Fue el director de diarios más joven de México. Con Alejandro Junco de la Vega, dueño de El Norte de Monterrey, construyó el Grupo Reforma y juntos acabaron con el mito de que en ese país no se podía romper con una penosa tradición de diarios al servicio del poder, editores cantamañanas y gerentes dedicados a vender favores y coberturas. Ramón Alberto fue además maestro de una nueva generación de profesionales que iban a la redacción con “saco” y corbata, bien peinados, comidos y pagados y que nada tenían que envidiar a sus colegas médicos, abogados o ingenieros.
Esto de pagar bien a plumillas, foteros y grafistas, y dejarles libres es algo muy conveniente y aconsejable, pero no deja de ser un acontecimiento más bien infrecuente en México y en muchos otros paises, incluida esta España donde como decía Blas de Otero: no dejan ver lo que escribo porque escribo lo que veo.
Pero hay también editores que son muy conscientes de esta implacable realidad. Por ejemplo mi amigo el brasileño Alvaro Texeira da Costa que cuando le visité por primera vez en Belo Horizonte ya me advirtió: “Meu caro Giner, aquí los periodistas simulan que trabajan y nosotros simulamos que les paganos”.
Yo a este Alvaro siempre le tenido mucho respeto porque sólo cuando se tiene claro el problema hasta se puede encontrar la solución. Que en este caso como en otros muchos pasa por rascarse el bolsillo, rebajarse los bonos y pagar a los periodistas como personas y no como esclavos.
Pero a lo que íbamos: Francisco Gómez Antón, Carlos Soria y yo conocimos a este “duo dinámico” en Monterrey gracias a Pablo Mier y Terán que entonces era nuestro hombre en aquel México periodístico lindo y querido que INNOVATION pensaba que podía y debía dejar se ser una jungla de mangantes y robaperas de tres al cuarto.
Razón no nos faltaba. Nuestra experiencia había sido, digamos, algo accidentada. Nuestro primer posible cliente en México nos llegó a través de Mario García que, con Roger Black, acababa de rediseñar el diario NOVEDADES. Lo habían puesto, pues eso, bonito. Pero Mario y Roger estaban convencidos de que aquel barníz gráfico iba a durar el tiempo de un Mariachi, salvo que los contenidos del diario se reforzaran con dosis periodísticas de caballo.
Y para eso, allí mandamos a uno de nuestros consultores más veteranos, nada más y nada menos que a Esteban Morán que había sido jefe de redacción de la United Press International en Madrid y de la Agencia Europa Press: un periodista que fue capitán de la marina mercante y por tanto estaba curado de espantos.
Llegó Esteban a Novedades y lo primero que le sorprendió fue que su redacción estaba desierta. Pero al final de la mañana apareció alguien que parecía ser un periodista, lo parecía, aunque como se verá la cosa se quedó en eso, en pura apariencia.
El susodicho se sentó a platicar con el “Comodoro”, que así le hemos llamado siempre sus amigos, y la segunda sorpresa de Morán fue cuándo el tipo le dijo que cubría el aeropuerto… y que como tal reportaba… al funcionario público que dirigía aquel complejo aeronautico.
La tercera sorpresa fue la definitiva para que Esteban entrara en convulsion y ganas de matar: los del aeropuerto no sólo dirigían su trabajo sino que, además, le pagaban a él, que alquilaba su pluma; y al dueño del diario, que arrendaba centímetros de columna y páginas a “operadores” dispuestos a comprar espacio por vital metal.
Morán se nos reportó inmediatamente y nos alertó como si estuviera embarcado en una nave que se iba a pique: “Ilustres, aquí no hay ni diario, ni empresa, ni editor, ni periodistas, ni periodismo… ni verguenza. Yo me vuelvo”. Y eso es lo que hizo, tomar las de Villadiego y dejar que la tarta de bizcocho que habían refaccionado Mario y Roger se fuera fundiendo no en años o meses sino en días.
Y hoy, claro, Novedades ya no existe, aunque sigan habiendo muchos diarios que sigan su misma senda pero que acabarán tan mal como aquella casa de locos.
Como ustedes comprenderán después de estos comienzos en aquel mercado con semejantes personajes, nuestra primera visita a El Norte de Monterrey fue como salir de las calderas de Pedro Botero para ser recibidos en la Gloria Celestial.
Para empezar, la oficina más importante de aquel diario familiar era un aula de entrenamientos con computadoras en todas las mesas, y un programa de formación que nosotros debimos ser de los primeros en inaugurar.
Por allí pasaban todos los aspirantes a trabajar en El Norte, que sólo eran admitidos.. si no habían trabajado nunca en ninguna otra casa de latrocinio periodístico mexicano.
Pasado el tiempo y ya consolidado el éxito de la nueva formula ultra-profesional de El Norte, Alejandro y Ramón Alberto pensaron que había llegado el momento de dar el salto y plantarse en el DF.
