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El declive de TVE: cuando la política no entiende la verdadera esencia de una televisión pública

2 octubre 2014 - 6:00 - Autor:

Hubo un tiempo en que la programación de Televisión Española marcaba el ritmo de nuestra pequeña pantalla. TVE iba por delante en contenidos e, incluso, siempre dispuesta a arriesgar allí donde las cadenas privadas no llegaban. Pero esto ha dejado de suceder. Las apuestas de producción propia de la cadena denotan un desconocimiento de lo que significa la televisión de hoy. De T con T a La Mañana de Mariló Montero. Sólo se salvan grandes series que La 1 arrastra de anteriores etapas, como Isabel, Águila Roja o Cuéntame, y otros espacios escondidos en la parrilla, que son relegados a horas imposibles o directamente pasan desapercibidos en el mando a distancia por una pobre promoción.

TVE ha dejado de ser un referente. Y la debacle ha comenzado por sus informativos, pilar de la emisora, que han evidenciado, sin disimulo, su pérdida de independencia, su retroceso en lenguajes audiovisuales y, al mismo tiempo, su desconexión con la gente, especialmente con las nuevas generaciones. Y es que los actuales responsables de los Telediarios no se han percatado de que la sociedad ya ha conocido unos informativos no controlados por el Gobierno de turno. Y, después de esto, no hay marcha atrás. A diferencia de antaño, la audiencia no se conforma con unas noticias controladas desde un medio público. En ese caso, el espectador opta directamente por cambiar de fuente de información, pues ahora existen más vías que nunca para digerir la actualidad.

Y, claro, con unos informativos sin audiencias competitivas, a los políticos ya no parece interesarles tanto la televisión pública, pues deja de funcionar como sólido aparato de propaganda. Es más, tras retirar de cuajo la publicidad para regocijo de los canales privados, no se ha buscado un sistema de financiación fuerte, capaz de cuidar un servicio público que es más importante de lo que se quiere hacer creer a la sociedad. Con este escenario, el descrédito de TVE sigue creciendo exponencialmente y las nuevas generaciones no entienden la importancia de una televisión pública. Sólo piensan que la corporación pública es un gasto innecesario. Una terrible percepción social que a pocos parece importar.

Pero la culpa de este ocaso no es de TVE ni de sus profesionales, que ven como se coarta su trabajo periodístico y creativo. La culpa de este decepcionante panorama es de aquellos políticos que aún no entienden el sentido y significado de una televisión pública. Al contrario, muchos cargos creen, con una absoluta normalidad, que TVE debe ser propiedad del partido que está en el poder. Ni siquiera se plantean lo detestable que resulta maquillar información, pues sienten que están haciendo un servicio a los intereses de la patria… y de su partido. Ahí está la raíz de la debacle que sufre Televisión Española.

Los políticos, y los ‘expertos’ que calientan sus oídos, entienden que la cadena pública debe estar controlada por el gobierno, ya que es una prebenda que se les otorga por haber ganado las elecciones generales. Pero no, se equivocan de lleno. Aquellos políticos, tertulianos, editorialistas o analistas que piensan así crecerán el día que asuman y entiendan que una cadena pública realmente independiente, en informativos y en contenidos, será la mejor aliada para el propio Gobierno: fomentará la credibilidad de los representantes públicos y, también, fomentará un país más rico en confianza, cultura y creatividad. Quizá estas tres ‘C’ (confianza, cultura y creatividad) no interesan porque impulsan demasiados valores en la población, pero cuando lo prueben comprobarán que ese es el único camino cabal.

Justo en el momento actual, en el que los grandes países de la Unión Europea son conscientes de la importancia de una televisión pública fuerte y protegen el porvenir de las cadenas estatales, en España se tambalea TVE y se menosprecia su función. Los responsables del ente confunden el valor añadido de una emisora pública. La ven solo como un altavoz, que no se debe salir del guion preestablecido, que responde a los intereses institucionales y entierran su verdadera esencia: ser una factoría de contenidos que potencie las capacidades de un país más emprendedor, más curioso, más inquieto. Que impulse el talento, la divulgación y, también, que fomente las ideas, experimentando con la ficción, con la música, con los espacios infantiles de producción propia -los niños son el futuro al que cuidar-, con carismáticas entrevistas en prime time y con un audaz entretenimiento sin miedo a lo políticamente incorrecto.

