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El liderazgo de Telecinco: así ha construido su modelo de éxito

13 julio 2015 - 7:54 - Autor:

Este verano, sólo una cadena puede celebrar con alharacas la fiesta de fin de curso 2014/2015. Es Telecinco, que ha sido la ganadora de la batalla de las audiencias con un 14,8 por ciento de share y liderando durante 10 meses consecutivos. Es su mejor resultado desde hace 7 años. El modelo de negocio de la cadena principal de Paolo Vasile se ha solidificado gracias a una estrategia de programación que ha sabido convertirse en referencia del entretenimiento, sintonizando con una mayoría social que abarca una transversalidad de targets, ya que tanto público de 20 años como de 60 empatiza con el universo de personajes y polémicas de los que es epicentro la cadena. Un éxito que se ha logrado así:

1. La vida en directo.

Telecinco es la cadena con más horas de emisión en directo. Mañana, tarde y noche. Su parrilla se estructura alrededor de formatos magazines que sirven como pilares reconocibles, fáciles de identificar por parte de la audiencia. Esto propicia, además, la imagen de que “si algo pasa, sabes que Telecinco puede estar contándolo en directo (e incluso haciendo show de ello)”.

2. El monopolio de la tele-realidad.

Telecinco se adelantó a la competencia cuando compró los derechos de emisión de Gran Hermano en el año 2000. Han pasado 15 años, tiempo en el que la cadena no ha cesado de utilizar la tele-realidad como truco para retroalimentar de contenidos toda la parrilla. No dejan descansar esta maquinaria. Ni en verano. Porque la audiencia sigue viendo la televisión en vacaciones, aprovechando el estío para enganchar más y mejor al público fiel e impulsar el interés de nuevos adeptos. La tele-realidad de Telecinco se mantiene todo el año con distinto disfraz, pero misma esencia.

3. Propio imaginario de famosos.

Si la tele-realidad es una fábrica de tensiones, emociones y otros quebraderos de cabeza para todos los programas, Telecinco ha creado un efecto colateral sin precedentes: la cadena ha hecho desaparecer a los famosos tradicionales de las revistas del corazón, con cachés muy costosos para sentarlos en un plató, y ha creado su propio imaginario de celebrities. Son las estrellas de las que se habla en la calle: famosos por obra y gracia de los programas de la tele a los que se han sumado también los propios colaboradores. No hace falta comprar una millonaria exclusiva para hacer un programa del cuore, directamente crea la noticia a partir de los colaboradores contratados en el programa. El colaborador no tiene escapatoria y la audiencia tampoco, pues la competencia se ha quedado fuera de este universo y no puede contraatacar.

4. Epicentro de la polémica.

Telecinco está siempre en boca de todos, con una relevancia en medios y redes sociales que ya querrían otros canales. Para bien o para mal, nunca pasa inadvertida y, por un asunto u otro, es noticia cada día. Tiene enormes cantidades de detractores, pero hasta estos detractores gastan mucho tiempo y energía en opinar sobre el canal de Mediaset, cuando sería más efectivo hacerle el vacío o simplemente cambiar de cadena cuando algo no te gusta. La evasión e incluso indignación que produce Telecinco tienen un magnetismo innegable, capaz de generar amores y odios con la misma intensidad. Y los responsables de sus programas lo saben, porque como dijo Oscar Wilde: “Que hablen mal de uno es espantoso, pero hay algo peor: que no hablen”.

5. Cartera de presentadores muy reconocibles e identificables.

Jesús Vázquez, Mercedes Milá, María Teresa Campos, Jorge Javier Vázquez, Emma García, Jordi González… La cadena cuenta con un elenco de presentadores muy reconocibles. Los más queridos no son perfectos, pero sí carismáticos. Hablan un lenguaje próximo y cómplice. Y para propulsar esa imagen de marca de sus presentadores, Mediaset los reúne a menudo, incluso para esperar la visita de los reyes, Felipe y Letizia, como ocurrió la semana pasada. El espectador los percibe como una familia en una ocasión como esta, y después son los propios comunicadores los que relatan, en sus respectivos programas, sus sensaciones al encontrarse con los monarcas. Lo hacen con una proximidad campechana (con su nerviosismo, con su no saber qué decir, con su desconocimiento del protocolo…) que propicia que el espectador más afín del canal se sienta estrechamente identificado con ellos.

6. La luminosidad.

Los programas de Telecinco tienen una puesta en escena demasiado monótona. Se ven todos casi idénticos, con su suelo diáfano y sus sillas. Lo que menos importa es la escenografía, pues en el modelo de Mediaset sólo se prima que exista mucha luz en cada programa. Para que entre por los ojos. Y es que existe el mito de que la oscuridad baja la cuota de pantalla. Es cierto, aunque también es cierto que hay oscuridades muy luminosas. Pero en la programación de Telecinco no hay tiempo para correr riesgos, es una fábrica en cadena que, salvo excepciones, tiene claro lo que busca: la evasión del entretenimiento más ligero. Sin más pretensiones. Hasta un concurso de preguntar de cultura popular, como Pasapalabra, huye de los tonos azulados que abundan en este tipo de formatos y se centra en una claridad blanquecina omnipresente que no desentona con la linea del canal.

7. Maximización de la producción interna.

Telecinco cuenta con productoras de confianza. Pero, más allá de los diferentes formatos y las distintas empresas que los realizan, la cadena intenta unificar su producción en los estudios de la compañía, especialmente en la sede de Fuencarral (antiguos Estudios Roma). La ocupación de sus platós siempre está al máximo rendimiento, generando el sentimiento interno de cadena de televisión viva. Y encima sus programas son perfectos para provocar esa interconexión de comentarios, corredurías de pasillos y, en definitiva, un abstracto nervio imprevisible que traspasa la pantalla y que es un intangible pero imprescindible ingrediente para que una televisión fidelice espectadores que se sienten partícipes de lo que están viendo.

