ERIC SCHMIDT, GOOGLE Y EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO: HACERSE CON APPLE
Este ingeniero de 54 años, que ha pasado por casi todas las empresas líderes del Silicon Valley, es conocido como el autor del modelo 70/20/10 según el cual, para que una empresa sea innovadora, sus empleados deben dedicar el 70% del tiempo a la madre del cordero, es decir, al corazón del negocio; otro 20% dedicarlo a negocios relacionados; y el 10% restante a proyectos sin conexión con todo lo anterior. Magnífico: Hoy en Google Eric Schmit hace todo lo contrario.

Probablemente el 70% de sus horas se le van viendo cómo ganarle la mano a Apple, empresa rival que conoce muy bien desde dentro porque durante tres añitos ha sido miembro de su Consejo de Administración.
El otro 20% de su tiempo lo consagra a negocios como el Nexus One que no son la madre del cordero.
Y el 10% restante lo emplea en pelearse con Rupert Murdoch que es su Moreno, y que le está montando una bronca global entre quienes consideran que Google es un chupóptero que les sorbe la sangre noticiosa que circula por las venas de este megabuscador cuyo mayor negocio sigue siendo vender publicidad online.
Amigo de Obama, que pensó en nombrarle Chief Tecnology Officer (CTO) de la mayor empresa burocrática del país, es decir el desgobiermo de los Estados Unidos, Eric Schmidt le dijo que ni hablar del peluquín.
Tiene, como iGod, un salario anual de un dólar, pero recibe bonos de más o menos medio millón de dólares. Es rico pero no gracias a Google sino a las “stock options” de muchas de las empresas en las que trabajó antes.
Coleccionista importante de obras de arte, Eric Schmidt estudió en la Universidad de Princeton y desde pequeño tuvo fama de genio. Pore eso, y porque se conocía muy bien a los principales players de la cosa tecnológia, Steve Jobs pensó que mejor sería tenerlo dentro que fuera; mejor ser su amigo, que su enemigo; vamos, que mejor era tenerlo como aliado fiel que aguantarle las tarascadas constantes de un peligroso rival.
En agosto de 2006 le nombraron uno de los pocos directores externos de Apple.
IGod andaba ya con sus achaques y se pasaba el día con medicos y curanderos, así que muchos pensaron que a lo mejor un día, cuando se produjera “el hecho sucesorio” este ingeniero de la mangueba podría ser su perfecto sucesor.
Craso error, Watson.
El tipo empezó a ser un incordio tan molesto como una mosca cojonera. Primero porque se permitía criticar al jefe; y segundo porque tan pronto descubrieron que Google también quería meterse en eso de la telefonía móvil, todas las alarmas se dispararon.
De un día a otro, el posible “tapado” pasó a convertirse en un taimado rival, el hombre que sabía demasiado de demasiadas cosas: de los planes de Apple y, especialmente, de su bomba atómica de entonces, el iPhone, y también de su nueva bomba de destrucción masiva: la tableta que no nos deja dormir y nos tiene a todos en trance.
La cosa era harto desagradable. Llegaba, se sentaba y le ponían delante una agenda de la reunion, con un indice y unos anexos donde siempre faltaban páginas, porque se acordó que en aquellos temas en los que pudiera haber “conflicto de intereses”, el genio de Google tendría que levantarse, y excusándose salir de la sala de reuniones, aprovechar para llamar a los amigos o hacer crucigramas mientras, dentro del Gran Caldera, se cocían los planes de defensa y contra-ataque para hacer frente a los vecinos de Google.
Al fial aquello acabó como el dichoso modelo 70/20/10 del propio Eric Schmidt pero al revés también porque el 70% del tiempo se lo pasaba en los pasillos, el 20% dentro pero callado, y el 10% restante diciendo alguna ocurrencia y más de una impertinencia.
Hasta que en agosto del año pasado dejó el cargo. La situación era ya insostenible.
Android, un startup que Google había comprado en 2005, empezaba ya a hacer estragos y el Nexus One estaba ya en la cadena de montaje.
Steve Jobs que, como usted y yo sabemos muy bien, más bien tira a mudo, dijo entonces que “desgraciadamente, en la medida en que Google se mete más y más en el corazón del negocio de Apple, la efectividad de Eric como miembro del Board se vería cada vez más diminuida ya que tendría que excusar todavía más y más su presencia en nuestras reuniones”.
Fue un salida elegante, sin cuchilladas ni navajazos, pero también es verdad que su salida fue un alivio. Allí era un infiltrado y un enemigo encubierto.
Fuera de Apple sería lo que ya es: el principal rival del Gran Timonel, un Steve Jobs que no está dispuesto a dejar crecer dentro de su propia granja a otro gallito como aquel pasmao del John Sculley que lo envió a las tinieblas exteriores por casi 13 años y en los que el antiguo CEO de la Pepsi Cola estuvo a punto de cargarse todo lo que iGod había construido.
Eric Schmidt dijó una vez que Apple era “una de las empresa del mundo que más admiro” y muchos sospechan ahora que tal vez lo que el CEO de Google quería no era suceder a iGod sino comprarle la empresa.
Esa es una hipótesis que no debe ser descartada. Una fusión de Apple y Google sería la noticia del siglo. Algunos creen que la melange todavía es possible. Si eso ocurriera, a los Rupert Murdoch de este mundo, claro, les daría un infarto.
Veamos cómo le va a Apple con la tableta, veamos cómo Google reflolta el fiasco inicial del Nexus One, y no pierdan de vista a estos dos caballeros porque a lo mejor acaban encamados y sentados en la misma mesa redonda.
Que peores cosas se han visto.
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Ilustración: Luis Grañena
1 Comentario
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Espero que no se unan, ambas innovan más por separado y eso es lo que nos conviene a todos, aunque Google últimamente se este estrellando cuando ha decidido pasar del software al hardware
Comentario Publicado por: Gustavo | 17 enero 2010 - 18:38