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¿Qué le está pasando a la alicaída ficción nacional?

29 enero 2013 - 6:00 - Autor:


¿Qué está pasando con las nuevas ficciones producidas en España? Los últimos estrenos de series patrias no han conquistado una audiencia estable. Ni sus premisas, ni sus tramas, ni sus conflictos están enganchando al público mayoritario. Salvo contadísimas excepciones, cuesta mucho alcanzar triunfos como los de antaño o simplemente fidelizar espectadores más allá del siempre tan bien promocionado primer episodio.

Las cadenas se están viendo obligadas, por tanto, a estirar sus viejas series de éxito. Sólo hay una nueva producción que ha sido un gran acierto, Isabel, y retrocediendo un poco más en el tiempo, Gran Hotel y Con el culo al aire. También Amar es para siempre está aguantando el tirón desde su aterrizaje en Antena 3. Eso sí, es una secuela de otra veterana de eficacia más que probada: Amar en tiempos revueltos.

Familia, Fenómenos, Imperium, Toledo, La fuga…  Es larga la lista de últimos estrenos de ficción que cuentan con un desagradable elemento en común: han causado indiferencia, se han desinflado en segundos capítulos y, con el paso de las semanas, pierden un preocupante número de fieles. ¿Qué está sucediendo? ¿Un cambio de consumo televisivo? ¿La audiencia prefiere de nuevo los programas de entretenimiento antes que las series?

No vamos a culpar a la manoseada crisis también del fracaso de la última hornada de ficciones españolas, aunque probablemente el momento actual de desinversión publicitaria tenga parte de culpa, pues las cadenas se atreven a experimentar menos. Evitan jugársela. Y aquí está el problema transversal de nuestra ficción: no se arriesga. Nada. Ésta es una de las claves fundamentales de los fracasos.

Parece que las televisiones sólo encargan a las productoras historias y premisas que creen que funcionan, siempre refiriéndose a éxitos del pasado que funcionaron en su momento, pero ese momento ya pasó. Y la consecuencia es un déjà vu constante en el espectador, que se niega a dedicar su tiempo a pastiches y sucedáneos de series vistas.

Muchas veces, los mandamases televisivos se empeñan en mezclar en una coctelera clichés que ven como seguros, con tramas para seducir a toda la familia, enredos predecibles y despelotes varios. Otras veces también piden a las productoras que copien elementos de ficciones americanas pero “españolizándolos” o adaptándolos a nuestra idiosincrasia (Acusados contra Damages; La fuga contra Prison Break; Toledo contra Juego de tronos; El barco contra Perdidos). El resultado, aunque en los primeros capítulos se le cuele el gol a la audiencia, suele degenerar en despropósito que acaba acusando su falta de identidad propia.  Se olvidan estos mandamases de que la mejor fórmula para enganchar al espectador es una historia que le sumerja en un viaje tan original como imprevisible. En definitiva, hay que tirarse a la piscina.

Cada éxito y cada fracaso televisivo es causa de numerosos factores, muchos, pero hay siempre una esencia diáfana: la fascinación de la sorpresa, el magnetismo de lo nunca visto. Así consiguen los americanos sus series de éxito y de referencia mundial: arriesgando, reinventando géneros, rompiendo esquemas, permitiendo que los guionistas creen en libertad, dando de que hablar. Porque en esto, como en casi todo, más vale pasar con pena o con gloria que producir indiferencia.

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Lo que ocurre en este caso no es muy diferente a lo que hemos visto en la banca o en otros sectores en este país: las personas con mayor capacidad de decisión en televisiones y productoras son inútiles que han sabido medrar mamando de la teta de una televisión de vacas gordas que sobrexplotó una serie de fórmulas toscas, pero que no tienen ni idea en realidad de en qué consiste el trabajo de contar historias. Porque de eso, al final, va este negocio.

Ahora se ven superados ante un cambio de rumbo y pelean por no soltar el sillón al que están agarradísimos. Pero ya no vale imitar las fórmulas que les hicieron triunfar hace 15 o 20 años. El público ha cambiado, ha visto cómo se hacen las cosa fuera, y demanda historias nuevas, diferentes, arriesgadas, pero sobre todo bien escritas y rodadas, menos “médico de familia” y menos culebrones para señoras, por favor.

Yo no entiendo a las series Españolas, por ejemplo Fenomenos, te sientas para pasar un buen rato y cuando te relajas sale una actriz que hace de lesbiana soltando una retahíla de tacos que ruborizaría al obrero de obra mas curtido. Reto a algún guionista español a hacer una comedia sin utilizar caca, pedo, culo, pis.

La cultura del chonismo, infiltrada en la sociedad por series como Aida, produce escozor. Luego la falta de medios también hace mella.

En la serie del Barco pues hacen como las americanas, exprimen la trama y la estiran mientras tenga tirón, el problema es que los espectadores no son idiotas y se dan cuenta. En vez de solucionar la trama y abrir otra, extienden el misterio hasta que la gente se aburre de esperar.

Las comedias americanas hacen algo que no consiguen las españolas, hacer reír sin soltar un solo taco. Pero las series americanas también sufren de repetir formulas y de lo político correcto hasta rozar la cursilería.

Las series de criminalistica son un refrito constante (NCIS, CSI, Bones, Hawaii 5.0, etc etc) Las de ciencia ficción lo mismo, las apocalipticas tienen todas las mismas tramas. Last Resort empezo bien pero luego cae en las mismas historias, como le pasó a Leverage.

