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Eva Hache, la nueva víctima colateral de la incompatibilidad española entre cadenas

16 marzo 2015 - 23:43 - Autor:

Eva Hache llevaba prácticamente dos años en dique seco. No tenía contrato de cadena con La Sexta y la nueva temporada de El Club de la Comedia no terminaba de llegar. Así que aceptó una oferta de Cuatro como presentadora de un nuevo formato llamado Guasabi que, por el momento, sólo ha tenido una emisión puntual. Sin demasiado éxito.

Esta decisión no gustó a Atresmedia, grupo de comunicación propietario del canal verde que, aunque no había blindado a Eva Hache con exclusividad, se ve que sí sentía que la cómica debía vivir en un eterno compromiso de fidelidad hacia ellos.

Incongruencias del actual panorama mediático que vivimos, que denotan aún cierta inmadurez en la industria televisiva. En países como Estados Unidos es habitual el intercambio de comunicadores y actores de un canal a otro rival (cuando no cuentan con exclusividad e incluso cuando tienen exclusividad en circunstancias especiales), porque asumen que, al final, es un beneficio para todos, ya que es la industria del entretenimiento, en general, la que sale favorecida y se retroalimenta. Pero, aquí, en España, aún es pronto para esta perspectiva de negocio.

Es entendible que los responsables de una cadena busquen la fidelidad de sus exitosas estrellas. Es lógico que se sientan afectados cuando éstas coquetean con su competidor directo, más aún si se van sin avisar como ha sucedido con Eva Hache, pero también parece muy lógico y natural que los artistas busquen trabajo durante esos largos parones en los que sobreviven con la incertidumbre de esperar a que arranque una nueva temporada de programas que no termina de llegar nunca. Quizá, en estas coyunturas y como solución intermedia, debería existir un diálogo entre las partes y que haya conocimiento de las intenciones y necesidades de cada cual. Cosa que, en este caso, no ha sucedido.

Resultado: La Sexta considera incompatible esa participación en Cuatro y busca nuevo rostro para su Club. Alexandra Jiménez podría ser la sustituta elegida, como adelanta Bluper. Jiménez es muy buena en estos quehaceres, sí, pero podría confundirse con el resto del elenco de monologuistas invitados en cada edición.

Porque, si analizamos las consecuencias televisivas, Eva Hache no era sólo una presentadora de programa de monólogos. Su carismática personalidad era el alma de un formato que impulsaba la identidad más gamberra de un canal que se sustenta en una audiencia adulta, interesada en la actualidad política y social.

Probablemente, pierde más La Sexta sin Eva Hache que Eva Hache sin La Sexta. Porque Eva Hache es de esas actrices que logran lo que pocos artistas abrazan: conectar con la complicidad del público con sólo una mirada. Pero el talento no ayuda en las insaciables reglas del juego de las incompatibilidades entre las cadenas españolas.

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6 obstáculos que sufre diariamente un periodista de informativos

8:58 - Autor:

La censura. La autocensura. La manipulación. La línea editorial. Estos cuatro términos básicos planean cuando se habla de los servicios informativos de nuestras diferentes cadenas. Sin embargo, el periodista se enfrenta a diario a otros obstáculos a la hora de afrontar su trabajo en plenitud. Desgranamos seis trabas principales que sufre un informador de base.

1. La transparencia.

Aún queda mucho recorrido para que las instituciones confirmen o faciliten datos. No existe un cambio de actitud real. Falta que los organismos ayuden en lugar de poner cortapisas al periodista. También, es crucial que exista mayor cooperación de las agencias de comunicación, de las que depende, cada vez más, el flujo de información de las empresas hacia los medios.

2. La instantaneidad.

En un sistema donde lo que prima es la rapidez, las noticias se cocinan con una velocidad que puede propiciar una superficialidad a la hora de tocar los temas. No hay posibilidad, por tanto, de construir enfoques que clarifiquen contenidos más complicados, como pueden ser conflictos internacionales, procesos judiciales, la deuda griega… Como resultado: el público no entiende el trasfondo de los asuntos. Se queda en el problema, sin profundizar en causas y consecuencias. Incluso, en ese torbellino del día a día, los presentadores terminan leyendo teletipos con un lenguaje técnico que no conecta con sus receptores, los espectadores. Al final, la inmediatez se olvida de la intención comunicativa: explicar pensando en el que escucha.

3. El examen del audímetro.

La batalla de las audiencias también afecta a la elección de temas de los servicios informativos. Existen asuntos cruciales que, sin embargo, no venden. Y el informativo de turno no quiere arriesgarse a que el espectador cambie de canal. Por ejemplo, la cultura interesa menos frente a noticias efectistas, morbosas o curiosas que sí impulsan el share. Los editores deben hacer un difícil equilibrio para que no se pierda lo realmente importante en la cuerda floja de lo que ‘enamora’ al audímetro. A lo que hay que sumar la dificultad añadida de la escasez de tiempo para explicar y desarrollar adecuadamente los temas. Un reto del que no siempre se sale airoso.

4. La influencia de Twitter y Youtube.

En la búsqueda del titular espectacular, que dispara la cuota de pantalla, se está perdiendo rigor informativo al emitirse informaciones que surgen de la viralidad de las redes. Sin pasar por los filtros necesarios. El periodismo es clave para digerir con criterio ese caos de Internet. Es su función primordial. Su razón de ser. No convertir tuits o vídeos de gatitos en noticia a la primera de cambio.

5. La falta de mirada propia.

La vorágine de ritmos de trabajo, en que se mueven las dinámicas de los actuales servicios informativos, propicia que no existan prácticamente noticias propias. Todos los ‘Telediarios’ se parecen demasiado. Son casi un calco. Se centran en los mismos temas, no crean enfoques que se sumerjan en análisis de fondo, respondiendo cuestiones que escapen de la agenda preestablecida, que analicen contextos… que vayan más allá de ese titular clónico en cada canal. Los informativos no apuestan por la investigación real ni las exclusivas. No cuentan con temas propios.

6. La precariedad.

Los sueldos son cada vez más precarios, las redacciones más reducidas y, en determinados horarios (matinales o fines de semana), es imposible cubrir con eficacia todas las necesidades. También han disminuido los corresponsales. Se prefiere tirar de periodistas ‘freelance’, jóvenes, mucho más baratos. Pero con una contraindicación: no cuentan con la experiencia que otorga la perspectiva necesaria para deglutir lo que pasa fuera y cómo nos afecta. En definitiva, de nuevo, la importancia de saber poner la diana en el enfoque crucial y no en el encuadre superficial.

La precariedad laboral en la que se ha ido sumergiendo la profesión, junto a la pérdida del valor de la experiencia (que, en muchos casos, olvida la necesidad del intercambio de saberes entre generaciones y menosprecia la veteranía) afecta a la esencia del periodismo. Un periodismo que no cesa en crecer, aprender y avanzar en un tiempo sin demasiado tiempo para valorar la importancia de crecer, aprender y avanzar.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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