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‘Gran Hermano’ sigue perdiendo fuelle: el error de esta edición de audiencias menguantes

1 octubre 2016 - 0:00 - Autor:

Nueva gala de Gran Hermano con Jorge Javier Vázquez y nuevo descenso del resultado de audiencia. La temporada número 17 del reality por excelencia no termina de encontrar su sitio. Es un hecho: las tramas de convivencia que surgen en la casa de Guadalix de la Sierra no son dignas ni de un culebrón adolescente. Por tanto, no enganchan.

Los guionistas del programa deben inventar juegos que descoloquen a estos concursantes para que se olviden de las cámaras. Porque el problema de GH17 está en que los participantes creen sabérselas todas de televisión, no olvidan que están viviendo su momento de gloria en directo a través de Telecinco y eso termina siendo contraproducen para el show, pues derrocha artificio. El espectador desconecta.

Gran Hermano 17 ha llegado con errores que, a veces, son difíciles de prever: un casting con perfiles de concursantes muy parecidos -todos están cortados por el mismo patrón a lo Mujeres y hombres y viceversa, lo que resta pluralidad de empatías en la casa-, falta sentido del humor -la comicidad de determinados miembros del casting siempre ha sido clave en GH, desde la primera edición con Beiro y Armesto lavándose los dientes como Epi y Blas- y, como consecuencia, falta de energía en plató. La marcha de Mercedes Milá, con sus filias, fobias, pasiones y vestidos imposibles, ha ayudado; anque la culpa tampoco es de Jorge Javier Vázquez: ni el público en las gradas del estudio es tan ruidoso como otras temporadas.

Y ese ruido es también una seña de Gran Hermano. La tensión, emoción o indignación de la gala se va marcando con el sonido ambiente del plató, que este año sigue abierto durante la emisión de cada gala. Siguen sonando aplausos, pataletas y, por supuesto, abucheos. Pero no tan fuertes como el año pasado.

Porque, al final, la crisis principal de GH17 está en un casting que ha salido rana. No son perfiles que transmitan nada interesante a nivel televisivo. Gritan, sí. Se pelean, sí. Se besan, sí. Pero los gritos, las peleas y los besos no sirven de nada en televisión si no hay una historia con trasfondo detrás.

De ahí que una serie como Águila Roja, que ya está en su última temporada, suba su audiencia (16.6 por ciento de share y 2.418.000 espectadores, récord desde 2014) y plante cara en franja de coincidencia sobre GH (14.8% y 2.414.000). En toda la noche del jueves, Gran Hermano mantiene buenos datos (18.6% y 2.038.000), pero evidencia un interés inestable (la semana pasada alcanzó un 19,2% y la anterior 19.7%). Y es que Águila Roja tiene tramas definidas, tiene historia, tiene chicha, Gran Hermano 17 aún no.

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Las mentiras que nos creímos de los programas infantiles (VÍDEOS)

30 septiembre 2016 - 0:09 - Autor:

Dicen que en televisión todo es mentira. Y tal vez no se equivocan. Lo cierto es que incluso los programas infantiles con los que crecimos estaban llenos de mentiras. Mentiras piadosas, pero mentiras.

Espinete no era un entrañable erizo al que le gustaba tomar el Sol, sólo era un hermético disfraz rosa que asfixiaba a la actriz Chelo Vivares.

Los helados de Los Mundos de Yupi, en realidad, estaban hechos de un cartón-piedra coloreado para la ocasión. Imposible de digerir.

El presentador de Art Attack, Jordi Cruz, no era tan manitas como nos hacía creer. Sus manos no eran suyas. La manualidades las hacía otro que vestía un idéntico jersey de largas mangas. Para disimular…

El loro de Leticia Sabater nunca habló. Pero lo parecía, ya que la entrañable musa infantil aporreaba la jaula para que el pájaro se moviera mucho y diera la sensación de que tenía toneladas de verborrea. Sus aspavientos sólo eran terror a la intérprete del leti-rap.

El monstruo de las galletas jamás se tragó ni una sola galleta. Cuando masticaba, todas caían al suelo de la calle de Barrio Sésamo. Su boca siempre fue un callejón sin salida. Pero nos daba igual, envidiábamos sus dulces atracones.

Mentiras, pequeñas mentiras. Mentiras piadosas desde aquella televisión que apostaba por la imaginación. Por la de sus programas, pero también por la de su audiencia. Unos programas en los que el limitado presupuesto no ponía freno a las ideas, que eran el brillante atajo para lograr el más difícil todavía a la hora de transmitir al espectador masivo cualquier tipo de historia, de entretenimiento o ficción.

