DE CÓMO SI VIVIERA JOSÉ MARIO ARMERO SERÍA EL REY DE LA TABLETA
Tenía el despacho de abogados más famoso de Madrid, fue presidente de la agencia Europa Press, negoció en nombre del presidente Adolfo Súarez la legalización del partido comunista y la salida de la clandestinidad de Santiago Carrillo, hacía favores a la Casa Real, se trajo el Guernica de Nueva York a Madrid, no se perdía una tertulia radiofónica, gastó parte de su patrimonio en almuerzos y cenas en su casa de Alfonso XII de Madrid como anfitrión de toda la sociedad civil del momento, tenía un apartamento en Londres, que siempre estaba a disposición de los amigos, tuvo dos de las mejores secretarias del mundo y, lo más importante a nuestros efectos, a su manera fue un precursor de las redes sociales porque estaba todo el día enchufado al teléfono y eso que el gran Pepe Armero se nos murió en 1995 cuando todavía Internet y la telefonía móvil estaban en pañales.
Carlos Soria y Esteban Morán se contaban entre sus mejores amigos. Yo les he oído contar cómo le propusieron que fuera presidente de Europa Press, cuando el tardofranquismo daba sus últimas tarascadas y el ministro Fraga pedía la cabeza de Carlos que, entonces con apenas treinta años, era el Director General de la agencia.
Sabían que José Mario era un apasionado de las noticias, la información y el periodismo. Y como era un profesional independiente, demócrata y liberal, conocido y respetado dentro y fuera de España, pensaron que Armero podía ser, y así lo fue, el eficaz pararrayos de aquella pequeña agencia que tantas iras, úlceras y malestares provocaba entre las gentes del régimen.
“¿Estás preparado para nuevas e importantes emociones?” le preguntó Carlos Soria, al tiempo que le ofrecía el cargo. Armero se quedó callado y contestó: “Mañana te digo” y así se fue, serio y sin soltar prenda.
Al día siguiente, Armero volvió radiante y les dijo: “Acepto encantado”. Y cuando Carlos Soria y Esteban Morán, un ex-UPI que era el jefe de redacción de Europa, le comentaron que les había extrañado que no aceptara de inmediato, Pepe les contestó: “Como me dijisteis que tenía que estar preparado para “nuevas e importantes emociones”, de aquí me fui a ver a mi cardiólogo y le consulté”. El médico le dijo que estaba como una rosa, y así es como Armero llegó ser el mítico Presidente de la Agencia Europa Press.
José Mario fue capaz de compaginar abogacía, periodismo, política, familia, viajes, apartamentos, tertulias, vida social intensísima, negociaciones secretas y sus dos mayores vicios (el circo y el coleccionismo de parafernalia efímera) gracias a cinco cosas que lo mantenían en movimiento y comunicación constantes: su energía vital, dos secretarias de lujo, Abel que era su chófer, y teléfonos en todas partes, incluso en aquel imponente Citroen Tiburón que debió ser uno de los primeros coches del mundo en tener un teléfono sobre ruedas.
Me contaba hace unos días Carlos que, efectivamente, José Mario “tenía a gala contestar y devolver todas las llamadas que recibía, que eran habitualmente centenares, es decir, tres, cuatro o cinco horas diarias de teléfono. Estaba nervioso, inquieto y sin sosiego cuando, lejos de un teléfono, se sentía incomunicado.”
Carlos me lo presentó un día y recuerdo que en aquella comida nos habló de su última “aventura”, que él contaba sin ahorrar detalles, echándole intriga y emoción a raudales, como si se hubiera tratado de localizar y capturar hoy al mismísimo Osama Bin Laden que, dicho sea ya de paso, si alguien sería capaz hoy de encontrarlo debajo de las piedras ese hubiera sido Pepe Armero. Y no la CIA, Bush, Obama o la Hillary que en esto han resultado ser unos amateurs.
Pero lo de Bin Laden es nada comparado con uno de los mayores “descubrimientos” en la vida de aquel increíble personaje que era el abogado y periodista que nos ocupa.
