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El adiós de ‘Cuéntame’ a Desi: una lección de ficción televisiva

27 febrero 2015 - 4:54 - Autor:

Cuando un actor en activo fallece, para la serie en la que participaba es complicado hacerle un homenaje que no caiga en el sentimentalismo excesivo y obvio. En este cometido, Cuéntame dio anoche, una vez más, una gran lección de buen hacer televisivo.

El pasado 28 agosto, murió Roberto Cairo, inolvidable intérprete que dio vida a Desi desde los inicios de la ficción. La serie no había despedido aún al personaje y lo ha hecho ahora de la mejor forma: convirtiendo a Desi, Desiderio, en gran protagonista ausente de un capítulo para la historia. Un capítulo en el que Desi también murió. Y el resultado no sólo fue emotivo, fue mucho más que eso.

Porque el episodio, poco a poco, supo conjugar un montaje paralelo de tramas que iban logrando un equilibrio perfecto entre emoción y humor. Porque el humor no es incompatible con la muerte. Incluso hubo una trama con los niños (y la urna con las cenizas del fallecido) bastante arriesgada y, al mismo tiempo, atinada en una historia que contagió al espectador una montaña rusa de diferentes sentimientos. También, por supuesto, vimos a Antonio Alcántara despedirse de Desi, a solas con las cenizas, a través de un monólogo colosal. Sólo un actor del calibre de Imanol Arias puede otorgar tanta verdad a las palabras.

Y es que el reparto de Cuéntame anda bien sobrado de talento. Desde Ana Duato a Rosario Pardo, pasando por una inconmensurable María Galiana y por cada actor episódico, como ocurrió con la última novia de Desi, interpretada por una estupenda Natalia Hernández. Infalible el olfato de la directora de casting Elena Arnao a la hora de elegir los rostros de una serie en la que todo, absolutamente todo, funciona. Y que sabe hacer una radiografía de su tiempo incluso a través de detalles sutiles que definen generaciones de una España tierna pero muy real.

El capítulo del adiós a Desi ha contagiado lágrimas y risas a partes iguales, pero también ha desprendido esa complicidad que convierte a Cuéntame en la mejor serie de nuestra televisión. Sí, la mejor. Una ficción que no se conforma con el guion del cliché prefabricado, que es honesta consigo misma e intenta ir siempre un paso más allá. Lo consigue a través de sus personajes, de sus brillantes diálogos, de sus imágenes del archivo histórico de TVE, de su brillante selección musical (brutal el barrido de cámara final por el barrio con Life On Mars, de David Bowie, sonando) y de su realización que no se queda en el plano/contraplano. Que juega.

Las cenizas de Desi volvieron a San Genaro, el barrio que nos representa a tantos. Porque todos vivimos, de una u otra manera, en Cuéntame. Una serie que es un orgullo nacional. Un valioso patrimonio para hoy y para las nuevas generaciones.

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TVE no hará trasnochar a su audiencia: La 1 adelanta el prime time a las 22.15 de la noche

26 febrero 2015 - 20:20 - Autor:

A partir del 2 de marzo, TVE adelantará el comienzo del prime time, que arrancará no más tarde de las 22.15 horas. La cadena pública pretende demostrar su compromiso con la racionalización de horarios en un panorama televisivo que se retrasan los inicios de los programas y series para arañar más cuota de pantalla.

Un truco que esta temporada, hasta ahora, también estaba realizando la propia TVE para proteger sus contenidos frente a las cadenas rivales. De hecho, algunos episodios de Cuéntame, por ejemplo, han sido retrasados hasta casi las once de la noche.

Para rellenar los instantes previos al episodio, La 1 venía programando eternos cebos con refritos de la serie, además de estirar la tradicional información meteorológica hasta disminuir la fuerza de la sección. Cuando lo inteligente es aprovechar los buenos resultados de audiencia de El Tiempo para arrastrar a los espectadores al espacio siguiente. No espantarlos, desvirtuando el pronóstico con otros contenidos de menor interés.

¿POR QUÉ LAS CADENAS NOS HACEN TRASNOCHAR?

Las televisiones en la búsqueda de inflar los datos de share, porcentaje con el que venden la publicidad, han elegido sacrificar espectadores. Lo hacen al posponer la emisión de sus productos de prime time a horas que, en realidad, son de late night. Es la televisión para noctámbulos, que se convierte, como analizamos aquí hace unas semanas, en uno de los obstáculos colaterales de nuestra ficción. También de programas de entretenimiento, que pierden ritmo y personalidad al ser estirados como un chicle.