Los tiempos han cambiado, ahora incluso los programas infantiles están en peligro de extinción. Es dificil diferenciar programas de niños o de mayores, programas  familiares o adultos. A pesar de la pluralidad de canales, la televisión se ha ido homogeneizando con el paso de los años.

La dura competencia y las insaciables audiencias han propiciado que, salvo gratas excepciones, la mayor parte de los programas de entretenimiento estén cortados por el mismo patrón de lo que se ha interiorizado como fórmula del éxito seguro: que si un cebo para vender el momento de tensión, que si una historia de superación para emocionar, que si un enfado en directo…

La estructura se repite una y otra vez en los shows. Hasta los decorados parecen iguales, con la misma luz con la misma gran pantalla de LED. Tal vez ha llegado el momento de que los creadores de entretenimiento, y su propia audiencia, vuelvan a esa ingenuidad con la que crecimos, que aceptaba las mentiras piadosas porque atesorábamos la capacidad de soñar. Tal vez la verdadera revolución de la televisión del futuro estará en volver a creer en la imaginación.

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Lo que la televisión generalista de España debe aprender de ‘Stranger Things’

29 septiembre 2016 - 8:10 - Autor:

Llegó el 15 de julio y, a los pocos días, ya era un fenómeno global. Stranger Things ha sido la inesperada revelación del verano desde la plataforma Netflix. Su caluroso recibimiento nos deja cuatro factores elementales que seguirán definiendo el éxito o fracaso de una ficción siempre, se vea donde se vea, en la televisión tradicional, en la televisión bajo demanda o en lo que venga.

1. Iconografía que traspasa.

Stranger Things es una serie que apuesta por elementos visuales con actitud propia. Cuenta con un montón de referencias a clásicos de los setenta y los ochenta, pero, juntas, esas referencias no se parecen a nada que no sea Stranger Things. Desde la ya muy icónica tipografía roja sobre negra del título y los créditos a la música o la ambientación. Desde las luces navideñas que se encienden y se apagan (con los mensajes de Will) al significado que aguarda que una niña sangre por la nariz. Todo, unido, tiene un sentido que ha fascinado a espectadores de todo el mundo, un sentido que traspasa la pantalla para convertirse en una experiencia más allá de ver el capítulo de la serie. Porque todas estas piezas logran un rotundo puzle para que el espectador participe y farde de Stranger Things casi como un modo de vida, propiciando acciones virales (poner tu nombre, o la frase tonta que quieras, con la fuente del logo; lanzar mensajes a través de las luces de Navidad en la pared…) que son reconocibles ya incluso para los que no han visto la serie. Las buenas series cuentan siempre con una iconografía aplastante e inconfundible.

2. Ritmo.

Stranger Things no confunde ritmo con prisas. Las series de las cadenas generalistas de hoy a veces se obsesionan con una velocidad trepidante a la hora de narrar las tramas para, así, impedir el zapping. La historia de Stranger Things probablemente podría haberse contado en sólo 3 capítulos (o en una película de hora y cuarenta minutos) en vez de en 8 episodios. No lo han hecho, porque se trata de una ficción que es hábil manejando la emoción in crescendo del espectador, con su tempo, con sus cliffhangers al final de cada episodio… Sin las prisas que pueden convertir un producto en más frío e incluso desvirtuar su esencia. La experiencia completa se degusta en 8 horas en las que nos seduce hasta la morralla.

3. Los actores magnéticos.

Stranger Things cuenta con una cabeza de cartel de renombre, con su toque de revival incluido. Porque la serie se nos vendió en principio como el regreso a primera línea de una musa de los noventa, Winona Ryder. Junto a ella hay otro actor al que hace mucho que no veíamos, Matthew Modine, y otros intérpretes tan sólidos como David Harbour. Todos con personajes con enjundia, traumas, tormentos y reverso. Pero la verdadera revelación ha llegado con los niños, Millie Bobby Brown, Gaten Matarazzo y compañía, que son quienes más han caído en gracia y monopolizan ahora el foco mediático, apareciendo en todos los talk shows norteamericanos habidos y por haber, cantando en los Emmy, arrasando con sus instagrams o hasta posando para Louis Vuitton. Están por todas partes, y casi corren peligro de indigestarnos un poquito con su omnipresencia. Las grandes series no sólo cuentan con actores reconocibles, también son cantera de nuevos rostros.