Sabido es que era un fanático, un experto y un sabelotodo, y más, de la historia del circo, de cuyas troops, payasos, saltimbanquis, malabaristas, domadores, equilibristas, hombres y mujeres-bala, magos, jefes de pista, prestigitadores y trapecistas hablaba como si fueran familiares suyos.
Estaba en esas fechas escribiendo una historia del circo en España y andaba medio loco porque había perdido la pista de Daja-Tarto, un modesto, pero muy notable faquir tragasables, que él recordaba haber visto actuar cuando era un adolescente perimero en el circo Imperial y luego en el circo Price de Madrid.
El interfecto en cuestión se presentaba como hindú pero en realidad era de Cuenca , había sido torero y Gonzalo Mena Tortajada , que ese era su verdadero nombre, había sido enterrado vivo en las plazas de muchos pueblos de Castilla, se dejaba crucificar con clavos auténticos, se tragaba toda clase de objetos sin preocuparle mucho que un hermano suyo, por imitarle, muriera de una perforación de estómago.
El propio Pepe lo había contado en un artículo que escibió en el ABC sobre semejante fenómeno de la naturaleza.
En los carteles de circo se le anunciaba a bombo y platillo como “el faquir y torero Daja-Tarto , el hombre misterioso que juega con la muerte, ejecuta experimentos científicos sin truco de ninguna especie, comprobados por todas las ciencias médicas del Universo . Extraordinario fenómeno del siglo. ¿Hombre o avestruz? Daja-Tarto, después de estas sensacionales experiencias lidiará y estoqueará un bravo becerro”.
Vamos, que ni Anthony Quinn en La Strada.
José Mario llevaba años tras su pista pero, nada, el bellaco del tragasables no daba señales de vida: se había evaporado sin dejar ni rastro.
Un día, una de sus secretarias le llamó alborozada y le dijo: “Don José Mario, que el faquir tragasables está en el Palace”.
Armero andaba en ese instante negociando un contrato millonario con los norteamericanos de la FORD. Pero como lo de los coches era pecata minuta, comparado con la reaparición súbita y misteriosa del mísmisimo Daja-Tarto, José Mario pidió a Abel que le llevara volando bajo al hotel y, nada más llegar, le hizo saber al gerente general del Palace la gravedad e importancia del asunto. El tipo revisó la lista de huéspedes y apuntó a una habitación concreta. Llamó pero no contestaban. El faquir torero estaba, no se sabe dónde…
Para que no se le escapara Daja-Tarto. Armero se apostó en el hall del Palace, y con la complicidad del gerente general, concierge, recepción, porteros, servicio de seguridad y abrepuertas, decidió esperar a que su Bin Laden asomara las narices.
Mientras esto ocurría, sus desesperadas secretarias le llamaban preguntándole que cuándo iba a regresar, que qué hacían con los norteamericanos, que qué pasaba con la cena prevista para esa noche… Y “Don José Mario” no vaciló ni se batió en retirada: en las guerras y ante el enemigo no se retrocede ni un milímetro. En aquel histórico momento, el tragasables de Cuenca estaba por encima de cualquier otra pendejada.
Pasaron las horas y, zás, le dieron el chivatazo: estaba entrando por la puerta.
Armero se abalanzó sobre un Gonzalo Mena Tortajada ya mayor, elegante y distinguido, que venía cargado de bolsas de compra y al que seguía una señora enjoyada y de corte más bien aristocrático.
“Perdone caballero, ¿es usted Daja-Tarto?” El de las bolsas casi se desmaya, pero haciendo un quiebro agarró a José Mario del brazo y sin que la parienta le pudiera oír le dijo: “Sea discreto, se lo ruego. Si es necesario estoy dispuesto a pagar por su silencio. ¿Cuánto quiere?”
Armero, que estaba también a punto de desvanecerse, le explicó que no era un chantajista, que era sólo un admirador, un aficionado al circo y que llevaba años tratándole de localizar para acabar su libro.
