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Los Goya de Buenafuente, ¿por qué nadie ha logrado superar aún el éxito de su ceremonia?

10 febrero 2015 - 9:55 - Autor:

Nadie ha podido superar aún su marca. Ni Rosa María Sardá. Ni Eva Hache. Ni Dani Rovira. Andreu Buenafuente es quien alcanzó la cima del éxito de los galardones del cine español con un 26.4 por ciento de share y 4.656.000 espectadores. El récord de audiencia hasta la fecha de Los Goya. Un dato que no fue casual. Cinco elementos, básicos en cualquier buena gala, ayudaron a propiciar la mejor ceremonia de premios de la historia de España.

1. CONTAR: una historia de principio a final

Buenafuente, curtido en horas y horas de televisión, consumó, en el arranque de la gala, un monólogo vibrante, rápido y cargado de guiños reconocibles. Con la ironía necesaria y la inteligencia que merecían el evento. No se perdió en rodeos. Salió al escenario solamente cuando la gala lo necesitaba y celebró lo mejor del cine español en lugar de resignarse con lo malo. No menos importante: sus apariciones no eran intercambiables, había un guion compacto que acabó incluso con inesperado giro dramático. ‘¡Qué gremio!’

2. VER: el (un poco morboso) protagonismo de celebridades

El patio de butacas estuvo especialmente repleto de rostros populares. Estaba incluso la pareja por excelencia de nuestro cine: Penélope Cruz y Javier Bardem. Su aparición en la gala causó un inevitable revuelo. Y la fiesta tuvo glamour real. Los Goya empezaban a ser elegantes, con actores que son estrellas fuera de España, como sucede en los Oscars. Además, Buenafuente, antes que Ellen DeGeneres, enredó por el patio de butacas con una minicámara incorporada. Aún el selfie no se llamaba selfie, pero el cómico barcelonés ya jugó, con una pizca de acidez, con los actores: nominados, ganadores y perdedores. La grada fue vibrante protagonista. Los comentarios (discretos e indiscretos) no cesaron por parte del público.

3. SENTIR: la emoción más real

Uno de los momentos cumbre de la ceremonia fue cuando se entregó, a través de un vídeo, el Goya honorífico a Antonio Mercero, enfermo de alzheimer. Conmocionó ver a Álex de la Iglesia entregando ese Goya a Mercero en su propia casa. Y las imágenes del público, en el teatro, trasmitieron ese quebranto que pocas veces se contagia en la televisión de hoy. El realizador supo mostrar durante toda la emisión las sensaciones de los actores que habían asistido a la ceremonia: de la risa a la sorpresa. Descubrimos hasta la emoción de Wyoming.

4. ASOMBRAR: la sorpresa inesperada

Nadie sabía que, en un determinado momento, Pedro Almodóvar iba a aparecer en escena, haciendo así, en directo, las paces con La Academia. Nadie lo esperaba. Entró a escondidas. En tiempos en lo que todo se anuncia, la irrupción en el escenario del director manchego fue la apoteosis de la ceremonia. Esta aparición estelar, además, estuvo introducida con mucho instinto del show a través de Rosa María Sardá y el propio Buenafuente. Almodóvar sabía que era su momento para reconciliarse con la Academia de la forma más efectista y lo aprovechó. Y la realización mostró, una vez más, la reacción excitante del público: fue una sorpresa de verdad para todos, allí y en casa. El éxito de no prefabricar con artificio las cosas, pues eso siempre lo nota la audiencia desde casa, que ya está resabiada de malos trucos televisivos.

