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El síndrome televisivo de la radio: ventajas y peligros

2 septiembre 2015 - 10:22 - Autor:

La radio no mató al periódico. La tele no mató a la radio. Pero Internet ha engullido a todos. La red está cambiando el fondo y la forma, el contenido y el envoltorio, en un viaje que puede ser retorcídamente inquietante, pues con las ansias de innovación se puede perder la perspectiva de la esencia diferenciadora de cada medio.

En estos días, observamos como las grandes compañías radiofónicas estrenan temporada. Y con el nuevo curso también estrenan decorado, como los viejos programas de tele. La primera en customizar su estudio central fue la cadena SER. Llenó de plasmas, paneles e imágenes corporativas  sus acogedores estudios, revestidos de madera, de Gran Vía. La calidez del roble dio paso a un fashion lacado blanco.

El objetivo de esta recustomización pretendía dar mejor en cámara. Porque, cada vez más, lo que pasa en la radio se ve en imágenes. Ya sea por emisiones puntuales online, por experimentaciones a base de periscope o, la más habitual, por la grabación en vídeo de entrevistas de cierto calado, especialmente a políticos (que suelen dar declaraciones necesitan emitir los informativos de las cadenas de TV).

Los aplastados photocalls han dado paso a puestas en escena que buscan una mayor profundidad al encuadre del vídeo en cuestión, que favorece a los propios participantes en el programa hertziano y, asimismo, difunde una imagen vanguardista de la marca de la cadena.

Tras la SER, Radio Nacional también lavó la cara de sus estudios de la Casa de la Radio en Prado del Rey. Con letreros luminosos que podrían ser de Teledeporte.

Y ahora, ha sido la Cadena Cope quien ha reinventado el look de su amplio Estudio Antonio Herrero, uno de los más grandes de la radio española. Cope ha incorporado una puesta en escena a base de pantallas, mesa de diseño y un sistema de “bombillas” leds, que ilumina cada elemento de la escenografía con el color que se desee.

Sólo Onda Cero se ha quedado rezagada en este inevitable empeño de convertir austeros estudios de radio en vibrantes platós, con las artimañas de la televisión más espectacular. Tiene todo el sentido, pues ahora la radio no sólo se escucha, también se ve.

Pero no debemos perder la perspectiva. La radio debe verse cuando toca. Cuando hay una entrevista relevante. Cuando se vive un momento emotivo e incluso gamberro. Cuando existe una acción especial con público. Cuando se acoge una actuación musical. Existen muchos ‘cuando’. Sin embargo, las emisoras no deben obsesionarse con mostrar todo lo que sucede en su estudio, cada instante, cada hora, cada día, porque entonces, en vez de radio, terminarán haciendo tele low cost.

Porque la especial complicidad de la radio estriba en el acto de escuchar. Sin más. Una mágica experiencia, casi sin intermediarios, que en gran medida radica en que el oyente imagina: imagina el lugar, los gestos, las expresiones y hasta las miradas del locutor, colaborador e invitados. Ese acto casi de prestidigitación que siempre ha ido unido a las ondas se está perdiendo. Y está adulterando una parte intrínseca de ese invento que, en ocasiones, quiere ser más y termina convertido en menos. Porque, que nadie se confunda, la energía de la voz y sus circunstancias puede tambalear las emociones más y mejor que muchas imágenes en alta definición.

@borjateran

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‘Cámbiame Premium’: debilidades y fortalezas del ‘Sorpresa, sorpresa’ de Telecinco

9:34 - Autor:

Todos los intentos de resurrección de la fórmula Sorpresa, sorpresa han fracasado en nuestra televisión. ¿El motivo? Eran versiones descafeinadas, sin la capacidad para realizar un espectáculo realmente emocionante. Como lograba Isabel Gemio en aquel gigante formato que dirigió en los noventa Giorgio Aresu. Había presupuesto, había ingenuidad por parte de los sorprendidos (y de la propia audiencia) y había un teatro-plató con el tamaño y escenografía suficiente para crear el ambiente idóneo.

Anoche Telecinco, a su estilo, intentó emular parte de aquella esencia de Sorpresa, sorpresa con Cámbiame Premium. Aunque aquí no hay una mastodóntica grada con público de provincias, ni un inmenso escenario con bombillas de colores. Se han tenido que conformar con la mitad del estudio 3 de la cadena, donde se ha aprovechado el decorado de Hable con ellas con varios retoques (añadiendo una glamourosa escalera y alguna que otra cortina de flecos, del estilo a esas que se cuelgan en las casas para que no entren las moscas o, en su defecto, las libélulas, que son más deluxe).

Y aunque el equipo de realización de Mediaset hace equilibrios para lucir el plató (con sus cortinas atrapa libélulas), las dimensiones del lugar no permiten tiros de cámara especialmente grandilocuentes que deslucieron, por ejemplo, la coreografía del arranque de la emisión. Con Ruth Lorenzo y Roko cantando ‘Mi gran noche’.

Sin embargo, el formato de La Fábrica de la tele sí que evidencia que ha aprendido de errores de espacios predecesores del mismo género. En Cámbiame Premium está omnipresente el nervio de un gran show que busca la emoción real gracias a la imprevisibilidad de reacciones no pactadas y, sobre todo, de la historia que existe detrás de cada protagonista (aunque abusando, eso sí, de la típica artimaña de usar dramas personales para enganchar al personal).

Pero ni con esas, el resultado de las sorpresas fue flojo. El casting falló en el directo. Reformaron la casa a una señora, pero parecía que le daba igual. Reunieron a todo un pueblo en una plaza para cambiar su existencia, pero sólo cambiaron el parque infantil.

Al final, lo mejor de la noche fue el cambio radical de Fortu, de Obús, que parecía literalmente otro. El resto del programa fue el espectáculo del caos, con constantes fallos técnicos y otras descoordinaciones.

Por suerte, el equipo de Cámbiame, con Jorge Javier Vázquez al frente, supo sacar sus reflejos, made in Telecinco, para jugar con sus propios defectos y convertir cada traspiés en cierta virtud. Aunque la revelación de la noche fue la reportera Eli Martín, con su capacidad de reírse del percal.

Y es que la espontaneidad de todo el elenco del espacio salvó un show que triunfó en audiencias (19.9%) pero porque era la primera noche y no existían grandes adversarios en los canales de la competencia. La próxima semana bajará la expectación y, de seguir así, se desinflará.

Porque las intenciones eran buenas, pero Cambiame Premium estuvo torpe en su estreno. El directo no era fácil, dirán, había muchas conexiones, añadirán, pero la verdad es que hubo momentos que se hicieron largos, que no soportarían otra noche con rivales más duros en prime time. Cámbiame no debe conformarse con ser otro espacio de Telecinco de esos que ceban imposibles que se quedan en nada: debe intentar ser un espectáculo global y real, con más identidad propia.

El programa necesita tiempo para rodar, para engrasar las piezas de un puzle que ayer se hizo engorroso de digerir. Cámbiame Premiun necesita cambios de look y sorpresas con mayor carga efectista. Esas sorpresas que contagian demoledora verdad. De las que todo el mundo habla al día siguiente.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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