Por tanto, para cuidar las series y los programas se retarda su hora de comienzo. De esta manera, su duración llega a franjas de menor competencia, con el consecuente resultado de que hay producciones que terminan pasada la una de la mañana. Nada que ver con antaño, cuando a las doce menos cuarto ya finiquitaba cualquier serie y se daba paso al late show de turno.

Ahora es el producto principal el que comienza casi a las 11 de la noche. Unas decisiones de programación que ya nada tienen que ver con los hábitos de consumo españoles, como a veces se justifica desde las cadenas. Al contrario, son horarios forzados por las propias televisiones con la intención de maquillar las debilidades de sus formatos y, de paso, vender una pausa publicitaria más a precio de máxima audiencia, aunque ya no esté en la franja de prime time.

Así parece que existe más audiencia. Así suben el porcentaje de cuota de pantalla (porcentaje de personas que están viendo un canal sobre el total de consumidores de televisión en ese instante) pero, al mismo tiempo, así también pierden la media objetiva de número de espectadores, que es lo debería interesar a los anunciantes.

El público lo sufre. Una parte de espectadores se termina marchando a la cama durante la emisión y, por consiguiente, las series pierden fuelle.  ¿Cómo se puede enganchar a la audiencia de una ficción si se pierde el final de la trama? Son los daños colaterales de una implacable guerra por la mejor cuota de pantalla de la que TVE hace bien en salirse.  Aunque, al principio, lo padecerá. Los fieles seguidores de las series, en cambio, lo agradecerán.

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Los figurantes: esa profesión desconocida que a nuestras series se les va de las manos

9:43 - Autor:

La figuración. Los extras. Esas personas imprescindibles en películas y series pero sin protagonismo. Siempre al fondo del plano. O cruzándose delante de la cámara. En un mostrador, o simplemente paseando. En platós vacíos y calles cortadas son cruciales para transmitir realidad, muchedumbre y vida, aunque estén desenfocados. En Estados Unidos son legión. En España, también, aunque ser figurante puede tener sus contraindicaciones. Estos extras, que normalmente son reclutados por agencias, se pueden crecer mientras saben que están detrás de la escena principal…

El buen figurante debe consumar una coreografía que parece pura naturalidad. El malo cae en la sobreactuación. Camina como no camina en su día a día. Gesticula como si no hubiera un mañana. En España, sobre todo, en las series diarias, a veces se nos va de las manos el asunto de los extras. No hay tiempo para dirigirles. Y ficciones como El Secreto de Puente Viejo o Amar es para siempre son perfectas para jugar a descubrir al extra más folclórico, aquel que multiplica su ego a favor del espectáculo.

Esta divertida sobreactuación de los extras no sólo sucede en España. Ninguna industria de la tele o del cine se libra. Tampoco en USA. Aunque allí, en general, están más profesionalizados, los figurantes también sufren los síntomas del ¡cinco y acción! Cambian su actitud y, creyendo que lo hacen mejor si exageran actitudes, se sienten Lola Herrera por un rato.

Las curiosas paradojas de ser figurante, algo que para muchos espectadores pasa desapercibido, han dado para una serie de dos temporadas titulada precisamente Extras y también han sido parodiadas incluso dentro de otras míticas ficciones. Friends y Modern Family, por ejemplo, lo han reproducido a la delirante perfección. Se ve que saben de lo que hablan…

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El espectáculo de la expulsión de Belén Esteban: Telecinco pone un cuenta atrás en pantalla

9:28 - Autor:

GH VIP. La expulsión, grita una esquina de la emisión de Telecinco. Debajo, un reloj contando los segundos que quedan para la gala en la que puede salir Belén Esteban de la casa de Gran Hermano. Será un instante que propulsará las audiencias. No necesita de grandes promociones, el público lo espera con ganas.

Es la noche del morbo por una nominación que supone una especie de juicio catódico a la mujer que ha protagonizado el culebrón de la España del cotilleo durante los últimos 15 años. Hasta creerse su propio personaje de “la princesa del pueblo”.

