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14 Octubre 2017 - 19:33 - Autor:

Hemos cambiado de ubicación a una nueva plataforma a tono con el futuro periodístico que ya es presente, aunque, por supuesto, la esencia se mantiene. A partir de ahora, podéis seguir encontrando mis artículos diarios dedicados a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro en la siguiente dirección. Os esperamos. Gracias por todo.

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14 ilusiones televisivas para el nuevo curso (que aún no ocurrirán en esta temporada)

28 Septiembre 2017 - 14:21 - Autor:

1. Que se produzcan series que nos representen, que muestren la sociedad de hoy. Las épocas pasadas y los mundos imaginarios están muy bien, pero ¿no sería interesantísimo retratar nuestro tiempo? Lejos queda aquella edad de oro para la ficción española con producciones que hicieron un brillante retrato de la década. De Anillos de Oro, de Ana Diosdado, a Las Chicas de hoy en día, de Fernando Colomo. Ahora parece que nadie o pocos se atreven a afrontar y radiografiar el presente, a hablar de nuestro país y nuestra sociedad de hoy. Será por premisas a nuestro alrededor…

2. Que se apueste por formatos 100 por 100 españoles. Las cadenas españolas suelen esperar a comprar ideas de éxito catódico siempre que esté testado internacionalmente, cerrando las puertas a propuestas autóctonas. No son buenos tiempos para probar nuevas fórmulas, y eso que la historia de nuestra televisión evidencia que los grandes fenómenos son hechos a medida de nuestra audiencia. El Un, dos, tres u Operación Triunfo son claros ejemplos. O Tu cara me suena, en la imagen de arriba su control de realización. Toca abrir hueco a nuevas ideas made in Spain.

3. Que nos podamos acostar más pronto. El estirado prime time español es muy rentable, pero, al mismo tiempo, es contraproducente para los programas que deben rellenarse con contenidos menos relevantes para llegar hasta casi la madrugada, lo que propicia un desgaste más rápido de determinados formatos y una expulsión del espectador de la televisión tradicional.

4. Que la duración de los programas sea más honesta y empiecen a su hora exacta. Las cadenas miran sus cuentas de resultados a corto plazo, pero el futuro más próximo de la televisión obligará a programas y series a respetar con mayor responsabilidad los compromisos con el espectador: desde la hora real a la que empiezan a la duración más honesta. El espectador primará los contenidos que concilian con rutinas más saludables en una audiencia que tiene ocupaciones más allá de ver la tele.

5. Que se encienda el late night. Ajustando los horarios de las series y los programas a cánones más coherentes con el producto, se abre hueco para recuperar el late night. Lo que supone una oportunidad para programas más atrevidos, más golfos, que despierten en el espectador esa sensación de que aún queda un aliciente entretenido para despedir el día. Desde hace años, para ahorrar costes, nuestras cadenas han renunciado a lo específico de esta franja horaria repleta de posibilidades. Además, desde la televisión pública, este tipo de show noctámbulo puede ser una ventana a la cultura a través del entretenimiento.

6. Que nos sintamos orgullosos de la televisión pública. TVE debe dejar de reproducir el modelo que usaba cuando tenía publicidad para así convertirse en una alternativa de contenidos que movilice el sector audiovisual. Debe ser más innovadora y plural, lanzándose a la libertad creativa sin demasiadas cortapisas.

7. Que la música suene más allá del playback con pie de micro. Los programas musicales volverán a funcionar si se realizan como un acontecimiento en el que los artistas brillan con ayuda de la realización y puesta en escena, con actuaciones que narren una historia. La actuación de promoción al uso ha matado los espacios musicales en tiempos a los que se puede acceder a estos contenidos con sólo un clic en la red. Pero la tele puede volver a hacer interesante este género e impulsar la carrera de artistas que pasan desapercibidos para las audiencias mayoritarias.

8. Que los niños tengan programas hechos para niños y que no sólo aprendan de series de animación importadas. Pueden aprender más y mejor con contenidos que nazcan y vivan en la idiosincrasia que nos envuelve.

9. Que regrese la entrevista sin prisa. El poder de la conversación está infravalorado en televisión, la fuerza del primer plano, el tiempo para contestar pausadamente, sin recurrir a experimentos, bailes o músicas de asombro de por medio. El valor de la palabra, en definitiva, porque en nuestra cultura hay muchas personas con apasionantes e increíbles historias que contar en televisión. Y si se hace bien, la audiencia se quedará pegada frente al aparato. Ya lo está haciendo formatos como Buenafuente o, a su manera, Bertín Osborne, pero hay mucho más nicho para experimentar en este sentido: el sentido de la charla en primer plano.