No es problema de presupuesto, el problema es tener miedo a las ideas. TVE debe aprender de su pasado y mirar al resto de televisiones públicas. Debe ser un trampolín de la industria audiovisual que hace Marca España, multiplica la ilusión y consigue un Estado más rico. Como hacen los ingleses, como hacen los alemanes, como hacen los franceses. y como hizo TVE en otra época. Ganamos todos, también el partido del gobierno que ha de confiar la dirección independiente de RTVE a talentoso profesionales que conozcan los engranajes de este peculiar medio. Porque la televisión pública, bien gestionada y con la visión suficiente, es un motor clave para el impulso social de un país como el nuestro. Un país autocrítico, travieso, irónico, abierto, dialogante, emprendedor y valiente. Como debe ser la propia TVE, un inquieto punto de encuentro, sin complejos, donde quepamos todos y nos sintamos reflejados.

TVE, A FONDO, EN DOCE ARTÍCULOS 

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¿El fin de ‘Gran Hermano’?

1 octubre 2014 - 7:43 - Autor:

  • ‘Gran Hermano 15′ está cosechando mínimos históricos de audiencia.

15 ediciones después de su estreno, y Gran Hermano sigue siendo un acontecimiento. Aunque, ahora, más que un fenómeno televisivo es un evento internauta. Las galas propician un aluvión de comentarios en las redes sociales, llegando a superar la barrera de los 100.000 tuits. Pocos programas logran ese caudal de opiniones y/o chascarrillos. No obstante, al mismo tiempo que se produce este furor tuitero, el formato que reinventó la tele-realidad hace mínimos de audiencia en la pequeña pantalla en esta edición número quince. Este pasado domingo, hizo el peor dato histórico  de share (14,2%) a pesar de su extensa duración hasta noctámbulas franjas de menor competencia. Es un hecho: Gran Hermano ya no engancha como antes.

¿Estamos ante el comienzo del fin de Gran Hermano? Unos dos millones de espectadores se mantienen fieles a los huéspedes de Guadalix de la Sierra. Sin embargo, todo lo que sucede en la casa suena ya a reposición, aunque el formato intente reinventarse, incluso demoliendo pilares esenciales de su éxito, como el aislamiento. Lejos queda aquella primera temporada, cuando Mercedes Milá no podía manifestar ni un ápice de empatía en sus conexiones con los concursantes. Ahora, en cambio, Milá es arte y parte, lo invade todo. La presentadora es el alma del programa, su carismática espontaneidad traspasa la pantalla pero también, en los últimos programas, comienza a parecer, peligrosamente, una parodia de ella misma. Es demasiado víctima del gran personaje que ha creado. Y eso puede saturar.

Y es que ni expulsando al primer concursante en pijama, ni simulando un baile erótico, ni con Bustamante dentro de la casa, el programa logró evitar un nuevo mínimo.  Ya no hay las mismas ganas de Gran Hermano que antes. Es lógico, en televisión 15 temporadas para un formato de prime time son muchas. Telecinco se lo olía, de ahí que esta vez dejara descansar más de lo normal a su concurso estrella. Pero el descanso no ha servido de mucho vistos los resultados iniciales, así que habrá que confiar en la evolución de los conflictos entre los habitantes de la casa para aupar el share. En cualquier caso, de momento, ¿qué sentido ha tenido hacer dos galas semanales de cuatro horas si la audiencia no está respondiendo como se esperaba? ¿No sería más lógico centrar esfuerzos en hacer una sola gala los jueves y evitar un mayor desgaste y que el espectador se canse y se distancie más aún?