Ahora, el público decide. Ya no empatiza como antaño a la ex del torero que fue abandonada a su suerte con una niña en brazos de nombre Andreita. Los espectadores fieles a la telerealidad, y ansiosos de reinos caídos, pueden expulsar y creen estar dando una lección a la mujer que se creyó su fama, su magnetismo para subir la audiencia e incluso su importancia en Telecinco.

E importancia en Telecinco sigue teniendo. No obstante, parte del gran éxito de esta edición del reality es gracias a su arrolladora presencia. Se olvida de las cámaras por completo  y no cae en la cuenta de que no está en el salón de su casa. De ahí que hasta se atreva a dudar, mientras friega los cacharros, de que Paolo Vasile (mandamás de Telecinco) permita “que me echen”. Es la fuerza de la espontaneidad  de barrio que ha hipnotizado a una gran parte de la audiencia.

Pero Telecinco no se conforma con sólo un buen número de share. Que lo tendrá. Quieren romper la cuota de pantalla con un dato histórico. Y han creado un acontecimiento de la expulsión, que será un punto de inflexión de los 15 años de este folletín de la realidad que hace tripas del corazón. De ahí esa cuenta atrás que se mantiene en pantalla y que recuerda que es ‘la gran noche’. Porque en Mediaset son expertos en generar acontecimientos que sitúan a la emisora en el epicentro de la actualidad. Una cadena que puede gustar más o menos pero consigue una máxima del éxito instantáneo: estar en boca de todo el mundo.

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La involución de los Oscars en su química con las redes sociales

25 febrero 2015 - 16:47 - Autor:

48 horas después de la ceremonia, los Oscars 2015 ya han sido olvidados. La gala menos vista desde 2008, congregó poco más de 34,6 millones de espectadores frente a los 40,2 millones de seguidores del año anterior. Los norteamericanos pasan página de una gala muy mejorable, que ha supuesto una involución en el uso de los nuevos lenguajes audiovisuales en un espectáculo de estas características y, sobre todo, en el manejo de las redes sociales. Empezando por su propio presentador, Neil Patrick Harris, que hizo un uso sibarita (o un no uso directamente) de su propio Twitter, con casi 14 millones de seguidores.

Harris sólo promocionó la gala unas horas antes. Y desapareció. Pero esta actitud en los tiempos que corren es contraproducente. El maestro de ceremonias huyó de las redes y se centró en la presentación tradicional televisiva, donde sólo destacó su actuación musical inicial, con su portento de voz, y su salida en ropa interior a escena.

En cambio, DeGeneres, además de trasladar el lenguaje de las redes al propio show televisivo y romper los esquemas de la tediosa ceremonia de entrega de premios, utilizó constantemente sus redes sociales durante el sarao. Compartió sus nervios, sus inquietudes y vivencias con sus seguidores. En definitiva, reinventó la gala y la aproximó a la gente.

Así, la show-woman no dudó en realizarse selfies con artistas que se encontraba en la trastienda e incluso mostrar bambalinas con su móvil. Estos instantes sólo se vieron exclusivamente en sus redes sociales. Hablaba de tú a tú al espectador, una audiencia que sentía que podía escribirle, directamente, con sólo un clic. Y millones de personas lo hicieron. Escribieron a Ellen, como si la conocieran en persona.

Fue la otra retransmisión de los Oscars. Este año no hubo nada de eso. Diferentes formas de entender las redes sociales. Sin embargo, anfitrión de los Oscars ya no puede dar la espalda al universo de Internet, pues es una ventana crucial más para una ceremonia de estas características. Porque las redes no son una herramienta sólo para hacer spam y dar las gracias, también son un poderoso altavoz donde generar contenidos propios y aproximarte con fuerza al público.También en los Oscars.

EL CASO DE CANAL PLUS

En España, Canal Plus apostó por hacer ruido en Internet a través de un trending topic, #AquíhueleaOscar, pero podía haber aprovechado este acontecimiento, del que dispone los derechos en exclusiva, para potenciar su identidad en las redes, donde su imagen de marca pasa más desapercibida en tiempos claves para la fidelización de abonados de la televisión de pago.

En este sentido, probablemente, habría sido una buena opción emitir gratuitamente online su versión canalla de los Oscars, que ocupó una frecuencia de la plataforma Canal Plus. Allí, en un dial perdido, se produjo una retransmisión, en directo y paralela, de la gala con cinéfilos, seriéfilos, tuiteros y periodistas. Sin mostrar señal oficial del sarao, solo centrándose en los delirios de estos personajes entregados al tío Oscar desde los cines de Callao se podía haber hecho más ruido.