4. La inteligencia de las referencias (y mucho más).

Cambian nuestras formas de ver ficción, pero lo que nunca cambiará será el hecho de que las series que apasionan y marcan generaciones son las que cuentan una historia palpitante que va amplificando su interés gracias al boca oreja tradicional, la recomendación de los propios espectadores. Y eso lo ha conseguido Stranger Things en tiempo récord, desde su primer fin de semana en Netflix. No sólo por las referencias evidentes, las cacareadas escenas inspiradas en E.T. y otros clásicos, sino porque la serie ha sabido construir un inteligente juego con el espectador a través de la nostalgia y la autoconsciencia. En televisión, las referencias que van directas a la complicidad de la audiencia son cruciales. En Stranger Things las referencias que engatusan al principio dan lugar, poco a poco, a un interesante y emocionante arco de la trama que atrapa al público con una historia que acaba siendo menos previsible de lo que pintaba en los primeros capítulos. Es lo curioso: una serie que partía como un pastiche de tópicos ochenteros ha terminado por resultar tremendamente nueva, moderna, contemporánea, influyente (le van a surgir múltiples imitaciones) y fruto de su tiempo, que es 2016 y no 1983. El año que viene, con la inevitable segunda temporada, se les presenta el enorme reto de revalidar este triunfo. Pase lo que pase, estos primeros ocho capítulos ya tienen un lugar en la historia de los fenómenos televisivos.

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Los trucos de las cadenas para mejorar la cuota de pantalla

28 septiembre 2016 - 0:28 - Autor:

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que los programas y las series terminaban con la aparición en pantalla del copyright. Esa ‘c’ que encerrada en un círculo, junto con el año de producción del formato en cuestión, recuerda el nombre de la cadena o empresa que atesora los derechos de emisión.

Incluso los principales canales españoles llegaron a crear copyrights animados, con sus efectos, donde surgía -bien grande- el logo, a todo color, de TVE, Antena 3 o Telecinco. Casi al estilo de las majors del cine norteamericano, aunque con menos ínfulas. De esta manera, el grupo de comunicación demostraba su poderío y, además, su imagen de marca se quedaba en la retina del espectador.

Sin embargo, poco a poco, esos vistosos copyrights dejaron de ser llamativos para transformarse en discretos rótulos, casi invisibles, perdidos en una esquina de la pantalla sin demasiado color ni estridencia.

Cuatro fue la primera cadena en recuperar la integración de una forma más moderada de los “copy”. En su nacimiento, la”c” y la fecha se instalaban sutilmente junto a la mosca del canal -el logo que identifica a la emisora en una esquinita de la pantalla-. Si bien, el objetivo de la por entonces recién estrenada cadena de PRISA era marcar la diferencia con un estilo propio, que no se parecía a nada ni a nadie. Lo consiguieron.

Y después se sumó Antena 3, y después Medaset, y más tarde TVE. Aunque el motivo final del cambio ya no se trata de cuestión de línea de estilo. El objetivo es no confundir al espectador, pues ahora el copyright aparece en emisión en el momento en el que menos te lo esperas. A los cinco minutos de arrancar un magazine, en pleno acalorado debate o hasta durante los titulares de sumario del Telediario de La 1. Porque el ‘copy’ sigue señalando el final, pero ya no significa final real. Son las tretas de la cadenas de televisión para que su media de cuota de pantalla brille más. Lo logran fragmentando sus espacios en miniprogramas que, en realidad, forman parte del programa principal. Lo hacen todas las emisoras generalistas en abierto por igual.

La Voz, por ejemplo, estrenó sus audiciones a ciegas el pasado miércoles a eso de las 10 de la noche. O eso pareció a simple vista del espectador. Porque para la medición de audiencias, la primera gala de La Voz empezó casi a las 11 de la noche. La hora anterior fue un “previo”, aunque no parecía un previo. Era el programa tal cual, pero con esta partición se logra subir la media de share si el formato tiene éxito, ya que a partir de las 11 de la noche, la competencia es menor que a las 10.

También lo hacen con espacios como Salvados de La Sexta. El programa de Jordi Évole siempre tiene un prólogo del que el espectador no se percata (porque está integrado en el programa en sí). Y tal cual ocurre en espacios matinales como Espejo público, donde la primera sección del magazine, El café de Susanna, se separa del resto de la emisión. Con esta táctica, se logra que la curva de audiencia vaya creciendo y exista un buen colchón de share cuando Espejo Público empieza de verdad, a las 9 de la mañana.

