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Los Goya crecen en audiencia pero siguen lejos del récord histórico de Buenafuente en 2010

7 febrero 2016 - 12:35 - Autor:

La gala del treinta aniversario de Los Goya ha flojeado a nivel televisivo (ver crítica) pero, sin embargo, ha subido en cuota de pantalla y espectadores, logrando cosechar el mejor resultado de audiencias de los últimos años (desde las ceremonias de Eva Hache) con un 25,8% de share y 3.900.000 televidentes.

Un dato que aún está lejos del récord histórico de audiencia que alcanzó Buenafuente en 2010, cuando la ceremonia dio el salto al domingo (día de mayor consumo de televisión). Ahora, de nuevo en sábado, el mediático acontecimiento de la gala del cine español ha recuperado fieles en una edición en la que ha destacado, especialmente, la emoción de Daniel Guzmán al recoger su Goya, a la mejor dirección novel, frente a las lágrimas de su abuela.

Así es la evolución de audiencias de los premios Goya (desde que se miden con el actual sistema de audímetros). Todas emitidas por TVE, menos la primera que se dio por Antena 3:

1993: 9.3% y 1.356.000 Imanol Arias
1994: 13.9% y 2.247.000 Rosa María Sardá
1995: 17.9% y 2.128.000 Imanol Arias
1996: 23.3% y 2.842.000 Verónica Forqué y Javier Gurruchaga
1997: 29.5% y 3.544.000 Carmen Maura y Juanjo Puigcorbé
1998: 21.5% y 2.173.000 El Gran Wyoming
1999: 33.5% y 3.688.000 Rosa María Sardá
2000: 30% y 2.816.000 Antonia San Juan
2001: 29.9% y 2.925.000 María Barranco, José Coronado…
2002: 30.3% y 3.088.000 Rosa María Sardá
2003: 19.3% y 2.422.000 Alberto San Juan y Guillermo Toledo
2004: 20% y 2.112.000 Cayetana Guillén Cuervo y Diego Luna
2005: 24.5% y 3.720.000 Resines y Maribel Verdú…
2006: 18.8% y 2.305.000 Concha Velasco y Antonio Resines
2007: 20.5% y 3.282.000 José Corbacho
2008: 18.1% y 2.775.000 José Corbacho
2009: 20.8% y 3.370.000 Carmen Machi
2010: 26.4% y 4.656.000 Buenafuente (máximo histórico)
2011: 25.4% y 4.340.000 Buenafuente
2012: 23.3% y 4.156.000 Eva Hache
2013: 22.2% y 3.917.000 Eva Hache
2014: 19.8% y 3.567.000 Manel Fuentes
2014: 19.8% y 3.567.000 Manel Fuentes (menos vista desde 2009)
2015: 24,7% y 3.839.000 Dani Rovira
2016: 25,8% y 3.900.000 Dani Rovira

CRÍTICA DE LA GALA:

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Goya 2016: lo peor, lo terrible y lo mejor de una gala arrítmica

2:15 - Autor:


Tenemos un pequeño problema. Esto de la gala de Los Goya parecía que iba a mejor en los últimos años. Pero no, la gala de este 2016 ha suspendido. Desde 2010, con la primera ceremonia de Buenafuente, habíamos aprendido que lo mejor era crear un formato televisivo propio, que no se obsesionara con imitar entregas de premios americanas. Pero, en este 30 aniversario, de nuevo, la Academia se ha obsesionado con el número musical de arranque. Como si fuera una gala de galardones de teatro musical, al estilo de los norteamericanos Tony, con truco de magia incluido. Pero copiar una cosa, sin saber copiarla, es siempre un quiero y no puedo.