Generar contenidos propios gratis y extras en Internet no se debe ver siempre como gasto a fondo perdido: es una buena oportunidad para ampliar horizontes, potenciar la personalidad propia del canal y ganar nuevos clientes.

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‘El Ministerio del Tiempo’, una serie para derribar prejuicios sobre la ficción española

2:19 - Autor:

  • ‘El Ministerio del Tiempo’ se ha estrenado ayer con un buen 14,8% (2.981.000) para la media actual de TVE, pero no ha podido con el suspense de ‘Bajo Sospecha’. La serie de Antena 3 ha mantenido su fortaleza con un 19,6% de cuota (3.909.000).

Vivimos en tiempos de clichés. De titulares efectistas. De etiquetas rápidas. Y muchas veces a nuestras cadenas y a nuestras productoras se les acusa de ir a rebufo de los norteamericanos en materia de ficción. Hospital central era la Urgencias española. Acusados, nuestra Damages particular. Sin identidad es la Revenge patria. Y tantos ejemplos. Sin ir más lejos, pronto Antena 3 estrenará Vis a vis, una serie con una cárcel de mujeres como la de Orange is the new black.

Pero entre tanto sucedáneo, nuestro rico curriculum en ficción demuestra que hay mucho más producto auténtico que “inspirado”. De Anillos de Oro a Chicas de hoy en día. De Verano Azul a Cuéntame. De Curro Jiménez a Celia. Nuestras mejores historias, aquellas que se quedan marcadas en la memoria, son esas que radiografían nuestra propia historia de manera genuina. La de un país que no se parece a ningún otro.

Y, en este contexto, TVE estrenó ayer El Ministerio del Tiempo, que llega para formar parte de esa estirpe. No es una serie de época. Es más que eso. Es ciencia-ficción que nos adentra en nuestra idiosincrasia. ¿Viajes en el tiempo e Historia de España? Sí, es posible. La nueva serie de La 1 narra una aventura fantástica que juega con hechos relevantes de nuestro larga historia. Un ministerio del tiempo que salvaguarda el pasado a través de puertas mágicas que trasladan a otras eras a los funcionarios elegidos. Para que estemos a salvo en el presente. O algo así.

Y la ficción conquista la emoción del espectador que la descubre, porque cuenta con unos personajes empáticos, desarrolla misterios autoconclusivos y transversales y cuenta con mucho humor despierto, donde no faltan los guiños que despiertan tantas complicidades y sonrisas en la audiencia. Incluso aparece Velázquez realizando retratos robots para descubrir a infiltrados.

El Misterio del Tiempo, por tanto, es una buena idea. Un ejercicio que conjuga la aventura clásica con el coqueteo de la divulgación de hechos relevantes del pasado de nuestro país. Coqueteo, pues el tratamiento es ligero. No es un documental ni tampoco una serie densa, es un producto de entretenimiento en manos de unos guionistas (Pablo y Javier Olivares) que conocen la importancia de unas tramas amenas para un prime time generalista, sin demasiados complejos pero nunca cayendo en el ridículo. Y los juguetones guiones se convierten en imágenes con una puesta en escena a la altura. Especialmente currada está la presentación del Ministerio, con su enorme escalera de caracol y sus múltiples puertas al pasado. Geniales ese acueducto de Segovia aún en obras y esas Meninas recién pintadas.

Rodolfo Sáncho, Aura Garrido, Nacho Fresneda, Jaime Blanch y Cayetana Guillén Cuervo lideran un reparto de actores solventes y en su punto, dando vida a unos funcionarios que cuidan de su país pero también charlotean mucho entre cafés, que para eso son funcionarios. Estamos, en definitiva, ante una serie digna y un ejemplo de ficción idónea para una televisión pública. Ahora sólo falta que estos funcionarios del tiempo viajen a algún punto pasado y nos devuelvan el resto de la TVE que echamos de menos.

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‘Velvet’ cierra segunda temporada con máximo de audiencia: el triunfo del folletín de lujo

24 febrero 2015 - 12:07 - Autor:

Las Galerías Velvet cerraron anoche su temporada sin rebajas. Máximo histórico para la serie de Antena 3 y Bambú Producciones con un 24,7 por ciento de share y 4.607.000 espectadores.