El fin de las cadenas es claro: ser más competitivos y esconder esos minutos de peor audiencia, dejándolos fuera de la media de share del programa como tal. Todo sea para conseguir el titular de mejor cuota de pantalla al día siguiente, impulsar la media mensual y atraer de forma más contundente a los anunciantes. Unos anunciantes que, tal vez, deberían fijarse más en el número estimado de espectadores que en el resultado de share que es fruto de tácticas de prestidigitador.

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Antena 3 lanza de golpe sus apuestas de la temporada: claves de la táctica por las audiencias

27 septiembre 2016 - 22:03 - Autor:

Antena 3 ha esperado a octubre para lanzar su estrategia de programación y no gastar demasiados cartuchos en un mes de septiembre en el que la batalla de audiencias ya estaba decidida y cuenta con menor inversión publicitaria.

El amor está en el aire, el nuevo programa de Juan Y Medio, llegará al prime time del martes (día 4 estreno). Se trata de una formato de entretenimiento en el que el amor es protagonista en todas sus variables: con citas, reencuentros, declaraciones de amor y sorpresas. El segundo día de la semana es el mejor hueco para esta oferta, pues no existe ningún otro programa asentado en las cadenas rivales. Telecinco tira de especiales al “límite” de GH y La 1 de TVE cuenta con la serie de época La sonata del silencio, que no ha destacado.

En el miércoles 5, Antena 3 ha decidido lanzar la temporada final de Velvet. Al ser la etapa de despedida de la ficción de Bambú, la historia de las galerías viene con una expectación añadida que puede plantar cara a su rival directo La Voz. El talent show ha regresado sin demasiados cambios y eso puede conllevar cierto desgaste enfrentado a una ficción que conecta directamente con un target de ficción romántica muy amplio.

Y, en los viernes, regresa Tu cara me suena. El programa, creado y producido por Gestmusic Endemol, vuelve a una franja en la que lideró con contundencia el pasado curso, frente a Sálvame Deluxe, demostrando que había un gran público que se sentía huérfano de un gran espectáculo de entretenimiento en positivo para disfrutar en familia en la primera noche del fin de semana. El estreno será el viernes 7.

Mientras, en los lunes continúa Mar de Plástico midiéndose con los invitados de Bertín Osborne y en los jueves Antena 3 sigue apostando por el cine para rivalizar con el veterano Gran Hermano. Con este panorama, las dos cadenas privadas ya han definido su parrilla de salida. Ahora habrá que ver cómo evoluciona.

En esta ocasión, Antena 3 ha observado y analizado como Telecinco ha colocado antes las piezas fundamentales en su parrilla, como son sus ya tradicionales bazas Gran Hermano y La Voz. De esta forma, los de Atresmedia pueden jugar con la expectación de sus regresos en un momento en el que ya ha pasado la expectativa de las ofertas de su principal competidor. Aunque todavía falta que la cadena principal de Mediaset lance una de sus series estrella. ¿La que se avecina, La Verdad? Cualquiera que sea, pinta que irá a por el programa El amor está en el aire, con un formato como premisa menos definido y, por consiguiente, más débil.

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La televisión de masas y las estrellas de la red, incompatibilidad de caracteres

9:41 - Autor:

La edad de oro de las redes sociales ha creado una nueva estirpe de estrellas. Se trata de los denominados influencers, que movilizan a sus seguidores a golpe de foto en Instagram (con muchos filtros) o colgando un vídeo en Youtube. Sólo basta una cámara, definir una temática y derrochar personalidad propia. No son necesarias grandes parafernalias tecnológicas, ni derroches de iluminación, ni alardes de fotografía. Simplemente cierto carisma.

La televisión lleva tiempo observando a estos flamantes referentes de las nuevas generaciones. De hecho, las cadenas intentan integrar a estas “celebrities 2.0″ en su programación tradicional, pues los directivos catódicos ya han analizado que su influencia es mayor que la de la publicidad clásica y, además, puede ser una oportunidad de negocio a la hora de atraer a su programación lineal jugosos perfiles de audiencia joven y altamente consumidora.

