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Diez objetos que nos trasladan a los tiempos de la EGB

24 Julio 2012 - 20:02 - Autor:

Strambotic se ha mudado a un piso con mejores vistas.

Después de décadas de reforma tras reforma educativa, algunos no terminamos de enterarnos qué diantres les toca estudiar a los niños de ahora, de cuantos ciclos constan las diferentes etapas y, últimamente, cuánto vamos a tener que pagar para que el crío estudie y se haga un hombre de provecho. Los que nacimos hace ya algunos años, sin embargo, tenemos una experiencia común inamovible: la EGB, la Educación General Básica.

Este es un post, pues, decididamente nostálgico, puesto que vamos a repasar 10 objetos que marcaron a fuego esa experiencia, junto al recitado de los afluentes del río Ebro y las tablas de multiplicar. Y por supuesto, nos acordamos también de los recreos, que para algo era nuestra parte favorita del cole… Seguro os hará recordar tiempos pretéritos. 

 

Libros de texto

Usados en: el recreo.

¡Por supuesto! No podemos empezar sin los libros; libros de todo tipo, que acaban pintarrajeados por todas partes. Nos gustaban más los de lectura, naturales o sociales, con sus ilustraciones, fotografías y nuestros papas se quejaban de los caros que eran. Ahora nos toca a nosotros quejarnos. Más este año, si cabe, con la subida del IVA.

 

Diccionario Iter-Sopena

Usado en: clase de Lengua.

El diccionario de bolsillo por excelencia. ¿Se llevaban los coles una comisión por parte de la editorial? No lo sabemos, pero todo el mundo lo tenía. Aquel libro, que algunos llamábamos “Iter, Iter, Iter, Iter Sopena”, terminaba recibiendo un buen sobo tanto en casa como en clase. Las páginas con las banderas del mundo a todo color, nuestras favoritas.

 

La segueta

Usado en: clase de manualidades o, luego, eso que se llamó “pretecnología”.

La segueta, o sierra de marquetería, esa sierra de hilo que se rompía sin parar al encarar los cruces, fue la tizona de los adolescentes españoles que sufrieron en sus carnes el ya mítico mapa-de-España-con-bombillas, esa cumbre de la manualidad que mezclaba carpintería fina y principios de electrónica. Había como estuchitos de distintas sierras intercambiables a palometa, con variada dentadura para los que iban de “pro”.

 

Rotrings

Usado en: Clase de dibujo.

Una pesadilla para los más mayores. Los rotrings eran caros, sucios y se quedaban muertos de risa durante años cuando el estudiante tomaba la senda de las letras. Y además, se rompían y secaban con una facilidad pasmosa, haciendo más difícil si cabe la ya de por si labor de aprobar el dibujo técnico, esa rama de la pretecnología que tantas pesadillas dio a algunos. La mejor leyenda urbana de la época: que existía en algún lugar un niño que tenía un 0.2 sin la punta doblada.

 

Pastelitos

Usado en: el recreo.

Antes de que supiéramos que tienen muchísimo colesterol, y que los medios nos avisaran del problema de la obesidad infantil, el momento del bollo era el más esperado del día para muchos. No era universal. Algunos llevaban un bocadillo de casa: otros ni siquiera comían nada. Nuestro preferido iba por temporadas, dependiendo del cromo o juguete. En el caso de los de Tarzán, un muñequito de plástico incrustado en el chocolate.

 

 

La troqueladora-perforadora escolar portátil (a.k.a “la Perforette”)

Usado en: casa, para anillar los apuntes.

Aunque la perforadora de agujeros para anillas existe desde la noche de los tiempos de la burocracia, la llegada de este sencillo aplicador para el público joven, en divertidos y vivos colores flúor, democratizó el hecho de agujerear folios y fabricar confetti casero para los cumples de la plaza.

Sus creadores no fueron otros que Clipper, los mismos con los que luego nos encenderíamos los primeros pitillos en el parque; concretamente eran el Clipper Perforette pickin´pack, un pequeño utensilio que todavía muchos conservamos, pues al estar hecho de plástico del duro es casi eterno.

 

Balones Mikasa.

Usado en: el recreo.

De más pequeños, jugábamos con balones de plástico, de colores y poco peso. A partir de los 9 o 10 entraba en nuestra vida el “torpedo” Mikasa. En su día, la marca de balones de fútbol, futbito y minibasket más usada por los colegiales de entonces. Duros y ligeros, los Mikasa salían volando por los aires con facilidad pasmosa. En este caso, el dolor no era tanto en los pies del rematador como en la cara o los brazos del portero, debido a la velocidad que era fácil imprimir al esférico.

 

Plantilla de España.

Usado en: el clase de sociales.

Así daba gusto dibujar: lo malo venía cuando había que hacerlo sin plantilla. De plástico duro, se guardaba en una fundita, junto al transportador de ángulos y una regla pequeña, que siempre terminaba por ahí. Venían en tres variedades: montañas, ríos y comunidades autónomas. Dentro de poco igual tenemos que comprar a los niños una de Alemania.

 

Pinturas, Ceras y Estuche Pelikan

Usado en: el recreo.

No falla. Los rotuladores tenían que ser ‘Carioca’ (con esa extraña mascota), los lápices, ‘Alpino’. Y las ceras… ‘Plastidecor’. Salvo cuando a alguno se le ocurría traer unas Manley y aquello acababa siendo un auténtico desastre.

Pero la verdadera estrella de los lápices del colegio eran los Estuches Pelikan, de dos pisos, con rotuladores de punta doble (fina y gorda), y un montón de accesorios de la marca Pelikan. No tenerlo te podía convertir en un marginado. Y tus papas no querían eso, ¿verdad?

 

Bolis de 4 y 10 colores.

Usado en: el recreo.

Burro grande, ande o no ande… Aunque la mayoría apenas usábamos un color de boli para tomar apuntes o hacer los deberes (o ni eso: muchos seguían prefiriendo lápiz), era mucho más molón tener uno de estos bolis y manejarlo como su fuera una herramienta de precisión: ahora escribo esto con este color, lo cambio, ahora uso este otro, ahora pulso dos a la vez…

Si bien el de cuatro colores aún tenía cierta utilidad, el mamotreto que era el boli de 10 colores era prácticamente inmanejable, con su forma de cohete especial… o de otra cosa, ejem.

 

 

Chinitos / Chupetes de la suerte

Usado en: a todas horas.

Amuletos de la suerte para presumir en el cole. Primero fueron unos supuestos chinitos: quedaban aún muchos años para que la invasión de panaderías, restaurantes y tiendas de todo a un euro, y nadie lo veía políticamente incorrecto. Un código de colores nos servía para identificar nuestras necesidades. Si queríamos amor, había que llevar uno rojo. Para conseguir dinero (lo que más, para comprar tebeos y juguetes), el amarillo. El verde nos traería buena salud. El azul, claridad de ideas… En cada colegio se cambiaban los significados.

Después llegaron los chupetes: la misma tontería pero con este objeto para bebes. Con todo, calaron y vuelven a ponerse de moda cada poco tiempo.

 

Y mención especial para…: el maldito “Plinton” y su primo el “potro”

Como nunca conseguimos saltarlos, sólo aparecerán aquí someramente esbozados. No conviene mentar al maligno de la Educación Física que tanto ha hecho por la obesidad en este país.

 

 

Más ejemplos en Yo fui a EGBTodocolección

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