Hasta Dani Rovira se desvaneció del escenario, como Neil Patrick Harris en los Tony, gracias a un asombroso truco de magia de Jorge Blass. Lo malo es que ese inicio pretendía ser un gran número musico-teatral pero que, en su ejecución, no casaba con las narrativas televisivas actuales. Transmitía un espectáculo retro y no bien ensayado. Cutre, vaya. Y si no empiezas en alto, busca otra forma de empezar, porque el inicio siempre marca la pauta de la gala.
El teatro donde se celebra el evento tampoco acompaña con las condiciones adecuadas para un sarao de estas características. Un escenario muy limitado. Con una escenografía funcional y elegante, sí, que aprovecha y agranda el ajustado espacio, pero que causa indiferencia. Y es que el decorado es intercambiable. Podría ser de una gala de Eurovisión, de un Telepasión, de la gala de Nochevieja o incluso de la serie Dreamland (por el exceso, por momentos, de humo).
En lo visual, volvió a faltar más carisma, más identidad propia, más esencia de gala cinematográfica. En estos treinta años de Goyas, hemos tenido escenografías legendarias, como cuando Rosa María Sardá convirtió el Palacio de Congresos de Madrid en un plató de cine, con sus cámaras, su grúa, sus paredes de mentira, sus bambalinas.
Eso sí, la buena idea, muy a valorar, de la puesta en escena de esta edición es que se han atrevido, por fin, a retirar los atriles. No son necesarios. El público quiere ver a los premiados en todo su esplendor, con sus mejores (o peores) galas. Aunque estos no sepan donde apoyarse.
Por suerte, los monólogos de Dani Rovira pusieron cierto remedio a todos los males del extraño arranque musical a lo High School Musical cañí y a los sucesivos trucos de magia. Tras un fallo de micrófono, que dejó a Rovira en un incómodo silencio del que salió con soltura, el cómico hizo uso de su habitual arte en el monólogo para todos los públicos. Un acierto el hecho de caminar por el patio de butacas, entremezclándose e interactuando, con una gran proximidad, con los verdaderos protagonistas de la noche: los actores.
No obstante, el guion estuvo peor hilado que el año pasado y no todos los chistes funcionaron. Su punto fuerte estuvo en el entreacto, en el que Rovira intercambió pullas con los representantes políticos, los otros protagonistas de la noche.
Destacó Antonio Resines como presidente de la Academia de Cine, con su particular humor, rompiendo con los encorsetamientos de la gala aunque no precisamente innovando en su discurso. Y chirriaron eso violentos momentos en los que se cortaban de cuajo los agradecimientos de los premiados que excedían su tiempo. Especialmente violento fue el corte a Natalia de Molina, Goya a la Mejor Actriz. Detalle feo pero entendible: el escaso sentido del espectáculo de muchos de los ganadores y las gracias eternas siguen siendo el mayor lastre de esta gala en lo que al ritmo se refiere. Y, claro, luego al final hay que ir con muchas prisas por todo el tiempo que se ha gastado en la primera mitad.
En cuanto a la realización, en TVE son unos maestros. Pero no se pueden permitir llegar tantas veces tarde a los planos de reacción en el patio de butacas. No es tan complicado que las cámaras sepan dónde están sentados los protagonistas a los que va a nombrar Rovira (marcados en guion), para así evitar, por ejemplo, ese plano desenfocado de Pedro Sánchez. En eso no hay excusas.
Además, otra cosa en la que nunca aprenderemos: lo feos que quedan esos planos con butacas vacías alrededor, de gente que se ha ido, está en el baño o presentando premios. ¿Tanto cuesta llenarlas con figurantes como hacen los americanos?

Pero sí que la emisión visual ha sabido salir airosa a nivel general, a pesar de constantes problemas de sonido y las limitaciones del caos que supone realizar la gala en el espacio de un teatro que no es un teatro: es un salón de actos de un hotel en el quinto pino. Perfecto para una convención de ejecutivos, no para un espectáculo televisivo. Y ese es un fallo, pues el cine español debería acercar más sus premios a la gente, al corazón de la ciudad, haciendo más partícipe a la ciudadanía de una ceremonia que debe huir de las endogamias de amiguetes.

Por suerte, la emisión paralela de rtve.es abrió, por segundo año consecutivo, los Goya a la gente. Lo hizo a través de los #GoyasGolfos, una retransmisión pirata que refleja el lado más lúcido y gamberro de la cadena pública: consciente de su tiempo, interactuando en directo con los espectadores, aprovechando las posibilidades de las redes sociales y realizando una contra-retransmisión sin miedo a saltarse los límites del extremismo de lo políticamente correcto, atreviéndose a hablar con una complicidad apabullante con el espectador. En definitiva, jugando con la televisión.
Y ese es el mejor porvenir de los Goya: jugar con la televisión para acercar el cine rompiendo con los convencionalismosde unas galas de premios y sobre todo en años como este, en el que las películas nominadas no eran precisamente las más taquilleras o conocidas por el público.Faltaron, por tanto, momentazos, espontaneidad, ironía, emoción (¡menos mal que estuvo Daniel Guzmán tan a flor de piel!) y, sobre todo, sorpresa. Son los ingredientes necesarios para atrapar al espectador independientemente de que haya visto o no los títulos nominados. Y este año el menú ha vuelto a saber soso, nada compacto y olvidable. Los Goya han cumplido treinta años, pero aún parecen adolescentes inseguros con mucho que madurar.

