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La guerra por el petróleo amazónico entre Shell y Standard Oil

25 febrero 2010 - 16:19 - Autor:

shellfin

Perú y Ecuador llevan enzarzados en una larga y discontinua guerra fronteriza desde los tiempos de Bolívar. El conflicto se inició por un quítame allá unos kilómetros de selva y se reaviva cada cierto tiempo (la última vez en 1995) al ritmo de las arengas populistas de sus respectivos mandatarios.

Pero la guerra de 1941 no fue como las demás. En ella no fueron los gobiernos sino dos compañías petroleras rivales -Shell y Standard Oil- las que azuzaron a los ejércitos de uno y otro país para defender sus respectivos campos petrolíferos, sitos en la remota región del Putumayo, donde moran los shuar (más conocidos en occidente como jíbaros).

Según relata el antropólogo Wade Davies en su fabuloso libro “El río” sobre la épica búsqueda de caucho del etnobotánico Richard Schultes durante la Segunda Guerra Mundial:

(…) Un gobierno corrupto concedió a la compañía derechos de explotación par todo el Oriente ecuatoriano, y en 1938 la Shell abrió una ruta entre los riscos del cañón del Pastaza hasta una escala en la montaña que se vino a conocer como Shell-Mera

(…) Entre tanto, más al sur, ingenieros de la Standard Oil de Nueva Jersey estaban explorando las regiones fronterizas del Perú. Cuando en 1941 estalló la guerra entre Perú y Ecuador, las compañías petroleras apoyaron a sus respectivos países, y un año después los Estados Unidos impusieron un tratado de paz que obligó a Ecuador a ceder casi la mitad del territorio nacional, donde hoy se encuentra la mayor parte de las reservas de petróleo del Perú, incluido un campo que en la actualidad produce cien mil barriles diarios. La concesión de la Shell resultó menos productiva.

La teoría de Davies no entra en el terreno de la conspiranoia. Al menos está refrendada por otro escritor serio, el ecuatoriano Jaime Galarza Zavala, que denuncia en su libro “El festín del petróleo” (1972) los manejos de ambas empresas para enviar a las tropas ecuatorianas y peruanas a batirse el cobre en un lance meramente empresarial. Por si quedan dudas, el geógrafo francés Jean Paul Deler, que no tenía nada que ver en esta guerra, apunta en su libro “Ecuador, del espacio al estado nacional” (1987):

Existe una notable concordancia entre el trazado de la frontera de 1942 y los límites orientales de una inmensa concesión otorgada en 1937 a una filial de la Royal Dutch Shell por el gobierno ecuatoriano, en detrimento de una filial de la Standard Oil of New Jersey.

Sea como fuere aquella escaramuza selvática es sólo una mácula en la fangosa hoja de servicios de Shell, según relata este prolijo artículo de The Guardian que -un brindis por la transparencia- la propia empresa tiene colgada en su página web. Shell y Standard ya se habían repartido mandobles vía intermediarios en la guerra del Chaco, aparentemente entre Bolivia y Paraguay, por un petróleo que luego resultó inexistente. En aquella ocasión ganó Standard/Paraguay. Empate a uno.

Puede que la Shell y la Standard no fueran más que unas adelantadas a su tiempo, pioneras de una hipotética guerra corporativa como las que anticipaba Neal Stephenson en “Snow Crash”. Al fin y al cabo, una vez privatizada la educación y la sanidad, ¿qué sentido tiene que la guerra siga siendo un negociado del sector público?

Un completo resumen sobre las guerras petroleras en Sudamérica, aquí.

Ilustración adapta de Martin Rowson, publicada en The Guardian [.pdf] el 15 de noviembre de 1997.

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