Programas como Quiero ser (Telecinco-Divinity), concurso en busca del mejor “influencer” con jueces como la famosa Dulceida, o Hazte un selfi (Cuatro), un show de testimonios con historias surgidas de la red, ha intentado incorporar en la televisión tradicional el éxito viral. Sin embargo, las grandes audiencias han dado la espalda a estos espacios, quedándose en unas ínfimas cuotas de pantalla.

El choque está en que la manera de comunicarse en la tele tradicional y el universo de las redes es completamente diferente. Para empezar, el entretenimiento en la televisión clásica se hace con mucho más que una webcam y se vive, en primera instancia, en experiencia colectiva, mientras que las redes son más un acto de complicidad entre emisor y receptor.

El éxito de los grandes youtubers es la artesanía del producto, sin intermediarios. El receptor se identifica y hasta se siente casi voyeur de la propia vida del youtuber. Es como una conversación a través de una videollamada. De ordenador a ordenador. De tú a tú. El espectador se cree cómplice y partícipe de lo que le cuentan: desde videojuegos a tutoriales de belleza.

El número de visionados se va generando con el tiempo, no se suma de forma instantánea como sucede en la tele de siempre y la duración de los contenidos suele ser breve, rara vez sobrepasan los 15 minutos. Así son más fáciles de compartir (y retuitear).

En cambio, la televisión generalista se dirige a un público masivo con un contexto más amplio. De ahí que muchos youtubers que han sido fichados por diferentes cadenas han fracaso fuera de su hábitat, como sucedió con IsasaWeis o el formato Fiesta Suprema en La 2, que contó con los youtubers Loulogio, Bolli y Roc. No lograron destacar, ya que los lenguajes catódicos son diferentes. Se necesita más que hobbies, improvisación o guiños personales para triunfar en la televisión convencional.

Son contextos diferentes, con lenguajes diferentes. La televisión de masas no siempre acepta la trampa de los cortes de edición de cuajo para repetir aquello que no te ha salido bien en tu monólogo. La televisión de masas pide más que un consejo de belleza o jugar a un videojuego.

Pero no hay que infravalorar la capacidad de los youtubers y resto de influencers. Al contrario, son parte fundamental del presente y futuro de la comunicación. Las redes son la mejor herramienta actual para demostrar talento, iniciativa y emprender si tienes un arte que enseñar al mundo, pero su audiencia en la red no es extrapolable a la pequeña pantalla porque el formato es diferente.

Internet se ha convertido en una factoría para los cazatalentos, donde darse a conocer e incluso para ser fichado por empresas. Las nuevas generaciones deben aprovecharlo para alcanzar sus sueños. En el panorama televisivo también, sobre todo aquellos que muestran cualidades como guionistas o creadores de contenidos.

Pero la gran mayoría de youtubers, especialmente los que alcanzan mayores cifras de audiencia, centran su éxito en tutoriales editados, engolados monólogos sobre su vida o grabándose mientras juegan a videojuegos. Eso, simplemente, por sí mismo es antitelevisivo. Su éxito estriba en que congenian con unos poderosos perfiles de audiencia que están en la red ávidos de información sobre mismas pasiones, hobbies o con interés en seguir referentes en los que sentirse identificado. Pero su hábitat no es la televisión de masas, ni falta que les hace: porque ya tienen su plataforma perfecta en las redes. Porque la televisión y las redes sociales son pantallas complementarias, con vida, filtros y códigos propios.

@borjateran

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Youtube: una poderosa vía de promoción e ingresos que la TV en España aún no aprovecha

La emocionante reaparición sorpresa de Chicho Ibáñez Serrador con Buenafuente (VÍDEO)

0:44 - Autor:

“Intenta traducir para el gran público lo que sientes, si no lo sientes tú no hay nada”. Lo ha dicho Chicho Ibáñez Serrador, esta noche, en Late Motiv de Buenafuente.

Sin pretenderlo, con esas palabras, Chicho ha dado una de las claves de su maestría al frente de esa televisión que nos parió: apostar por la imaginación canalizada a través de historias transparentes, pero sin miedo a la mirada propia. Esa apasionada imaginación que puede, además, con los presupuestos limitados y cree en inteligencia de la complicidad de la audiencia.  Y eso, y mucho más, ha sido Chicho Ibáñez Serrador.

Una reaparición pública emocionante.  También por inesperada. Porque el bueno de Buenafuente no sólo es un cómico, también es un profesional de la televisión que entiende la importancia de la sorpresa real delante de la cámara. Sin trampa ni cartón. Lo demostró a lo grande en sus primeros Goya con la imprevista aparición de Almodóvar (los más vistos de la historia) y lo he vuelto a hacer, esta noche, en su Late Motiv mientras estaba estrevistando a Bayona, en plena promoción de su filme Un monstruo viene a verme.

