
El hombre (y la mujer) siempre ha anhelado dos cosas: dominar los vegetales con la mente y ponerle chalecos al reino animal. Desde los primitivos y feroces seres unicelulares hasta manadas enteras de abejarucos, ninguna especie del planeta se ha podido sustraer a esta obsesión que domina nuestro pensamiento desde que convivíamos con los dinosuarios, borrando generaciones enteras. Corbatas diminutas, sombreros de paja, patines, bicicletas, lazos, pipas, manoplas y otros complementos han sido administrados a toda clase de especies para saciar este perverso instinto que nos tiraniza y que puede llegar a aniquilarnos.
¿Por qué millones de osos, orangutanes, mangostas y anguilas eléctricas son engalanados a diario para nuestra diversión? ¿Cuándo cesará tan aberrante comporamiento? Solo algunos ejemplares se libran de esta reprobable conducta, como Pixie, Dixie y el señor Jinks donde dos de los personajes evitan el chalequín y portan apenas una pajarita. Pero esto, ¡ay! es, como decimos, una excepción. Espinete, el Pato Donald, el Oso Yogui, el Ratón Mickey, Bubbles, Winnie the Pooh, Joselito… no hay criatura que no nos haya hecho reír a nuestro pesar con sus torpes andares y su interpuesta y vicaria indumentaria cuasi humana.
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