Son las estrategias de programación que buscan rellenar huecos en la parrilla. Y el problema es quizás que, a falta del estreno de Anclados (la telecomedia sustituta de Aída), Telecinco no tiene otro producto para emitir en la noche de los domingos y han preferido duplicar las galas antes de emitir ‘GH: El debate’, que ya se estrena esta semana.

EL FIN DE UNA ERA TELEVISIVA

14 años han pasado desde que Mercedes Milá se colocó por primera vez al frente de un show que, aunque podía parecer visualmente antitelevisivo (cámaras fijas, iluminación plana, habitaciones claustrofóbias…), se trataba de la reinvención que necesitaba la pequeña pantalla: el superformato, incorporaba casi todos los géneros en sólo un programa: culebrón, talk show, concurso, debate, espectáculo, cotilleo, sorpresa, documental y, sobre todo, realidad. Y la realidad siempre es un valor añadido en la tele.

Tenía razón Milá cuando decía aquello de que estábamos ante un ‘experimento sociológico’. No sólo porque se grababa cada movimiento de la convivencia de unas cobayas humanas. También por el modo en que el público vivía el programa desde casa. Nadie sabía aún a qué se estaba enfrentando. Nadie, ni los participantes ni la propia audiencia. Todos fuimos parte de ese experimento.

Pero, en este 2014, los concursantes están más que curados de espanto. Y la audiencia está resabiada. Recientemente, el creador de GH, John de Mol, ha dado un paso más allá y ha creado Utopía, donde los participantes son aislados en un lugar inhóspito durante un año para que creen una civilización desde cero. Porque la verdadera revolución de Gran Hermano ya no está en Gran Hermano, pasa por nuevos formato que ricen el rizo, desde otro envoltorio. Estamos ante el fin de una fórmula finita que, no obstante, ha impregnado de infinitas maneras nuestra forma de entender la televisión de hoy. Porque Gran Hermano cambió la televisión para siempre. Y ahora la pregunta es: si se acaba GH, ¿se atreverá Telecinco con Utopía?

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Así cerró Telecinco ‘Hable con ellas’: todo fue un sueño

30 septiembre 2014 - 7:23 - Autor:


Una empresa de mudanzas, compuesta por cuatro bailarines low cost, empezó a desmontar el decorado hasta introducir en un camión a las propias presentadoras del espacio. Y el camión se fue por los pasillos de los Estudios Telecinco. Suponemos que para guardar al equipo en el hangar de decorados de la cadena, donde seguro que permanecen las Mamachicho o Chechu de Médico de Familia.

Así terminó Hable con ellas, el late night más caótico de la historia. Y ahí, probablemente, estuvo su gracia: en la inconsciente guerra de egos de sus conductoras y en su palpable falta de química, algo que sembraba el desconcierto en el espectador… y en los invitados. Anoche, de hecho, el formato de la productora La Fábrica de la Tele hizo honor a su reputación de delirio incontrolable. El programa recibió en primer lugar a Toni Cantó, después vino el instinto del espectáculo de Flo y Dani Martínez -que al menos animaron el cotarro- y, más tarde, incorporó en el mismo sofá a los actores de la miniserie Hermanos, Álvaro Cervantes y Antonio Velázquez, ambos con caras de estar alucinando ante el embolado en el que se habían metido para promocionar la ficción. Una mezcla perversa que terminó siendo una fiesta de amigos desubicados en busca de la diversión un lunes de madrugada. Aunque hicieran falta unas cuantas muñecas hinchables para conseguirlo…

Finalmente, Yolanda Ramos, a través de un monólogo con el que nos hizo creer que todo había sido un sueño a lo Resines en Los Serrano, recordó los mejores momentos del espacio. Del rifirrafe de Beatriz Montañez con Bertín Osborne a la aireada marcha de José Luis Moreno del plató. Han sido seis meses de late night, con idas y venidas de presentadoras y audiencias más bien irregulares: de superar la barrera psicológica del veinte por ciento de share a bailar en torno al 14 por ciento de cuota de pantalla.

