El parque de atracciones heavy de Rock in Río
La diferencia entre los que se tiraban ayer domingo por la tirolina en Rock in Río y los que lo hacían los días anteriores no sólo estaba en las negras camisetas que lo convirtieron en un festival monocromático: Los de ayer, hacían cuernos con sus dedos mientras se deslizaban por la cuerda, celebrando el pacto con el diablo del heavy, una música que se mantiene joven e inalterable, pasen los años que pasen, renovando su base de fans a la vez que conserva a muchos de sus creyentes más fieles .
De todas formas, la palabra heavy no se usa aquí, en Brasil. “Metaleiros, somos metaleiros“, decía Filipe, un veinteañero de Salvador de Bahía, minutos antes de que comenzara el concierto de Sepultura, favoritos locales -son de Belo Horizonte- que se unieron para la ocasión con los franceses Tambours du Bronx, una suerte de Mayumaná heavy (bueno, metaleiro). Su contundente percusión en bidones metálicos le dio nuevos aires a piezas clásicas como Refuse/Resist, la versión del Firestarter de Prodigy (mejor como idea que como realidad) o Roots Bloody Roots, en la que apareció un Mike Patton muy diferente al italianófilo del día anterior. Una pena que olvidaran Ratamahatta, la canción que ya en su versión original contaba con una potente batucada de Carlinhos Brown, y que le hubiera ido que ni al pelo a la ocasión.
Dos horas después, tras el enrevesado metal progresivo de Coheed and Cambria, la marea negra se reunía en el escenario principal para ver a Motörhead, un grupo que lleva más de 35 años haciendo el mismo concierto, ni mejor ni peor, siendo simplemente Motörhead, a los que Lemmy Kilminster comanda con mano de hierro y velocidad endiablada mientras canta con voz cazallera temas como Ace of Spades o Iron Fist.
Los siniestros payasos de Slipknot (con un título de canción como People= Shit retratan de mala manera la profundidad de su propuesta) fueron el último obstáculo antes de la salida de Metallica, estrellas del día más negro del Rock in Rio. Fue una actuación larga e intensa, aunque especialmente aconsejada para los muy fans: tiempo después del ansia renovadora de Load y Reload (mediados de los 90), a los californianos les ha dado por ser puristas a tope, centrando la primera parte de su repertorio en los primeros álbumes. No fue hasta pasado más de una hora que se escucharon temas esenciales como Sad but True o One. Poco antes, James Hetfield, vocalista metálico declaró su agradecimiento portocar “junto al padrino de todo esto, Lemmy”, cerrando así un círculo negro, muy negro. Y metaleiro, claro.







Darío Manrique Nacido en Burgos en 1977. Estudié periodismo en la Complutense de Madrid y he trabajado en la web loquesea.es y, durante cinco años, en la redacción de Rolling Stone.
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