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Cómo salir airoso al agradecer un Goya (en 4 sencillos pasos)

6 febrero 2016 - 4:24 - Autor:

Ya están aquí. Los premios Goya celebran su 30 aniversario. Un show televisivo con el enemigo en casa: la ceremonia se eterniza por la extensa duración de los agradecimientos de los premiados, que, en demasiadas ocasiones, invitan a la desconexión de la audiencia.

Pero es un problema con fácil solución. Porque atención, nominados, estas son las reglas básicas para salir ileso de la recogida del premio de una ceremonia como los Goya.

Nada de chuletas. Prohibido sacar eternos folios manuscritos y ponerse a leer el texto como si estuvieras dictando en el colegio. Déjate llevar. Sin guion, sin red. Leer es la antitelevisión. Apuesta por ser tu mismo.

- Evita pasar lista. No te obsesiones en repasar el nombre de todos los parientes. Erradica enumerar el árbol genealógico de tu familia. No te eternices en tópicos e intenta compartir sensaciones personales desde la naturalidad y no desde el compromiso. Que la gente se emocione contigo, con tu vivencia, con tu verdad.

- Sé breve. No hay nada peor que un agradecimiento que se estira de forma gratuita. No des rodeos, huye de los eufemismos.

- La espontaneidad es lo primero. No te preocupes si te pones nervioso o te saltan lágrimas. En televisión, la imperfección es mejor a esa impoluta solvencia que es mucho más olvidable. Así que entierra los miedos al qué dirán en casa, rompe las corazas y disfruta del instante. Con tus peculiaridades e incluso, si te sale, hasta con tus delirios. Porque, sobre todo, debes recordar que es un minuto único. Es un momento especial, vívelo. Olvídate de estrategias. Confía en tu personalidad propia.

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4:09 - Autor:

Esta noche, Los Goya celebran sus 30 años de vida. Tres décadas de la gran gala de premios de cine español. Una emisión que rompe las audiencias, pero que también suele despertar un aluvión de críticas. Son las consecuencias de esa especie de sindróme de inferioridad que nos persigue. Sin embargo, Los Goya nos han regalado grandes instantes para la historia. Y es que la memoria no siempre es justa:

1. La primera alfombra roja, glamour en pleno corazón de la Gran Vía

2. El golpe de efecto de Pedro Almodóvar para romper su particular muro de Berlín con Carmen Maura (1990)

3. Rosa María Sardá, la maestra de ceremonias más recordada. Sus presentaciones fueron sublimes (1994/1999/2002)

4. Ana Belén y Miguel Bosé cantando ‘Tómbola’, con beso final, en la gala que dirigió Pilar Miró (1997)

5. El rap de Resines. Nos marcó (2012)

6. El robot copresentador (1991)

7. El cine canta cumpleaños feliz a un príncipe llamado Felipe (2000)

8. La fiesta (musical) del 25 aniversario de la gala, desde el icónico Palacio Real (2011)

9. Eva Hache y su corrosivo monólogo. Humor en estado puro (2013)

10. El tiroteo a Buenafuente de 2010. Los Goya más vistos de la historia

11. No a la guerra (2003)

12. Cuando se inundó (virtualmente) el escenario (2010)

13. Con Concha Velasco todo brilla más (2001)

14. El cine resistió (2015). Los Goya, también.

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Los problemas de la última edición de Gran Hermano VIP

5 febrero 2016 - 9:28 - Autor:



Gran Hermano VIP
es un éxito de audiencias. Pero la sombra de la pasada edición es alargada y favorece la percepción de que esta temporada tiene menos tirón. Sin las salidas de tono de Belén Esteban, Víctor Sandoval e Ylenia, la casa de Guadalix de la Sierra se siente más vacía y, sobre todo, menos identificable por parte del espectador fiel de Telecinco. Porque, a nivel televisivo, este Gran Hermano está sufriendo cuatro problemas para crecer en espectadores.

1. ¿Sálvame o Gran Hermano?

