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José Luis Moreno sube la audiencia de TVE: claves de un desaguisado llamado ‘Sábado Sensacional’

11 agosto 2014 - 0:06 - Autor:

Lluvia constante de globos de colores, sainetes absurdos sobre infidelidades, un entrenador personal, cuerpos en bañador, fuegos artificiales, rótulos propios de un niño jugando por primera vez con un ordenador y constantes clichés de género…. José Luis Moreno regresó al sábado noche con la peor televisión que se ha hecho en España en los últimos años: rancia, barroca y hortera a más no poder.

Aún así el ventrílocuo cosechó un buen dato de share, pues su Sábado Sensacional generó una expectación casi catártica (la expectación que despiertan aquellos productos con muchas papeletas para ser un desastre) y logró aupar la maltrecha audiencia de La 1 con un 12,5 por ciento de share. Eso sí, no tenía apenas competencia y tampoco traspasó la barrera del 14 por ciento que supuestamente impuso TVE para que el programa se hiciera fijo. Menos mal, porque, además, sin el efecto novedad, este demencial espectáculo caería a datos paupérrimos.

José Luis Moreno fue un maestro a la hora de hacer saraos de este tipo. De ahí que alcanzara con sus shows grandes datos de audiencia durante dos décadas. Muchos responsables de éxitos televisivos de hoy han aprendido de detalles de la experiencia de Moreno como creador de galas, pero ahora es él quien debe aprender también de los nuevos lenguajes televisivos. Porque lo de este sábado no tuvo nada de sensacional y sí mucho de reprochable:

1. EL MACHISMO RECALCITRANTE

Ana Obregón, Mar Saura, Josep Lobató y Pablo Puyol ejecutaron unos guiones obsesionados con ‘encuestas’ sobre hombres y mujeres. Hubo continuas referencias a desfasados y machistas clichés de género. Unas presentaciones en las que se hablaba de si son mentirosas las mujeres o si saben engañar bien los hombres, entre otras perlas sobre detectives o guiones con sacar ‘el dinero’ a tu querido. La guerra de sexos más rancia y anticuada rellenando horas y horas de tele entre artista y artista invitado. Estos estereotipos no son reconocibles ya por parte de la audiencia. La sociedad está en otro punto más interesante y, sobre todo, más avanzado.

2. EL ENTRENADOR PERSONAL

En los shows de entretenimiento es positivo que existan apariciones ‘estelares’ de secundarios que dinamicen el espectáculo. Aquí, en cambio, sólo hubo un personaje de ‘entrenador personal’. Estaba interpretado por un hombre muy musculado que siempre participa en las galas de José Luis Moreno, a pesar de su dificultad para hablar español. Mar Saura y Ana Obregón se rifaban a este cachas. Todo metido con calzador. Tampoco faltó una coreografía ‘sexy’ que consumó el ballet de la gala junto a unos modelos de tercera regional en bañador. El atractivo físico sigue siendo un motor en la televisión -véase Juego de Tronos o Velvet– pero a la audiencia de hoy le entra más por los ojos el atractivo de la insinuación elegante, inteligente y traviesa. No las curvas y los músculos al peso.

3. EL INQUIETANTE GRAFISMO… Y LA LUZ DE SUPERMERCADO

Los rótulos que daban paso a las actuaciones musicales fueron de lo más comentado de la noche. Un diseño inclasificable. Están bien los grafismos grandes en la tele de hoy, pero estos eran terroríficos, nada profesionales y sin un ápice de buen gusto. Además, nunca haremos un buen musical si está iluminado como un magazine matinal. La claridad es importante en televisión, pero ya hemos superado la simple luz plana. Otro problema de Sábado Sensacional radicó en la edición, que daba saltos a matacaballo. La realización también se notó improvisada. El realizador de Moreno, Jose Ignacio Ortega, con mucha experiencia en estas galas, salió airoso, pero parece que no se prepara las particularidades y el ritmo de cada canción. Va pinchando la cámara que pilla en cada momento y así todas las actuaciones parecían iguales. Daba lo mismo que fuera el ballet de San Petersburgo que Chenoa.

