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8 grandes fracasos de la televisión en 2014: los motivos de los fiascos más sonados del año

26 diciembre 2014 - 10:30 - Autor:

Lo que tienen los fracasos es que, al poco tiempo, nadie los recuerda. Aunque no siempre… Rescatamos ocho sonados fiascos televisivos del último año y los motivos para que no cuajaran.

1. A BAILAR

Antena 3 sólo aguantó 6 episodios de A Bailar. La competición de coreografías de parejas de famosos enamorados aterrizó con éxito, tras un buen trabajo de promoción, pero se hundió porque no logró el interés de la audiencia. Principalmente porque en A bailar se bailaba poco. Y en un programa de baile es muy importante que, al menos, uno de los miembros de la pareja controle a la perfección los pasos. De ahí que en Mira quién baila siempre esté un profesional en escena.

En A bailar faltó sorpresa, emoción y asombro. Todos los conflictos parecían falsos, los temas musicales eran recurrentes y la escaleta era una mala imitación de Tu cara me suena. Porque, claro, esto no era Tu cara me suena. Además, a uno de los miembros del jurado, el ex bailarín del mítico ballet Zoom, no se le entendía cuando hablaba. Y lo más importante: no había evolución semanal en unas coreografías demasiado evidentes. No hubo impacto y sí fallos de edición que denotaban que todo estaba demasiado enlatado. El espectador se esfumó.

  • Lo peor

El casting transmitía un buen rollismo demasiado artificial.

  • Lo mejor

Antena 3 apostó por Mónica Naranjo, una presentadora que se sale de la norma y que aún está por descubrir.

2. EL PUEBLO MÁS DIVERTIDO

El Pueblo más divertido llegó cuando parecía que ya habíamos superado los chistes de ‘tontos’ y las bromas sobre apodos en nuestra televisión. Nada que ver con ‘El Grand Prix del Verano‘ donde se producía una competición constructiva, en divertidas y espectaculares pruebas, entre localidades españolas que sabían que lo más importante era participar. Aquí, los sketches eran como los vídeos de las bodas: sólo quieren verlos aquellos que se casaron. ¿Qué interés tiene ver a unas señoras anónimas bailando Coyote Dax?

Las pruebas no estuvieron diseñadas para sorprender a las grandes audiencias, sino para que las disfrutaran por la tele los vecinos de cada pueblo, ya que sólo ellos pueden reconocer a sus paisanos. Y para eso hoy ya está Youtube. A pesar de que el programa contó con los mejores humoristas del país, estos no interesaron porque estaban demasiado atados al desorientado guion de un formato sin definición. Y en televisión es crucial que los formatos estén bien definidos: cuenten una historia con sentido, emoción, ideas claras y un concepto. No se entiende el motivo de que TVE diera luz verde a El Pueblo Más Divertido, un espacio vacío y sin sentido desde su origen.

  • Lo peor

El tono de Mariló Montero. La presentadora creía que este programa iba a mostrar su verdadera forma de ser, sin intermediarios. Pero, la realidad, es que el espacio está tan editado que enseñó a una Mariló anulada, sin sus salidas de tono habituales. Sólo destacaba que presentaba dando gritos entre tanto gentío.

  • Lo mejor

El programa recuperó a Millán Salcedo. ¿Cómo convencieron al ex de Martes y 13? Ni lo imaginamos. Pero fue lo mejor del show.

3. EX, ¿QUÉ HARÍAS POR TUS HIJOS?


Esta especie de ‘Gran Hermano de padres separados’ fue el fiasco de Telecinco en verano. Era aburrido, espeso, sin el ritmo adecuado. Y eso que el programa intentó potenciar el conflicto durante sus últimas semanas, pero ya era demasiado tarde: el casting no funcionaba. La premisa del espacio era tan turbia como deprimente: poner a competir a padres divorciados para que consiguieran dinero para sus hijos. Raro.

Y a los padres se les veía el plumero: tenían más interés por alcanzar la fama televisiva que en el futuro de sus propios hijos. El espectador, por tanto, no empatizaba ni para bien ni para mal. El encanto para el público está en transmitir verdad. Además, el espacio era grabado. Si se realiza un reality editado de la forma de ‘Ex’, no tiene sentido que sea un producto enlatado. Faltó ese nervio de ‘está pasando, lo estás viendo’. En definitiva, lo inesperado del directo.

  • Lo peor

Emma García es una comunicadora solvente, siempre correcta. pero incapaz de transmitir en prime time el carisma arrollador que necesita un programa como este para engancharnos más allá de sus concursantes y vídeos. Sólo cuando tiene un contrapunto al que ‘chinchar’ (como sucedió con Alfonso Merlos en Abre los ojos), García gana en espontaneidad y se quita su aureola de maestra ceremonias que viaja en el aburrido tren de lo políticamente correcto.

  • Lo mejor

Que ya nos hemos olvidado de este programa.

4. BIENVENIDOS AL LOLITA

Triunfó en el primer capítulo aunque no logró enganchar a la audiencia. Normal, pues Bienvenidos al Lolita era una buena premisa que, sin embargo, quedó descafeinada. Primero, porque es difícil realizar una serie sobre un cabaret decadente y que la tele nos muestre un decorado a estrenar, cargado de luces de última generación. La audiencia ya está acostumbrada a puestas en escena más creíbles, que no huelan a nuevo. Segundo, porque no se sintió la esencia del gran espectáculo de varietés que esconde un club nocturno genuino. Al contrario, las ‘actuaciones musicales’ eran más dignas de Al salir de Clase, con la profesora Beatriz Carvajal cantando con sus retoños en la función de fin de curso. Tercero, porque la audiencia española ha madurado y agradece la imprevisibilidad del riesgo. Y aquí riesgo, poco.