El faquir-torero se tranquilizó al ver que Armero no era un delincuente y, más tarde y en privado, Mena Tortajada, alias Daja-Tarto , confesó y le explicó que hacía muchos años se había enamorado de una rica estanciera argentina, a la que nunca dijo que había sido un vulgar tragasables; se habían casado y su vida era la de un discreto rentista “gallego” allá en las afueras de Buenos Aires.
Armero nos lo contaba a Carlos y a mi como lo contaría un cazador de elefantes , y aunque todo esto pudiera parecer del género novelesco, en la vida y milagros de José Mario Armero aquello era de ordinaria administración.
Imagínense ustedes, por tanto, al Armero de entonces con el iPhone y la tableta de Apple; los Google Maps, los GPS, el Skype, Facebook y Twitter…
El miércoles que viene, José Mario Armero, estoy seguro, cambiaría su palco en el circo celestial por un modesto hueco en el gran auditorio del Centro Cultural Yerba Buena de San Francisco.
Y yo sería el hombre más felíz del mundo contemplando esta delantera de lujo que con iGod, la tableta, Apple, San Francisco y José Mario Armero nada tendría que envidiar a los Arteche, Markaida, Arieta, Uribe y Gaiza de mis años jóvenes, cuando verles jugar en el San Mamés era como estar en el Cielo.
Por eso tendré que preguntarle a mi cardiólogo si estoy preparado para las “nuevas e importantes emociones” del 27 de enero en San Francisco.
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MAÑANA, DÍA-6: LUIS FERNANDO SANTOS, UN EDITOR DEL PAPEL Y MAS ALLA DEL PAPEL QUE ESTA YA LISTO PARA LAS TABLETAS QUE SEAN.
Ilustración: Luis Grañena
6 Comentarios
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Qué tal Juan Antonio Giner,
Sólo para informarte que el nombre real de la que hasta ahora todos conocemos como iSlate, será iPad.
Muy pronto todos los detalles sobre la nueva iPad de Apple.
Saludos desde Montreal, Canadá.
Comentario Publicado por: José Luis Ávila Herrera | 21 enero 2010 - 1:25
Una de las ventajas de internet es el poder leer estas estupendas historias añejas que, de otra forma, ni me habría enterado que existen.
Comentario Publicado por: Carlos Urtasun | 21 enero 2010 - 9:13
Querido profeta:
Ya nos contarás que pajarito te lo ha dicho al oido.
No te olvides de contestar a la encuesta que vas a ganar la camiseta de con el iGod de Luis Grañena que nuestro retratista goyesco.
Lo malo es que lo has dicho en publico yahora otros te van a copiar.
Pero si no fallas, tendrás que pagar unas rondas.
Comentario Publicado por: Juan Antonio Giner | 21 enero 2010 - 10:19
Muchas gracias Carlos y tienes toda la razon del mundo. Un saludo muy afectuoso. Juan Antonio
Comentario Publicado por: Juan Antonio Giner | 21 enero 2010 - 11:20
Juan Antonio, es una MARAVILLA poder leer su blog a diario, realmente lo voy a echar de menos cuando lo jubile. Se nota que es usted un maestro contando historias y que, como yo, está convencido de que ésta es la gran historia del S. XXI, la de cómo la información se vuelve un bien infinito.
Soy estudiante de economía y cuanto más estudio el tema más fascinante me parece. El estar a un paso de bienes cuasi-gratuitos (la información, que creo que al final conseguirá ser libre) y los cambios de incentivos que ello traerá…
Muchas gracias de nuevo por compartir sus vivencias de viejo lobo de mar del negocio, son realmente estupendas
Comentario Publicado por: David del Val | 22 enero 2010 - 0:36
David,
Muchas gracias, majo.
Yo también echaré en falta estar rodeado de fans tan entusiastas y cordiales como tu.
Saludos,
Juan Antonio
Comentario Publicado por: Juan Antonio Giner | 22 enero 2010 - 10:21