Y ahí apareció, en una silla de ruedas empujada por su hijo, un venerable Chicho Ibáñez Serrador que decía ir “donde oigo aplausos” y que, a pesar de todo, mantiene la esencia de su particular corrosión que nos hizo amar tanto la televisión:

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Las televisiones y la exclusión del cine de autor en España

26 septiembre 2016 - 0:01 - Autor:

El cine de autor se desvanece en España. El cine independiente ya es prácticamente invisible en nuestro país debido a que, en los últimos tiempos, la legislación ha propiciado un sistema de industria cinematográfica que se sustenta de forma casi exclusiva en las dos grades empresas de televisión, Mediaset (Telecinco Cinema) y Atresmedia (Atresmedia Cine). Ellas son las que invierten legítimamente en los productos que creen que les van a funcionar masivamente. Y ellas son las que tienen la capacidad para promocionar sus cintas, ya sea a través de sus programas, exhaustivas promos en sus pausas para publicidad o incluso en sus informativos (en los que no dudan a la hora de exagerar las “calurosas acogidas” y los “aplausos interminables” que dan a sus películas en tal o cual festival).

Salvo directores contrastadamente mainstream, que tuvieron la oportunidad de crearse un nombre y abrazar el taquillazo que les abrió las puertas (Alejandro Amenábar, J.A. Bayona, Alberto Rodríguez, Daniel Sánchez Arévalo, Paco León y pocos más), las cadenas ya apenas apuestan por cineastas con mirada propia, optando en muchos casos por realizadores solventes, muchas veces formados en su propias series, que les aseguren un producto tan comercial como intrascendente. Si el resultado se parece a un capítulo de teleserie y tiene éxito, todos contentos. ¿Que podemos meter a la gente por los ojos una tontería como “Cuerpo de élite” y que arrase? Hagámoslo.

Muy bien, pero, ¿y el resto del talento que rueda cine interesante contra viento y marea en España? Al resto cuesta seguirle el rastro, porque sus películas se estrenan mal y sin casi promoción. Pasan prácticamente desapercibidas para el gran público y su taquilla es paupérrima. Este mes ha habido unos cuantos ejemplos: La puerta abierta, Gernika, El elegido, Cerca de tu casa, Lejos del mar… Incluso a un título como Tarde para la ira, flamante debut en la dirección de Raúl Arévalo, con aval de TVE y una distribuidora potente (eOne), le está costando sangre y sudor acumular espectadores. Da igual que la crítica hable maravillas de muchos de estos filmes, porque el público no se entera de que existen.

Por eso, en plena revolución del proceso de distribución y consumo de cine, existe el peligro de perder una generación de cineastas que no cuentan con las plataformas para hacer llegar su trabajo al público, limitando la pluralidad de nuestra cultura y relegándola a una peligrosa invisibilidad.

De ahí la importancia de una televisión pública más fuerte, que sirva de ventana al talento que existe y que no vemos. TVE está en la obligación de apostar por cineastas noveles y proyectos de autor y de riesgo, y lo hace, pero el problema es que, ahora mismo, como plataforma de promoción, nuestra tele pública es incapaz de competir con el poderío de Mediaset o Atresmedia. Por desorientadas decisiones, TVE ya no cuenta con atractivos programas de entretenimiento donde hablar del cine, la música y el resto de la cultura sin relegar esa entrevista a un exquisito gueto escondido en La 2.

TVE ha de recobrar poder para volver a ese esa ventana que abra la curiosidad en un espectador que cree que tiene acceso a todo pero que, en realidad, se pierde mucho por no ser capaz de digerir el torbellino de caudal de información que nos bombardea cada día. En ese torbellino, gana quien más te bombardea, y una promo en la TVE de ahora es insignificante al lado de la inteligente campaña que estos días orquesta Mediaset para que nadie se quede sin saber que se estrena Un monstruo viene a verme, la nueva de Bayona.