10. Que se apueste por rostros nuevos. La televisión de hoy se hace sólo con cabezas de cartel que, supuestamente, facilitan el camino para el éxito. También es importante que el público descubra nuevos talentos, nuevos presentadores, nuevos colaboradores. Profesionales con talento, carisma, autenticidad y transgresión. No necesariamente políticamente correctos, que de insulsa corrección ya está nuestra tele llena. Hace falta, en resumen, un mayor y más constante recambio generacional, pues siempre parece que una minoría de nombres lo presentan todo porque las cadenas buscan que el televidente reconozca al rostro aunque, también, la televisión es descubrir.

11. Que la televisión pública, los nuevos canales de TDT y los nuevos operadores (Netflix, HBO…) empujen a la diversidad de la industria audiovisual. Que no se queden en producciones clónicas a las habituales y arriesguen para, de paso, poner las pilas a los dos grandes grupos (Mediaset y Atresmedia) e impedir que se acomoden. Busquemos lo local, lo que solo se podría producir y contar en España, lo intrínseco a nuestra forma de ser…

12. Que todos los decorados no parezcan iguales. Las escenografías en televisión han mermado su capacidad creativa para parecer todas clónicas. Las cadenas se olvidan de que una identidad diferenciada e incluso imaginativa impulsa las posibilidades de un programa de televisión. Hay vida más allá del led y el panel translucido de fondo. El decorado que envuelve cada formato es crucial para atraer al espectador. Así lo hizo Sardá con Crónicas Marcianas, huyendo del skyline típico del late night y llevándose a la audiencia a un platillo volante. O Raffaella Carrá, cuando plató su Hola Raffaella en lo alto de una azotea con vistas a Madrid que atesoraba un ascensor con un peculiar habitante en su interior. Los programas que marcan la diferencia seguirán adelantando a sus rivales.

13. Que la tele deje de querer parecerse a Internet. La red y la televisión tienen códigos, lenguajes y ritmos diferentes, y por eso suele fracasar cualquier intento de aunar ambos medios. Internet va tan rápido que cuando sus trending topics llegan a la tele, ya suenan viejos, desfasados, fuera de lugar. Lo inteligente es que la televisión incorpore el talento que cobija el universo viral pero sin competir con Internet. Al contrario, debe ofrecer al espectador contenidos que precisamente no puede encontrar en la red.

14. Y, sobre todo, que la televisión recupere la esencia de la imaginación, de la creatividad, de la sorpresa. Que resucite su capacidad para dejarnos boquiabiertos y que podamos sentarnos en el sofá sin tener la certeza de que vamos a ver más de lo mismo. Basta de programas y series cortadas por el mismo patrón de los ingredientes que salen de frías auditorías con lo que supuestamente funciona y lo que no. Que nos regale programas y series que irradien entusiasmo, curiosidad, creatividad, honestidad e imprevisibilidad.

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El declive de ‘Gran Hermano’: las causas de la peor crisis de audiencia del reality de Telecinco

0:00 - Autor:

Los datos de audiencia de Gran Hermano empiezan a ser preocupantes. Este lunes, la versión ‘Última hora‘ del programa ha cosechado un pobre 6,7 por ciento de share, bajando a un 5.5 en su edición del martes. Fatal resultado en un comienzo de la temporada en que las audiencias están más fragmentadas que nunca. Lo mismo ha sucedido con el debate dominical, que sólo ha obtenido un 11,5 por ciento de cuota y, lo peor, es que tampoco se auguran buenos resultados para las galas principales del reality. De hecho, la noche del estreno este GH marcó mínimo histórico, con 16,2 por ciento de share. ¿Estamos ante la última temporada de GH?

Es la edición número 18 del programa y el desgaste de su contenido es evidente. Gran Hermano es una oferta televisiva ajada, repetitiva y no funciona ni siquiera con la reinvención que ha intentado, este año, Telecinco y la productora Zeppelin con el objetivo de implicar de nuevo al público en el formato. Al contrario, esta reinvención del show ha dificultado que los espectadores conozcan y empaticen, desde el comienzo y de forma sencilla, con los integrantes definitivos del casting.

Para llamar la atención y sorprender al resabiado espectador, los responsables del programa han optado por introducir en la casa de Guadalix de la Sierra a 100 “ingenuas” personas que se creían ya concursantes. Todo un golpe de efecto en busca de descolocar al público con el viaje al revés de lo que acostumbra tradicionalmente el reality. Por primera vez, GH arrancó con un tumulto de un centenar de personajes dentro de la casa, a los que se ha ido eliminando hasta reducir el elenco a los 18 huéspedes definitivos.

