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Eurovisión 2015: la realización de la primera semifinal suspende a golpe de zoom tembloroso (a lo Barrio Sésamo)

19 Mayo 2015 - 23:00 - Autor:

Eurovisión es el gran espectáculo televisivo del viejo continente. Incluso en Estados Unidos no hay nada parecido. Te puede gustar más o menos, pero a nivel catódico es un producto impecable: excelentemente realizado con la más vistosa capacidad escénica de la pequeña pantalla actual.

Siempre (o casi siempre) el eurofestival es ejemplo de realización visual perfecta. Ejemplo para los futuros realizadores de televisión. Los diferentes encuadres de las cámaras bailan al ritmo de la música con planos milimetrados. Calculados casi al frame, tras horas de visionado, ensayo y tiempos cronometrados. Nada falla. Funciona como un reloj. Al compás de las propuestas de los distintos países, para que el espectador vibre con cada actuación al mismo tiempo que no se pierde nada.

Sin embargo, la primera semifinal de Eurovisión 2015, que organiza la televisión pública de Austria, ha hecho de menos a la propia esencia televisiva del festival.

La realización ha supuesto una involución, parecía más de una gala de fin de año sin tiempo suficiente para ensayar que lo que acostumbra un acontecimiento de estas características.

Tras un arranque caótico con la aparición de Conchita Wurst, el discurrir de las actuaciones se ha traducido en una retransmisión sucia. Con cámaras temblorosas, zooms que no atinaban su enfoque y una steadycam (cámara que se mueve por el escenario) que hacía sombra a los participantes. En ese sentido, la iluminación tampoco fue redonda.

La primera semifinal, en su emisión televisiva, fue un programa sin alma. La realización abusó de los zooms (lejos-cerca) al estilo de Barrio Sésamo. Atándose a esta artimaña visual todo el rato. Da igual que cantara Estonia, Macedonia, Rusia o Grecia. La estructura se repetía.

En un país, donde el Concierto de Año Nuevo siempre logra un festín visual espectacular, en la que siempre se innova, la primera retransmisión de Eurovisión 2015 no ha conseguido aprobar con la nota que obliga Eurovisión: el show de televisión perfecto, donde la imagen va con la cadencia de la música sin tambaleos y sin objetivos mal equilibrados.

Una realización que no ha sacado partido al pabellón donde se realiza el acto. De hecho, el lugar parece más pequeño de lo que es. Al contrario de lo que sucede a través de la pequeña pantalla habitualmente. El escenario no ayuda, en vez de ser vertical como el de 2014, esta edición cuenta con un techo de tubos, a modo de sombrero bajo, que convierte el espacio en más claustrofóbico. Por no hablar de la presencia constante de las banderas de los eurofans que se colaban en exceso en diferentes planos de las actuaciones al tener las cámaras colocadas muy abajo (en la imagen de arriba), tapando a los cantantes y llegando a ser un obstáculo molesto para el espectador.

Aún hay tiempo de que solucionen este desaguisado visual de aquí a la final del sábado, donde interpretará Edurne su Amanecer. De momento, ha sorprendido para mal. Porque Eurovisión es el paradigma de lo opuesto que hemos visto.

Muy diferente fue a la organización del año pasado, que hasta en los créditos consumó una coreografía de imágenes perfecta que contagió la eléctrica emoción del chimpún final hasta las casas europeas. Incluso hasta a la hora de esperar a meter la sintonía y los créditos, cuadrándolos cuando termina de recalcar Conchita Wurst su segundo improvisado ‘gracias’. La realización que esta medida y, al mismo tiempo, observa y escucha (a partir de 3:33:10):

http://www.youtube.com/watch?v=EpS9r_EqSWg

> Las debilidades y fortalezas del primer ensayo de Edurne

@borjateran
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El momento de los Premios Max que ha silenciado TVE en sus Telediarios (VÍDEO)

19:23 - Autor:

Fue el momento más comentado de la noche de los Premios Max. Lo emitió La 2 de Televisión Española y lo han recogido las principales ediciones de informativos de las cadenas privadas. Sin embargo, la dirección de los Telediarios de TVE ha omitido dicho instante de sus espacios de noticias. Decisión que ha provocado la queja de trabajadores del ente público.