La ficción de más éxito de Atresmedia cierra etapa demostrando que ha sabido dar en la diana con una producción que crece en los parámetros clásicos de las eficaces novelas de Corín Tellado. Una narrativa que, bien consumada, nunca falla y que otorga un plus de romanticismo si se recrea en otra época. En este caso, mediados del siglo XX, un tiempo que Madrid era más triste, más gris y, sin embargo, la ficción nos lo convierte en más glamouroso, más romántico, más espectacular. Gracias a la fotografía, la banda sonora, el vestuario, la puesta en escena y la luminosidad de cuento con cierto grado aspiracional.

Porque Velvet es un Amar en tiempos revueltos de lujo. Y eso no es malo, al contrario. El guion ha estado perfectamente engrasado para conquistar las grandes audiencias. Con un amor imposible principal (gracias a una pareja, Paula Echevarría y Miguel Ángel Silvestre, que interpreta el romance frustrado central y, al mismo tiempo, vende publicidad), y con un nutrido grupo de grandes secundarios que brillan especialmente (en esto son especialistas en la productora Bambú), incluso haciendo sombra a los dos protagonistas. Sin olvidar la eficaz lucha de clases, los malos de culebrón, las conspiraciones económicas y la felicidad en forma de esa boda que todas las espectadoras de la serie querrían vivir. 

Y es que, de nuevo, Velvet cerró etapa en boda. Terminaron en alto con el sí quiero entre Pedro y Rita (y alguna otra cosa más donde no haremos spoiler). El objetivo conseguido. Triunfó la historia, el trabajo de guion, dirección, realización y actores. Una factura impecable, donde destacó esa emoción más ñoña que es hábil entremezclándose con el luminoso humor que otorgan personajes como el de Cecilia Freire. También Adrián Lastra. Triunfó el amor, aunque sólo fuera un ratito.

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‘Alaska y Segura’, la explosión de la televisión ‘trending’

4:49 - Autor:

Los Estudios Buñuel iluminados. Un gran photocall en su entrada. El periodista Carlos del Amor cubriendo la alfombra roja del hall de uno de los complejos más míticos de nuestra historia del cine y la televisión… Parecía una imagen de otra época, pero no, sucedió anoche mismo. La 1 de TVE estrenaba Alaska y Segura, formato heredero de Torres y Reyes y Alaska y Coronas.

Tras las buenas críticas de sus anteriores ediciones en La 2, el espacio ha dado el salto a La 1 manteniendo su esencia original. Un cabaret en vivo y en directo con un plató de televisión como protagonista en su máxima expresión. Sin prácticamente decorados, con las paredes de ladrillo al desnudo, Alaska y Segura supone un oasis en una primera cadena que ahora mismo ha dado un vuelco hacia un universo monocolor, espantando al público, justo lo contrario de lo que debe ser una televisión pública. En sistemas en los que parece complicado salirse del guion, este programa dirigido por Santiago Tabernero, ejemplifica la televisión que no es obvia, que apuesta por la conversación, el espectáculo y las ideas. La televisión en la que todo puede pasar.

No es un formato transgresor. No es un formato independiente. No es un formato de varietés. Es un programa trending, nuevo término que define la televisión que explosiona en la experiencia colectiva del acontecimiento que “está sucediendo, lo estás disfrutando”, lo veas en directo o en rigurosa ‘emisión a la carta’, lo comentes en Twitter o lo inmortalices en Instagram. Y ese es un camino ilusionante para TVE. Un camino ilusionante pero no del todo nuevo.

Porque esa televisión trending es trending al aprender de su historia. De hecho, mitifica e idolatra su propio pasado aunque, al mismo tiempo, con la vista puesta en el futuro. Cuidando las formas y el fondo. Experimentando con los lenguajes de la vida moderna, observando la creativa trastienda de la sociedad y dándole voz en la televisión pública que también debe ser eso: un laboratorio para la innovación, la vanguardia, el riesgo y la divulgación del hoy. Como se consiguió antaño en aquellos programas que nos hicieron querer como queremos a la televisión: Directísimo de José María Íñigo, La edad de oro de Paloma Chamorro, Ahí te quiero ver de Rosa María Sardá, Cajón desastre de Miriam Díaz Aroca, Viva el espectáculo con Concha Velasco o Esta Noche de García Tola y presentado por Carmen Maura. Alaska y Segura bebe de este espontáneo ADN televisivo. Incluso arrancó con la propia Carmen Maura, que entró en el estudio en un descapotable con el glamour que merecia la ocasión. La actriz regaló una entrevista hipnótica y un inmejorable arranque.