Se acabó el ritual de conocer, uno a uno, a cada participante en su entrada a la casa. Imposible, pues al existir 100 personas el programa ni ha contado con los tradicionales vídeos de presentación, que dibujaban con cierta gracia la personalidad de los distintos candidatos. El espectador ha visto mucha gente egocéntrica haciendo ruido en las primeras emisiones y, eso mismo, se ha transformado en un obstáculo para crear vínculos, filias o fobias, con los protagonistas del reality.

La audiencia potencial de GH18 no conoce a los reales nuevos concursantes y, por lo tanto, no sigue el programa. En este desinterés, ha influido que Telecinco decidiera enfrentar su estreno estrella con un trepidante MasterChef Celebrity, con famosos intentándolo entre fogones.

  • ¿Manifestación de los fans del programa a las puertas de Telecinco?

En este comienzo de la temporada, tampoco ha ayudado nada que los más fieles del reality no cuenten con la emisión 24 horas a través de la web, que Telecinco ha suprimido. Esta emisión voayeur era minoritaria, pero creaba conversación en las redes sociales, lo que se traducía en un impulso a la expectación para las galas de prime time. Una decisión que ha enfadado a los fans más acérrimos del programa, que están promoviendo un “apagón” de la gala de este jueves. No verán al show y, a cambio, convocan una manifestación (con cacerolada incluida) a las puestas de los estudios de Telecinco. increíble, pero cierto.

La movilización de la porción de fieles en contra no preocupa en Mediaset. Al final, lo importante es que el formato no cree indiferencia. Pero la mala tendencia en audiencia sí resquebraja la estrategia de Telecinco de utilizar Gran Hermano como un rentable comodín, que sirve de exitoso ajuste de programación en prácticamente todos los días de la semana. Hasta ahora los resúmenes de GH valían a la cadena para arropar a otros programas, especialmente en el access prime time (como realiza Antena 3 con El Hormiguero). También para rellenar de contenido propio (y sin inversión extra) a los extensos magazines diarios de la cadena, como El programa de Ana Rosa o Sálvame.

  • Gran Hermano y el efecto dominó que produce en Telecinco

Sin el tirón de GH, este tipo de programas deberán alimentarse de otros culebrones con tradicionales imágenes de agencias del corazón, búsqueda de exclusivas o creando conflictos de sus propios colaboradores. Porque, al final, Telecinco necesita tramas de telenovela de la realidad para propiciar temas de debate en su rentable estructura de programas que se basa en hablar de vidas ajenas desde platós clónicos.

Gran Hermano era perfecto como formato expendedor de dimes y diretes, pues reúne en el mismo espectáculo varios ingredientes para el triunfo en televisión: personajes de teleserie, el amor y desamor que surge de la convivencia real, la comedia de las imperfecciones ajenas, el testimonio de la entrevista incisiva y la participación del público, que tiene el poder de decidir y eliminar. Esto último es otro elemento que se modificó en la segunda gala de esta edición, indignando al personal al perder (por un día) el privilegio de votar la expulsión para cedérselo a los habitantes de la casa.

Telecinco tiene un problema con GH18: invertir en este reality ya no es apostar por el caballo ganador. La mala racha del formato no es por la ausencia de Mercedes Milá ni por la presencia de Jorge Javier Vázquez, la crisis de fondo del espacio que reinventó la tele-realidad en televisión está en que es un programa explotado hasta la extenuación, la audiencia está resabiada de sus polémica y ya busca otro tipo de nuevos contenidos, otro tipo de personajes. Sólo puede salvar a este Gran Hermano la paciencia para que surjan tramas interesantes en la casa con ayuda de un buen guion. Pero eso pasará si los concursantes aportan una mirada propia contundente, que refresque el show con comedia, sentimiento y personalidades identificables. Y eso, de momento, brilla por su ausencia. A todos los concursantes parece que ya les hemos visto antes.

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Sálvame: cómo hacer más eficaz en TV un monólogo de Belén Esteban en 4 sencillos pasos

26 Septiembre 2017 - 19:43 - Autor:

El protagonismo de Belén Esteban se ha activado en Sálvame. La más popular colaboradora de Telecinco vuelve a estar en el punto de mira tras filtrarse unos mensajes de Whatsapp de su hija a su ex marido. Hasta aquí no parece una gran historia, pero Esteban explica el conflicto con un grado de indignación digno de diva del mejor culebrón de sobremesa. Es su secreto del éxito, pero sus vaivenes emocionales que elevan la cuota de pantalla no serían lo mismo sin las artimaña del equipo detrás de cámaras de Telecinco.