Pero las herramientas de acceso a la información han evolucionado (para bien) y la censura tiene las patas muy cortas. Aquí está el regalo, a través de su magistral instinto de comedia, de Rosa María Sardá a los gobernantes. Una opinión en tiempos en los que nadie debería tener miedo a la opinión:

No es la primera vez que existen denuncias de censura en galas de estas características, los temores a los discursos de los actores en los Goya son habituales e incluso, hace menos de dos años, en la ceremonia de entrega de los Premios Forqué, se intentó silenciar los abucheos en la sala al Ministro Wert. Salió mal la jugada, pues la presentadora de la gala, Ana Morgade, lo denunció en directo con su inteligente ironía:

@borjateran

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La gran mentira de la ‘telebasura’

3:06 - Autor:

La televisión parece vivir en un complejo constante de inferioridad. No es considerada patrimonio cultural, a pesar de ser el electrodoméstico con más evidente influencia social. Para bien y para mal. De ahí que naciera el término telebasura, para definir el ‘fango’ de los contenidos televisivos, ya sean realities o programas de cotilleos.

Sin embargo, se omite a menudo que la pequeña pantalla es la mayor ventana al mundo, un trampolín para despertar inquietudes e ideas. Pocos valoran esa función. El valor social de la TV no es una herramienta secundaria, es primordial, imprescindible.

Por eso, no se puede simplificar la oferta televisiva con el término telebasura. Simplemente, no es justo. Si existe televisión basura, también vivimos rodeados de espacios de radio basura, prensa basura, portales de Internet basura e incluso tuits basura. Todos los medios fardan, dignos, de ética, límites y rigor, pero sin mirarse el ombligo. Sólo castigando a la televisión, que parece la víctima más fácil, o el rival más débil.

Y lo cierto es que los contenidos tóxicos no entienden de plataformas ni formas de distribución. Están presentes, nos rodean, en todos los ámbitos. Empezando por la política, que también se ha perdido en el titular basura que busca el enfrentamiento que parece no pensar, de verdad, en las necesidades de la población.

Pero la televisión es el electrodoméstico al que “queda bien” repudiar y en el que, muchas veces, pagan justos por pecadores. Espacios como Gran Hermano o Sálvame copan los grandes índices de audiencia. Y, sin embargo, criticar su existencia ya es un deporte nacional, aunque no siempre se lleve razón o ni se analice el fenómeno siquiera. Es más, es mejor decir que no ves estos programas, aunque los consumas a diario y sepas todo lo que ocurre en ellos.

Rara vez se le reconoce a Sálvame su éxito, fruto del trabajo de un equipo detrás de cámaras. Tampoco a Gran Hermano o Supervivientes. Porque incluso para hacer la denominada ‘telebasura’, hay que tener arte, ingenio y talento. Es la gran mentira de la televisión: simplificar la diversidad de un medio con la misma etiqueta, ‘telebasura’. Despreciando, así, a millonarias audiencias.

El televisor es nada más, y nada menos, que un inconmensurable invento de infinitas posibilidades, que permite y propicia la pluralidad de contenidos. Diferentes. Como la propia sociedad, donde se puede cambiar de canal y hasta apagar el receptor si algo no te gusta. No deben existir fronteras a las ideas, sólo frenos dentro de la responsabilidad y la honestidad crítica (y autocrítica).

Ahora, sólo hay que aspirar a tener una televisión sin temor a experimentar con la creatividad, que mime al espectador con la inteligencia que merece y que, al mismo tiempo, otorgue herramientas para que todos sepamos digerir los diferentes tipos de contenidos, ahí está el problema de fondo: en la forma y capacidad de asimilar los contenidos, ya sean pretendidamente inteligentes o escandalosamente frívolos. Porque los unos y los otros no son incompatibles. Los unos y los otros pueden apetecerte en uno u otro momento. No eres peor persona por pasar una noche de evasión, entretenido con un reality descabelladamente bien hecho. No hay que poner cortapisas preventivas al entretenimiento. Todo depende de cómo se haga. Y de cómo se entienda y reciba.

@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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