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¿Por qué ‘La Voz’ causa tanto furor? Claves del éxito del formato revelación de Telecinco

25 octubre 2012 - 10:32 - Autor:

Ayer, por fin, cambió de ropa el jurado de La Voz. El motivo: comenzaron Las Batallas, la nueva fase del talent show de Telecinco que sigue imparable en audiencia, se mantuvo anoche en un 33,2 por ciento de share y 5.143.000 fieles.

Todo un fenómeno que ni su propia cadena se esperaba, pues este formato estuvo a punto de ser desechado por Mediaset, tras el fiasco del último OT. No obstante, el éxito de Tu cara me suena y la creación de El Número Uno en Antena 3 sacaron del cajón a este espacio que se ha convertido en el último gran emblema de Telecinco. Pero, ¿por qué ha causado tanta sensación La Voz? Analizamos nueve causas del estratosférico furor por este formato:

Uno. Televisión que no se pierde en rodeos.

Las actuaciones son cortas. Y cuando termina de cantar cada concursante dices: “venga, uno más”. Engancha ver si giran, no giran o cómo se giran los miembros del jurado. Además, en la nueva etapa del show, denominada Las Batallas, donde ya no está el morbo de la silla móvil,  se incorpora una nueva tensión: saber a quién de sus “apadrinados” desecha cada coach.

Dos. Televisión con carga emocional.

La Voz es un formato que viene ya engrasado internacionalmente. Los creadores, Talpa, conocen bien sus debilidades y fortalezas. Y, en nuestro país, han sabido adaptarse a las peculiaridades del público español. La productora Boomerang y Telecinco han aprendido de los errores del programa en otros territorios. De hecho, han logrado incorporar más emoción en cada programa. Aquí tiene más peso la emoción, que la propia música. La Voz española juega muy bien sus cartas catódicas para que el espectador no cambie de canal.

Tres. Televisión para todos los públicos.

La Voz elige canciones reconocibles. El formato no quiere ser sibarita musicalmente, los concursantes interpretan  éxitos muy populares entre la audiencia. El espectador puede cantar desde casa para, también, poder criticar desde casa. Además, el cásting intenta ser variado con talentos dispares para llegar a un amplio perfil de público comercial.

Cuatro. Televisión con sentimiento.

La Voz no se queda en eternos veredictos del jurado, prefiere mostrarnos con transparencia las dudas más humanas y los sentimientos  más cercanos de cuatro famosos que tienen el difícil reto de decidir quién es el mejor concursante del talent. Para ello, el programa sabe contextualizar con atino a cada participante: su vida, su experiencia, sus frustraciones y su familia. Y nos lo muestra: antes, durante y después de la actuación. El público empatiza rápido, para bien o para mal, con cada cantante.

Cinco. Televisión que se polariza.

La Voz ha sido el  formato que ha estrenado el nuevo mapa de competencia entre los canales: la televisión polarizada en dos grandes empresas. Ésta es otra clave de las grandes cifras de audiencia de La Voz: hemos estrenado un nuevo panorama televisivo con una TVE que está fuera de juego y dos grandes grupos fusionados. De esta forma, la noche de los miércoles sólo compiten, en realidad, dos canales fuertes. Y Telecinco hizo muy bien en adelantarse con el estreno de La Voz a Antena 3. El primer programa estuvo muy medido para enganchar a la audiencia con un producto atractivo.

Seis. Televisión sin miedo a ser popular y populista.

La Voz tiene un jurado de andar por casa. Para qué nos vamos a engañar, los coaches no son magistrales genios de la música, ni cantantes inaccesibles: son, simplemente, artistas muy queridos por el público, sobre todo Rosario y David Bisbal. Mientras, que Malú aporta un contrapunto interesante y Melendi, que ha sido la revelación del show, ha añadido un necesario criterio musical, ya que el resto del jurado son más expertos en repetir argumentos peregrinos en sus veredicto. Ole. Ole. Ole. Eres un “mostruo”. Pero esto da igual, porque es televisión: funcionan las reacciones en primer plano de unas estrellas que son casi como de nuestra familia.

Siete. Televisión con presentador de nombre propio.

Jesús Vázquez ha regresado al terreno que mejor se le ha dado. Aunque en este programa, al ser grabado, recae menos peso en la figura del presentador que en un show en directo. Se notan las tablas de Vázquez: conoce bien lo que interesa a la audiencia y, también, intuye rápido cuando algo está funcionando a nivel televisivo. Tiene un protagonismo merecido en el programa. Y lo aprovecha. Y lo exprime. Y las señoras le ven como el sobrino ideal.

Ocho. Televisión que llega a la gente.