Porque en televisión tan importante es lo que se cuenta como la forma en la que se muestra al espectador aquello que sucede en plató. Y el equipo de realización de Sálvame sabe jugar y enriquecer la tertulia eterna que supone este formato, que rellena cuatro rentables horas de televisión diaria. Lo consigue en cuatro sencillos pasos.

1. Música de tensión muy fuerte.

Sálvame no deja de ser un debate intenso. Pero, para que no decaiga el interés, cada instante se va aderezando de músicas y ruidos de fondo que sobresaltan al espectador que descansa en su butaca. Si Belén Esteban va a narrar uno de sus discursos intenso, suena de fondo una banda sonora épica digna de batalla naval.

2. Plano de reacción constante.

Es fácil perder el hilo en Sálvame. Así que el programa va lanzando vídeos que explican el estado de la situación de los dimes y diretes para que no se pierdan aquellos que no están graduados en un master en Telecinco. No obstante, esos vídeos siempre van aderezados con un plano de reacción del afectado. Belén Esteban tampoco olvida este detalle y va poniendo caras de tensión durante la proyección de la pieza. Sabe que está en imagen en directo y que no debe bajar la guardia.

3. Bien de zoom.

Para incrementar la tensión, al realizador de Sálvame no le tiembla la mano con el zoom. Los primeros planos más extremos son claves para conectar mejor con la emoción del espectador. Belén Esteban también conoce esta táctica. Son años de experiencia. Es más, esta semana, pidió que la cámara se acercara más a su rostro para, así, poder narrar con más énfasis su último giro dramático. El televidente se queda pegado.

4. No tomarse demasiado en serio.

Pero, sobre todo, el gran éxito del equipo de realización de Sálvame está en que se atreve a jugar e incluso azuzar con cierta parodia los momentos más vehementes del show. De esta forma, cuando Belén Esteban habla al espectador con su intensidad melodramática, el realizador no duda en pinchar otro plano en el que se ve a la colaboradora a dos palmos de la cámara. Como Hamlet y la calavera. Así se enriquece un monólogo con cierta travesura, plasmando mejor el surrealismo que supone el plató de Sálvame. Y esa realización visual revoltosa, que conecta con el tono del programa, es crucial para hacer más entretenido un formato repetitivo que, sin embargo, no desgasta su éxito en las tardes.

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Velvet: cuando la emisión por Facebook supera a la medición de audiencia de televisión tradicional

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Velvet ha cobrado una segunda vida en Movistar Plus. La serie de éxito de Atresmedia se ha instalado en el pago como estrategia para seducir nuevos públicos a la televisión bajo demanda de Telefónica.

El pasado jueves, Movistar apostó por realizar una premiere del estreno de Velvet Colección en su canal lineal de referencia dentro de la plataforma, Cero. Según la medición de audiencia tradicional, este pase sorpresa del primer episodio registró 80.000 espectadores y un 0,5 por ciento de share. Muy lejos de la audiencia que alcanzaba el original Velvet en Antena 3, donde nunca bajaba del 20 por ciento de cuota.

Pero es erróneo comparar ambos resultados. De hecho, no se pueden comparar ambos resultados, ya que el contexto de canal es diferente. La Velvet inicial se emitía en una cadena comercial en abierto, que aún se mide en la batalla de las audiencias clásica. En ese sentido, en Antena 3 se opta por capítulos largos (70 minutos) y, para facilitar el alcance de más del veinte por ciento de cuota, la producción se programaba en un horario de máxima audiencia tardío, detrás de un programa como El Hormiguero.

Mientras que el Velvet de Movistar Plus ha sido pensado para atraer usuarios a la plataforma bajo demanda de la compañía. La promoción se basa en el consumo ‘a la carta’ y luego, para sacar más rédito a la marca Velvet, también se abre una ventana en el canal lineal Cero. Una cadena que es referencia de la plataforma pero que no busca competir en audiencias tradicionales, sino en marcar la diferencia con contenidos que van directos a un público que busca una oferta distinta.

Los capítulos de la nueva Velvet no superan la hora de duración, ya que están pensados para el consumo online, y en la emisión tradicional en Cero se emiten a las 22 horas, un prime time temprano como oferta complementaria a programas de entretenimiento clásico.