8. Crear citas.

A pesar de que la mayoría de horas se centran en unos contenidos a medio camino entre el cotilleo folclórico y la emoción tensa, Telecinco entiende la necesidad de crear citas en su programación. Desde estrenos de cine que convierten en acontecimiento (en otoño se machacará con lo nuevo de Alejandro Amenábar y con la secuela de Ocho apellidos vascos) o los propios pases de películas en su canal hasta con reapariciones estelares de colaboradores desaparecidos. Cualquier excusa es buena para inventar un acontecimiento histórico, aunque no lo sea ni de lejos. Porque en Telecinco logran a menudo esa sensación de ‘lo estás viendo ahora y no lo volverás a ver’. Esa percepción de que eres un voyeur colándote en algo cuanto menos peculiar. Y eso termina incluso arrastrando al éxito a los informativos, que han visto reducido su horario (incluso cuando se entrevista a líderes políticos, se realiza dentro del informativo) para no molestar más de la cuenta a los minuciosos cálculos que realiza la cadena para mantenerse fuerte en share ante sus rivales.

9. La competencia.

La competencia ha allanado el camino a la hora de consolidar el modelo de negocio de Telecinco. La nefasta gestión política del actual gobierno sobre TVE ha llevado a la cadena pública del holgado liderazgo a mínimos históricos de audiencia, perdiendo su esencia de televisión pública y dejando huérfanos a un importante volumen de espectadores. Por su parte, Antena 3 ha venido realizando un valiente trabajo en imagen de marca y ha impulsado la industria de ficción, arrriesgando, rompiendo tabúes y logrando buenos resultados de audiencia, pero, sin embargo, no ha  tomado el pulso a los programas de entretenimiento en directo. Atada últimamente a los realities y concursos enlatados (salvo El Hormiguero), Antena 3 ha apagado la apuesta por shows en directo de prime time en esta última etapa, obviando que estos formatos son cruciales para atar adeptos en el día a día de una cadena generalista. Además, parece que esta distancia se va a acrecentar este verano, ya que Antena 3 no tiene grandes estrenos a la vuelta de la esquina. O eso parece. Mientras, Telecinco no descansa en verano y lanzará dos nuevos productos con el particular sello de la cadena: pronto llegan una reinvención de Sorpresa, sorpresa con Jorge Javier Vázquez al frente (Cámbiame Premium) y un nuevo reality con Jordi González, Pasaporte a la isla. La maquinaria no se para. La factoría no descansa. Porque la audiencia no apaga la tele, ni en verano.

@borjateran

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Christopher Mateo gana ‘Supervivientes 2015’ a la 1:45 de la madrugada

1:46 - Autor:

15 años después de aquella ingenua final del primer Gran Hermano, la fachada de Telecinco se ha vuelto a iluminar en una calurosa noche. Esta vez para acoger al ganador de Supervivientes, Christopher Mateo, que se ha hecho con el premio a la 1:45 de la madrugada, tras cantar incluso Obús su tema “qué te jodan, no voy a cambiar”.

Hora tardía, en la que ya se podían decir tacos, para propulsar el dato medio de share, pues al retrasar tanto el momento decisivo ya no hay competencia en el resto de canales que rebaje cualquier promedio de audiencia. Al contrario, sube la cuota de pantalla.

Es más, como sucedió en la pasada edición (cuando ganó Abraham), la continuidad de Telecinco no ha dudado en cortar, de cuajo, el final de la emisión de programa (al más puro estilo de las uvas-interruptus de Canal Sur) sin permitir ni siquiera a Jorge Javier Vázquez despedirse de su público.

En un disputado segundo puesto ha quedado el que parecía favorito para ganar, Nacho Vidal. Sin embargo, no ha podido con Christopher, uno de los menos famosos (hermano de un participante de ¿quién quiere casarse con mi hijo?) que ha triunfado en la eterna final de una edición de un show de personajes populares que ha demostrado que lo que menos necesita es personajes populares.

De hecho, esta temporada, sólo con el as en la manga de Chabelita y sin el efecto del morbo añadido de contar con un Paquirrín o una Rosa Benito, el reality ha logrado mejorar el resultado de audiencia de su historia, con 5,7 puntos y medio millón de espectadores más que la pasada edición (3.335 espectadores de media). Incluso el formato ha evidenciado que, para enganchar a la audiencia, no necesita ni isla.

Y es que, en la última semana, la supervivencia se ha desarrollado en el mismo Madrid, siendo las pruebas realizadas en entre los platós de la cadena en esta última noche. Y Telecinco tirará por ahí el resto del verano, pues el próximo domingo estrena Un pasaporte para la Isla, un reality que buscará al náufrago perfecto de la próxima temporada de Supervivientes.

Así la cadena no baja la guardia estas vacaciones y sigue retroalimentando sus prime times de la rentable tele-realidad, que llena muchas horas de televisión a un coste competitivo.

No hacen falta grandes inversiones en escenografía, como las ficciones, ni legiones de guionistas o actores. Sólo personas dispuestas a todo por la fama, aunque sea una fama instantánea; un maestro de ceremonias, Jorge Javier Vázquez en este caso, con la rapidez de reflejos suficiente para calentar el interés del show y un equipo sin complejos. Es el particular sello de la tele-realidad de Mediaset, que es un triunfo de la vida en directo, con sus filias y sus fobias, con lo mejor y lo peor de la televisión.

@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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