La Voz no tiene grandes alardes escénicos, ni espectaculares juegos de luces, ni piruetas de atractivos cuerpos de baile: el combate amable entre el jurado, los cantantes y sus familiares o amigos ha bastado para crear historias que despiertan el interés en la audiencia. Un formato ideal para ver y comentar desde el salón de casa. Nos contagiamos, los unos a los otros, del interés por el formato o no tendremos de qué hablar en las redes sociales o al día siguiente en el trabajo. Esa es una clave importante: es fácil apostillar todo lo que allí pasa con nuestra gente.

Nueve. Televisión sencilla de seguir.

La mecánica de La Voz es extremadamente sencilla. Te puedes incorporar en cualquier momento al programa y es imposible perderte. Ahora habrá que ver cómo funcionan las últimas galas en directo, cuando el formato deja de ser tan fácil y a nivel internacional siempre sufre un desgaste de audiencia. Aunque en España nos quedaremos hasta el final. Fijo.

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¿Quién es Alberto Chicote? El cocinero anticrisis que salva restaurantes de su cierre inminente

6:00 - Autor:

A partir de esta noche, los jueves, a las 22.25 horas, LaSexta ofrece a propietarios de negocios de hostelería en crisis una última oportunidad para salvar su restaurante. Y parece que al canal verde le gustan los restos difíciles, porque, de momento, en Pesadilla en la cocina han seleccionado los restaurantes más complicados del territorio nacional. Cocinas grasientas, comida podrida entre fogones e, incluso, un ratón metido en el lavavajillas son algunos de los conflictos a los que se enfrentará Alberto Chicote, un chef que hará lo que nunca se había visto en la televisión nacional: realizar un programa de cocina que puede llegar a quitar el apetito.

Convertir un caótico restaurante en un local de moda es un proceso peliagudo, pero, al mismo tiempo, puede ser un genial espectáculo televisivo que el equipo de la productora televisiva Eyeworks Cuatro Cabezas ha sabido exprimir. No son nuevos en esto. Ya producen este mismo formato en otros países y son los responsables de uno de los realities de más éxito de los últimos años ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, programa con el que les tocará competir frontalmente, a la misma hora y en el mismo día de emisión.

Una lucha entre La Sexta y Cuatro, a pesar de que ambos formatos comparten características comunes de telerealidad. La principal: dosis de ironía y sentido del humor. Eso sí, Pesadilla en la cocina también nos mostrará el conflicto, el aprendizaje y la superación  de los propietarios de los restaurantes para lograr los retos de Chicote. Habrá problemas, tensiones, recetas fallidas pero, además,  mordacidad cómplice que conecta con el espectador a través de un montaje rítmico que sabe ir al grano. Ideal para comentar desde casa y ejecutar el chascarrillo en la red social. Y es que en eso en Cuatro Cabezas son maestros especialistas.

No obstante, Pesadilla en la cocina es un viejo conocido para muchos televidentes, ya que es la versión española de Kitchen Nightmares, el formato de éxito internacional que catapultó a la popularidad mundial al cocinero británico Gordon Ramsey en la cadena Channel 4 y, después, en Estados Unidos, en la FOX. Ahora, llega el remake cañí con un temperamental desconocido al frente: Alberto Chicote.

EL CURRÍCULUM DE CHICOTE

Alberto Chicote es uno de los cocineros pioneros en mezclar la cocina tradicional con las nuevas tecnologías. Comenzó a estudiar hostelería a los 17 años y pronto comenzó a trabajar en restaurantes madrileños como Lúculo, Sibaris y La Recoleta.

Tras su periodo de formación, dirigió la cocina del Cenachero, dónde puso en marcha su etapa más clásica. Tres años más tarde abre el restaurante Nodo (llamado así porque se encuentra frente a la vieja sede de Nodo), un proyecto para fusionar la cocina española con la japonesa y que le ha valido su reconocimiento como chef. Más tarde, ha compaginado la coordinación de Nodo con un restaurante que sigue la misma línea, Pandelujo.

Chicote ha sido reconocido con varios galardones: la asociación madrileña de restaurantes y cafeterías le otorgó el premio al Mejor Cocinero del año 2006 y la revista de El Mundo concedió a su Pandelujo el premio al Mejor Restaurante de 2010.

En televisión, ha participado en diferentes espacios culinarios del Canal Cocina o del Canal Caza y Pesca. . En 2008, protagonizó El pollo, el pez y el cangrejo real, documental que logró una nominación a los Goya.

Ahora, se incorpora a Pesadilla en la cocina, donde mostrará su lado más personal y característico. Un salto a la televisión nacional, misma televisión que dice ver muy poco. Es lo que tiene vivir entre fogones.

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@borjateran

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Borja Terán, editor

"Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

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