El caso Agüero o la dictadura de las aficiones
El Chelsea se ha descolgado con una superoferta por el Kun Agüero: 45 millones de euros. Ha tardado en decidirse Ancelotti, el hombre que negó dos meses antes de su fichaje que fuese a entrenar al Chelsea, pero lo ha hecho a lo grande, nada de medianías. Y eso que todavía no se había enfrentado al Hull (ganó el Chelsea con ungol de Drogba cuando el árbitro estaba a punto de pitar el final del partido), porque del susto igual hubiera ofrecido al Atlético de Madrid los 65 de Florentino Pérez por Kaká.
Pero la cosa tiene su miga. En este caso concreto, el protagonista es el club rojiblanco, pero podía haber sido cualquier otro. Miguel Angel Gil Marín, dueño del club (posee el 75 % de las acciones), tiene miedo a vender porque la semana próxima se enfrenta el Atlético al Panathinaikos por un puesto en la Champions. ¿Y qué pasaría si vende a Agüero al Chelsea y los griegos eliminan al Atlético? La afición no sólo le llamaría pesetero y se le echaría encima. La situación sería desagradable e insostenible.
He ahí la dictadura de las aficiones. El Atlético tiene problemas económicos graves, como la mayoría. El traspaso de Agüero le vendría como anillo al dedo para salir a flote, pero no lo puede hacer por la previsible reacción de una afición que no sabe ni entiende de números. La afición quiere que los mejores sigan, sin importarle el precio que ello supone.
Tal vez el Atlético se habría planteado favorablemente la oferta del Chelsea si hubiese llegado hace quince días. Le habría dado tiempo, al menos, a hacer ciertas gestiones, como buscar un sustituto de categoría para el jugador argentino. El madridista Higuaín era su objetivo, pero ahora no tiene tiempo de reacción. Todo un problema.
¿De qué lado está la razón? ¿Debe vender el Atlético? ¿Se debe quedar con Agüero aún a riesgo de que los números rojos exploten?
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