5. VIVIR: la (buena) realización

La factura técnica fue perfecta. Rompió cualquier mal prejuicio sobre la tele en España. No falló la iluminación, tampoco la escenografía, que iba moldeando su color de fondo en los diferentes bloques del show; ni la realización, que fue de una calidad excelente. De hecho, las cámaras nos mostraron todo lo que el espectador necesitaba ver con un mimo poco habitual. El Palacio Municipal de Congresos de Madrid tiene más espacio y más posibilidades que el salón de actos del Hotel Auditorium, que cobija ahora el sarao, coartando muchas posibilidades televisivas a una ceremonia de estas características. No es el lugar idóneo. En cambio, Los Goya 2010 entraron por los ojos. También los vídeos que, repasaban momentos del cine patrio, fueron talentosos, con excelente factura y con instinto del show. E incluso, en directo, se logró inundar el escenario del Palacio de Congresos con efectos especiales. Espectacular. Y no se notó el truco:

La emoción, la sorpresa, la ironía, el glamour, la realización de calidad, el ágil instinto de Buenafuente y la visión de contar una historia global propiciaron una materia prima idónea para brindar un verdadero espectáculo televisivo del que también se contagiaron los premiados. Incluso apareció un Pocoyó en 3D. Fue una ceremonia que tuvo claro lo que significa hacer una gala de premios por y para la televisión. Con sus presentaciones solemnes y, al mismo tiempo, sus guiños cómplices de andar por casa. Con sus agradecimientos eternos y, al mismo tiempo, con sus giros de guion inesperados. Así se logra un sarao imprevisible, esa es la clave, en unos Goya que acostumbran a ser demasiado evidentes, empezando por las propias películas galardonadas. (Casi) Siempre.

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‘Emotalent’: un nuevo género televisivo para el éxito

1:51 - Autor:

Esta noche, se estrena Levántate en Telecinco. Un nuevo concurso musical con niños. Aunque no es una nueva reinvención de La Voz Kids, este programa dibuja un nuevo escenario. Porque, esta vez, los pequeños cantan junto a uno de sus padres. En dueto.

Ya no es un talent infantil, es otra cosa, pues salen a flote los sentimientos entre progenitores y retoños. Se combina la espontaneidad de los críos con el desparpajo de los mayores.

No faltará un jurado, compuesto por Ruth Lorenzo (ex Eurovisión), Pedro García Aguado (Hermano Mayor) y Niña Pastori (ex niña). Esta última, cubre el cupo andaluz que no puede faltar entre los jueces de nuestra pantalla, por aquello de empatizar entre la masa de audiencias del sur de España. Tan clave en los audímetros.

A primera vista, Levántate da la sensación de que es un talent show más. Pero no, no lo es. Es otra cosa. Ha nacido el emotalent. Un término que define una evolución de los concursos musicales en el prime time. Aquí no importa tanto la calidad de la puesta en escena, la iluminación o la capacidad vocal de los participantes. No. Es más, la carrera musical posterior de los protagonistas del show es lo menos crucial del programa. No importa demasiado.

En los emotalent, como su nombre sugiere, la gran protagonista es la emoción. Se entremezclan, así, características de la esencia del talent show primario con los sentimientos de un programa de testimonios que busca motivaciones de superación, amor, lágrimas y las salidas de tono más espontáneas entre los papás y los juniors.

Un género que ya existía pero que ahora se instala en la tele con entidad propia. Y ha llegado, sigiloso, casi sin darnos cuenta y encajando muy bien con la audiencia española. De hecho, La Voz ya primó las emociones a la calidad técnica de la música del programa. Y fue un éxito estratosférico.

Esta noche, también apunta maneras Levántate, que viene con la experiencia de Jesús Vázquez, al frente del formato, como maestro de ceremonias. Le toca capitanear este nuevo show de las emociones revestido en la excusa de la música.

Porque la emoción es un motor de la televisión, como de la propia vida, pero a nivel televisivo aún será mucho más competitiva cuando, a la vez que transmitir el sentimiento, también se intente conquistar el asombro del público con puestas en escena que se salen de la norma, que generan espectáculo rompe-shares. Y es que la fusión entre emoción y show, cuando no te deja indiferente, no tiene rival.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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