Pero justo cuando el programa empezaba a encontrar por fin su punto y su tono con la llegada de ‘la quinta’ Marta Torné y parecía que crecía la conexión entre el resto de sus compañeras, Telecinco ha decidido cancelar Hable con ellas aduciendo que no les es rentable.

Así que es hora de desmontar ese decorado del Estudio 3 de Mediaset, que probablemente será ocupado por el nuevo formato de actualidad para la noche de los sábados que capitaneará la propia Sandra Barneda. Hable con ellas, por tanto, ya es historia, al mismo tiempo que un icono de la televisión anárquica, confusa y desordenada. Dicen que puede volver, pero también dijeron lo mismo de Campamento de verano.

No obstante, quedémonos con lo positivo: si, pese a su caos, su audiencia nunca ha sido desastrosa y su impacto en las redes sociales ha resultado muy jugoso, lo que se demuestra es que la audiencia está ávida de un show de late night vivo e imprevisible que devuelva a las últimas horas del día aquel nervio excitante antes de dormir que conseguía Crónicas marcianas. Solo hay que hacerlo… un poquito mejor que “ellas”. Tampoco hacen falta millonarios presupuestos. Sólo presentadores no atados a un pinganillo (ni a sus carpetitas), invitados chispeantes, una puesta en escena atractiva… y carisma. Mucho carisma. Y funcionará mejor y de forma más continuada. No parece tan complicado.

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Tres años del cierre de ‘¿Dónde estás corazón?’: el día que Antena 3 rompió con el cotilleo

29 septiembre 2014 - 9:08 - Autor:

Tras ocho años en Antena 3, ¿Dónde estás corazón? cerraba para siempre un mes de septiembre como éste pero de hace tres años.

Concluía así uno de los programas que mayor éxito había proporcionado a Antena 3 en la noche de los viernes. Pero que, sin embargo, se fue desinflando con el paso del tiempo, a medida que Telecinco conseguía que toda la información rosa girara en torno a sus programas (y sus colaboradores). El resto de las cadenas se quedaban, por tanto, fuera de juego.

DEC cerró enviando indirectas al formato que terminó con su liderazgo, Sálvame Deluxe, el programa que les hundió la audiencia y causó su cancelación. El dardo lo lanzó Jaime Cantizano al sentenciar: “Se puede compaginar la dignidad con el espectáculo”.

Aunque, al final, paradójicamente, casi todos los colaboradores de DEC acabaron recolocándose en el Deluxe. Porque, al fin y al cabo, ambos formatos tenían el mismo ADN, sólo que ¿Dónde estás corazón? se había hecho mayor y no podía con los delirios más frescos de la versión de Telecinco.

Con aquella decisión, Antena 3 se percataba definitivamente de que no tenía sentido seguir apostando por contenidos rosas a rebufo de la cadena principal de Mediaset. Tenían que optar por otra fórmula de televisión generalista con personalidad propia, que cuidara la forma y el fondo.

Y lo ha conseguido en los últimos años con su oferta de series y programas donde la diversidad manda por encima de todo. O eso parece. Han mejorado su audiencia, aunque Telecinco todavía mantiene una base de público fiel que siempre está ahí, no falla. Y es que, en ese sentido, Antena 3 aún necesita alcanzar una audiencia más constante que se quede todo el día en su parrilla. De ahí que deba reforzar sus emisiones en directo con comunicadores que despierten empatía entre la audiencia. Más cercanos, menos exquisitos.

La franja de tarde, además de las exitosas series y los atractivos concursos, también necesita complementarse con algún formato -en directo- que sirva para potenciar la imagen de cadena viva que está también pegada a la imprevisible actualidad. Ese será un interesante reto para enganchar a más público que se identifique con la marca Antena 3. En este sentido, la cadena de Atresmedia va a lanzar pronto Los viernes al show, un gran formato que pretende recuperar el gran espectáculo de prime time con entrevistas en directo, precisamente en la franja que ocupaba DEC.

