
Acabo de estar en la redacción del San Francisco Chronicle en el 901 de Mission Street.
Un edificio que hubiera servido muy bien para otra película de Orson Welles.
Está a dos manzanas del auditorio donde mañana se presenta la Tableta de Apple.
Pero está al bordel abismo.
Las ventas caen en picado y la publicidad se evapora.
El diario impreso de pago (un dólar el ejemplar), agoniza cuando nace la Tableta de Apple.
El Chronicle tiene una historia fantástica y distinguida: “Seremos siempre independientes pero nunca neutrales”
Se fundó en enero de 1865 cuando San Francisco era, con 60.000 habitantes, el villorio más grande del Wild West.
Una ciiudad caótica “de calles llenas de barro donde las mujeres paseaban con ropas de Paris y los hombres armados de pistolas”.
Mark Twain y Jack London escribieron aquí y uno de sus últimos directores estuvo casado con Sharon Stone.
Hoy todo eso es historia y leyenda de un pasado glorioso.
La redacción está a las 11 de la mañana con una luz mortecina.
Parece más un “death camp”que el corazón informativo de una ciudad vibrante y moderna.
Hablo con los periodistas que van a cubrir la presentación de la Tableta y les veo resignados a la espera de lo que Apple se digne filtrarnos.

Han estado a punto de que su fotógrafo no tuviera credencial. Se les pasó el plazo para conseguirla y, a última hora, la lograron tras mucho rogar.
Van a tuitear desde el auditorio en directo, pero me advierten: “La WIFI de esa sala va a colapsar ante casi un millar de personas enviando mensajes al mismo tiempo. No te confies en ella. Usa tu propia cuenta de telefonía celular porque te puedes quedar sin conexión”.
Saludo al salir a algunos diseñadores del diario.
Estan preparando la cobertura de mañana pero están sin fotos, sin gráficos y sin textos porque Apple no informa ni al diario de la ciudad donde se va a presentar la Tableta.
Dicen que con ekl iPhone fue distinto.
Entonces por lo menos David Pogue del New York Times y Walt Mossberg del Wall Street Journal recibieron teléfonos con días de antelación para que los probaran.
Esta vez, nadie los tiene. Sólo iGod y unos pocos directivos de Apple.
La tableta no “dormirá” esta noche en el Centro de Artes Yerba Buena.
Se la traerá Steve Jobs bajo el brazo, protegida para que nadie la vea cuando mucho antes de las 8 de la mañana entre en el local por la puerta trasera que hoy controlaban los matones de Apple Security.
Yo estaré allí por si pudo dejar constancia de que, como en los Sanfermines, el toro está en los corrales del Gas.
Si lo consigo, ustedes serán los primeros en saberlo en vivo y en directo, aquí en Tabletmanía, y en al segundo.
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