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‘Vaya Fauna’ triunfa en su estreno: lo mejor y lo peor del talent show de animales de Telecinco

2 julio 2015 - 9:12 - Autor:

El colosal éxito de La Voz Kids recordó a los directivos televisivos que la incontrolable espontaneidad de un niño enamoraba a la audiencia. Y mucho. Así que las cadenas se pusieron rápidamente manos a la obra: debían encontrar otras ‘espontaneidades incontrolables’. Había llegado el turno de los animales con habilidades especiales. Si ya triunfan en los vídeos de Youtube, ¿por qué no en un programa de televisión?

Dicho y hecho. Anoche Telecinco ha estrenado ¡Vaya Fauna!, un Tú sí que vales con bichos. Christian Gálvez es el presentador de este programa que, en su primera edición, ha aterrizado con éxito: líder en su franja horaria, con 19 por ciento de cuota y 3.040.000 de espectadores.  Ha favorecido que el miércoles es un día con baja competencia (tiene muchas papeletas de descender la cuota la próxima semana). También ayuda la inercia de Telecinco, con su característico sello, que propicia una audiencia fiel que sigue los programas de entretenimiento de la cadena de Mediaset pongan lo que pongan.

Los principales protagonistas de la velada fueron un cerdo travestido y un oso trompetista. Aunque el casting resultó flojo, lo que provocó el efecto en cadena de ralentizar un programa que aporta más bien poco. Se nos vendió como el primer talent show de animales, aunque realmente ya hemos vivido formatos de entretenimiento de esta estirpe, como Ankawa, que presentó Bertín Osborne en TVE en el verano de 2005.

Porque Vaya Fauna no deja de ser un espacio familiar para el verano. Muy ligero, con muy poco riesgo. De nuevo, un plató con un decorado azulado (con la contraindicación de que todos los programas de la cadena parecen realizados en el mismo lugar), iluminado hasta los topes para que la materia prima entre más y mejor por los ojos, donde se pretende emocionar al espectador con historias de superación. Esta vez, de animales.

Eso sí, al igual que Pequeños Gigantes y Levántate, este particular talent es astuto a la hora de ir cebando los contenidos a través de intrigantes promociones. Además, sabe aprovechar al jurado: sus filias, sus fobias y sus miedos. Ellos son Soraya, Yolanda Ramos, un jinete que nadie conoce (Santi Serra) y los Gemeliers, foco principal de atención del espectáculo. Y es que el magnetismo de estos  jóvenes cantantes (que cantaron sin venir a cuento, entre animal y animal) es el as en la manga del formato para atraer a fieles fans (y fieles detractores) en masa. De hecho, ellos mismos lograron ser trending topic (#GemeliersVayaFauna) antes que el hashtag oficial del propio programa (#VayaFauna1). Eso, junto al buen-rollismo del presentador, Christian Gálvez, que jugó con los participantes y los propios miembros del jurado, fueron lo mejor de la noche.

El resto del contenido pinchó. Nada sorprendió e incluso las habilidades de las ‘mascotas’ protagonistas rozaron lo antitelevisivo, con unas puestas en escena torpes y lentas. La dinámica de Vaya Fauna flojeó de principio a fin y la exposición de los animales despertó la indignación de las redes sociales, donde hasta se ha creado una petición en change.org para la cancelación del espacio producido, por cierto, por la sobrina de Berlusconi. Las susceptibilidades a flor de piel por un programa que se olvidará rápido. La audiencia de Telecinco está acostumbrada a otro tipo de fieras más salvajes.

@borjateran

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2:08 - Autor:

Los informativos de Televisión Española viven un hundimiento de audiencias sin precedentes. La edición de las nueve de la noche, estandarte de la cadena, se ha quedado por debajo del diez por ciento de cuota de pantalla por primera vez en su historia, a pesar de contar con Ana Blanco como reputada comunicadora. Los Telediarios, por tanto, no han aprobado el examen de las audiencias de junio, quedando relegados a la tercera opción, por detrás de Telecinco y Antena 3.

La cadena pública ya no es sinónimo de credibilidad, y las alarmas han saltado en TVE. De hecho, incluso se habla de realizar cambios en los rostros de los espacios de noticias para recuperar el interés del público. Pero el problema no está en los presentadores.

La crisis de audiencia de la cadena pública estriba en el evidente control político de unos informativos que han pasado de ser valorados por su pluralidad a convertirse en ejemplo de malas prácticas periodísticas.

TVE no debe ser La Sexta, tampoco debe ser Telecinco. TVE debe ser TVE. Su personalidad propia está en mantener la equidistancia desde una perspectiva que no relegue a nadie y acoja a todos. Esa es su función crucial, además de preservar contenidos sociales, territoriales y culturales que no siempre abarcan las cadenas privadas más atadas a la dictadura del share.

Sin embargo, la estrategia del partido del gobierno se ha quedado en la antigua táctica de utilizar la televisión pública como aliada de su marketing electoral. Los asesores se equivocan en ese sentido, ya que ni la audiencia ni las vías de acceso a la información son las mismas que hace décadas. Vivimos en un país con una mayor madurez democrática: la sociedad ya no perdona que el periodismo no vigile, que no sea del todo honesto, que el rigor se confunda con la conchabanza en el interés particular y no con el servicio público sin exclusión.

Pero, en los últimos años, se ha pretendido utilizar la televisión pública como altavoz de consignas que parecían sacadas de gabinete de comunicación, derribando los logros de independencia y pluralidad que sí se habían logrado en RTVE. Esto ha propiciado una debacle de audiencias sin precedentes. La audiencia se ha ido porque no se cree lo que le cuentan, pero tampoco congenia con el modo en el que se lo cuentan.

En menos de cuatro años, los Telediarios han pasado de mantener un duradero y holgado liderazgo a ser denostados por sectores claves del público, arrastrando a nefastos datos al resto de la programación de TVE. No es casual, la estrategia de utilizar la televisión pública como herramienta para mejorar la comunicación del partido en el poder está propiciando justo lo contrario: un efecto boomerang contra la propia comunicación del partido en el poder, ya que la desconfianza del espectador en la televisión pública se traduce también en desconfianza hacia el gobierno que la gestiona.

Porque un Ejecutivo que, en 2015, no entiende que la televisión pública es la mejor aliada cuando es independiente, de todos y para todos, es un Ejecutivo que no comprende el imparable valor añadido que supone la cadena pública como punto de encuentro para la transparencia, el debate, la explicación, el reconocer errores, el huir del ‘y tú más’, el respeto, la divulgación y, sobre todo, la confianza en la inteligencia del espectador, su principal cliente. Y cuando un cliente pierde la confianza… se termina marchando (en televisión, y en política).

@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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