Porque, al final, el éxito o fracaso aún se sigue dibujando a través de los grandes medios tradicionales. Telecinco y Antena 3 se lo guisan y se lo comen. Dos empresas que ahora tienen esa oportunidad, la de decidir qué cine llega al público. Pero hay que trabajar para que esa oportunidad no sea la única, y existan más alternativas. No puede ser que el cine español que triunfa esté creado y promovido exclusivamente desde los intereses de las televisiones privadas (esa es la tendencia a la que vamos), porque se quedarán por el camino, muertas en la cuneta, infinidad de miradas propias de un cine de autor imprescindible para nuestra cultura, una cultura plural. 

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El poder de la nostalgia: MacGyver vuelve con éxito a la TV norteamericana

25 septiembre 2016 - 11:21 - Autor:

MacGyver ha regresado. Y con éxito. La CBS ha decidido recuperar la emblemática serie de su canal rival, ABC, y, aunque el contenido del capítulo piloto no convenció demasiado a los jefes máximos del canal -que pidieron eternos cambios-, la expectación generada con el retorno de la ficción ha congregado a 10,9 millones de espectadores. Excelente resultado, de hecho se trata del estreno más visto para CBS en la franja de las 8:00PM desde la recordada Entre fantasmas en 2005.

La buena o mala evolución de estos datos de audiencia dictaminarán si el producto se gana una segunda temporada o se queda en un jugoso evento especial. Había curiosidad por descubrir al nuevo MacGyver, Lucas Till. Este texano, de 25 años, ha cogido el testigo de Richard Dean Anderson, que encarnó al héroe más artesanal de la pequeña pantalla durante 7 temporadas -entre 1985 y 1992-, tiempo en el que la CBS arrasaba con Se ha escrito un crimen y Angela Lansbury.

24 años después, MacGyver -que en España estrenará FOX el 24 de octubre a las 23.10h.- ha vuelto como han hecho antes Padres Forzosos, Twin Peaks, 24, Heroes, Prison Break, Yo y el mundo o Expediente X. Las grandes cadenas de televisión aprovechan la resurrección de recordadas series como acontecimientos mediáticos de los que es difícil escapar. Fracase o triunfe el concepto, se aseguran un estreno con una expectación muy rentable en audiencias millonarias y también en marketing. Todo el mundo habla del remake en cuestión. Es un hecho.

Lo malo: en televisión es difícil superar las expectativas de la fuerza de la adictiva nostalgia. Y más en el caso de MacGyver. Es imposible realizar hoy sus mañosos trucos para salir ileso de cualquier atolladero con la ingenuidad de la televisión de entonces.

@borjateran

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La crisis de Gran Hermano: los 6 factores que han propiciado su pérdida de audiencia

24 septiembre 2016 - 2:01 - Autor:

La audiencia de Gran Hermano 17 marca tendencia decreciente. ¿Es el principio del fin del veterano reality? El programa ha perdido un millón de seguidores en su regreso, pero sólo se debe a seis principales causas que Telecinco aún está a tiempo de remediar.

1. La expectación (mucha)

Lo nunca visto. El más difícil todavía. La revolución del formato. Gran Hermano ha calentado motores de forma exagerada para llamar la atención con su retorno. Lo hace todos los años, pero en esta edición no ha colado. Al contrario, crear tanta expectativa ha sido contraproducente porque, a la hora de la verdad, el espectador se ha encontrado con más de lo mismo. En la gala de presentación, incluso las tramas remitían a la misma estructura de la edición anterior (donde también se generó el conflicto a través de mentiras, pero con más gracia). Ya lo decía Chicho Ibáñez Serrador: en televisión si inflas mucho la expectativa, también pones en bandeja la decepción de tu público. Sobre todo si en el programa que vendes dices que todo cambia y, en verdad, todo sigue igual.

2. El casting (plano)

Los arranques de Gran Hermano siempre son complicados. Tras la expectativa que despierta la gala de presentación, el programa necesita rodaje para crear tramas interesantes. El año pasado el show contó con llamativos personajes, como Maite, que fueron perfectos para crear interés desde el primer día. Sin embargo, en esta etapa el elenco de participantes es más plano y, lo que es peor, parece que están resabiados de tele-realidad. El chico del pelo de “quita y pon”, Miguel, responde al presentador creyéndose guionista. No olvida las cámaras, está pendiente de ellas. Y ese artificio lo contagian demasiados de los concursantes de esta edición. Son expertos en el reality, creen sabérselas todas (por eso querían fervientemente entrar en la casa) pero, tal vez por eso mismo, ninguno destaca especialmente más allá de la pelea de manual y los besos adolescentes. Están todos cortados por un patrón demasiado parecido, faltan perfiles que movilicen la atención del espectador y conecten con un público más masivo del absolutamente fiel a Gran Hermano y Telecinco.

