La Cruzada de los Niños

En 1212 30.000 niños europeos partieron de Francia y Alemania camino de Tierra Santa, con la ingenua intención de convertir a los musulmanes al cristianismo y, ya de paso, lograr lo que no habían conseguido los adultos en cuatro cruzadas previas: arrebatar Jerusalén a los sarracenos. Los infantes jamás llegaron a Palestina porque unos monjes sin escrúpulos (valga el pleonasmo) los vendieron como esclavos en el norte de África.
Ésta es al menos la versión que da Kurt Vonngegut en “Matadero Cinco, la Cruzada de los Niños“, su más famosa novela. El escritor cita a su vez un libro de 1841 titulado “Extraordinarios errores populares y la locura de las multitudes“, de un tal Charles Mackay. Según Vonnegut
Mackay nos decía que la Cruzada de los Niños (o Cruzada de los Inocentes) había empezado en 1213, cuando dos monjes tuvieron la idea de reclutar ejércitos de niños en Francia y Alemania para venderlos como esclavos en el norte de África. Se presentaron treinta mil niños creyendo que irían a Palestina (…)
El papa Inocencio III también creía que aquellos niños iban a Palestina y se sentía conmovido: “¡Estos niños están despiertos mientras nosotros dormimos!”, decía. Pero la mayoría de aquellos niños fueron embarcados en Marsella, y cerca de la mitad perdieron la vida en naufragios. La otra mitad llegaron al norte de África, donde fueron vendidos.
La versión más amable de la historia introduce a sendos personajes carismáticos, un pastor alemán, de nombre Nicolás, y Stephen, un niño francés de 12 años, versiones benjamín de los centenares de profetas que recorrían Europa en aquel agitado siglo XIII. Nicolás arrastró a los párvulos teutones hacia Génova (y de allí a la esclavitud o al naufragio) y Stephen a los suyos hasta Saint-Danis, donde recibieron el sabio consejo de dar media vuelta y volver a casa.
Historiadores posteriores han puesto en duda la existencia de la Cruzada de los Niños, siendo más bien una Cruzada de los Miserables, erróneamente interpretada y traducida por autores posteriores a los acontecimientos, que interpretaron “pueri” (pordiosero) por “niño”, según la siempre docta Wikipedia. Lo cierto es que la versión de los niños es mucho más atractiva que la de los pobres, pero no resta ni un ápice de patetismo al estéril esfuerzo humano que supusieron las cruzadas. Como dice Mackay
La historia nos informa, en sus solemnes páginas, de que los cruzados no fueron otra cosa que hombres ignorantes y salvajes, movidos únicamente por un fanatismo inmoderado, y de que su camino era el de la sangre y el llanto (…) ¿Cuál fue el resultado de todas estas luchas? Que Europa perdiera gran parte de sus tesoros y la sangre de dos millones de sus hombres. Y todo ello para que un puñado de caballeros pendencieros retuvieran la posesión de Palestina durante cerca de un siglo.
La Cruzada de los Niños no es más que un ladrillo más en el muro de la ignominia de la Iglesia Católica hacia los infantes -y de la religión en general- que cáusticamente denuncia Christopher Hitchens en su libro-panfleto “Dios no es bueno“, bajo el provocador parágrafo “¿Es la religión una modalidad de abuso de menores?”. Muy pronto en esta, su pantalla amiga, la respuesta a esta insidiosa cuestión.
La Cruzada de los Niños, en Wikipedia, en inglés y en español.
1 Comentario
Deja tu comentario
Puede seguir esta conversación suscribiéndose a la fuente de los comentarios de esta entrada.
uu = ke lata esoo mmm setoo
Comentario Publicado por: alexsandra | 14 Abril 2010 - 20:50