80.000 espectadores a las 22 horas del contexto de un canal de pago como Cero es un éxito de audiencia para el nuevo Velvet. Pero ese dato tampoco sirve para evaluar el rendimiento de la producción, Movistar Plus está utilizando este primer episodio como un instrumento para otorgar visibilidad a su factoría de contenidos. Así se da una paradoja: la premiere de Velvet Colección se vio también en directo, gratis, en una emisión simultánea en abierto en Youtube, Twitter y Facebook, donde ha quedado el capítulo colgado completo, se puede compartir y ya suma más de 300.000 espectadores (según la propia medición de la empresa de Mark Zuckerberg).

Una paradoja: en Facebook la serie ha tenido más público que en una cadena de emisión tradicional. Ya se ha entrado en una nueva era, donde la medición que registran los audímetros no sirve para todo tipo de productos, como las plataformas de pago. Por eso mismo, Netflix no comunica datos de audiencia tradicionales. Lo mismo sucede en el caso del nuevo Velvet.

El impacto del éxito de la serie de las galerías de Bambú Producciones no se puede medir en la cuota de pantalla de las cadenas generalistas al competir en otra liga diferente. Menos aún en su primer episodio, que se ha retransmitido en diversas ventanas de emisión, abriéndose a las nuevas audiencias que consumen contenido a través de las redes sociales. La cadena pierde el rastro del producto al viralizarse (compartimentos en muros, inserciones en blogs…), generando un volátil resultado de público objetivo que todavía no se puede sumar de forma fiable.

¿Es un éxito el estreno de Velvet en Movistar Plus? Empieza a cambiar la era de las audiencias instantáneas, las que dictan éxito o fracaso de las series con el resultado del día siguiente. La mentalidad del análisis de audiencias debe ser más flexible dependiendo de las plataformas de emisión y sus renovados consumos, que ya empiezan a ser habituales en la televisión. No es lo mismo una cadena pública o una plataforma de pago que una televisión comercial veterana.

Y el éxito o fracaso de Velvet en Movistar estará en sus descargas ‘a la carta’ y en si su marca triunfa como aliciente para generar nuevos abonados. De ahí que el primer episodio se haya dejado colgado completo en Facebook, la red social preferida del target de público de las galerías más glamourosas de la televisión de los últimos años.

@borjateran

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La nostalgia de ‘Me cambio de década’ en Antena 3: ¿un éxito o una oportunidad perdida?

25 Septiembre 2017 - 1:05 - Autor:

Tarde, pero se han dado cuenta. Las cadenas de televisión se han percatado de que la nostalgia triunfa en televisión. Incluso la nostalgia de tiempos en los que el espectador ni ha vivido. De ahí el boom de las series de época, que retrotraen al público a un pasado de ensoñación.

Así que Antena 3 ha adaptado el formato que faltaba en España. Se llama Me cambio de década y está basado en Back in Time for Dinner, éxito de la segunda cadena de la BBC y que, en su versión original, entremezcla el furor por la gastronomía con el choque que supone trasladar a una familia a otra década.

La premisa del espacio está en que una familia a lo Médico de Familia (sí, también con adolescentes en la edad del pavo elegidos para intentar que se sientan reflejados diferentes targets de espectadores) viaja cincuenta años atrás. Su vestimenta, su casa y, por supuesto, su cocina se caracteriza en cada programa de una década. Hasta cambian sus muebles y electrodomésticos.

Ahí está el reto: la familia debe cocinar la cena con los ingredientes y utensilios de cocina de cada década. Y, mientras tanto, el programa va divulgando no sólo la historia culinaria, también los cambios tecnológicos y explicando las peculiaridades del momento social y político del país.

Un retrato de la historia culinaria muy entretenido, ya que viene aderezado con los ingredientes del show televisivo clásico: la sorpresa de los protagonistas al ver su casa cambiada por completo a tono con el año, como si de una teletransportación al pasado se tratara, el conflicto de intentar cocinar sin las comodidades de hoy.

Y el espectador descubre costumbres, artefactos o déficits sociales que no conocía o, en su defecto, que recuerda de sus años mozos. Así se activa en la audiencia el infalible ingrediente de la cocina en televisión junto a la todopoderosa emoción que produce el recuerdo del pasado.

Sin embargo, en la reinvención española del formato, por parte de Antena 3, se ha reinventado la premisa para adaptar la duración del programa al prime time español (más del doble de tiempo que el británico). La cocina ha pasado a segundo plato y Atresmedia ha enriquecido el producto con más divulgación documental de la década a la que se enfrenta la familia, con interesantes imágenes de archivo y centrando el espacio en el contraste social, especialmente entre los más jóvenes de la familia (qué hacen sin tener un televisor, cómo les castigan en una escuela de los sesenta…). Familia que, por cierto, parecen sacados de un catálogo de Ikea, lo que resta credibilidad.