Ya tienen la imagen de televisión de calidad, ahora falta potenciar la identidad de televisión más cercana y con ese nervio que no tiene miedo a lo políticamente incorrecto, con presentadores que sean los enrollados de la familia. Porque una televisión líder también debe ser referencia en directo, evitando la sensación de parrilla excesivamente enlatada con programas que, además, se retroalimentan poco, pues, en el fondo, son muy estancos.

Porque los programas en vivo, si son cómplices, reconocibles e imprevisibles, siempre son un valor añadido en televisión.

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‘El Objetivo’ sigue la estela de ‘Salvados’ en la noche que Ana Pastor entrevistó a Artur Mas

0:47 - Autor:

  •  Risto, con Pablo Iglesias y Pedro García Aguado, superó en audiencia (14,5% – 2.823.000) a la entrevista de Pastor a Mas en La Sexta (11,4% – 2.229.000).
  • Ambos formatos adelantan a ‘Gran Hermano’ en espectadores, que hizo mínimo con 14,2% de share y 1.955.000 seguidores.

En un tren llegó Ana Pastor a Barcelona. Su programa, El Objetivo, por momentos se pareció a Salvados. Los datos y las pruebas de verificación dieron paso a un didáctico viaje que terminó en la entrevista, en directo, a Artur Mas.

Un acierto esta puntual estructura que siguió el formato de La Sexta. La edición especial del programa lo merecía para facilitar la digestión de información en el espectador. Nos mostraron el recorrido de Pastor de la realidad de Madrid a Barcelona. Primero compartió Ave con Javier Sardá, después pilló un taxi conducido por un independentista y, más tarde, tomo café con Julia Otero. Tres constructivas miradas de un mismo problema de fondo que parece que pocos están entendiendo su verdadero calado. Y, El Objetivo, supo dibujar una honesta radiografía del conflicto catalán desde una perspectiva muy interesante a nivel periodístico y televisivo.

Y llegó la entrevista, donde Pastor capeó la verborrea política de Mas. No consiguió titulares efectistas, pero sí consumó una transparente definición del momento actual que vive el President de la Generalitat. Porque Pastor tocó todos los palos. Del independentismo a Jordi Pujol. Repreguntó, insistió y propició el debate en la audiencia, para que cada uno extraiga sus propias conclusiones.

Al otro lado del mando, en Cuatro, Risto hacia lo mismo, a su manera, con Pablo Iglesias. En el sofá chester, a través de una mimada fotografía visual (y sonora), el mediático rostro de Podemos lidió con la rapidez de reflejos del publicista.

El Objetivo y Viajando con Chester, dos programas bien diferentes, con dos políticos que mueven masas. Dos líderes que están en el epicentro de la actualidad y que, casualmente, no pisan los horarios de máxima (o mínima) audiencia de TVE.

Si bien, el programa de Risto es más bien una charla despierta y provocadora que periodismo al uso. Lo que sí es periodismo es el trabajo que hizo anoche Ana Pastor desde El Objetivo. Una entrevista que era complicada y árida pero que terminó siendo directa, decidida, clara e interesante.

Una televisión privada, de nuevo, realizando un formato que ya debía haber hecho Televisión Española. En este caso fue La Sexta, no La 1. Otra realidad de este 2014: la cadena pública parece preferir no mirar al fondo del problema y quedarse en la superficie de los titulares del choque de trenes que no solucionarán el conflicto, sólo generar mayor división.

Anoche, en cambio, Pastor demostró que existe vida inteligente en el prime time. Preguntas (y repreguntas) que buscan respuestas sensatas y no titulares tácticos. Algo cada vez más habitual en nuestra pequeña pantalla. La televisión que entiende y comprende el tiempo en el que emite.

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Mr Bean, el inventor del ‘selfie’

28 septiembre 2014 - 11:03 - Autor:


Rowan Atkinson, Mr. Bean, inventó el selfie. Mucho antes de que los selfie se llamaran selfie. Lo hizo en su mítico show de humor que aunque parece que duró décadas, en realidad, sólo constó de 14 programas de sketches, pero repetidos hasta la sobredosis. Después vendrían varias secuelas y un filme, Bean (1997), que fue un taquillazo.

