Quizá el gol de Parejo al Real Madrid cuando Iker Casillas se hallaba quejándose en el suelo haya eclipsado de alguna manera la brillante victoria del Real Madrid en Getafe. No por el gol en sí, sino por las palabras de Manuel Pellegrini al término del partido. Fue un gol desleal, dijo. Otro entrenador habría empleado palabras distintas para definir lo sucedido. Calificar de desleal lo sucedido es lo que ha alimentado la polémica y el debate en las últimas horas.
Sólo que es Iker Casillas el que sale perdiendo y no precisamente por puntos, sino por ‘K.O’ fulminante. He leído y escuchado todos los comentarios posibles y son mayoría los que dicen que el gol fue totalmente LEAL, empezando por el entrenador del Getafe, Michel.
Sale perdiendo Iker Casillas porque el personal tiene muy claro que cantó La Traviata una vez más, pero esta vez con nocturnidad, alevosía y mala educación, por utilizar las palabras que el árbitro de la contienda, Fernández Borbalán, dice que empleó Michel.
Iker Casillas salió a por uvas, perdió el balón, propició el gol en su portería, se hizo el lesionado, trató de engañar al árbitro y al público y encima le negó el saludo a Parejo cuando el canterano blanco fue a interesarse por su estado y le tendió la mano. Pellegrini dudó unos instantes e incluso le dijo a Dudek que se preparase para salir, pero la lesión del mejor portero de todos los tiempos y de todas las galaxias duró lo que un dulce a la puerta de un caramelo: un pispás. Se recuperó de inmediato y siguió bajo los palos. Tremendo papelón.
Y encima va Pellegrini y dice que fue un gol desleal. Sólo lo puedo entender si con estas palabras lo que el ingeniero pretendía era echarle un cable a su portero con vistas al exterior, esto es, sacar la cara por él. Porque en su fuero interno imagino que pensará lo que está pensando todo hijo de vecino: Iker la cagó.
Que no es la primera vez ni será la última. Esta temporada ya van muchas, pero sigue teniendo la fortuna de que sus cantadas, al contrario que la de Palop contra el CSKA en el Sánchez Pizjuán, no mandan a su equipo al arcén.