DE CÓMO STEWART BRAND FUE EL PROFETA DE AQUELLOS LOCOS CON SUS LOCOS CACHARROS
Stewart Brand es hoy un venerable patriarca pero en los años 60 y 70 fue el Rey del Mambo en el Oeste norteamericano. El propio Steve Jobs lo cita en su famoso discurso en la Universiad de Stanford. Estudió biología en el campus de Palo Alto, se alistó luego como paracaidista del ejército y acabó aterrizando en San Francisco dirigiendo un estudió científico sobre la LSD, que entonces era una droga legal. Tom Wolfe lo describe muy bien en el arranque de su famoso libro The Electrick Kool-Aid Acid Test.
En 1968 Brand había fundado The Whole Earth Catalogue, que acabó siendo para las nuevas comunidades hippies lo que el Catálogo de Sears Roebuck era para la gente de orden, la clase media norteamericana que pagaba impuestos, veía las películas de Walt Disney, adoraba a Ike, veía comunistas hasta en el Salvation Army, se ponían ciegos de hamburguesas y no se metía en líos supercalifragilísticos.
El Catálogo de Brand lo consideran algunos como un antecedente de Google, pero a base de “cortar, fotocopiar y pegar”, que eso es lo que hacían sus editores con aquellos repertorios de cacharros, recetas y reviews contraculturales que entusiasmaban, lo ha dicho iGod, a aquellos locos.
Steve Jobs era uno de esos locos, y por eso responsabiliza a Stewart Brand de ser uno de sus maestros. Los primeros Apple y Macs habrían sido cacharros de inserción obligatoria.
Dicho esto, traigo a colación a este personaje multifacético porque al cabo del tiempo, en 1987, escribió un libro también fascinante que se tituló The Media Lab: Inventing the Future at MIT.
Yo me lo traje de un viaje a los Estados Unidos después que me lo recomendara Leo Bogart. En España a mi me lo quitaban de las manos. Y hubo hasta quien lo fotocopió de la primera hasta la última página.
Hoy me llegó por correo una vieja copia que encontré en Amazon y que me ha hecho recordar los tiempos de aquellos locos con sus locos cacharros.
Yo estaba entonces en Pamplona donde habíamos empezado nuesro trabajo de consultores, y la lectura de aquel libro me confirmó que habíamos elegido un buen nombre para nuestras actividades: INNOVATION. O por lo menos eso es lo que siempre me dice Claude Erbsen, el que fuera “número dos” de la Asociated Press.
Lo que Brand relata en este libro son los comienzos del MIT Media Lab bajo el liderazgo del arquitecto griego Nicholas Negroponte, otro pionero que ahora promueve un programa admirable llamado One Laptop Per Child (OLPC) que puede revolucionar la educación escolar de los países en desarrollo.
Pero el mayor legado de este ex hippy son estas palaras que hoy cobran más sentido que nunca, aunque le vuelvan frenéticos a los Rupert Murdoch de este mundo, incluido este nuestro gobierno español que nos conduce con paso tan firme y seguro al abismo digital, pasando por la cárcel y las ejecuciones sumarias al amanecer que para eso fuimos y queremos seguir siendo la tierra de Torquemada.
Decía Brand:
“La información quiere ser libre. Pero también quiere ser cara. La información quiere ser libre porque se ha hecho tan barata su distribución, copia y recombinatoria que es demasiado barata para ser medida. Quiere ser también cara porque puede ser inmesamente valiosa al receptor. Esta tensión entre lo uno y lo otro no va dejar de existir. Algo que nos llevará a interminables discusiones sobre el precio, los derechos de autor, la propiedad intellectual, y la moralidad sobre el derecho a la distribución casual, porque cada ronda de nuevos cacharros más que mejorar, empeorará esta tension.”
Con esto y un bizcocho, les dejo hasta mañana a las ocho.
Que para hoy vamos bien servidos en esta espera de la tableta milagrosa a la que Stewart Brand hubiera dedicado un número especial, monográfico, interactivo, multimedia y superfragilístico espialidoso de su Catálogo de marras.
Y por supuesto, a los pocos meses tendríamos otro libro como el del Media Lab pero dedicado a la Gran Madre de todas las Tabletas.
A lo mejor todavía se anima y termina sus días siendo el cronista del futuro que todos intuimos pero el sabrá contarnos mejor que nadie.
Yo voy a intentar verlo en San Francisco dentro de unos días y me gustaría poder contarles en este blog cómo respira este biólogo metido a profeta.
MAÑANA, DIA -11: ERIC SCHMIDT, GOOGLE Y EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO: HACERSE CON APPLE
Ilustración: Luis Grañena
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