Fue lo mejor de una emisión en la que brillaron la iluminación, la escenografía y la realización. Apostando, además, por narrativas rompedoras. Sin necesidad de presentaciones encorsetadas entre las diferentes actuaciones, como el performance que se marcaron La Joven Compañía o el cierre musical de Najwa Nimri al piano con Carlos Jean. Ahora el programa necesita el lógico rodaje. La apoteosis del final fue descafeinada y, a diferencia de las etapas anteriores, la pareja de Santiago Segura y Olvido Gara comparten, en todas las secciones, un mismo protagonismo que aún está por graduar en este particular show en el que es un valor añadido ser rabiosamente subjetivo pero, a la vez, es peligroso parecer excesivamente endogámico.

En una TVE sin publicidad y, por consiguiente, donde no debe ser prioritaria la batalla de las audiencias (ayer el programa alcanzó un 6% de cuota y 512.000 espectadores), Alaska y Segura es una esperanzadora alternativa en el camino hacia una TVE que sí resulte competitiva en contenidos con personalidad propia y abiertos al espectáculo de la curiosidad. Alaska y Segura es una televisión que desafía la inteligencia del espectador. Te puede gustar más o menos, pero el programa es una búsqueda constante de ideas y cuando menos te lo esperas puede aparecer algo que incluso encante a sus detractores.

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Siete parecidos razonables entre los Oscars y los Goya 2015

23 febrero 2015 - 7:18 - Autor:

Los norteamericanos son maestros en eso de realizar ceremonias de premios. Para algo son los pioneros. La receta para el éxito: no se dejan deslumbrar por la improvisación, conocen la importancia de tener todo medido al milímetro. Así, el sarao se ensaya minuciosamente y se piensa para la televisión, no para el ombligo de la industria cinematográfica. No dejan nada a la casualidad, salvo una clave: la espontaneidad que surge de cada momento. Y esa espontaneidad surge más en unas galas que en otras…

Después de la resaca del año de Ellen DeGeneres, una experta show-woman de la pequeña pantalla, este ha sido el año de Neil Patrick Harris. Es un actor todoterreno que ha hecho cine, teatro y televisión, con especial destreza para lo musical, como ha demostrado presentando los Premios Tony. Su estilo como maestro de ceremonias ha estado, por tanto, a medio camino entre el humor, lo cantado y las coreografías. Lo hizo en unos Oscars 2015 con los que nos podemos comparar. A nuestra manera.

Estos son los siete parecidos razonables de tío Oscar y tito Goya. En este 2015, claro:

1. El homenaje (cantado) al séptimo arte.

Las dos ceremonias tuvieron su número musical de arranque. En la versión española, actores de todas las generaciones se juntaron en el escenario poniendo voz a Resistiré. En los Oscars no estaba Ana Belén, pero también hubo homenaje a la historia de su propio cine. Neil Patrick Harris hizo gala de su portento de voz a través de una coreografía coordinada con una gran pantalla en la que se proyectaban escenas icónicas. Espectacular arranque. Breve, conciso, emocionante. Moderno y, al mismo tiempo, clásico y conservador.

2. Histerismo en el control de realización.

La mala pata de un cámara. Si en los Goya se critican los vaivenes de cámara y realización, en estos últimos Oscars los norteamericanos han demostrado que, de vez en cuando, ellos también sufren algún traspiés. De hecho, se coló algún tramoyista en plano cuando no tocaba. Esperemos que no le hayan castigado mirando a la pared.

3. Miguel Poveda and friends.

Miguel Poveda no hizo un miniconcierto en los Oscars. Para eso están los Goya. Pero en la gala de Hollywood también hay (mucho) hueco para las actuaciones musicales. Los nominados a la mejor canción ejecutaron en directo su creación, con una puesta en escena ideada para cada intérprete. Siempre elegantes, con una coreografía de cámaras y luz mimada, dotando a cada tema de su atmósfera, ya sea ñoña o gamberra eurovisiva (como la de la canción de La Lego Película). También hubo una actuación de Jennifer Hudson dedicada a los fallecidos y un homenaje de Lady Gaga (¿intento desesperado de captar audiencia?) a Sonrisas y lágrimas que terminó con la aparición en el escenario de la mítica Julie Andrews,