La presencia de determinados perfiles, como Laura Matamoros, genera más contenidos para Sálvame que para el propio el reality. Telecinco siempre intenta arrastrar contenidos de un programa a otro, pero en esta edición de GHVIP, la endogamia puede a llegar a excluir a un tipo de público que no sigue las tramas diarias del programa de Jorge Javier Vázquez y Paz Padilla. En ocasiones, surgen más tramas para comentar en Sálvame que para vivirlas realmente dentro de la casa.

2. La saturación

El equipo de Gran Hermano es hábil a la hora de generar pruebas y giros dramáticos para que los internados en la casa no caigan en la aburrida monotonía. Lo malo es que GH se ha transformado en el programa comodín de Telecinco. Ocupa varios prime time. El reality debe rellenar 4 horas en 3 noches a la semana. Y esta edición no tiene material para hacer interesantes tantas horas. Como consecuencia, las tramas se diluyen. No hay suficientes momentazos en la convivencia y se nutren de mucho relleno. Esta paja diluye el interés del espectador, que necesita un vaivén constante de frenéticos vuelcos en el culebrón para que su atención no decaiga.

3. Expertos en tele-realidad

Rosa Benito era una de las bazas del programa. Heredera natural de Belén Esteban. Sin embargo, cuenta con una contraindicación: ya venía demasiado experta en tele-realidad, pues participó en Supervivientes. Pero ahora su comportamiento no es como en la isla de los náufragos, sino que controla y calcula mucho más la situación. Lo mismo pasa con Liz, tan curtida en las trampas para propulsar el share en televisión, que es difícil creerse nada de lo que hace. El público de Telecinco desconfía de estrategias, se identifica menos con personajes que andan faltos de un temperamento espontáneo que se olvide, de verdad, de las cámaras. En la anterior sí hubo muchos concursantes (con Belén Esteban a la cabeza) totalmente fuera de control, por eso resultó más auténtica.

4. Vips que no son vips

La empatía, en su máximo esplendor, escasea en GHVIP 2016. Cuesta que alguien te caiga bien. Y además hay famosos que no son famosos ni para los más fieles de Telecinco. Ese es otro problema. Las cadenas saben que pueden fabricar celebrities en tiempo exprés y con las tramas adecuadas, pero a esta edición no le está resultando nada fácil crear personajes que den verdadero juego durante la semana o en las galas en directo. Todo es, sencillamente, soso, aburrido, olvidable.

Telecinco se ha asentado como la cadena de la tele-realidad y sus fieles no faltan a la cita. Están ahí casi por inercia. Pero este Gran Hermano VIP no tiene la misma fuerza mediática y social que el anterior, no genera filias y fobias, no provoca conversaciones en la calle ni da para vines, memes y gifs que circulen por la red. Y esto último, hoy en día, es esencial.

GHVIP sigue infalible para mantener la media de Telecinco pero es un fracaso en eso de hacer ruido. Más bien, está transcurriendo en completo silencio.

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El emocionante primer plano con el que ‘Cuéntame’ ha despedido a Toni Alcántara

1:09 - Autor:

Con un emocionante y largo primer plano, lloroso y pensativo, el personaje de Toni Alcántara se ha despedido de Cuéntame cómo pasó en un avión rumbo a Londres.

El hijo mayor, el periodista de vocación, que tantos quebraderos de cabeza ha dado a la familia en los últimos años, ha tenido que escapar para salvar su vida, tras sumergirse en una complicada investigación de los GAL.


 
Nada volverá a ser lo mismo para los Alcántara desde este angustioso final de enero de 1984 en el que ha partido Toni. Desaparece, por tanto, uno de los pilares de la serie.

Después de 15 años trabajando frente a las cámaras de Cuéntame, Pablo Rivero ha decidido abandonar la producción de Ganga para seguir avanzando como intérprete en otros proyectos.

Porque Cuéntame ha sido para Rivero una especie de Boyhood, esa premiada película en la que filmaron el crecimiento de un niño durante doce años. A Pablo también le hemos visto crecer, de adolescente a adulto, de  actor novato (en plena edad del pavo) a actor consolidado y con recursos dramáticos.

Y se ha ido, y esa marcha ha dejado unos de los episodios más emocionantes de la ficción más longeva de nuestra televisión, incombustible, que avanza hacia al futuro sobreviviendo al implacable paso del tiempo de los audímetros, sabiendo evolucionar con inteligencia de la mano de su propio público y la historia de España.

