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Los límites éticos que ‘Gran Hermano’ aún no ha sobrepasado

13 Noviembre 2014 - 9:21 - Autor:

Gran Hermano acumula ya 15 ediciones generando controvertidas sensaciones en la audiencia. Todas menos la indiferencia. Sus más fieles adeptos siguen siendo legión y además muy ruidosos, sobre todo ese segmento de público tuitero nacido en una generación que se ha criado con este tipo de televisión.

Las vivencias de la casa de Guadalix de la Sierra son espectáculo de culto para estos enfervorecidos seguidores del programa. Un show donde no hay malabares de guion, ni hermosos encuadres de cámara. Tampoco sus jóvenes espectadores los echan en falta, pues apenas han conocido otro tipo de contenidos televisivos. Sólo buscan la realidad emitida desde un claustrofóbico hogar en una colina. Sin embargo, estos hooligans de GH cada vez demandan más tralla para no aburrirse. Necesitan que el show vaya un paso más allá en los líos que suceden en esa casa para no hartarse… y para tuitear sobre ello.

En este sentido, en estos últimos años se ha desarrollado casi un reality paralelo: los propios fans del concurso se han transformado en las otras cobayas del “experimento sociológico” a través de las redes sociales. Hacen guardias viendo el Canal 24 horas del reality, viven lo que ocurren dentro de la casa como algo personal y, ahora mismo, hasta llevan tres días generando un trending topic, #timoGH15, que denuncia supuestos favoritismos a determinados concursantes de GH. 

Gajes del oficio del programa. Así es su público, que no entiende que en televisión hay que editar los vídeos para que se comprenda el contenido. En realidad, en este caso, no existe timo alguno, simplemente el programa crea una historia con gancho ordenando las piezas del puzzle de todo lo relevante que sucede dentro de la casa.

El programa que reinventó la telerealidad ha evolucionado durante estos años. Pero su fórmula no es infinita: para evitar el desgaste, de hecho, se han roto normas básicas en sus orígenes, como el aislamiento completo de los concursantes, que debían permanecer sin noticias ni irrupciones del exterior. Esto actualmente es mucho más relativo, empezando por el rol cizañero que en muchas de las conexiones cumple su propia presentadora, una Mercedes Milá cada año más desatada.

No obstante, el Gran Hermano patrio aún mantiene intactos determinados límites éticos que en otros países se han derribado en pos de subir la cuota de pantalla. En España, los responsables del reality fuerzan el conflicto si hace falta (como ha pasado este año metiendo en el concurso a Lucía, la ex de Omar) pero siguen cruzando los dedos para que el casting elegido genere por sí solo un culebrón a partir de la realidad: con sus conflictos, amores, desamores, broncas y odios. Pero, por lo demás, aún no se han cruzado determinadas líneas rojas. El GH español, por ejemplo, no muestra a sus concursantes en un elevado grado de borrachera. Se organizan fiestas y se les da alcohol, pero luego, a partir de un punto, ‘les cuidan’, impidiendo que se emitan imágenes que puedan resultar denigrantes, a pesar de que eso sería un filón para impulsar el share.

También el programa se corta con los desnudos integrales, mientras que en otros países sí es habitual que se emitan. En España se apostó desde el principio por evitarlo. A veces se sugiere, pero siempre sin genitales. Para eso ya está Adán y Eva, con una localización ‘paradisíaca’ que permite justificar el desnudo y una realización visual más ‘elegante’ y cuidada.

En los últimos años, la casa se ha convertido también en una zona libre de humos, pues los cigarros, que eran fuente constante de peleas en las primeras ediciones (ya que entraban en el mismo presupuesto semanal que la comida) han desaparecido de emisión por obligaciones de la normativa vigente. Los concursantes deber ir a un cuarto aparte para desquitarse del vicio del tabaco. Nadie les ve. Simplemente desaparecen de la emisión al decir a la dirección una clave secreta.

Porque en Gran Hermano no se ve todo, aunque sus fans así lo quisieran. Son los efectos colaterales de un programa que debe encontrar siempre el equilibro, en una cuerda tensa, entre jugar el morbo del conflicto de turno y el peligro de cruzar la frontera del margen de indignación de sus también abundantes detractores.

> Cómo manipular a los concursantes de ‘Gran Hermano’ en cuatro sencillos pasos

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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