No obstante, Rowan entró por la puerta grande en el mundo de la televisión mucho antes de su repercusión internacional. Fue, entre 1979 y 1982, participando como actor en Estas no son las noticias de las nueve, show de entretenimiento que se llevó un Emmy y British Academy Award. Más tarde, participaría también en prestigiosas ficciones como La víbora negra o Blackadder, una de las comedias de situación más míticas de la historia de la BBC.

El cine también es protagonista de la carrera de fondo de Rowan Atkinson, que es, además, un apasionado de la Fórmula 1 y los coches de alta gama. Incluso tuvo un papel en la secuela de :James Bond Nunca digas nunca jamás. Pero, inevitablemente, Atkinson siempre será recordado como el bueno de Mr. Bean. Aquel inglés que nos sacaba de quicio con sus delirantes gags.

En los platós de televisión de nuestro país, hemos visto al cómico inglés en varias ocasiones y siempre con un cometido: promocionar sus películas. Programas como El Hormiguero han contado con su presencia. Aunque, probablemente, su paso por Lo más plus, el 18 de julio de 1997, fue su entrevista más emblemática en España. Era un final de temporada del programa de Canal Plus y, cuando llegó el momento de la despedida, la colaboradora Ana García Siñeriz apareció con un coche en plató. En ese mismo momento, los presentadores, Máximo Pradera y Fernando Schwartz, se metieron en el vehículo con ella… se iban de vacaciones. Y Atkinson se quedó sólo en el blanco decorado. Pero, mientras veía alejarse el coche, el cómico inglés regaló un genuino colofón de despedida de etapa al espacio. Lo consiguió gracias a sus tablas de expresividad, ya que se puso a decir adiós con la mano a los presentadores como si estuviera viendo partir al Titanic.

  • Institución en Inglaterra

Rowan es una institución en su país. Su humor está a medio camino entre Lina Morgan y Martes y Trece. Por suerte, Mr Bean no es español. O sería etiquetado de ‘casposo’, como sucede con nuestros artistas patrios. Nada que ver, su comedia fue crucial a la hora de entretener con personalidad propia a millones de espectadores. De ahí que los británicos le respeten tanto.

El hombre de la mueca infinita. El hombre de la picaresca absurda. El hombre que se río del postureo antes de que existiera el postureo. El hombre que se adelantó al selfie. 

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Justin Bieber, la nueva voz de ‘El Coche Fantástico’ en el regreso a la ficción de David Hasselhoff

27 septiembre 2014 - 17:59 - Autor:

Parece una broma. Pero no, Justin Bieber es la nueva voz oficial de Kitt, El Coche Fantástico. El famoso vehículo de la mítica serie de los ochenta, que catapultó a la fama a David Hasselhoff, regresa a las pantallas. O eso se pretende.

Será en la película Killing Hasselhoff, un proyecto de ficción que pretende aprovechar el filón de la guasa colectiva que rodea al protagonista de Los Vigilantes de la playa.

Y, para ello, dos cebos promocionales. Objetivo cumplido, los medios de todo el mundo ya hablan de la delirante noticia: Juntin Bieber y David Hasselhoff, juntos. Uno poniendo voz al emblemático coche parlanchín y otro interpretando a su propio estereotipo.

¿Veremos esta película en España? Pinta que es un popurrí de ideas a medio camino entre las exitosas películas deliberadamente malas, como Sharknado, y una versión de filmes de la estirpe de Scary Movie.

Veremos qué pasa y si al final ve la luz, porque Hasselhoff no para de sumergirse en proyectos que se quedan por el camino o relegados en plataformas minoritarias. Casi mejor, porque el actor ha pasado de ser un icono parodiable a una parodia de sí mismo.