Y, esta noche, una vez más, Cuéntame ha realizado ese poderoso retrato de nuestro reciente pasado. Un retrato que ninguna serie actual se atreve a realizar sobre nuestro convulso presente.

@borjateran

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50 años del estreno de ‘Historias para no dormir’: así nos aterrorizó Chicho Ibáñez Serrador

4 febrero 2016 - 3:09 - Autor:

Un 4 de febrero como este, pero de 1966, aparecía Narciso Ibáñez Serrador en aquellas emisiones, en blanco y negro, de Televisión Española. Era el presentador de su propia ficción, Historias para no dormir.

Si Alfred Hitchcock introducía su Alfred Hitchcock Present, Chicho hacía lo propio, dando paso a cada capítulo con un hipnótico prólogo. Porque Chicho siempre ha sido nuestro Hitchcock particular.

Y se lo pasaba muy bien presentando cada episodio, pues el mítico realizador de TVE reunía cuatro claves para traspasar la pantalla: las habilidades comunicativas del carismático maestro de ceremonias (siempre tuvo alma de actor), el malicioso instinto del guionista perverso, cierta capacidad autocrítica y una buena dosis de humor negro, infalible en televisión para dar en la diana de la complicidad con el espectador.

La imaginación de Chicho Ibáñez Serrador iba más allá de los miedos de manual. Sabía que las limitaciones estaban para saltárselas o, en su defecto, esquivarlas. Y en esa habilidad para inventar a través de los resortes clásicos del género del terror siempre ha estado latente toda su obra, tanto en ficción como en programas, enriqueciendo cada historia con un magnetismo perenne. Porque, ya sea una película, una serie o un concurso (o hasta en un espacio de recetas de cocina), la meta es la misma: narrar una historia con carácter y buenos giros dramáticos.

Chicho fue un adelantado a su tiempo. Un visionario. Él inventaba la televisión. Experimentaba con sus engranajes. Y creaba estampas sin fecha de caducidad. Ya el logotipo de Historias para no dormir era una escalofriante (y reconocible) imagen de marca redonda: la puerta a contraluz abriéndose, con su chirrido y con su grito seco final. Una carta de presentación que había llegado para quedarse en la memoria colectiva.

Entonces no había demasiados medios, pero la falta de presupuestos no era un obstáculo ni excusa (como ahora). Desde los rudimentarios estudios de TVE de la época, desde el corazón de un recién inaugurado Prado del Rey (no en el Paseo de La Habana), Serrador evidenció su maestría para engarzar unas tramas que funcionaban a la perfección gracias a un ingenio al que no empalagaban las truculencias.

Chicho, que firmaba los guiones con el seudónimo de Luis Peñafiel, consiguió disimular esa escasez de medios para explorar en la química entre los elementos teatrales y los lenguajes de una televisión que se construía al mismo tiempo que un ingenuo público la iba descubriendo.

Y acertó. Pues creó unas historias con una textura inmortal. La primera ‘El cumpleaños’, adaptada de un relato de Fredric Brown. Después vendrían  otros episodios como ‘La Alarma’, ‘El último reloj’, ‘El Muñeco’, ‘El extraño Sr. Killerman’, ‘El Museo de Cera’, ‘El Doble’, ‘El Tonel’, ‘El Pacto’, ‘El Cuervo’, ‘El Asfalto’ (con escenografía de Mingote y premiado con la Ninfa de Oro de Montecarlo en 1967) o ‘La Pesadilla’, cintas que siguen aterrorizando aún hoy. Incluso el envejecimiento de la grabación genera una experiencia más turbadora en el espectador. Es la televisión que no envejece en su concepción. El motivo: cuenta con una mirada tan incontestable que la forma de ejecución de determinadas ideas de Serrador sigue siendo vanguardista cinco décadas después.

La sombra alargada de Narciso Ibáñez Serrador deja en evidencia que hay que disfrutar del terror, sí, pero sin aterrorizarse cuando toca experimentar con la inventiva. Y eso, en 2016, nos pasa demasiado.

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‘A mi manera’: las fiestas aburridas entre cantantes existen

3 febrero 2016 - 12:58 - Autor:

No ha logrado superar el diez por ciento de share. Pero tampoco ha sido un mal estreno para La Sexta, tercera opción de la noche y congregando a más de 1,5 millones de espectadores (8,4 por ciento de share). A mi manera ha llegado, por tanto, correcto al canal verde como un nuevo docushow con la música como gran protagonista.

