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La desesperada búsqueda del galán en el cine español

12 julio 2012 - 11:49 - Autor:

El cine español, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico, según decía Juan Antonio Bardem en 1955 siempre ha adolecido (también) de falta de arrebatadores galanes que perduren en el tiempo. ¿Se debe a los productos que se ven obligados a rodar? ¿Se debe a que los espectadores de aquí no nos fijamos en el físico? ¿Se debe a que el público sólo mira a las chavalas? ¿Se debe a una alimentación con poca fibra? Veamos y desglosemos por décadas. ¿Existían antes de Mario Casas guaperas que hacían latir deprisa el corazón de nuestras mujeres y uranistas?

Antes de los cincuenta. El galán franquista.

Para soslayar los antecedentes y dar una grosera pincelada sobre el asunto antes de los cincuenta basta un anécdota: Alfredo Mayo, protagonista de Raza (1941) asistió a un pase privado antes de su estreno con, entre otros, el guionista de la película, el general Franco. Mayo estaba convencido de que interpretar al protagonista de esta… cosa con patriótica presteza y sin igual galanura le iba a procurar por lo menos el virreinato de una provincia. Por supuesto, nada de eso ocurrió y el Generalísimo que (como todos los dictadores) sentía por el cine un cierto respeto por su forma inmediata de calar en el público y  un desprecio infinito por sus aspectos artísticos, se limitó a darle la mano.

 

Los clásicos cincuenta

Recios tiempos en que el varón español debía poseer voz ronca, ceñudo temple y severa presencia. El pelazo se les presuponía. Como hacían cosas muy serias pues eran gente muy seria también. Alberto Closas y Paco Rabal, por ejemplo. Nada que objetar. De todas formas en España hemos sido siempre más de cómicos. Tenemos Nazarín (1959 y sí, es mexicana)  y Muerte de un ciclista (1955), en efecto. Pero véase el plantel masculino de Bienvenido Mister Marshall (1953) (¡o de El pisito (1959)!). José Luis López Vázquez es nuestro Brando y no hay nada que hacer. En esta década ya existe Arturo Fernández.

Los terribles sesenta

Berlanga, que necesita a un actor normal (no cómico, no raro, lo que se llamaría galán joven) para El verdugo (1963) finalmente importa uno para su José Luis: el italiano Nino Manfredi. López Vázquez sigue arrasando. Y Fernán Gómez. Para ver recios (y calvos) actores españoles tenemos La Caza (1965), de Carlos Saura. Con Alfredo Mayo ya convertido en nuestro John Gielgud. ¿Quién sería el galansote de esta década? ¿Fernando Rey? ¿El Pepe Rubio de Enseñar a un sinvergüenza (1969)? ¿El Bruno Lomas de Chico Chica Boom (1969)?

 

Los trágicos setenta

El comprometidísimo (o descomprometidísimo y bastorro, no hay término medio) cine español se hace respetar con fulanos pequeñitos, hirsutos y no especialmente atractivos en todos los géneros. José Luis Gómez, Ovidi Montllor, José Sacristán… López Vázquez sigue reinando. Y Alfredo Landa. Y Saza. ¿Dónde están los galanes? En las películas pícaras, con tremendas patillas, enjutas camisas y pelo en el pecho: Juan Luis Galiardo, Máximo Valverde… Por no hablar de los actores cantantes: Manolo Otero, Patxi Andión, Lorenzo Santamaría o… ¡Manolo Escobar! que debuta en el cine en1963 (con Rocío Jurado) pero brilla en esta ominosa década con luz propia. Casi veinte películas. Si Lomas es nuestro Tommy Steele Manolo Escobar es sin duda el Elvis español.

Los abominables ochenta

Comienza la era Imanol Arias. Con eso está dicho todo. Landa descubre para todos los actores españoles que poniendo cara de mala hostia durante todo el metraje su trabajo se respeta y se paga muchísimo más (El crack 1981);  lo que traerá infaustas consecuencias e innumerables intérpretes de ceño fruncido y  dilatadas aletas de la nariz hasta nuestros días. Pero ¿galanes? ¡Aparece uno! Antonio Banderas (Mujeres al borde de un ataque de nervios 1988) aunque rápidamente se marcha. Se intentan bellezas como Ángel Alcázar (Últimas tardes con Teresa, 1984). Terrible. Quedan Eusebio Poncela, o Juan Diego. O Omero Antonutti (?). O Héctor Alterio. O Gabino Diego. La jibamos.

Los tremendos noventa

Eduardo Noriega (Tesis, 1996). Oh. Es guapo y se le entiende casi todo. Demasiado guapo. Y, con los diálogos del cine español, se agradecen más los balbuceos de  Jorge Sanz. ¿Más? Carmelo Gómez, Sergi López o Javier Bardem. Actores brutos en todos los sentidos. Definitivamente el cine español es demasiado enjundioso para Cary Grants. Mejor Fele Martínez, que transmite.


Nuestros días

Se sigue la búsqueda. Los jóvenes queman ciclos rápidamente. Luis Tosar es EL HOMBRE. José Coronado gana un Goya. Tiramos la toalla definitivamente. A tres metros bajo el suelo (o sobre el cielo, o lo que sea). Venga. Esto se puede ampliar muchísimo. Para eso están ustedes. Su opinión también vale. Y recuerden: en la cosa del galán cinematográfico ¡peor lo tienen los franceses!

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