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Telecinco cancela ‘Hable con ellas’: inesperado adiós al programa más caótico de los últimos tiempos

10:26 - Autor:

Se fue Natalia Millán, se fue Beatriz Montañez. Y ahora se van todas. Por obligación. El lunes será el último programa de Hable con Ellas. Telecinco ha decidido cancelar, de forma inesperada, su late show que intentaba emular -a su manera- al formato norteamericano The View. Un final que se produce tras las incorporaciones de Rocío Carrasco -Rociiito para los enemigos íntimos- y Marta Torné, que ha aportado la rapidez de reflejos que necesitaba el espacio.

Porque Hable con ellas ha sido un caos desde el comienzo: presentadoras atadas a unas carpetas con un guion eterno, silencios incómodos, nula improvisación, entrevistas desaprovechadas y alguna que otra polémica. La ganadora en esta terna del trendingtopic fue Beatriz Montañez y su defensa de Pablo Iglesias ante un socarrón Bertín Osborne.

Pero la ex chica de Wyoming en El Intermedio se marchó. Huyó para seguir indagando en sus dotes interpretativas cinéfilas. La periodista Sandra Barneda, la cómica Yolanda Ramos y la americana Alyson Eackman son las mujeres que han aguantado hasta el final de un formato que ha tenido unos resultados en audiencias irregulares,  dependiendo de la repercusión de sus invitados o de las pifias de las propias presentadoras.

Telecinco ha decidido cerrar el chiringuito. No son buenos tiempos para los programas de late night en Mediaset: hacerlos bien es caro.  ¿Por qué hacer un programa al filo de la medianoche si puedes estirar la gala de Gran Hermano y que no se nominen los concursantes hasta la una de la mañana para, así, subir el maltrecho share? Menos gasto, más rentabilidad.

Y, con esa excusa del coste del programa, Hable con ellas se esfuma. Deja atrás seis meses de una montaña rusa de contenidos, con unas comunicadoras que parecía que no se preparaban jamás el programa. Se especula con un posible regreso tras un descanso. Pero eso no suele suceder. Es improbable, pero como estrategia de marketing para dulcificar el fin del show está bien. Vía libre, de momento, para Buenafuente en La Sexta. El único superviviente de la franja televisiva más noctámbula.

Pero menos mal que existió Hable con ellas, porque ha sido delirante caos pero también uno de los pocos formatos vivos de este aburrido verano televisivo de 2014 que ya terminó.  Y la televisión cuando está viva es mejor televisión.

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El desafío de Canal Plus: aquella vanguardista cadena que no encuentra su sitio en las redes

26 septiembre 2014 - 9:11 - Autor:

Canal Plus nació en 1990 como una extraña frecuencia que había que pagar por ver. Y era necesario explicar eso de la televisión de pago a la sociedad española. Con tal fin, se decidió componer un curioso rap para un spot protagonizado por un impresionante elenco de personalidades de la vida pública. Casi no faltaba nadie: desde Rocío Jurado a Fernando Savater, pasando por Leticia Sabater, Las Virtudes, Antonio Resines, Nacho Duato, Ramón Mendoza, Alfredo Kraus, Concha García Campoy o Miguel Bosé. El resultado fue una promoción tan eficaz como rompedora y vanguardista.

Se habían sentado las bases de la identidad de Canal Plus, que, a partir del modelo francés, buscaba marcar la diferencia como cadena de calidad que no quería ser apta para todos los públicos. Convertirse en abonado al Plus te distinguía del resto de la masa. Esa era la gracia.

Y en esos principios, todo lo que contenía la marca Canal Plus brillaba de una forma especial: las cortinillas de paso a publi, los programas… Incluso Maribel Verdú y Fernando Guillén Cuervo comandaban un programa de cine, Primer plano, que no era un simple programa de cine. Desprendían complicidad, acidez y magnetismo, y el resultado era modernísimo para aquellos años. Después vendrían formatos como el recordado Lo más plus o Magacine. Siempre derrochando una personalidad consciente de su tiempo, y de su audiencia.

Veinte años después, Canal Plus sigue produciendo contenidos muy interesantes -el último, Las caras de la noticia- y mantiene las formas en lo que a línea gráfica de emisión se refiere. Pero se ha quedado desfasada a la hora de entender lo que significa Internet. Han creado Yomvi, intentan avanzar en nuevas fórmulas de la tele de pago, pero no aprovechan las redes de forma próxima. Ni mucho menos.

