LUIS FERNANDO SANTOS, UN EDITOR DEL PAPEL, Y MÁS ALLÁ DEL PAPEL, QUE ESTÁ YA LISTO PARA LAS TABLETAS QUE SEAN.
Es el Presidente de la “Casa Editorial El Tiempo” de Bogotá, que es una de las empresas periodísticas más innovadoras y mejor gestionadas de Latinoamérica. Perita en dulce que el Grupo Planeta le arrebató hace dos años a PRISA cuando la familia Santos, con la ayuda de Credit Suisse, decidió buscar un socio estratégico y acabó vendiendo su mayoría a la familia Lara que, con mucho sentido común, mantuvo a Luis Fernando Santos en su puesto y ha procurado no enredar demasiado en lo que ahora es casa propia pero también ajena, lejana y bien administrada.
Estoy seguro que hoy es el mejor negocio de Planeta en el mundo. Y es que, como un día me dijo el fundador de Planeta, el Lara padre: “Mire usted, Giner, los negocios que no dan para levantarse a las 11 de la mañana, ni son negocios ni son ná”.
A mi este tipo de filosofía empresarial me parece, como decía Josep Pla -otro que no madrugaba-, muy recomendable, especialmente en estos tiempos que vivimos donde todos andamos rodeados de “embieis” acelerados, que se levantan al amanecer y aunque se mantienen despiertos a base de dosis masivas de triples latte de Starbucks, duermen como los caballos: con los ojos abiertos.
Digo esto porque Luis Fernando Santos y yo nos conocemos y somos amigos desde hace muchos años. Vamos, que nos entendemos a la primera de cambio.
Y esa relación de amistad y respeto mutuo viene ya de los tiempos de Don Enrique y Don Hernando, que eran los patriarcas de esta gran raza de editores de prensa, y que siempre fueron receptivos a las ideas de INNOVATION y nos trataron como si fuéramos de la familia.
Esto no signfica que aquellos dos gigantes, cultos, liberales a ultranza, buena gente, enamorados del Quijote, España y de los toros, estuvieran de acuerdo con todas las barbaridades que a veces les decíamos en seminarios y reuniones de trabajo con ellos y sus ejecutivos.
Recuerdo que en 1994, y poco después de aquel Seminario de Harvard en que INNOVATION habló por primera vez de Internet a sus clientes, Luis Fernando Santos me llamó y me dijo que quería que sus “viejos”, consejeros y directivos escucharan aquel mensaje. Así que a Bogotá nos fuimos Carlos Soria, Vincent Giuliano, Marta Botero de Leyva, Francisco Gómez Antón y yo.
La encerrona consistía en convencer con gente de fuera, que tenía un cierto crédito en aquella “Casa”, que había que empezar a pensar “más allá del papel”.
Tuvimos una larga sesión que duró toda una mañana y terminamos con un almuerzo en la vieja biblioteca de El Tiempo que acabó siendo, como dicen ahora, “un almuerzo de trabajo” donde la voz cantante la llevaban Luis Fernando, su padre y su tío. Los patriarcas asentían a todo pero al final Don Hernando Santos Castillo se permitió discrepar en una sóla cosa.
“Miren ustedes, señores de INNOVATION, a mi todo esto que han dicho me parece muy bien, pero tendrán que pasar por encima de mi cadaver antes que El Tiempo deje de ser un diario sábana y se convierta en un periódico de tamaño tabloide.” Y dichas estas palabras, que no dejaban mucho margen de maniobra, se acabó el amuerzo y se disolvió el cónclave.
Los hijos y sobrinos de aquellos dos grandes editores siguieron al pie de la letra lo que dijo ese día Don Hernando. Y han cambiado todo menos una cosa: El Tiempo, de momento, sigue siendo un diario sábana. Pero en el resto han cambiado con tal fuerza y decision que, como decía de España el tabernario de Alfonso Guerra, hoy la Casa Editorial El Tiempo “no la conocería ni la madre que la parió”.
Para empezar, Luis Fernando Santos que es ingeniero y periodista y que estudió en la Universidad de Kansas, fue un pionero en asuntos de modernización tecnológica y por eso acabó siendo uno de los fundadores de la muy prestigiosa Asociación Técnica de Diarios Latinoamericanos (ATDL).
Luego, con prudencia, premeditación y alevosía se rodeó de gente joven, los hizo pasear por los mejores periódicos del mundo, les repitió una y mil veces que había que pensar y estar preparados para “el día después”, convenció a sus hermanos, primos, periodistas y gerentes, diversificó los negocios y en síntonía plena con las ideas de INNOVATION procedió a rematar la faena con la integración total de sus operaciones periodísticas y comerciales. Sin “convergencias paralelas” ni guerras intestinas entre online y papel.
Como ustedes pueden imaginarse esto se dice pronto pero lleva tiempo, mucha imaginación, bastante tenacidad, algo de dinero, gran talento y, sobre todo, una visión innovadora del futuro. Pero eso es algo forma parte del genoma de una “Casa” donde siempre creyeron que el buen periodismo y los buenos negocios no son asuntos incompatibles.
Eso lo saben muchos colegas nuestros que conocen y quieren aquel país y aquella Casa. Desde Miguel Angel Bastenier al finado Juan Tomás de Salas, el que fuera fundador de Cambio 16 que se fue exiliado a Colombia y recaló en aquella redacción donde periodismo independiente y talante liberal eran un buen refugio para fugitivos del franquismo.
Nuestro director en Nueva York, Claude Erbsen, lo sabe también muy bien porque él, que con los años llegaría ser el “número dos” de la Associated Press, hizo sus primeros pinitos periodísticos en esa “Casa”.
Claude había ganado una beca de la Sociedad Interamericanade Prensa (SIP) que patrocinaba Eduardo Santos, un antiguo presidente de El Tiempo, y llegó a la Universidad de los Andes dispuesto a mejorar su español pero pronto se dió cuenta que aprendería más en el periódico que en las aulas. Se fue a ver al director del diario, Don Roberto Garcia-Peña, y cuando le dijo que su español no era muy bueno, Don Roberto le dijo, “no se peocupe, escriba en ingles y ya la mesa de edición traducirá lo que usted escriba”.
Dicho lo cual le encargó su primera cobertura: “Váyase a Medellín y cubra la llegada de Adlai Stevenson”. Allí se fue Claude quien hizo lo acordado. Siguió los pasos de Stevenson y luego se fué a la oficina de El Tiempo en Medellín para transmitir su primera crónica que estaba escrita en ingles. Cuando en Bogotá alguien de la mesa de edición vió lo que por el teletipo estaba llegando llamó a Medellín preguntando “qué es esto”.
Cuando Claude les explico que eso era lo acordado con Don Roberto, los de Bogotá le contestaron que allí no había nadie capaz de taducir del ingles pero si de convertir el peor español en un texto perfecto. Y eso es lo que hizo Claude que, a base de esos magníficos editores, fue mejorando su español a ritmo vertiginoso. Tanto y tan rápido que muy pronto empezó a viajar por todo el país, y así fue como hasta llegó a escribir una crónica taurina.
En un periódico que ha sido, y es, escuela de tantos y tan destacados periodistas, a editores como Luis Fernando Santos, que además sabe mucho de tecnología, la Tableta de Apple y similares no les preocupa demasiado ni les coge desprevenidos. Llevan años esperándola y están listos para hacer diabluras porque aunque siguen con la sábana que ciega sus ojos, están montados en el futuro.
Y es que estos colegas colombianos tienen la “Casa”, como la cabeza, muy bien amueblada.
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Ilustración: Luis Grañena
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