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‘Sálvame’, el programa que mató la información rosa en televisión

11 abril 2014 - 11:20 - Autor:

La historia de nuestra televisión ya tiene marcado en fosforito Sálvame. Puede gustar más o menos, pero el formato de Mediaset y La Fábrica de la Tele ha marcado una forma de hacer televisión: el éxito de las miserias ajenas retransmitidas, en vivo y en directo.

No era nada nuevo eso de emitir el conflicto de personajes famosos. Sin embargo, la revolución que ha consumado la marca Sálvame llegó al desplazar de la pequeña pantalla a los rostros que ocupan las páginas de las revistas del cuore más tradicionales. De esta forma, la vieja crónica rosa se ha ido minimizado en todos los magazines.

Sálvame ha puesto el foco en sus propios colaboradores, los grandes protagonistas de este espectáculo que logra entretener con su infinita factoría de ensamblar conflictos retroalimentados en cadena. Un show muy competitivo por su larga duración,  ajustada inversión y resultado de audiencia.

Telecinco, centralizando los contenidos en sus tertulianos/cobayas habituales, ha neutralizado a las sagas de famosos de siempre, que eran más costosos a la hora de sentar en un plató. Las entrevista de la exclusiva millonaria prácticamente ha desaparecido.

Las revistas del corazón se han quedado solas con un tipo de personales. Y el resto de las cadenas están también fuera de juego: la información rosa clásica ya no funciona.

Incluso los castings de los talents shows sufren los efectos colaterales de Sálvame. Un ejemplo, Marina Danko como concursante de Mira quién baila en La 1: los espectadores de la televisión de hoy no sabían quién era.

Aunque, también, esta contraindicación del universo Sálvame salpica a los propios realities de Telecinco. De hecho, la última edición de Supervivientes es complicada de seguir sin estudiar previamente un máster en hombres, mujeres, viceversa y otros personajes creados dentro de la cadena. 

Es la televisión que inventó Sálvame: la rentable tele-realidad con los propios rostros de su programa. Sólo se salva uno: el presentador, Jorge Javier Vázquez, que con su ironía siempre esquiva cualquier caída por el precipicio de los bajos fondos del retorcimiento televisivo.

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‘El Jefe Infiltrado’ con “Fun Eating”, en concurso de acreedores

0:48 - Autor:

El programa El Jefe Infiltrado vivió anoche su segunda semana en La Sexta. En esta ocasión, Borja Domínguez, propietario y cofundador de la cadena de comida Wogaboo, fue quien se disfrazó de otra persona, Iñigo Alonso, para descubrir cómo funciona la base de su negocio al trabajar, codo con codo, con los trabajadores de los restaurantes de la compañía.

Domínguez quería comprobar si en sus establecimientos se mantiene la filosofía ‘Fun Eating’, basada en unos empleados que deben desprender constantemente un buen rollo imparable.

Y esta expresión, ‘Fun Eating’, fue lo más repetido de la noche. De hecho, usuarios de Twitter se empezaron a mofar del término e incluso del propio dueño, un ‘niño bien’ con una destreza principal: lanzar bandejas, cargadas de mojitos, sobre los clientes.

Sin embargo, esa positividad que desprende el término ‘Fun Eating’, que predicaba el jefe Domínguez, se ha torcido lejos de los engranajes del espectáculo del entretenimiento televisivo. La empresa Wogaboo se encuentra en concurso de acreedores desde el pasado diez de enero.

Es la otra realidad, fuera del programa. Un formato construido a la perfección como show de prime time por la productora Eyeworks Cuatro Cabezas (Pesadilla en la cocina, Un Príncipe para Laura) pero que, al mismo tiempo, se convierte en una perturbadora telepromoción del mandamás infiltrado, que pretende aprovechar su paso por la pequeña pantalla para impulsar su imagen de emprendedor y, de paso, de perfecto salvador de sus empleados.

Pero, cuidado, porque esta calculada estrategia publicitaria puede salir muy mal a más de uno de los empresarios.  El espectador también examina al infiltrado. Y es que, al final, el jefe puede ser otra víctima más de su propia trampa. La audiencia es insaciable.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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