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El problema de las series españolas: la contraindicación de la eterna duración

25 septiembre 2014 - 7:00 - Autor:

Hubo un tiempo en el que las series de prime time no abarcaban más dos horas en la parrilla. Ahora parece inevitable. Cada capítulo dura como una película. Los norteamericanos se sorprenden con esta idiosincrasia española que se justifica para lograr la rentabilidad. Así, aunque los espectadores tengan que trasnochar más, los productos son más rentables a las emisoras, pues llenan también parte del late night con el mismo contenido a casi mismo coste, hacen que crezca el share y, sobre todo, pueden incorporar un corte de publicidad más que se vende a precio de prime time, aunque se produzca después de las doce de la noche.

En Estados Unidos están por encima de esto. Su sólida industria lo permite, claro. Sólo en las series de canales de cable se atreven a emitir capítulos que rondan, como mucho, los 55-60 minutos. En las generalistas, en cambio, los prime times se componen de varias series o programas y son pulcramente estrictos con sus duraciones: una sitcom dura no más de veintidós minutos que se convierten en media hora con publicidad; el resto de las series se prolongan hasta unos 40-42 que se quedan en una hora de emisión con los anuncios. Y los guiones se escriben teniendo absolutamente en cuenta este timing, marcando las pausas de publicidad de forma milimétricas, con sus correspondientes puntos de giro y cortes a negro.

Sean mejores o peores esas series, los episodios se conciben con una estructura férrea, pensando en favorecer que el espectador no se desengache en ningún momento, pues cada corte de publicidad va precedido de un mini-cliffhanger, dejando intrigado al público de cara a lo que vendrá en el siguiente segmento. No sólo se cuida el cliffhanger (acabar con la emoción en alto) del final del episodio, también el de cada pausa publicitaria.

En España esto suena extraterrestre. Esa búsqueda de rentabilidad de la que hablábamos ha propiciado la duración de 75 minutos por capítulo de nuestras series, a veces hasta 80 minutos. Una barbaridad. Los guionistas y los equipos hacen piruetas para que esta peculiaridad nacional no se note. Las cadenas necesitan episodios largos de sus producciones, como El Príncipe, Sin Identidad o Velvet, para alcanzar una mayor competitividad, en audiencia y en términos económicos. Aunque, al final, también termina pasando factura: se pierde calidad, se mete morralla, se provoca que falle el ritmo, se aburre y cansa al espectador… Y, por consiguiente, el producto se desgasta más rápido. De ahí que, en la actualidad, tengamos series que aguantan peor el paso del tiempo. Por no hablar de nuestros cortes publicitarios, que aquí las cadenas introducen cuando les cuadra, a veces incluso en medio de una frase de un personaje, porque se prima anular velozmente al competidor en lugar de mimar la estructura de la serie propia. Con las contraindicaciones que esto conlleva a la hora de romper el clímax y sacar al espectador de la trama.

Sin una apuesta firme por los programas diarios de late night, que sirven para organizar la parrilla, dinamizar la programación convirtiéndola en más viva, dar imagen de marca y, de paso, evitar que la serie que la precede tenga una extensión desorbitada, nuestra televisión ha optado por estirar las apuestas de máxima audiencia hasta el límite. Con todas las consecuencias.

Pero también hay excepciones: Refugiados, de La Sexta, una coproducción con la BBC, rompe con esta actual dinámica. Sus capítulos duran 50 minutos, ya que tiene la vista puesta en venderse al extranjero y sería imposible con un minutaje cañí. ¿Funcionará en nuestro país?

Con la madurez de nuestra televisión, las series tendrán que recuperar su horario, su esencia, su razón de ser y, especialmente, su cadencia lógica. Porque hay una pregunta básica que las cadenas deberían hacerse mirando la curva de audiencia en número de espectadores: ¿no será que el público se desengancha fácilmente de nuestras series simplemente porque al día siguiente trabajan y deben irse a dormir antes de que los capítulos acaben?

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Borja Terán, editor

"Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

 

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