4. SOBREDOSIS DE GLOBOS DE COLORES

El confeti -e incluso los globos- son fundamentales en los momentos de grandes celebraciones en la pequeña pantalla, ya sea en la apoteosis final de un programa o en la decisión de un ganador de un talent. No hay que tener prejuicio con el confeti. Es muy efectista para dar sensación de gran acontecimiento. Pero eso es una cosa y otra lanzar globitos en prácticamente todas las actuaciones musicales de Sábado Sensacional, provocando que el espectador se quede inmune e indiferente ante este elemento.

5. LOS TEATRILLOS

Un concurso amañado, un programa de testimonios amañado, un secuestro amañado y una limpiadora de hogar amañada. Así fueron las premisas de los sainetes. Los teatrillos de Sábado Sensacional repetían la esencia de Noche de fiesta pero con un guion aún más recalcitrante. Hubo dos sketches que incluso parecían el mismo, con una crónica de cuernos y más cuernos. ¿Dónde estaba la gracia? En ningún lado. En la televisión de hoy es importante diferenciar el humor de la vergüenza ajena.

6. EL EXCESIVO PELOTEO A ISABEL PANTOJA

El momento de la noche fue la actuación, por primera vez en televisión, de Isabel Pantoja junto a su hijo Kiko Rivera. Fue un acierto el horario de colocación, las 23.36 horas, la mejor para aupar la cuota de pantalla. Pero chocó la excesiva adoración y peloteo de los presentadores a Isabel Pantoja. Tras sus problemas con la justicia, este desmesurado elogio a la tonadillera chirrió mucho desde una televisión pública que debe ser referencia de la ética, la autocrítica y la honestidad.

7. LA AUSENCIA DE FORMATO TELEVISIVO

Sábado Sensacional no tiene formato televisivo. Sólo es una sucesión de actuaciones musicales y sketeches. Esa etapa de nuestra televisión ya está superada. De hecho, siempre estuvo superada. Porque incluso en los 80, TVE hacía programas mucho más modernos que el de este sábado, como Viva el Espectáculo con la genial e irónica Concha Velasco. Nada que ver. Esta última gala de Moreno no ha sido más que un batiburrillo de ideas imposibles de digerir. El programa no ha tenido concepto unitario ni la personalidad propia suficiente para poder consumirse de principio a fin, algo que se antojaba insufrible. Programas como Los mejores años de nuestra vida demostraron en su momento que se puede hacer entretenimiento musical en prime time de otra forma. Porque TVE debe apostar también por los programas de espectáculo, pero creativos, con una identidad definida y no acomodados en el tópico rancio.

¿QUÉ TUVO BUENO LA GALA?

Sábado sensacional ha seguido la misma estructura que los especiales de Nochebuena y Nochevieja que ha realizado José Luis Moreno en Telecinco en los últimos años. Ahí no ha existido polémica porque se trataba de una cadena privada y porque estas galas obsoletas siguen funcionando como banda sonora de fondo de una celebración familiar. Sólo levantamos la vista de vez en cuando para criticar el vestuario o al artista de turno. Este sábado, sin embargo, la indignación se multiplicó. Era TVE y no podía ser más casposo el bodegón que se había instalado en La 1. No era para menos.

De la quema sólo se salvó, si acaso, Ana Obregón que regresó a TVE en chándal y en bicicleta con su típica espontaneidad de Antoñita La Fantástica que sigue funcionando bien en cámara. Otra buena idea era que los presentadores se mantuvieran en escena durante las actuaciones. Pero el problema es que cualquier amago de virtud quedaba anulada por un guion que no funciona nada. Sólo indignaba al personal en cada momento. Por lo menos, el asunto sirvió de terapia en los espectadores más tuiteros, que canalizaron su creatividad criticando el delirante show.

TVE no puede seguir produciendo este tipo de saraos o derrumbará aún más su prestigio. Debe aprender de su pasado creativo, mirar al futuro arriesgando y creyendo en los espectáculos de entretenimiento que sí son conscientes de su tiempo. La cadena pública siempre ha sido un buen espejo de la realidad de nuestro país. Y un programa como Sábado sensacional no forma parte de la realidad que vivimos. Lo miremos como lo miremos, merecemos algo mucho mejor que esta actual TVE que en tantas ocasiones produce mofa y descrédito.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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