Asunto nada fácil. Mucho más cuando los norteños suelen decir aquello de “haz Patria, mata a un chilango”. Pero allí se fueron: al corazón capitalino de los chilangos cuando el PRI todavía cortaba el bacalao, repartía papel prensa, dispensaba cuantiosos fondos de reptiles e intentaba manipular a una opinión pública que se vengaba no leyendo aquella basura de periódicos.
La esposa de Alejandro Junco de la Vega era y es una magnífica arquitecta y su marido le dió toda la guita y la libertad del mundo tal vez con una sola instrucción: “Haz un edificio monumental que transmita claramente este mensaje: Estos de Monterrey han venido al DF para quedarse”.
Y más que para quedarse, para enterrarse como unos faraones, porque si usted visita algún día la sede del Grupo Reforma en México verá que aquello es, en sentido literal, una tremenda pirámide de cristal a lo Louvre que por cubrir cubre hasta una Hacienda de verdad donde no están los tesoros de Tutankamen pero si los despachos de los jefes.
Pero aquí la estética tenía detrás una poderosa ética que la sustentaba. De ahí la fuerza de aquel mensaje: Estamos aquí para querdarnos.
Pasados los años, Alejandro y Ramón Alberto nos invitaron a Carlos Soria y a mi para que hiciéramos una tourné por tres de sus diarios: empezamos con Reforma en México, seguimos con Mural en Guadalajara y acabamos en El Norte en Monterrey.
Las instrucciones eran claras: primero os explicaremos lo que funciona y no funciona en cada diario, luego vosotros echais los títeres y al final cambiamos impresiones para ver qué se puede hacer en cada periódico. “Pero –nos advirtieron- no os andeis con contemplaciones: leña, leña, leña”.
La verdad es que quellos días fueron gratísimos y aunque debimos dar algunos garrotazos, tampoco muchos, lo que si pudimos comprobar por nuestros propios ojos es que aquella era una organización periodística y comercial de primera, y ya les gustaría a muchos editores de Rio Grande para arriba tener aquellos diarios, aquellas redacciones, aquellos dirigentes y unas audiencias de lectores y anunciantes que los que hicieron muy pronto de Reforma, el holding de medios más rentable y moderno de toda América.
Estuve con ellos cuando celebraron el décimo aniversario del diario Reforma y me invitaron a que les hablara en un ciclo de conferencias para sus periodistas. Emilio Deheza, que era entonces su Director de Arte, fue como siempre un anfitrión encantador.
Llegados a este punto, Ramón Alberto decidió salir del Grupo Reforma y pasó entonces por la dirección de casi todo lo que merece la pena ser dirigido en México: desde Televisa o El Universal a Cambio 16, revista que con su amigo Gabriel García Márquez compró y relanzó.
Pero Ramón Alberto no quería hacer “más de lo mismo” y llevado de su espíritu innovador y rupturista, pensó que hjabía llegado la hora de lanzarse de cabeza a los nuevos “informaductos” del futuro.
Esta era ua expresion que yo empleaba mucho entonces y que gustaba tanto a Alejandro como a Ramón Alberto quienes, muy pronto, la hicieron suya y la empezarón a utilizar en sus discursos y conferencias, eso si, citando al nene, porque eran y son gente seria.
Yo decía que en las sociedades agrarias el augua era la material prima de todos los negocios y por eso los acueductos eran sus redes vitales: lo mismo que los oleoductos y el petroleo lo eran en la sociedd industrial; y que la información sería la nueva materia prima y los “informaductos” el nuevo sistema nervioso de las empresas de medios del futuro.
Ellos ya habían experimentado con Infosel y con Terra, pero Ramón Alberto quería hacer algo más radical y por eso fundó primero Reporte Indigo en México y luego FLYP en Estados Unidos.
Ambas empresas son generadoras y gestoras de ”medios digitales puros”, como gustan decir los señoritos de esta Casa. Son mucho más que revistas multimedia: son plataformas interactivas que suponen una novedosa experiencia para una audiencia de lectores-espectadores-particiantes.
Es cierto que todo lo hecho hasta ahora está todavía en fase de experimentación y cada cuanto ellos actualizan estas plataformas digitales con nuevas herramientas, programas y formatos.
Esto quiere decir, con perdón de los oportunistas de última hora, sean Sports Illustrated o las revistas del Grupo Bonnier, que sus prototipos para futuras tabletas digitales son algo que Ramón Alberto y sus muchachos llevan ya años y años haciendo y mejorando.
Por eso, a mi parece que todo esto es como un milagro. Y nada tiene que ver con el tortuoso pseudo-periodismo que hace treinta años conocimos y sufrimos en ese maravilloso país.
Así que si quieren ver contenidos digitales para tabletas multimedia en pleno funcionamiento, no vayan a San Francisco sino a estos links de aquí y aquí donde verán que Ramón Alberto Garza va escapado y en cabeza.
Como siempre le conocimos.
Yo ya le he dicho que, como nos lo tiene prometido, Paco, Carlos y yo iremos a su maravillosa casa en San Miguel de Allende para celebrar esta victoria en este Tour de Francia Digital para el que se necesitan las bicicletas de Apple pero, sobre todo, los Indurain como Ramón Alberto Garza.
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