4. Viva el dorado.

El gran plató del Teatro Dolby (antes Kodak) de Los Ángeles no es un mini auditorio de un hotel de carretera, como ocurre en nuestros premios. En eso no hay comparación posible. Pero tanto Oscars como Goyas cayeron en la decoración a lo Galerías Velvet, Mucho dorado, vamos. Eso sí, cada uno a su manera. En los Oscars saben aprender de su historia. Buscan la finura y no se quedan nublados por las grandes pantallas de leds. Al contrario, juegan con la escenografía tradicional (los fondos cambiaban, algunos espectaculares como una fachada de cine) y la iluminación en un eficaz decorado que en realidad es más sencillo y minimalista de lo que parece en pantalla.

5. La reivindicación y otros agradecimientos.

Tanto los Goya como los Oscars cuentan con premiados pelmas. Normal, hay que aprovechar ese momento irrepetible para dar las gracias a toda su familia. Aunque los norteamericanos nos ganan en instinto del show con sus salidas de tono en los agradecimientos, como ocurrió con Patricia Arquette y su reivindicación de igualdad entre mujeres y hombres o el guionista Graham Moore confesando que se intentó suicidar de pequeño porque se sentía un bicho raro. Ellos aprovechan al máximo el tiempo, pues enseguida suena la música que les invita a abandonar rápidamente el escenario.

6. Los figurantes y el patio de butacas.

Neil Patrick Harris, por supuesto, se paseó por el patio de butacas y se encontró con el star system, pero sin selfies. También bromeó con los figurantes que ocupan el sitio de los premiados para que no existan huecos vacíos si los invitados van al baño o directamente se marchan. Desveló el truco y lo jugó en el show. En nuestros Goya, sin embargo, parece que no hay presupuesto para figurantes: a medida que avanzaba la ceremonia de Dani Rovira, más y más butacas vacías se veían.

7. Desnudos por necesidades del guion.

Neil Patrick Harris salió al escenario en calzoncillos. Lució palmito durante un plano secuencia en el que se homenajeó a Birdman y también a Whiplash. Dani Rovira hizo lo propio en los Goya. Eso sí, él con la parte de arriba puesta, que ya le sacan suficiente sin camiseta en la serie B&B de Telecinco. En general, el humor de Neil Patrick Harris ha resultado más sibarita y minoritario que el de Ellen o que, por seguir comparando con lo nuestro, el de Dani Rovira.

Quizás por eso, este año la gala de los Oscar ha sido más plana y aburrida que otras ediciones recientes. Especialmente alargada es la sombra del recuerdo del año pasado, cuando Ellen DeGeneres convirtió la ceremonia en algo muy parecido a su show televisivo y logró momentazos (el selfie de estrellas, las pizzas en el patio de butacas…) que hicieron vibrar a los espectadores, colapsaron las redes sociales y, sobre todo, consiguieron que todo el mundo hablara de la gala al día siguiente e incluso los meses siguientes. Anoche, sin embargo. lo memorable brilló por su ausencia.

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Oscar 2015, la vida después del selfie… y Ellen DeGeneres

22 febrero 2015 - 2:09 - Autor:

Han pasado doce meses. La última gala de los Oscar no fue una ceremonia más. Marco un antes y un después en muchos aspectos de la retransmisión televisiva. Hoy, Neil Patrick Harris, experto en presentar con éxito este tipo de eventos coge el testigo. Impregnará al sarao de su personalidad. Aunque las comparaciones con Ellen DeGeneres serán inevitables, pues la actriz y presentadora supo conjugar, hace un año, con maestría su capacidad de no quedarse sólo en los clichés de las tradiciones e incorporar el lenguaje de la espontaneidad de la calle. Reprodujo el ADN de su talk show diario en los Oscars. No fue un error, al contrario: impulsó lo mejor del lado televisivo de este espectáculo.

Y es que, con un control absoluto del directo, DeGeneres fue más allá del guion preescrito. Reaccionó con la actualidad. Incluso, durante el monólogo inicial, bromeó con una nueva caída de Jennifer Lawrence, ocurrida sólo minutos antes en la alfombra roja. Lawrence también se cayó el año pasado, cuando salió a recoger el Oscar a la mejor actriz. “Jennifer, si esta noche ganas te llevamos nosotros el Óscar al asiento”, sentenció ágil la maestra de ceremonias.

