¿Qué ingrediente falta en los programas de televisión de hoy?
¿Te imaginas una serie de ficción sin emocionantes tramas con gancho? Entonces… ¿por qué es tan poco habitual crear tramas en los programas de entretenimiento de nuestro país?
En los últimos años, la mayoría de los formatos españoles se quedan sólo en la actualidad televisada, el debate alterado, el playback repetitivo o los invitados previsibles.
Nos conformamos con poco: los magacines o los programas espectáculo pueden y deben crear espontáneas tramas entre presentadores, colaboradores, personajes, invitados… Historias que traspasen la pantalla y que evolucionen con el tiempo, como si fuera una gran serie. Así el espacio potenciará su filón televisivo. Así será más fácil enganchar al público hasta tocar el éxito.
Y así lo han hecho la mayoría de los programas míticos de la historia de la televisión. Son innumerables. Desde el Un, dos tres hasta Lo más plus (la tensión sexual no resuelta entre Máximo Pradera y Ana García Siñeriz, aunque más bien era ella dándole calabazas todo el rato)…
Hoy por hoy, esta estrategia es menos habitual. Por eso, cuando sucede, el programa funciona tan bien como Tu cara me suena, que supo contagiar la ilusión del plató al público gracias a un cásting cómplice que, incluso, llegó a propiciar un amago de divertida relación amorosa entre una de las concursantes, Angy, y el presentador, Manel Fuentes.
No es nada nuevo. Juego de niños, Qué Apostamos, Tariro Tariro, Viaje con nosotros, Cajón Desastre, Allá tú, Crónicas Marcianas, los programas de Hermida, los matinales de Pepe Navarro o María Teresa Campos… Todos jugaban con sus guiones y no se bloqueaban en las escaletas encorsetadas. Eso sí, muchas veces, estas ideas surgían de forma más espontánea que premeditada, pero los profesionales, con verdadero instinto del medio, siempre supieron aprovechar cualquier situación para convertirla en la trama televisiva perfecta.
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"Soy periodista y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en televisión. En definitiva, tele y más tele, por deformación profesional y porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo audiovisual.
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