Aunque el problema principal que tiene me cambio de década está en que al no centrarse en una idea tan clara como la versión original, “el reto de cocinar en otro tiempo sin las comodidades de hoy”, el espacio no tiene un objetivo claro que invite al espectador a quedarse hasta el final del show. Sólo se trata de un ir y venir de curiosidades que pierde fuerza cada semana, pues existe menos contraste cultural al tratarse de décadas más cercanas a la actualidad.

En un país tan gastronómico y tan nostálgico, la idea original de Back in Time for Dinner tenía más mimbres para el éxito que Me cambio de década. De nuevo, la televisión en España tropieza en el mismo error: producir un programa a medio camino de concepto, y claro la audiencia también se queda a medio camino.

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3 prejuicios de la televisión en prime time que ha derribado ‘La hora con Puigdemont’ de ‘Salvados’

24 Septiembre 2017 - 23:28 - Autor:

  • ‘Salvados: Una hora con Puigdemont’ lideró en audiencias con un gran 19.4 de cuota y 3.438.000 espectadores

Jordi Évole ha entrevistado a Carles Puigdemont en una edición de Salvados que rompe con tres falsos mitos del horario de máxima audiencia de la televisión y reúne reglas básicas del buen periodismo.

1. La televisión debe ir al grano o el público cambia de canal. Falso.

Salvados se toma su tiempo para introducir el tema a tratar. En ‘La hora con Puigdemont‘, el programa no se queda en la trepidante actualidad y traza un retrato de la evolución del conflicto que rodea a la independencia de Cataluña. Lo hace repasando imágenes de archivo de los agentes políticos implicados en su paso por el propio Salvados. De Pujol a Rajoy. Sin necesidad de voz en off, Salvados consigue una radiografía de cómo hemos llegado hasta aquí a través de las declaraciones, contradicciones e incluso silencios de los líderes políticos.

En el mismo prólogo, también el programa plasma el sentir de la ciudadanía. Lo consigue en dos tramos, primero con imágenes y sonido ambiente de la caldeada situación de los últimos días para, después, mostrar opiniones de personas anónimas, a pie de calle, que reflejan una realidad amplia, que no siempre queda descrita con contundencia en los medios.

Así el formato pone en situación al espectador con un prólogo que sirve para dar contexto e involucrar a la audiencia en el contenido posterior. En este caso, la entrevista con Puigdemont. Aunque Salvados, además, cuenta con un poder extra: huye del aburrido reportaje introductorio al uso para contar una historia con la pasión que aportan las narrativas audiovisuales del género del documental apolíneo, incorporando al periodismo una realización con ambición de película. Como consecuencia, se transmite al espectador el grueso más “hueso” de la información con más claridad, orden y atractivo.

2. La oscuridad baja la cuota de pantalla. Falso.

Todos los programas de televisión están ultra iluminados porque se cree que la oscuridad disminuye la cuota de pantalla. Si apagas los focos, la audiencia huye hacia la luz, pero de otro canal. Un prejuicio que derribar, pues la oscuridad también puede ser muy luminosa.

En la entrevista en la Generalitat con Puigdemont, Salvados ha optado por una fotografía tenue. Por momentos, Évole y Puigdemont parecían reunidos en una cueva clandestina. Tal vez se puede entender como una metáfora de la situación, pero esta negra estampa no entorpece el interés del espectador del prime time. Al contrario, aporta una escenografía con entidad propia, diferenciada de otros programas. Sin necesidad de implantar en el fondo el logotipo de Salvados o La Sexta, el público reconoce que asiste al programa de Jordi Évole por esta factura visual.

3. Hay que sobreimpresionar en pantalla cada declaración de impacto del entrevistado o el espectador se aburre. Falso.

Salvados no necesita inundar su emisión de rótulos que van recalcando una u otra declaración en el ojo de la audiencia. El programa deja que el televidente elija sus propios titulares, buenos o malos, a través de una realización limpia que fomenta la escucha, verbal y no verbal, a través de unos protagonistas en primer plano.

El formato de Jordi Évole viaja en el rumbo contrario de los cánones de la televisión de hoy al apostar por la entrevista desnuda, que huye de multitud de impactos en pantalla para que la atención del espectador no decaiga pero que, al final, distraen. Entrevista desnuda, pero muy viva. Lo importante son las respuestas a unas preguntas, en este caso muy documentadas, que, además, van aderezadas de pequeñas piezas de archivo que dinamizan el rimo del programa y que son introducidas para enfrentar al entrevistado a datos registrados en la videoteca, otorgando aún más herramientas al público para que extraiga sus propias conclusiones. Sin necesidad de rótulos que resuman en un titular superficial.

