno le hace sentirse nostálgico, pensar en  la emoción de un fan de Elvis Presley o de James Brown al saber que cada dos meses tendría una nueva canción de su ídolo (o dos, si contamos la cara B). ¿Mejores tiempos? Probablemente no, sólo diferentes.

Dylan, el pintor impostor

28 septiembre, 2011 - 20:04 - Autor:

El pasado 20 de septiembre -y hasta el 22 de octubre- se inauguraba en la Galería Gagosian de Nueva York The Asia Series, una exposición con dibujos y pinturas  de Bob Dylan, “una reflexión visual de sus viajes por Japón, China, Vietnam y Corea”, contaba la web de la galería. Parece ser, por la polémica que se ha montado en las últimas horas, que Dylan podría haber pintado esas estampas sin salir de su propia casa, pues muchas son meras reproducciones de fotografías antiguas.

Está la del eunuco, de Cartier-Bresson.

Y la versión dylaniana.

A la izquierda de esta pintura se puede ver otra, de un hombre con un caballo ante el monte Fuji. Pues su foto de referencia es la siguiente, de Seibei Kajima, de finales del s. XIX.

Abajo, en pequeñito, la piuntura Opium y su correspondiente foto, de Leon Busy.

 

Y otra más, en la pared de la derecha.

La foto es de Dmitri Kessel, más reciente de lo que podría parecer (2005) según la web de la revista Life.

Ante el revuelo, la galería Gagosian ha lanzado un comunicado que dice lo sigiuente: “Aunque la composición de algunas pinturas de Bob Dylan se basa en una variedad de fuentes, incluidas imágenes de archivo, históricas, la frescura  de las pinturas proviene de los colores y las texturas de las escenas cotidianas que observó durante sus viajes”.

Sabemos que Dylan no va a dar explicaciones, eso ni en sueños. Su música está plagada de citas y apropiaciones: de la Biblia, de poetas clásicos, de viejos bluesmen… Es un genio del collage y la intertextualidad, no hay duda. El problema de estos cuadros, que demuestran un estilo que podría ser interesante, es que aparte de los colores y las texturas, no hay nada creativo en ellos, ni nuevos puntos de vista ni sorpresas . Y, cuando menos, podía haber citado las fuentes en las que se inspiró tan claramente. No son un plagio, pero demuestran más morro del recomendable por parte de su autor.

(Hablando de citar, las fotos de  la galería son de Rob McKeever. La del cuadro de Opium, de Marcus Yarn para The New York Times).

Darío Manrique BIO

Darío Manrique Nacido en Burgos en 1977. Estudié periodismo en la Complutense de Madrid y he trabajado en la web loquesea.es y, durante cinco años, en la redacción de Rolling Stone.

Desde 2006 soy 'freelance' y colaboro en Rolling Stone, Esquire, Harper's Bazaar, Radio Gladys Palmera, Efe Eme, On Madrid, Muchoviaje, El Dominical, Viajar... Nos leemos.