Si Internet hubiera existido en 1990, aquellos que estaban detrás de aquel flamante Canal Plus habrían utilizado las redes como el principal aliado. Hoy, en cambio, parecen el enemigo. A pesar de que podrían incluso colgar buena parte de su archivo de calidad (para generar debate o simplemente despertar recuerdos) en la red o aprovechar Youtube como mayor plataforma en la que dejarse ver, pues es el lugar ideal para promover contenidos propios en abierto. Y que así la gente lo comparta en su Twitter o Facebook. De esta forma, mayor números de personas empatizarían con la marca.

Sin embargo, hoy por hoy, Canal Plus pretende lograr visibilidad en Internet reproduciendo fórmulas que llegan tarde. Sin entender que ahí no está el poder viral. Está ocurriendo, por ejemplo, con una iniciativa como la de Crossover, con la que intentan promover la participación de jóvenes aspirantes a cineastas en un concurso de piezas que desembocará en la inminente nueva edición del Festival de Series que organiza el canal en Madrid, Barcelona y Málaga.

Se supone que Crossover presenta a cinco personajes a través de un episodio piloto de webserie creado por Rubén Ochandiano. Los concursantes deben elegir a uno de esos personajes y desarrollar lo que vendría a ser un siguiente capítulo de esa webserie. Aunque hay premios económicos jugosos, parece que la iniciativa no está cuajando demasiado, empezando por el hecho de que el piloto de webserie que ha hecho Ochandiano apenas se está viendo (1700 visionados en más de dos semanas en Youtube). Puede que sea porque su director no tiene tirón en la red y porque el capítulo que ha dirigido, pese a contar con buenos y populares actores (Diego Martín, Ana Morgade, Fernando Tielve) es completamente contrario a lo que funciona en Internet: en blanco y negro, plúmbeo, de veinte minutos de duración y repleto de “ínfulas autorales”. Otro gallo habría cantado con una pieza mejor concebida para las redes sociales y con mentes creativas con mucha más visibilidad en ellas.

Pero deseamos que Canal Plus aún pueda reaccionar, romper, transgredir. De nuevo. En televisión y en Internet. Se trata de encauzar el camino, apostando como antaño por ideas nunca antes vistas. Es lo que se espera de la poderosa marca que crearon en los noventa.

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¿Original o copia? Ruth Lorenzo clona la actuación más sorprendente de Sia (VÍDEOS)

1:21 - Autor:

La televisión norteamericana es imprevisible. Por eso, son pioneros en casi todo. A veces, incluso, se atreven a realizar hasta puestas en escena musicales que sorprenden, a pesar de rozar lo supuestamente antitelevisivo: que la intérprete cante de espaldas al público y que no se vea jamás su cara. Y esto no se produce en un programa minoritario. Todo lo contrario, se realiza desde un formato de primera línea, que juega en la batalla de las grandes audiencias.

Así sucedió con Sia y su ya memorable presentación de su tema Chandelier, junto a la bailarina Maddie Ziegler, en El show de Ellen DeGeneres (donde copiaron su videoclip en vivo).

La peculiar actuación asombró. De hecho, dio la vuelta al mundo (suma más de 13 millones de visionados en Youtube) y ahora, sólo unos meses después, Tu cara me suena mini ha reproducido dicho momento. Lo ha hecho gracias al chorro de voz de Ruth Lorenzo, que actuó junto a su sobrina Rebecca.

¿Original o copia? Una misma idea, pero con sus propios matices, que demuestra que el talent de Antena 3 y la productora Gestmusic logra, con presupuestos menores y usando el atajo de las ideas, espectáculo a la altura de la multimillonaria televisión yanqui. Esa televisión que no tiene complejos ni con ella misma ni con sus propios espectadores.

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Borja Terán, editor

"Soy periodista y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en televisión. En definitiva, tele y más tele, por deformación profesional y porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo audiovisual.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

 

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