Cuando en la tele se salvaban vidas apagando cigarrillos en la cabeza
José María Iñigo fue el primero en importar la esencia del late show americano a nuestro país. Lo hizo muy bien. Y, claro, con los ingredientes de este tipo de programas también llegaron los invitados inquietantes a los espacios de entretenimiento.
El Doctor Rosado es quizá uno de los mejores ejemplos de espécimen televisivo siniestro. No tenía escrúpulos: predicaba milagrosos consejos médicos no aptos para la salud. Lo hacía sin ningún pudor.
Fue denunciado por estafa en varias ocasiones e, incluso, detenido por hallarse entre los fogones químicos de una cocina de cocaína en 2003.
Todo un personaje que, a finales de los años setenta, se atrevía a predicar el “muy muy efectivo” secreto para salvar a un ahogado con sólo un pitillo:

"Soy periodista y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en televisión. En definitiva, tele y más tele, por deformación profesional y porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo audiovisual.
No hay comentarios
Deja tu comentario
Puede seguir esta conversación suscribiéndose a la fuente de los comentarios de esta entrada.
¡Anímate a ser el primero en dejar un comentario!