Una idea poderosa: grandes de la música española reunidos en una lujosa casa rural para dar riendas a su talento y homenajearse entre sí, a través de versiones de temas de sus compañeros.  A primera vista, puede parecer que será una apoteósica fiesta entre artistas dejándose llevar por su arte. Pero no.

Este martes, la primera oda ha sido para Mikel Erentxun. A su lado conviven, al borde del mar, Marta Sánchez, David DeMaría, Antonio Carmona, Nacho García Vega, Manolo Tena o Sole Giménez, que, por momentos, parece una presentadora al uso, pues lleva la batuta de las entrevistas a los diferentes intérpretes en modo imitadora de Isabel Gemio.

Y ese es el problema televisivo del programa: transmite artificio. A mi manera no logra contagiar reunión de amigos. Alguno incluso da la sensación de que está posando a cámara en plena grabación (Hola, Marta Sánchez). No están relajados. Nada.

Tampoco ayuda un montaje de imágenes que fuerza la narración de determinadas historias con tintes dramáticos de la vida de los protagonistas (Erentxun habló de problemas de salud superados, entre otras cosas). A mí manera no surge con naturalidad, la emoción se introduce de forma prefabricada en la edición. Como si un redactor hubiera dicho: “ahora cuenta una historia emotiva, Mikel, dale”.

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El casting ha ido directo a por la nostalgia del público de La Sexta. Un programa perfecto para aquellos que vivieron (y sintieron) la mejor música de los ochenta, pero tal vez se podría haber equilibrado el elenco de artistas con otros perfiles de cantantes que desengrasara la intensidad de la fingida convivencia. Ellos probablemente son así de intensos, pero siempre se puede meter otro perfil que propicie un poco más de variedad y que contagie su distensión en el resto del personal.

Una intensidad que también ha frenado, en el estreno, las posibilidades de las versiones musicales de los temas de Erentxun, que realizaban sus compañeros. Una vez más, faltó diversidad que enriqueciera el programa, todas sonaban muy parecidas.

Una buena noticia que grandes estrellas de la música regresen al prime time. Una buena noticia que La Sexta apueste por este concepto aunque, en el fondo, no deja de ser una oportunidad perdida. Porque la mejor televisión es la que no necesita meter sensibleras historias de emoción con calzador, la mejor televisión es la que todo fluye con complicidad. La música, el sentimiento, la intimidad, el oficio, la amistad y la pasión. Y en A mí manera están míticos de la música pero terminan irradiando la misma verdad que en esos minutos musicales que emiten las cadenas a las 4 de la madrugada.

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‘Super Shore’: la secuela de ‘Gandía Shore’ echa de menos a Ylenia

4:46 - Autor:

MTV lo ha vuelto a hacer. La saga ‘Shore’ ha crecido. Ahora la cadena de vídeoclips musicales, que ya casi no emite videoclips musicales, ha optado por ampliar la fórmula y fusionar sus dos versiones más exitosas en lengua española: Gandía Shore y Acapulco Shore.

Tras frustrarse la idea de realizar el reality en Ibiza, con la indignación de la isla (y casi cierre de fronteras), los de MTV se han sacado de la manga una versión “súper” sin denominación de origen clara. Resultado: un nueva temporada que de nueva tiene más bien poco.

La fiesta, la noche, las peleas de barra de bar y los calentones son el centro de atención de este show con mucho cuerpo listo para la desnudez tras horas de gimnasio y, sobre todo, rayos UVA. De hecho, hasta en las declaraciones desde el set de entrevistas los participantes van descamisados. Y es que en eso consiste el éxito de la factoría shore: calentar las hormonas del personal y propagar el mensaje de que lo más ‘mola’ es una buena fiesta exaltada.

Ahí se supone que está el éxito de este formato, el programa que mejores rendimientos de audiencia ha cosechado hasta la fecha en la historia de MTV España. Lo ha logrado gracias a dos tipos de público: los espectadores que ven el formato con cierto sentimiento aspiracional (sueñan con vivirlo) y aquellos que se ríen de las andanzas de los protagonistas (se reconfortan al sentirse superiores).

Sin embargo, esta nueva temporada, con la que MTV pretende amortizar mejor el programa (ya que es una producción diseñada para todo el mercado en español a través de sus dos estandartes “shore” -Gandía y Acapulco-), viene con un problema de fábrica: el casting ya no parece tan espontáneo con en la etapa original.

