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El grave problema de TV3: la Independencia

18 agosto 2015 - 12:12 - Autor:

La televisión autonómica catalana, TV3, ha escrito su historia como una cadena pública de proximidad bastante ejemplar en contenidos: cercana e innovadora. Ha sabido ser una alternativa y, sobre todo, reflejar la diversidad de Cataluña.

Aunque, con los años, TV3 se ha ido sobredimensionando, sus programas arriesgan menos y ha cambiando su discurso a la hora de presentarse a los ciudadanos: ha pasado de denominarse televisión autonómica a televisión nacional.

La cadena se ha ido contagiando del mensaje a favor de la independencia, que tanto ha calado en una parte importante de la población. Lo que ha llevado a la compañía a perder cierta perspectiva plural y convertirse en una especie de instrumento para ‘el sí’, que se evidencia en una programación volcada con la candidatura soberanista. Incluso en elementos de continuidad del canal.

En este sentido, la Junta Electoral Provincial de Barcelona ha obligado a retirar el logotipo de la campaña veraniega de TV3 y Catalunya Ràdio, “Junts”. El motivo: el parecido con el de la candidatura independentista “Junts pel sí“. El diseño es más que similar, aunque la identidad de la cadena pública se creó antes que el símbolo electoral.

No es la primera vez que surge un problema de estas características. El más sonado fue el pasado mes de mayo, cuando el Consejo Audiovisual de Cataluña dio un toque de atención por un programa de debate en prime time, Punt Cat, en el que sólo se citaron soberanistas.

En sus tertulias y programas de información hay una cierta obsesión por poner el foco, con intensidad, en el momento histórico, trazando paralelismos de la actualidad con otros conflictos represores con la identidad catalana. Desde 1714 hasta el franquismo. Además, se remarca el despilfarro siempre en clave de la administración estatal y evitando cualquier mirada crítica a los gobiernos de la Generalitat.

También se apuesta por retransmisiones que dan a actos protocolarios tintes de históricos, como la disolución del Parlament que fue emitida en prime time y en directo, para posteriormente emitir una entrevista al líder de la oposición, Oriol Junqueras, que justo va de número cinco de la candidatura unitaria con el actual presidente Artur Mas, que se presenta en el número cuatro.

Es el triunfo del marketing de la política, con tono épico, que se ha contagiado también en TV3, como en gran parte de los medios públicos y privados de Cataluña. Y dicha comunicación es muy potente socialmente, pues surge más allá de los partidos: está presente en organizaciones (ANC, Òmnium Cultural) y apoyada por intelectuales líderes de opinión (del cine, la literatura, la música…).

Ese clima ha permitido que TV3 no vea derrumbarse su audiencia, a diferencia de otros canales homónimos, pues mantiene su esencia de emisora pegada a la calle. Y es que TV3 sigue conectando con la complicidad (y complejidad) de los catalanes.

Pese a todo, TV3 mantiene dos pilares fundamentales intactos: la ficción y el entretenimiento. Y ahí no cabe hablar de manipulación. La cadena sigue produciendo excelentes formatos, como la serie Cites o el programa de Àngel Llàcer, Còmics, una tanda de monográficos dedicados a humoristas catalanes, con una excelente factura creativa y técnica. También la tira de sátira política Polònia continúa en emisión, repartiendo a todos, de un lado y otro.

Y en esos pilares debe seguir la función de TV3, una televisión pública cercana, que es una radiografía inteligente y constructiva de la identidad de Cataluña. Una radiografía inteligente, constructiva pero, también, autocrítica. Y ahí está el problema de sus informativos y espacios de actualidad: han perdido su perspectiva de televisión hecha por y para todos. Ahora parecen arte y parte. Y esa distorsión del alma del canal está creciendo y puede llegar un momento en el que no exista la capacidad de rebobinar.

@borjateran

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Nadie aprecia las remakes“. Lo ha dicho Pamela Anderson, mientras la industria de ficción norteamericana está resucitando viejas series sin parar. Padres Forzosos, 24, Heroes, Prison Break, Expediente X, Twin Peaks, El Príncipe de Bel-Air… los estadounidenses se han vuelto adictos al remake. Las cadenas quieren clonar el éxito de antaño de grandes éxitos televisivos. De hecho, hasta Los Vigilantes de la Playa promete una secuela. Eso sí, en formato película. De ahí la declaración de la actriz que interpretó a la socorrista C.J. Parker.

¿Época de sequía de ideas? ¿Por qué se ha puesto de moda recuperar ficciones icónicas tantos años después? El poder de la nostalgia también atrapa a los directivos de las grandes networks y nuevas plataformas como Netflix, pues se han percatado de que es un filón rescatar productos con carga emocional en el recuerdo de la audiencia.

No sólo por la expectación que se genera en el público por descubrir cómo será el resultado de la secuela en cuestión, también porque este tipo de resurrecciones propician una campaña publicitaria millonaria mundial impagable y que es completamente gratis. Y es que los medios de comunicación bombardean con estos retornos, porque también estos temas les funcionan de audiencia. Así, todos terminamos hablando del retorno.

Pero el futuro más cercano igual termina dando la razón a Pamela Anderson. Igual cuando soltó al indiscreto portal TMZ eso de que la vuelta de Los Vigilantes de la Playa “no me parece una buena idea, nadie aprecia las remakes” no iba tan mal encaminada. Porque la mayor parte de estas productos resucitados pueden malograr el recuerdo original y despertar una decepción generalizada, que propicie que, pasados un puñado de capítulos (en el caso televisivo), la audiencia se esfume. Ya pasó con las secuelas de Sensación de Vivir, V o Melrolse Place.

El tiempo de la mayoría de estas series pasó. En la actualidad, pueden evolucionar, adaptarse y hasta crecer. Pero nunca serán lo mismo. En España, nos ha pasado con las apocalípticas versiones de Cheers (con Antonio Resines) o Las Chicas de Oro (producida por José Luis Moreno). Es contraproducente adaptar historias tan míticas, tan evocadas y, sobre todo, tan americanas. A los propios norteamericanos les saldrá mejor, es su idiosincrasia, pero las circunstancias sociales también han cambiado para ellos.

Pero la nostalgia vende y venderá. Mejor como acontecimiento puntual cinematográfico, que como serie televisiva. Aunque el éxito del remake sólo perdurará con consistencia si consigue el más difícil todavía: no arruinar esos recuerdos idealizados en la memoria del espectador. Lo capital es contar una buena historia, sea en un producto emblemático o nuevo. Porque la calidad narrativa e interpretativa no entiende de franquicias o marcas legendarias, no entiende de burbujas nostálgicas.

@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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