Al final, Bienvenidos al Lolita fue una serie nueva que ya habíamos visto antes. Tenía demasiados resortes para crear un éxito en serie. Hasta contó con una ‘chacha’ al más puro estilo de La Juani en Médico de Familia que, por cierto, también sirvió comidas en una mesa infinita, donde se reunían todos. Las tramas no sorprendieron. Y se optó por desnudar al personal. Ni con esas.

  • Lo peor
El Cabaret no parecía un Cabaret.
  • Lo mejor

Beatriz Carvajal, Luis Varela o Carlos Santos dignificaron la producción con sus tablas y talento.

5. UN PRÍNCIPE PARA LAURA

Tras el éxito de Un príncipe para Corina, Cuatro lanzó la segunda temporada del formato con Un Príncipe para Laura. Pero la fórmula se desgastó rápido. Falto efecto novedad, pues el programa reprodujo todo el concepto de la primera edición.

Misma estructura, mismos grupos de participantes: Nerds, guapos, simpáticos… Era todo demasiado igual. El formato debía haber revolucionado estos grupos y haber aportado nuevos perfiles para, así, sorprender de nuevo.

  • Lo peor

Laura ya había protagonizado un videoclip con Andy y Lucas.

  • Lo mejor

El guion y edición que logra crear chascarrillo hasta del ser más soso del mundo. Y es que ser soso puede ser en sí mismo un gag.

6. CIENTO Y LA MADRE

Patricia Conde regresó a Cuatro con Ciento y la madre, un show que pretendía recuperar el espíritu de las cámaras ocultas más espontáneas. Pero no pasó el reto: las víctimas parecían figurantes de agencia de tercera división. Los espectadores se las saben ya todas y, por eso, hay que devolver la ingenuidad de este tipo de programas apostando por la realidad extrema.

Es más barato prefabricar elementos en espacios de estas características. Así se ahorra, pero no sirve: el programa queda en evidencia. Todavía se puede lograr la sorpresa realmente espontánea e ingenua a través de estos formatos. Sólo hay que conseguir asombrar al público con ideas creativas, imprevisibles, con una pizca de mala baba y, sobre todo, que desprendan verdad.

  • Lo peor

Nos empieza a pasar factura la obsesión de copiar bromas que ya han hecho los norteamericanos. Estamos propiciando que el espectador, nada más ver un buen momento televisivo, vaya corriendo a Youtube para ver de dónde se ha copiado. Y lo encuentra, tal cual. Ya no nos creemos que se le puede ocurrir a un guionista de entretenimiento español un idea cien por cien innovadora. Todo nos da la sensación que está copiado del extranjero.

  • Lo mejor

Patricia Conde que, en su papel de loca, traspasa la cámara. También la participación de personajes populares. El paso de Eva Hache, por ejemplo, propició uno de los momentos más hilarantes del show.

7. MILLONARIO ANÓNIMO 

La Sexta, para clonar el éxito del docushows de Pesadilla en la Cocina de Alberto Chicote o El Jefe, dio luz verde a Millonario Anónimo, un formato que enseñaba a ricos viviendo, durante una semana, en una clase social que no es la suya y ayudando a personas desfavorecidas. La fórmula no iba con la identidad de la marca Sexta: con espíritu crítico que huye de lo condescendiente. Ese fue un punto clave en contra de un formato que, asimismo, no lograba transmitir verdad. Sólo mostraba a unos pseudomillonarios con ganas de ponerse una medalla a través de la pequeña pantalla.

El espectador no se identificaba con un formato pobre visualmente y en el que no tenían evolución las historias, más allá de una mala copia de la estructura de la versión original. Este tipo de programas mejor si se realizan con un punto de autocrítica y saludable humor. Como sucede con Chicote o El Jefe. Si se desarrollan con una parafernalia de intensidad suelen causar rechazo.

  • Lo peor
La sensiblería barata de millonarios baratos.
  • Lo mejor
La solidaridad.

8. DREAMLAND

Llegó con mucho ruido, pero se fue con un silencio mayúsculo. Tras casi un año de promoción, Dreamland se apagó de la parrilla de Cuatro casi de madrugada, a la hora de videntes y telecasinos. Y es que Dreamland nunca llegó a contar una historia de verdad, de su tiempo, de unos jóvenes identificables. Sólo fue un refrito de momentos ideados para el lucimiento de los cuerpos de sus protagonistas y no para la televisión.

Poco más: la serie nunca tuvo una estructura narrativa dramática (ni cómica) apta para la pequeña pantalla. Al contrario, era aburrida, lenta y contraria a los ritmos de consumo del público al que iba dirigido.

  • Lo peor

Los personajes no tenían sentido alguno. Sólo eran relleno entre temas musicales que soñaban con ser Glee. Sin serlo.

  • Lo mejor

Las ganas e ilusión que le ponía el reparto. A pesar de sufrir el ‘humo’ que inundaba la escuela para que la fotografía de la serie molara más.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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