En SuperShore se les nota demasiado resabiados de tele. Hasta, por momentos, algo sobreactuados. El reality parece más artificial y, como consecuencia, es más complicado despertar esa identificación con parte de la juventud que alcanzaron en la primera etapa.

Está Abraham. Está Arantxa. Está Esteban. Están algunos míticos de Acapulco Shore. Pero falta el torbellino de personalidad de Ylenia, ya reconvertida en musa de Telecinco… y de las listas de éxitos.

En busca de un nuevo fenómeno como el que rodeó a Ylenia, el esperado regreso del shore español ya es una realidad. Un espectáculo televisivo repleto de momentos tan vergonzosos y dantescos como adictivos para el jugoso target de audiencia que mima MTV. Porque, a la hora de subir audiencias, el desfase no está bien para la vida, pero sí para la tele.  

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Los 7 errores ‘made in spain’ que no debe cometer Barei en Eurovisión (VÍDEOS)

2 febrero 2016 - 14:12 - Autor:

Barei ya es la representante oficial de España en Eurovisión. Su tema, Say Yay!, en inglés, ha triunfado en la (mala) final nacional de TVE (artículo sobre la gala, aquí). Pero ahora toca prepararse para Estocolmo. ¿Tiene la suficiente personalidad la canción para triunfar en Europa? A priori, visualmente, sólo destacó el baile de los hiperactivos pies de la cantante. Pero Eurovisión es un show televisivo global, donde la puesta en escena bien definida es importante para redondear una propuesta musical.

De momento, Barei debe aprender de siete errores cañís del pasado que mejor no volver a repetir. Siete actuaciones que intentaron llamar la atención del público con unas escenografías que quisieron sorprender y sólo lograron sonrojarnos.

Nada de vueltas en sillas giratorias

Dando vueltas en unas rojas sillas de oficina, como funcionarias poseídas, las Ketchup pidieron a Europa un Bloody Mary, por favor. Lo entendemos. Necesitaban alcohol para soportar esta coreografía, una de las más absurdas de la historia del festival.

Nada de trucos de magia

Con sábana incorporada. Ahora la ves, ahora no la ves. Ahora está, y ahora desaparece Soraya. Y, claro, la cantante tuvo millones de problemas en los ensayos con el equipo de realización. Las cámaras captaban ese impagable momento de Soraya arrastrándose por la parte trasera del escenario. Por suerte, no se vio en directo. Pero, definitivamente, la noche (y la sábana) no fue para ella.

Nada de cantar a lámparas

Raquel del Rosario dedicó la canción a un farol de diseño. Intentó cantar a la lámpara inerte con arrollador sentimiento, pero al escuchar los desafines la luz cogió y decidió volverse al techo.

Nada de hacer el barco

Por obra y gracia de la votación de Boris Izaguirre en el programa previo, Lucía Pérez tuvo que cantar ‘Qué me quiten lo bailao’ en Eurovisión. Lola González fue la coreógrafa. Si la cantante ya tenía trauma con la canción, encima le obligaron a “hacer el barco” en mitad del escenario.

Nada de arlequines

La actuación de Dani Diges en Eurovisión es recordada por la irrupción en el escenario de un espontáneo de cuyo nombre no queremos acordarnos, aunque si no hubiéramos sido testigos de la rapidez con la que le expulsaron, quizá el infiltrado podría haber pasado como parte del delirante numerito pequeñito. Los disfraces de los arlequines se siguen guardando en el almacén de vestuario de TVE. Pobre Espinete. No debe ser fácil convivir con ellos.

Nada de trajes venidos del espacio

D’Nash quisieron deslumbrar. Y lo consiguieron. Sus trajes espaciales de blanco nuclear se fusionaban con la iluminación eurovisiva. Lograron su cometido, aunque parecían más un anuncio de detergente.

Nada de arrancarse el vestido

Ya tuvimos suficiente con Edurne y su capa que salía volando. Nos empeñamos por reproducir efectismos rococós en el eurofestival, aunque en televisión el triunfo está en la capacidad del tema a la hora de traspasar la pantalla a través de una puesta en escena donde sobran parafernalias. Pinta a que ese será el camino de Barei.

ANÁLISIS

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@borjateran

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Borja Terán, editor

"Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

 

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