La entrevista de Jordi Évole a Carles Puigdemont ha sido un ejemplo de periodismo documentado que planta contexto en una era de sobreinformación en el que se lanzan consignas sin tiempo para ser contrastadas. Y ahí también estriba el trasfondo del vaivén social y emocional que vivimos: cuando las proclamas crecen sin instrumentos para ser digeridas.

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La jugada maestra de Paula Echevarría con su inesperado fichaje por Telecinco

0:28 - Autor:

Mucho ha cambiado la vida de Paula Echevarría desde su primera aparición en televisión en la serie ‘7 vidas’. Ya no es sólo actriz, ahora es una exitosa ‘influencer’ de las redes sociales, que suma casi dos millones de seguidores en Instagram, la plataforma con mayor poder de crédito viral. Las marcas quieren ser recomendadas por esta estrella que, además, impulsa las ventas de las revistas del cuore. Su vida llama la atención de las nuevas generaciones tras haber sabido proyectar en Internet sus ropas, relación de amor y el lado más glamouroso de los rodajes. Así Paula ha creado una legión de fieles, que sueñan alcanzar una vida de lujo como la suya, pero también un ejército de haters, que envidian su estatus y sus posados imposibles.

Los posados y otras intensidades en las redes de Paula Echevarría no crean indiferencia. Tampoco en los canales de Mediaset (Telecinco, Cuatro, Divinity…), donde han sido expertos en desmontar su Instagram y hacer mofa de las salidas de tono de la protagonista de Velvet.

Pero el comienzo de la temporada ha venido con giro dramático, incluso para los propios trabajadores de los programas de Mediaset: Paula Echevarría ha sido fichada con un contrato de larga duración por los de Telecinco. “Mediaset España contará con el talento y versatilidad interpretativa de Paula Echevarría para protagonizar distintos proyectos de ficción”, rezaba la nota de la cadena.

Será para trabajar en la película ‘Ola de crímenes’, dirigida por Gracia Querejeta, y en la segunda entrega de la miniserie ‘Los Nuestros’, en la que dará vida a uno de los personajes principales. “Para mí es todo un privilegio que un grupo como Mediaset España, que es un referente en la producción de ficción de cine y televisión, cuente conmigo para proyectos que me van a permitir explorar nuevos registros como actriz y en los que voy a estar rodeada de grandes profesionales”, explica ahora Paula de la misma empresa a la que atacaba: “ese grupo me repatea bastante, en mi casa somos más de Antena 3”. Gajes del oficio de actor en un país en donde no hay tantas grandes televisones que, como declara la actriz, sean “referente en la producción de ficción de cine y televisión”.

Aunque Mediaset también es referente en la producción de realities y shows del corazón, donde era recurrente protagonista la vida de Paula y, hasta ahora, no precisamente para bien. Pero eso ya terminó. Los trabajadores de la cadena ya tienen la consigna de proteger a Echevarría, que ya es su compañera. Se acabaron los ataques y vídeos delirantes desmontando el postureo de una actriz que vende más por todo lo que rodea a su vida de celebrity, inmortalizada a golpe de artificial filtro de Instagram, que por sus interpretaciones, que son tirando a flojas.

Su contrato con Mediaset es una jugada maestra. Paula Echevarría no sólo logra un contrato de larga duración como actriz en un importante grupo televisivo, de forma colateral, también se asegura cerrar la indiscreta boca de todos los críticos programas de corazón del mismo grupo audiovisual, género del que Mediaset es líder absoluto y sin rival.

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23 Septiembre 2017 - 0:02 - Autor:

Carlos Larrañaga Concha Cuetos

Sólo queda una temporada para el adiós de Juego de tronos. Poco o nada se sabe de su colofón, pero HBO ya ha ideado una treta para que el final no se filtre antes de tiempo. Lo ha anunciado el jefe de programación de la cadena, Casey Bloys: rodarán varios desenlaces para que nadie se entere hasta el último minuto del adiós real. Ni los propios actores podrán responder a la cuestión de cómo es finiquitada la icónica ficción.

Pero HBO no está inventando nada. De hecho, esta táctica ya se ha realizado en España en series como El Príncipe o la propia Farmacia de Guardia. Antonio Mercero siempre fue por delante y, al igual que el director de programación de la cadena de cable norteamericana, comunicó a prensa y público que se grabarían tres finales diferentes de la legendaria telecomedia de Antena 3. Así no existiría spoiler cuando casi nadie sabía lo que significaba en España la palabra spoiler.