3. El maestro de ceremonias (asustado)

Gran Hermano es un programa complicado de conducir, requiere un guion bien cerrado para que el espectador entienda las tramas que ocurren en la casa. Y hasta ahora contaba con una presentadora que otorgaba a ese guion, casi de cuentacuentos, una energía con un carisma incontrolable. Hablamos de Mercedes Milá, claro. Era evidente: las comparaciones iban a ser odiosas. De hecho, la marcha de Milá durante el primer programa propició un silencio en el estudio chocante, que no ayudó al estreno de Jorge Javier Vázquez en estos menesteres. En la gala de esta semana, Vázquez ya ha empezado a impregnar de su telegénica personalidad el reality. Aunque la sombra de Mercedes Milá es alargada, pues su arrolladoras salidas de tono marcaban la diferencia de GH con otros shows. Ahora podría ser Supervivientes en Guadalix o la enésima versión de Sálvame Deluxe.

4. El humor (escaso)

Una de las sigilosas señas de identidad de Gran Hermano es el lado cómico de ciertos concursantes. ¿Quién no recuerda a Fresita? O, el año pasado, a Han. Pero en este GH no existe rastro de humor. La comedia brilla por su ausencia y es clave para dar aire a un reality de estas características, que si se toma demasiado en serio termina aburriendo.

5. La competencia (crecida)

Con esta lista de debilidades en las primeras semanas, la competencia se ha percatado de que podía lanzar contra GH éxitos asentados. Así, La Sexta ha estrenado lo nuevo de Pesadilla en la Cocina con Alberto Chicote, que hace tiempo que no veíamos salvando restaurantes. Objetivo cumplido. La estrategia de Atresmedia ha pegado un mordisquito a Gran Hermano, a pesar de que el programa de Telecinco intentaba subir el dato de audiencia con la artimaña de sacarse de la manga el contraclub. O lo que es lo mismo una “contra-casa” en la que introducir a infalibles (y alocadas) ex participantes del realiy: Mayte, Amor o la primera desterrada del concurso en su historia española, María José Galera. La misión de este trío era asesorar a los expulsados y, de paso, engendrar líos en Guadalix de la Sierra para ir a la caza y captura de la curiosidad de ese público que aún está ajeno a Gran Hermano 17. Para este cometido la controvertida Mayte es perfecta. Tal vez demasiado perfecta. Porque Maite Galdeano se vino demasiado arriba y al primer expulsado, Pablo, le dio una especie de ataque de nervios. Normal, al sufrir el grado de intensidad de Galdeano. Como consecuencia, Pablo decidió marcharse voluntariamente de este chiringuito e irse a su casa, desmontando la estrategia de los responsables del programa.

6. Concursantes (resabiados)

Los guionistas de Gran Hermano son expertos en ir mutando las reglas del juego para pillar inadvertidos a los participantes, que ya se creen sabérselas todas. De ahí que el programa invente constantemente pruebas de convivencia, ponga retos delirantes o introduzca cameos especiales dentro de la casa de Guadalix, como este frustrado contraclub de Maite Galdeano. Se trata de juegos que sirven para descolocar a los concursantes, desmontar sus planes y que no puedan realizar tácticas. Elementos que se introducen en la trama que son perfectos para fomentar roces que provoquen amor o odio. O, mejor aún, fomentar el amor y odio a la vez. Pero GH17 aún no ha dado con la tecla del giro de guion ideal para descolocar a estos concursantes y llamar la atención de ese espectador que no pasa las 24 horas viendo Telecinco . Este casting es duro de roer.

Como resultado, Gran Hermano 17 todavía no consigue traspasar la barrera del triunfal 20 por ciento de cuota de pantalla. Pero el formato sigue en buena forma. Sólo acaba de empezar y las próximas semanas serán decisivas para que el show encarrile su culebrón de la realidad. Porque habrá culebrón. El problema está en que la pasada edición dejó el listón muy alto en lo que a historias inesperadas se refiere: desde una relación que descolocaba porque no tenía etiquetas (Han y Aritz) hasta una mamá autobusera, Maite, que ya se ha convertido en un comodín para Telecinco. Esta temporada, en cambio, aún sólo ha mostrado a una pandilla de veinteañeros superficiales haciendo cosas de veinteañeros superficiales.

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@borjateran

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Borja Terán, editor

"Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

 

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