Merecen la pena, Homeland (aunque perdió bastante esta segunda temporada), Juego de Tronos (la mejor sin duda de toda la parrilla, y no por que sea de fantasía, sino por que a roto todos los moldes de las tramas) The Walking Dead (otro que empieza a perder).

Esta temporada habrá que estar atentos a The Americans, Zero Hour, The Cult, Defiance y a la recien comedia estrenada 1600 Penn.

Por ultimo me gustaria ver programas en España como The Shark Tank o Dragons Den (Donde millonarios invierten en ideas que presentan en el programa), o The Apprentice version inglesa, no la de Trump.

Yo creo que ya no es cuestion de arriesgar o no arriesgar, yo creo que hay algo que esta fallando en las propias productoras. Fenomenos no es una serie arriesgada pero no creo que por ello no haya triunfado. Tal y como la planteaban antes de que se estrenara, viendo de quien venia y viendo el reparto, llamadme loca pero yo confiaba en ver algo muy bueno. Pero de repente plof, los dialogos tenian poca gracia, las tramas algunas muy forzadas… no creo que para triunfar haya que arriesgarse obligtoriamente. Claro que Espana necesita renovarse y arriesgar un poquito tambien, pero una cosa no quita la otra. No creo que Toledo fuera una mala idea, ni Familia… ´solo´ que estan mal planteadas, no se, algo falla, no se bien que, pero cualquiera que las vea ve que algo no funciona. Y no creo que sea la idea principal ni la tematica.

El tema es una mezcla de falta de riesgo y que hay algo que no cuadra, como dice Celia. Ves las series americanas “y te las crees”, te dan la sensación de que la historia que cuentan ha pasado de verdad, no se si sera la produccion, la iluminacion, las localizaciones, etc. Un dia viendo el unico capitulo que pude aguantar de la serie “Toledo” los dialogos se situaban en una casa… el tema es que cantaba a la legua que era un decorado y los dialogos no eran forzados, es que los habian metido con cincel. Y el tema actores es otra. Ves el barco y se nota que algunos han entrado por algun tipo de enchufe o por tener un representante cojonudo, porque los hay malos, malos. Un conocido me confirma que la mayoria cuando tienen que llorar no lo consiguen solos, sino que necesitan “ayudas”. Esto tambien afecta a la credibilidad de los personajes. En fin, muchas cosas que hacen que la ficcion española sea previsible e inconsistente.

Los argumentos son malos; los actores, peores; los diálogos, malísimos; la interpretación de los diálogos, con un recitado forzado.
Muchos actores se han ganado el cuasi desprecio del público por su apoyo a la Zeja y por su ataque a los internautas. Además, los capítulos son interrumpidos sin ton ni son por la publicidad no a mitad de una frase, sino de una palabra.
Esto quita las ganas a cualquiera de seguir una serie en cualquier televisión de España.

El problema es que hay productoras como Globomedia que se han hecho con el control del Prime Time y cuya fórmula está más que agotada. Hay buenas series rondando por los despachos, pero es difícil confiar a veces y arriesgar en productos si no vienen de la mano de alguien de máxima confianza, aún cuando el talento que se necesita esté en ellos.

Para empezar, cuando yo veo una serie americana veo un orden y una duración en cuanto a la emisión suficiente y perfecta. El gran problema de la producción española gira en estirar una fórmula ya más que repetida hasta la saciedad. Se han dedicado más a copiar tramas americanas que a copiar lo que realmente era más importante: estructurar los capítulos bajo una duración eficiente hacia la trama (40 o 50 minutos para series dramáticas y 20 o 30 minutos para series de comedias) y acorde a los bloques publicitarios de manera, como se ha dicho anteriormente, no se corte la emisión para dar paso a la publicidad en mitad de un dialogo.

Asimismo lo que comento es sólo uno de los grandes problemas de las series españolas, a parte hay que sumarle guiones simples, tramas que parecen un remake de series americanas del momento, actores y personajes pésimos, decorados de quita y pon, efectos especiales deficientes, etc

Y por último, y más importe, lo resume a la perfección el usuario Txetxu en el primer comentario de este artículo:

“Lo que ocurre en este caso no es muy diferente a lo que hemos visto en la banca o en otros sectores en este país: las personas con mayor capacidad de decisión en televisiones y productoras son inútiles que han sabido medrar mamando de la teta de una televisión de vacas gordas que sobrexplotó una serie de fórmulas toscas, pero que no tienen ni idea en realidad de en qué consiste el trabajo de contar historias. Porque de eso, al final, va este negocio.

Ahora se ven superados ante un cambio de rumbo y pelean por no soltar el sillón al que están agarradísimos. Pero ya no vale imitar las fórmulas que les hicieron triunfar hace 15 o 20 años. El público ha cambiado, ha visto cómo se hacen las cosa fuera, y demanda historias nuevas, diferentes, arriesgadas, pero sobre todo bien escritas y rodadas, menos “médico de familia” y menos culebrones para señoras, por favor.”

Vamos, el gran problema de España en general. ¿La solución? Está claro, si una cosa ya no funciona como antes, pues es hora de reinventarse, innovar.

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Borja Terán, editor

"Soy periodista y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en televisión. En definitiva, tele y más tele, por deformación profesional y porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo audiovisual.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

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