Aunque, en realidad, Mercero terminó solo grabó un final, pues la estrategia comercial ya estaba hecha: había creado la percepción social de que nadie sabía, ni Concha Cuetos, cómo terminaba la emblemática serie. Un maestro de la dirección que sabía conectar con la ilusión del espectador con una destreza pasmosa y toneladas de empatía, sin necesidad de ejecutar triples saltos mortales en puestas en escena. De hecho, Farmacia de Guardia se rodó siempre en el mismo decorado, sin salir del Estudio 3 de Antena 3, lugar donde años después se grabó El diario de Patricia (con y sin Patricia) y, ahora, se realiza Espejo Público.

No hacía falta más que una calle de cartón-piedra, el mostrador de una farmacia y una rebotica para contar historias con humor y emoción. Una comedia de situación a la española redonda que, como no podía ser de otra forma, se consumó con un final también redondo. Sucedió el 28 de diciembre de 1995 ante un 62,8 por ciento de share. 11.527.000 espectadores vieron a Lourdes y Adolfo, Concha Cuetos y Carlos Larrañaga, salir por la puerta de atrás de la rebotica y en la verja cerrada de la farmacia sustituir un papel que colgaba.

En ese momento, los dos protagonistas se marcharon y el zoom de la cámara se fue acercando hacia el nuevo papelote pegado en la puerta, al mismo tiempo que se elevaba el volumen de la música de fondo para impulsar las tele-emociones en un espectador diciendo adiós a una serie mítica. Entonces, el público descubrió el gran mensaje final de la ficción. Fue la última y medidísima imagen de despedida de Farmacia de Guardia, secuencia que se tuvo que repetir varias veces, hasta que quedó el papel colgado a la perfección. Así es la televisión inmortal, la minuciosa, que cuida los detalles, para quedarse clavada para siempre en nuestras retinas:

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El método de Telecinco para crear expectación con la nueva temporada de ‘La Voz’

22 Septiembre 2017 - 1:13 - Autor:

Con sólo tres días de antelación, Telecinco ha anunciado el lanzamiento de La Voz. Tres días es justo el tiempo límite que la normativa vigente obliga a las cadenas de televisión a comunicar sus horarios de emisión para proteger al espectador del constante vaivén de programación. Y, en Telecinco, han esperado hasta el último momento para pillar más desprevenido a su rival, Antena 3, evitando que aplacara este estreno adelantando la vuelta de Tu cara me suena, que previsiblemente aterrizará la próxima semana.

Sin embargo, comunicar un estreno sólo 72 horas antes es un mal margen para que el gran público se entere. Así que Telecinco ya llevaba días incrementado promociones del programa, durante sus pausas publicitarias, con el rótulo final de ‘próximamente’. No ponía fecha exacta, pero el exceso de anuncios ya avisaba al espectador de que el día estaba cerca.

Pero con anuncios no basta para crear un acontecimiento del retorno de un talent show. La cadena necesita que todo el público objetivo del formato se entere con brío del nuevo horario. Como consecuencia, Telecinco ha recuperado su táctica de anunciar la fecha del estreno como si fuera una expulsión de Gran Hermano. De hecho, el comunicado oficial se realizó en plena primera gala de Gran Hermano. Aunque no lo dijo Jorge Javier Vázquez como si de una mención comercial cualquiera se tratara. El canal activó una puesta en escena para crear expectativa.

Primero, Jorge Javier avisa que Jesús Vázquez tiene que realizar un comunicado importante. Después, se conecta en falso directo con el plató de La Voz. Allí, aparece Vázquez rodeado de su público, que caldea el ambiente. Llegó la hora, comunica que el viernes vuelve La Voz. Se activa un aplauso. Se arropa la noticia. Se fomenta la percepción de que esa emisión es un evento especial.

Aunque con esa ovación no es suficiente para redondear el golpe de efecto. La cadena aún cuenta con un as en la manga para atrapar la emoción del espectador y lanza, como un adelanto “exclusivo” para sus fieles, la primera actuación que emitirá el talent. Una actuación que no es fruto de la coincidencia, está elegida para conmocionar a un espectador que con este regalo previo se siente más partícipe del retorno del exitoso programa.

Es el método de Telecinco: las cadenas ya saben que el público está inmune de impactos de telepromociones al uso. La audiencia se convence mejor si se introduce el “cebo” como un contenido propio que es coherente con el guion del programa donde introduce el “autobombo”, inyectando en el público de la emisora la sensación de que lo que vuelve es especial. Es, entonces, cuando se provoca artificialmente un acontecimiento perfecto para llamar la atención de un público que asiste al estreno de nada nuevo como una emisión irrepetible, como “lo nunca visto”.

@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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