JONATHAN IVE, EL DISEÑADOR BRITÁNICO QUE MÁS SABE (Y MENOS DICE) SOBRE LO QUE SE ESTÁ COCIENDO
El dueño de la barraca llega un día al búnker donde se diseñan todos los cacharros de Apple y mete una bronca, que es lo normal en la Casa:
-“¡No quiero tornillos! He dicho que NO quiero tornillos Ni uno. ¿Está claro, chicos?”
-“Sí, jefe”, le contestan.

Días después del ultimátum, Steve Jobs vuelve al lugar del crimen y pide ver el prototipo de marras.
El diseñador ha hecho todo lo posible por complacer al jefe pero al final el prototipo tiene todavía un tornillo, sólo uno, caramba. Y por eso, cuando se lo enseña, el pobre diablo trata de ocultarlo con la palma de su mano.
Pero, claro, pasa lo que suele pasar, el jefe no es tonto y le dice:
-“A ver majo, pásame esto que lo quiero ver de cerca”.
Steve Jobs, flechado, va al tornillo maldito y empieza a rugir y sacar chispas.
Un minuto después el pobre diablo del tornillo está de patitas en la calle.
Bueno, pues así se las gasta este bendito de Steve Jobs que nos tiene a todos en vilo, y no les digo a ustedes cómo les debe tener en este momento a los factoautores de la tableta que nos tiene fritos.
Para empezar, el lugar del crimen es un secreto de estado.
Unos dicen que está en un edificio cercano a Cupertino, pero algún suicida filtró que estaba en San Francisco.
Y jugándose la vida, dió algunos detalles sobre el Fort Knox de Apple: es un gran espacio abierto donde trabajan Jonathan Vie y sus doce lugartenientes de mayor confianza. Entre ellos, el neozelandés Danny Coster, el italiano Daniele de Luliis y el alemán Rico Zokendorfer ¡Ah!, y tienen un cadena musical de mil pares de narices, asi que aquello parece más una discoteca high-tech que un taller de costureras digitales. Y nadie está autorizado a poner sus pies en aquel el sancta santorum. Los muchachos de Ive se dice que ganan un 50% más que sus colegas.
Ilustración: Luis Grañena
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