
Del oficio de conductor de taxi humano viven unas 20.000 familias sólo en una ciudad como Calcuta. Su trabajo consiste en tirar de un carrito de madera y metal conocido como rickshaw, un transporte a tracción humana que también tiene su versión motorizada y que encanta a los extranjeros.
A Whitney, una turista americana de 29 años, le llegó bien hondo este carrito pues, después de una semana viajando como reina en calesa, decidió casarse con el conductor del rickshaw que tan bien le había llevado. Whitney conoció a su príncipe azul en Jaipur, en Rajastán, un estado al oeste de la capital, famosa por sus palacios señoriales.
Después de llamar a un rickshaw y ver a aquel conductor bronceado que asomaba su cabeza, supo que su vida nunca sería igual. “El tercer día, me sorprendió al abrir la puerta y me dijo: Quiero pasar el resto de mi vida contigo. Me enamoré al instante”.
Éso fue un sábado y el miércoles ya se estaban casando en una ceremonia sencilla; Whitney, de pie, vestida con un sari tradicional que le cubría la cabeza junto a su nuevo marido, Harish Hotala, un taxista del corazón que no cobra suplemento por amar.
continuar leyendo