Nada encorsetada, con una tranquilidad apabullante y brillante en su dominio absoluto de los engranajes televisivos, Ellen y su equipo de guionistas dieron la vuelta al protagonismo del teatro. Ya lo hizo en los Oscars de 2007. Pero en 2015 fue más lejos, ya que el epicentro de la gala no estuvo en el escenario. El foco se puso en el patio de butacas, donde está el verdadero centro de atención de la noche: acoge a todas las grandes estrellas de Hollywood. Y Ellen lo aprovechó. Lo jugó a su favor.

De nuevo, DeGeneres evidenció su capacidad para romper los encorsetamientos de cualquier gala, dotándola de un dinamismo extra. Sólo aparecía cuando era necesario. Sigilosa y apostando por píldoras que se basaban en informales interacciones con ese patio de butacas vivo, gracias a unos actores que entienden el instinto del show y huyen de frías corazas. Es la meca del cine.

Así, las estrellas jugaron con la presentadora que, con su naturalidad aplastante, propició impagables reacciones de actores y actrices. Hasta pedir varias pizzas familiares para que no pasaran hambre los pobres famosos asistentes. Julia Roberts se puso las botas con su porción de pizza de queso. Impagable imagen.


 
Y fue un pizzero real. Con pizzas reales. Y se las comieron. Nada de figurantes, buscaron un trabajador con una historia detrás de verdad. No se prefabricó el momento. Sólo se propició. Y, de paso, se hizo también, la no menos importante, autocrítica a una larga ceremonia donde terminan sonando las tripas de los asistentes. Esta es otra clave para triunfar con cualquier espectáculo de estas características: reírse de uno mismo y saltarse de vez en cuando la tentación de la obsesión por lo políticamente correcto.

Aunque el gran instante de la noche fue el cacareado selfie. Todavía colea. DeGeneres es una de las pioneras en aprovechar las ventajas de las redes sociales y generar contenidos propios. Para ella Twitter, Facebook o Instagram no son plataformas que albergan spam y autobombo, son una ventana más con identidad propia. Ya lo hizo en la ceremonia de 2007, cuando obligó a Steven Spielberg a disparar una improvisada foto para su Myspace… Los retratados: Clint Eastwood y ella misma. . No iba a ser menos en 2014: se pasó los Oscars 2014 con el móvil a cuestas. Realizando fotos a diestro y siniestro (bambalinas del teatro inclusive) hasta consumar una de las grandes imágenes de todos los tiempos: el selfie más retuiteado hasta la fecha con rostros como Meryl Streep, Julia Roberts, Brad Pitt, Kevin Spacey, Jennifer Lawrence, Lupita Nyong’o, Angelina Jolie o Liza Minelli saltando por detrás.

Los millones de tuiteros que vieron la gala, con sólo un clic, pudieron interactuar con la foto colgada por la propia Ellen. El público se convertía en partícipe al retuitear la instantánea. No quedó ahí el efecto. Al día siguiente, los memes se multiplicaron. Los usuarios de las redes sociales participaban, de esta forma, también con su creatividad en los Oscars. Aunque fuera manipulando y deformando la famosa autofoto. De ahí que la gala perdure en el tiempo gracias a ese icónico momento para la televisión. No fue una gala más.

Y todo mostrado con una transparente y milimetrada realización y una puesta en escena que no se contaminó por la moda de las clónicas grandes pantallas de Leds, que hacen que todos los programas se vean iguales. El decorado mezclaba proyecciones con ornamentos tradicionales, de plástico y cartón-piedra, donde la luz era fundamental para transmitir ese glamour de las grandes galas de premios. Iluminación que iba variando durante la noche para engrasar cualquier resquicio de monotonía visual.

Ellen y su equipo captaron la esencia de la tradición de los Oscar, sí, pero también terrenalizaron la ceremonia. Ese el factor del gran éxito. Ahí está el antes y el después. Porque el glamour no es incompatible con ver a Julia Roberts comiendo un trozo de pizza, probablemente ya fría. Todos tenemos hambre, todos nos aburrimos en una entrega de premios, y los protagonistas de los Oscars cuanto más espontáneos, mejor.

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Borja Terán, editor

"Soy periodista y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en televisión. En definitiva, tele y más tele, por deformación profesional y porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo audiovisual.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

 

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